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Mi hijo me penetró analmente creyendo que estaba dormida (4)


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Hola compañeros. Aprecio sus consejos y comentarios.

Para los que no han leído mis narraciones anteriores, les comento que mi nombre es María. Actualmente tengo 39 años y estoy casada con un hombre de 43 años. Tenemos un hijo de 22 años, quien es fruto de un error en mi juventud, ya que mi esposo es estéril. Sin embargo, él acepta y quiere a mi hijo como si fuera suyo.

Como mencioné en relatos anteriores, mi esposo trabaja como representante de ventas en una empresa de tecnología y además supervisa las sucursales. Debido a sus viajes de negocios, pasa semanas fuera de casa, alternando entre períodos en el hogar y en viaje.

En mis narraciones anteriores, describo cómo mi hijo comenzó a tener relaciones sexuales conmigo cada vez que regresaba de reuniones con amigas, aprovechando que a veces llegaba ebria. Él esperaba a que me quedara dormida, me quitaba la ropa interior y abusaba de mí, llegando incluso a penetrarme analmente. En algunas ocasiones fingía estar dormida al despertar, sin sentir nada en el momento, pero al día siguiente notaba la presencia de semen en mi cuerpo.

Posteriormente descubrí que mi hijo me tomaba fotos y grababa videos mientras me sometía. Debo admitir que disfruto salir con mis amigas y tomar algunas copas, lo que me lleva a veces a dormir profundamente. Mi hijo aprovechaba esta situación para sus fechorías.

En una historia previa, menciono una situación en la que mantuve relaciones íntimas con mi hijo y su amigo Bruno, estando mi esposo presente pero dormido y ebrio. Desde entonces, hemos continuado viviendo de esta manera. Sospecho que mi hijo ha compartido estos eventos con sus amigos, ya que cuando vienen a casa para supuestamente estudiar, noto que murmuran y se fijan en mi cuerpo. A pesar de sentir atracción por Bruno y los otros amigos de mi hijo, jóvenes y atléticos, sé que debo mantener mi rol de esposa y madre.

Un día, mi hijo me pidió permiso para celebrar el cumpleaños de su amigo en casa, ya que este vivía solo en la ciudad al estar sus padres en provincia. Aunque inicialmente dudé, accedí ante la insistencia de mi hijo y la facilidad logística que ofrecía nuestra casa.

El día de la fiesta, mi hijo me pidió que me vistiera de forma provocativa, argumentando que quería que sus amigos me vieran más atractiva que otras chicas que asistirían. A pesar de mi negativa y decisión de salir con mis amigas, él insistió en que esperaba verme en la fiesta.

Así que él partió rumbo a la universidad, pues ya se estaba haciendo tarde.

Realmente deseaba estar en esa celebración. Podía visualizar a los compañeros de mi hijo, todos jóvenes con las hormonas revueltas, intentando bailar conmigo. A pesar de eso, no me permití esa libertad. Debía mantener mi posición y evitar cualquier situación incómoda, tanto para mí como para mi hijo. Por lo tanto, opté por contactar a mi amiga, conocida por ser alegre y fiestera, para contarle lo que ocurriría en mi hogar. Su respuesta fue: "Aprovecha y rejuvenece un poco". Sin embargo, le respondí: "No puedo hacer eso. Necesitas acompañarme o permitirme quedarme en tu casa hasta que termine la celebración en la mía". Concediendo, ella afirmó: "Está bien. Ven a mi casa cuando desees".

Llegué a la residencia de mi amiga alrededor de las seis de la tarde, con mi hijo todavía ausente de la universidad. Allí, compartimos charlas, vino, preparamos pasteles y disfrutamos con otras amigas. Hasta que estimé que era hora de regresar a casa, eran las tres de la madrugada. Mi amiga solicitó un taxi y regresé a mi hogar, ligeramente aturdida por las bebidas consumidas. Esta situación era habitual para mí, ya que generalmente regresaba a casa con cierta embriaguez luego de pasar tiempo con mis amigas.

