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El hilo dental de mi mamá (segunda parte)


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Para conocer el contexto, es necesario leer la parte inicial de la historia:

“La cinta dental de mi mamá (Primera entrega)”

Después de haber compartido tiempo con mi mamá, ambos nos duchamos y el día transcurrió sin mayores acontecimientos. Una vez se marchó a su casa, retomé mis actividades que había dejado de lado mientras pensaba en ella. Aunque me costaba aceptarlo, debía aceptar que todo debía volver a la normalidad, aunque no quisiera.

Salí con algunas chicas, quienes me mostraron sus prendas íntimas. Algunas llevaban únicamente cacheteros o bragas más grandes, lo cual no me molestaba, pero con ellas faltaba la chispa y la emoción que había tenido con mi mamá. Me resultaba difícil asumir que lo ocurrido con ella fue algo fugaz y ocasional, que debía sentirme agradecido y afortunado por haber vivido una experiencia única que ningún otro hombre había experimentado. Por lo tanto, estaba resignándome a la idea de que no se repetiría.

Manteníamos contacto por mensajes de WhatsApp y llamadas, pero no surgió ningún comentario sobre nuestra experiencia pasada. Meses después, regresó a mi casa un fin de semana, ya que mi padre estaba fuera por motivos de trabajo. Ella seguía vistiéndose de manera provocativa con monos y prendas ligeras, dejando ver sus diminutas tangas. Aunque se le escapaban ligeramente por los lados cuando llevaba falda y escote, no me atrevía a tomar la iniciativa como la vez anterior, temía incomodarla y dañar la frágil relación que habíamos retomado, y no volver a verla con esas provocativas tangas.

Consideré invitarla a salir de nuevo, pero finalmente decidí hacerlo con algunas compañeras de trabajo. Pensé que mi madre podría sentirse incómoda o asumir que volvería a pedirle que me mostrara sus prendas íntimas. Estaba bastante confundido en esos días. Con mis compañeras, no pasó ni pasaría nada. Nuestras conversaciones giraban en torno a temas triviales, trabajo, jefes, clientes e incluso eventos paranormales, sexo incluido pero de forma general y sin insinuaciones. Hablábamos también de tangas y juguetes sexuales, pero ahí se quedaba la charla.

Dado que vivo solo desde hace varios años en la ciudad de Villavicencio, Colombia, desconozco la situación marital o sexual de mis padres, no sé si están satisfechos el uno con el otro, si ella se niega, no tengo idea. Cuando visitaba su casa, no podía evitar mirar el tendedero del patio con sus tangas de distintos colores y diseños, de triangulitos, tipo hilo, rojas, amarillas, negras, anchas, estrechas, era un espectáculo y me excitaba mucho, terminaba muy excitado, entraba en su habitación cuando no estaba y encontraba sus tangas limpias, hilos, medias veldas, bragas o pantaloncillos franceses, sujetadores, tops, etc. Había un cajón cerrado con llave, tal vez guardaba secretos como videos, ligas, disfraces, juguetes sexuales, no lo sé, pero mi curiosidad era enorme. Me excitaba con algunas de sus tangas limpias y usadas pero sin mancharlas con mi semen.

Podríamos decir que la historia dio un giro interesante cuando fui a casa de mis padres un día. Tenía un compromiso laboral cerca, pero fue pospuesto debido a retrasos de los clientes en sus vuelos. Se me ocurrió quedarme en casa de mis padres mientras esperaba. Tenía una habitación allí para mí, así que pensé en descansar un poco y relajarme.

Al acercarme a la puerta, vi desde la ventana a mi madre acompañada de otra persona, era su amiga Luisa. Observé disimuladamente: ella tenía una contextura mediana, estatura normal, cabello rizado y negro, senos grandes y naturales, trasero normal. Aunque no tenía aspecto de modelo o reina de belleza, resultaba muy atractiva.Hasta donde tenía conocimiento, ellas habían compartido estudios en la universidad y llevaban bastante tiempo sin contacto. Recuerdo lo apasionada que era Luisa cuando venía a casa de mis padres a hacer trabajos con mi madre, se desabrochaba un poco el pantalón y se le veían sus calzones blancos y ligeramente su vello, quizás tenía confianza en nosotros pero eso me excitaba mucho.

Ella fue el objeto de mis fantasías en la juventud, si me masturbé 1000 veces en la vida, pensando en ella lo hice unas 600 veces. Es normal que a esa edad, además de tener las hormonas activas, uno también tenga muchos pensamientos confusos. Hoy tengo 35 años y ella 46, ambas se graduaron, a Luisa le salió trabajo rápidamente y tuvimos que mudarnos a otra ciudad por un momento debido a dificultades económicas y personales desfavorables. A partir de ahí se perdió el contacto y eso fue todo, no existían redes sociales u otros medios para ubicar personas como en la actualidad. Con el tiempo, cuando salió Facebook, la agregué a ella y mi madre, pero nunca le escribí ni intenté concertar un encuentro, simplemente le daba "me gusta" a algunas de sus fotos. Ahora ella tiene esposo e hijos. Después de haber contextualizado lo suficiente sobre Luisa y mi situación, procedo a contar lo que ocurrió ese día.

