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Vale y yo


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¡Hola a todos! Esta narración comienza mucho antes del brote pandémico, en una época en la que mi prima decidió pasar sus vacaciones en la casa de su papá, que vivía a una cuadra y media de mi residencia. Mi prima Vale, una joven algo rellenita con unos pechos generosos, un rostro encantador, aproximadamente 1.67m de altura y una personalidad muy única. Vale pasaba sus días de descanso en la casa de su padre, pero por las noches se quedaba en mi hogar, donde disfrutábamos conversando con mi hermana, viendo películas en Netflix o simplemente charlando.

En una de esas noches, Vale nos comentó que estaba viendo una película muy interesante en Netflix y nos invitó a unirnos a ella. Yo ya estaba cómodo en mi habitación, vestido con ropa ligera. Preparé palomitas, encendí la televisión y empezamos a ver la película juntos. Después de una hora, mi hermana se quedó dormida, y para no incomodarla, Vale se trasladó a mi cama. Envuelto entre las sábanas, acepté cuando ella me pidió espacio. En cierto momento, durante la película, se proyectó una escena un tanto erótica, y noté a Vale algo nerviosa, al menos eso pensé. Al cabo de un instante, sentí un leve roce en mi miembro, inicialmente creí que fue accidental, pero al poco tiempo volví a sentir un tacto más intenso, como si intentara excitarme, logrando su cometido.

Con mi erección evidente, Vale comenzó a jugar tocándome por encima de la ropa, una situación que me resultaba excitante y placentera. Al observarla detenidamente, noté que no llevaba sujetador bajo una blusa que dejaba entrever sus voluminosos y deliciosos senos. Coloqué mi mano sobre ellos y empecé a acariciarlos, percibiendo cómo sus pezones se endurecían. Luego, ella comenzó a masturbarme. Quedé completamente rendido en la cama y en un momento dado me pidió que apoyara mi miembro en su trasero, acción a la que no me opuse. Con mi miembro por encima de su ropa, sentía una conexión especial, como si deseara más contacto. En un instante, Vale se giró, exponiendo su intimidad a mi miembro, y me besó. Nuestros besos y movimientos se tornaron más sugerentes.

Después siguió masturbándome y besándome. Deseaba que me practicara sexo oral, pero no estaba seguro si a ella le agradaba esa práctica, así que la dejé proseguir masturbándome hasta llegar al clímax, manchando un poco de semen su ropa y la mía. Nos levantamos de la cama y fuimos al baño a limpiarnos un poco. Vale limpió mi miembro y regresamos a la habitación, donde se acostó un rato conmigo en posición de cuchara, mientras acariciaba sus pechos, hasta que finalmente se unió a mi hermana en la otra cama.

Desde ese momento, todo cambió y casi todas las noches disfrutaba de aquella excitante sensación, hasta que un día llevamos ese deseo a otra realidad...

La historia continuará...

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