Al entrar en mi residencia, escuché música y voces masculinas riendo y conversando. Al llegar a la sala, descubrí a mi hijo, cuatro jóvenes y dos hombres mayores, alrededor de los 40 o 45 años. Uno de ellos era de tez morena, sin presencia femenina en la estancia. Al percatarse de mi presencia, todos se levantaron y me saludaron, a lo que respondí amablemente. Posteriormente, llamé a mi hijo a otra habitación y le indiqué: "Es momento de que tus amigos se retiren". Él, en un tono despectivo, mencionó: "Mamá, estás ebria", intentando besarme en la boca y expresando que me estaban esperando. Me aparté y expresé: "Diles a tus amigos que se vayan. En este instante, no me uniré a la reunión. Me retiraré a descansar". Era evidente que mi hijo también se encontraba en estado de embriaguez.

Intentó abrazarme con fuerza, tomándome de las nalgas y comentando: "No te hagas la tímida. Sé que deseas que mis amigos te manoseen". A pesar de mis intentos por resistir, su fuerza prevaleció y me llevó cargada hasta la sala. Traté de disimular y me senté en un sillón desocupado, con un vestido un tanto corto que dejaba al descubierto mis piernas. Con voz elevada, mi hijo exclamó: "Amigos, aquí está mi madre. Díganme si no es hermosa, tal como les había mencionado. Bailará con todos, ¿verdad, mamá?" Ante ello, respondí: "Caballeros, les ruego retirarse. Agradezco su comprensión". Contrariamente, mi hijo incitó: "No se vayan, amigos. La noche es joven. Sigamos disfrutando". Acto seguido, puso música bailable en la computadora y me invitó a bailar, mientras todos aplaudían.

A regañadientes, me vi obligada a bailar. Durante la celebración, observaba a los amigos de mi hijo, quienes lucían atractivos. Incluso los dos hombres mayores tenían su encanto. Poco a poco, comencé a disfrutar de la música, quizás influenciada por el vino consumido con mis amigas. Mi hijo dirigía el baile, tomándome de la cintura y moviendo mis caderas. Consulté por la ausencia de mujeres en el evento, a lo que él respondió: "Había muchas chicas antes, pero preferían irse contigo. Las que permanecen son solteras, a la espera de tu presencia". Le pedí que se comportara y evitara comportamientos inapropiados frente a sus amigos. A lo que él aseguró: "Descuida, mamá. Si te comportas bien conmigo, yo también lo haré. No te retires a dormir, pues te sacaré a bailar nuevamente". Mientras danzaba, notaba cómo mi vestido se alzaba con el movimiento de mis caderas, procurando ajustarlo para evitar exposiciones. En ese momento, se detuvo la música y me senté en el sillón, escuchando a los jóvenes, incluido mi hijo, referirse a los dos hombres mayores como "profesores". Deduje que aquellos hombres eran sus docentes.

Continuó la música y mi hijo les indicó a los hombres mayores: "Jálenme a mí".

Bailé con un caballero que me elogió, pero se sobrepasó al halagarme. Le mostré mi desaprobación, aunque en el fondo me sentía excitada. Luego, otro hombre se acercó y fue aún más atrevido al expresar sus deseos hacia mí. A pesar de sentirme provocada, intenté mantenerme firme y rechazar sus avances.

La situación se tornó más intensa cuando uno de los hombres comenzó a tocarme sin mi consentimiento, lo cual me hizo sentir vulnerable. A pesar de mi incomodidad, parte de mí ansiaba la atención y el deseo de aquellos hombres. La situación escaló rápidamente, y me vi en una posición comprometedora frente a mi hijo y los demás presentes.

Finalmente, me vi despojada de mi ropa y expuesta ante la mirada lujuriosa de varios individuos. Aunque parte de mí quería retirarme, me sentía cautivada por la excitación del momento. Mis pensamientos se encontraban en una encrucijada entre el deseo y la responsabilidad, mientras me entregaba a las sensaciones abrumadoras que me rodeaban.

En medio de la confusión y la tensión, me dejé llevar por el placer que me ofrecían aquellos hombres, sintiendo cómo mis límites se desvanecían lentamente. Las caricias y los susurros llenaron la habitación, creando un ambiente cargado de deseo y anticipación. Mis pensamientos se nublaron mientras me adentraba en un territorio desconocido y excitante, sin saber qué depararía el siguiente paso en esta inesperada y arriesgada travesía.

y lo llevaba a su boca. Después lo reintroducía en mi ano. Ambos comentaban: Qué deliciosa mujer. Qué excelente trasero tiene. Qué hermosas piernas.