Estaba tan sorprendido de volver a ver a Luisa o de tenerla cerca que inmediatamente empecé a fantasear con invitarla a salir, pedirle que me mostrara sus calzones, confesarle que me había excitado por ella muchas veces y que todavía sentía un gran gusto por ella a pesar de los años. Sin embargo, nunca imaginé en mi mente caliente y pervertida que ella y mi madre iban a estar tan cercanas. Recuerdo que hace varios años, en una situación de emergencia, tuve que visitar esa casa y me entregaron unas llaves que olvidé devolver y que tampoco me pidieron de vuelta. Además de la puerta principal, también había unas para el garaje. Por alguna razón, se me ocurrió entrar sigilosamente por allí, sin sospechar que ellas pudieran estar teniendo relaciones sexuales, solo quería escuchar de qué hablaban. Aún faltaban varias horas para mi compromiso, abrí suavemente la puerta del garaje, me quité los zapatos y comencé a acercarme a la sala. Había unas escaleras de acceso y al lado estaban las que llevaban al segundo piso. Logré llegar allí y desde el balcón las escuchaba. Lo que escuché me dejó sin aliento, fue como si me hubiera electrocutado o tal vez como si hubiera experimentado el mejor orgasmo del mundo, una sensación indescriptible.

Luisa: No tienes ni idea de las ganas que tengo de ti y además quiero que pruebes algo delicioso, estoy segura de que te va a gustar.

Madre: No sé hasta qué punto me guste.

Luisa: Lo que quiero hacer es complacerte con sexo anal, introducirte uno o más dedos y usar un consolador doble, ya lo he hecho con otras mujeres e incluso con mi esposo. Me han penetrado con un arnés, podrás decir que soy atrevida, perversa, pero no importa. Lo que sí te puedo decir es que soy una mujer muy ardiente y no dejaré de serlo. Cada vez tengo ganas de probar cosas nuevas, su forma de hablar o el tono de su voz me tenían muy excitado.

Madre: He tenido relaciones sexuales vaginales y orales con hombres solamente. Jamás he practicado el sexo anal, ni siquiera mi esposo me lo ha propuesto.

Si llegaron a ese punto, significa que ya venían conversando desde hace días, meses o años y que las cosas se fueron dando poco a poco. No creo que en la primera visita, Luisa le hubiera propuesto algo así a mi madre.

Luisa: He estado con una amiga, con una sobrina, incluso con una chica que conocí en una aplicación.

Madre: ¿Ahora eres lesbiana? ¿Y qué hay de tu esposo?

Luisa: Sigo amando a mi esposo, en eso no hay duda alguna. También disfruto del sexo con él, pero, entre mi fogosidad, también me gusta disfrutar de una mujer. No busco que se conviertan en mis novias ni tener una relación comprometida, solo disfruto del buen sexo. He pasado del sexo vaginal y oral, lo más común, a probar el anal, asistir a fiestas swingers, dejar que dos hombres o más me posean, siempre en busca de nuevas experiencias.

Varias damas o ambos, incluso deseo que un chico o una chica del colegio me hagan lo mismo.

Seguí atento a la charla, evidentemente estaba muy excitado y expectante ante lo que sucedería. Acordaron encontrarse el viernes de la semana próxima en esa residencia para contar con total comodidad y libertad. No deseaban ir a un motel, ya que querían evitar encontrarse quizás con alguna persona conocida. Mi padre tenía que viajar por motivos laborales a otra ciudad y estaría fuera 4 días. Por mi parte, estaba considerando pedir un día libre como compensación por haber sido jurado en las elecciones. La idea era espiarlas ese día al tener llaves de la casa y entrar sigilosamente por el garaje. Luisa recomendó a mi madre que viera vídeos sobre relaciones anales entre mujeres para aprender más al respecto. Durante la semana le enviaría algunos. En el trabajo me dieron el día libre y decidí no hacer otras actividades ni cancelar pendientes. Estaba concentrado únicamente en ese día, en presenciar a mi madre teniendo relaciones con otra mujer. Durante toda la semana, eso ocupó mis pensamientos y, créanme, la cantidad de veces que me masturbé fue inmensa. Llegué a pensar que me quedaría seco, que mi esperma se agotaría. Me imaginaba a mi madre y Luisa disfrutando, corríendose, una lamiendo el ano de la otra, usando algún arnés y yo uniéndome a ellas.

