Considero que una de las situaciones que más me excitan es romper las normas establecidas y al ser una mujer extremadamente atractiva, fogosa y hermosa se me hace sencillo conseguir lo que deseo.
Hace un tiempo, el amigo más cercano de mi esposo visitó mi país, teníamos una buena relación y solíamos charlar con frecuencia. Una noche, él me invitó a pasar la noche en su casa, dado que mi esposo estaba de viaje. No vimos inconveniente en la propuesta ya que dormiríamos en habitaciones separadas y además estaría su tío presente, por lo que no estaríamos solos.
Salimos a cenar para celebrar su llegada y todo iba de maravilla hasta que salimos del restaurante y comenzamos a conversar. Él es bastante alto, mientras que yo soy de baja estatura. Estábamos frente a frente cuando, de repente, me confesó que tenía muchas ganas de hablar en persona. Me acerqué a él, lo abracé y en tono cariñoso le respondí que yo también ansiaba ese momento. Fue entonces cuando noté lo firme que estaba su miembro bajo su pantalón.
Un escalofrío me recorrió y empecé a respirarle suavemente en el oído, lo cual lo excitó aún más. Sentía que su erección quería liberarse y yo, por mi parte, estaba completamente excitada. Solo pensaba en tener relaciones con él en ese momento y lugar, sin importarme nada más. En medio de esa tensión, escuchamos una voz y rápidamente nos separamos: era su tío que nos llamaba para entrar a casa, ya que había llegado el hermano de mi cuñado.
Pasamos toda la noche conversando y al llegar la hora de dormir, los planes cambiaron, ya que solo había dos habitaciones para cuatro personas: tres hombres y yo.
Como mi esposo estaba al tanto de la situación, me sugirió que durmiera con su mejor amigo, en quien confiaba plenamente y sabía que estaría mejor de esa manera, y vaya si acertó.
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