Mientras uno continuaba estimulando mi vagina y penetrándome el ano con sus dedos, el otro me hacía practicar sexo oral metiéndome su miembro hasta la garganta. Me sentía inmensamente complacida con esos caballeros haciéndome de todo. En cierto momento, observé a mi hijo y vi a todos los jóvenes completamente desnudos. Masturbándose y observando cómo sus profesores me complacían. Esos dos hombres maduros me sometieron a todo tipo de experiencias. Me penetraron en cada uno de mis orificios. En diversas posturas, recibí semen de ambos. Incluso llegué a llorar de dolor cuando me penetraron por detrás. Me llamaron prostitutas y perras. Sin embargo, alcancé el orgasmo en tres ocasiones. Los dos maduros gemían de placer al llegar al clímax. Me llenaron de esperma el ano, la boca y la vagina. El semen resbalaba por mis piernas hasta llegar a la alfombra.

Sentí que mi hijo y sus cuatro amigos se aproximaban hacia mí. Yo les pedí: Hijito, por favor, ya no puedo más. Estoy extremadamente fatigada y adolorida. Él respondió: ¿Cómo crees que no nos vas a brindar tus favores a nosotros? Simplemente aguanta, que nosotros nos encargaremos. Los cinco me manoseaban y no sabían cómo complacerme. Me penetraban el ano y la vagina con sus dedos. Uno intentaba introducir su miembro en mi trasero, mientras que otro recibía sexo oral. Ya no tenía energías ni deseos de actividad carnal. Simplemente soportaba lo que me hacían. Me poseían a su antojo, cambiándome de posición constantemente. Eran insaciables y repetían una y otra vez la penetración en todos mis orificios. Hasta que finalmente, uno a uno caían exhaustos tras alcanzar el clímax. Acabé cubierta de semen. Me maltrataron hasta las siete de la mañana.

Luego le pedí a mi hijo que despidiera a todos. Me dirigí a duchar con las últimas fuerzas que me quedaban. Mi hijo despidió a todos y nos retiramos a descansar. Dormimos en mi habitación hasta las tres de la tarde del domingo. Por la tarde, conversé con mi hijo y le pregunté: ¿Qué pensarán tus profesores de mí? ¿Por qué has permitido esto? Él me contestó: No te preocupes, mamá. Mis profesores están casados, no quieren escándalos ni complicaciones. No revelarán nada a nadie. Yo le dije: Entiendo que lo permita contigo y acepto que me hagas de todo porque te amo, pero involucrarte con desconocidos implica riesgos. Tanto para ti como para mí. Ojalá tu padre no se entere de nada. Él respondió: Ese individuo no es mi padre. Y tú eres mi mujer. Solo permito que ese hombre te posea para no levantar sospechas. Aunque debo admitir que me excita pensar que mientras tanto, tu esposo te está desflorando al escuchar tus gemidos.

Después de ese incidente, en algunas ocasiones se repitió la orgía, aunque yo me encontraba aturdida. En algunas ocasiones venía uno de los profesores, en otras venían los dos. También participaban los amigos de mi hijo. En una ocasión, desperté por la noche y descubrí a uno de los profesores de mi hijo acariciando mis glúteos mientras yo dormía, un tanto aturdida. Posteriormente, me dejé poseer estando ya despierta.

Bueno, esta fue mi última vivencia. Poseo imágenes y videos de esos encuentros. Imágenes y videos que hallé en la computadora de mi hijo.

Deseo compartir mi dirección de correo con aquellos que deseen contactarme. Les enviaré mis imágenes y videos. Mi correo es:

[email protected]. Espero sus mensajes.

Relatos previos:

“Mi hijo me penetró sin saber que yo estaba consciente”

“Mi hijo me penetró sin saber que yo estaba consciente (2)”

“Mi hijo me penetró sin saber que yo estaba consciente (3)”

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