No estaba seguro de si mi madre estaba totalmente decidida respecto a lo que iba a suceder. Por ello, decidí sondearla o indagar sutilmente, como diríamos en mi país. Pasé por su casa días antes del viernes y en la sala vi unos DVDs que supuse eran sobre mujeres lesbianas teniendo sexo anal. Como tenía mi portátil y una unidad extraíble a mano, decidí verlos. Efectivamente, trataban sobre ese tema, pero me parecieron bastante simples o normales. Quizás Luisa no era tan experta en tecnología, así que se me ocurrió descargar algunos vídeos más intensos y dejarlos en la sala para que mi madre los viera sin saber que fui yo quien los había colocado allí, asumiendo que ya había visto los que le había llevado Luisa.

Ese día almorzamos juntos y le comenté que había presenciado a dos colegas teniendo relaciones en el baño, que me sorprendió mucho pero decidí no interrumpirlas. Se sorprendió un poco y comentó que era bastante impactante y que existía el riesgo de que alguien más las hubiera chantajeado de haberlas visto. Aunque no era cierto, lo dije para ver su reacción. Le mencioné que el viernes por la tarde quería invitarla a comer helado o ver una película en el centro comercial. Esperaba que me rechazara, pero no esperaba que detallara tanto. Habló de Luisa, quien había regresado después de muchos años y que ese día saldrían juntas. Le pregunté si podía acompañarlas y unirme a su conversación, a lo que me respondió negativamente o que quizás a las 6 saldrían a las 2.

Entonces, en tono de broma, le dije que tuviera cuidado y no acabaran como mis colegas del trabajo, sugiriendo que yo llegara y las descubriera en eso. Ella rió y aseguró que solo iban a conversar. Pregunté si eran pareja, temiendo haber sido demasiado directo, pero volvió a reír y afirmó que eran solo amigas. Nos despedimos y aunque no sé por qué, aquel día la abracé y ella correspondió al gesto. No era algo común entre nosotros, pero en mi excitación lo consideré normal. Descargué vídeos de orgías y mujeres lesbianas practicando sexo anal en diferentes situaciones, con mujeres maduras, jovencitas, en español, con brasileñas, japonesas, etc. Esa misma noche entré sigilosamente por el garaje y los dejé en la sala junto a sus DVDs. Al día siguiente volví a entrar y noté que los había movido, es decir, también los había visto. Quizás le pareció extraño ese material nuevo y se preguntó cómo llegó allí o quién lo puso.

Llegó por fin el gran día. Entré sin hacer ruido y ya estaba Luisa en la sala. Subí al segundo piso.

Luisa: ¿te aseguraste de que no va avenir nadie ni nos van a molestar?

Madre: Claro, nadie vendrá. Incluso apagaré mi teléfono. Mi esposo está fuera de la ciudad, así que no espero que me llame en este momento, tal vez lo haga por la noche. Mi hijo no vive aquí y probablemente esté trabajando en este momento (o sea, yo). Mi otro hijo también está trabajando y rara vez viene por aquí. He dado el día libre a la empleada del servicio, ya he reclamado algunos pedidos o paquetes en la sede principal. He planeado todo para que no nos interrumpan. En todo caso, podrían venir los testigos de Jehová, pero estaremos en la habitación en ese momento. Casi me da risa cuando mencionan a los testigos, ya que suelen ser muy insistentes e incómodos.

Luisa: Espero que disfrutes este momento tanto como yo lo haré, o incluso más. No te obligaré a nada. Si no te gusta, es tu decisión, pero debes aprender a disfrutar tu cuerpo y el de los demás.

Luisa besó a mi madre de inmediato, y ella correspondió. Permanecieron así intercambiando besos y caricias durante varios minutos, mientras se acariciaban los senos y las piernas, los gemidos no se hicieron esperar. Decidieron dirigirse a la habitación, ubicada en el segundo piso. Entraron tomadas de la mano, mientras yo lograba ocultarme en la mía. Al no cerrar la puerta, pude verlas.

Se despojaron de sus prendas. Mi madre llevaba un conjunto de sujetador y tanga azul con abertura en medio, posiblemente planeaban usar un arnés. Luisa tenía un sujetador negro y una diminuta tanga verde que resaltaba sus hermosas nalgas. Se quitaron los sujetadores y se abrazaron, frotando sus senos y gimiendo. Luisa, tomando la iniciativa, le bajó la tanga a mi madre y comenzó a explorar su trasero, acariciando su ano y aplicando un lubricante que tenía a mano. Le ordenó que se pusiera en posición de perrito, y luego comenzó a lamer su ano y a introducir sus dedos.

Madre: ¡Oh sí, es delicioso! Nunca me habían hecho esto. ¡Sigue así, maldita! ¡Me estás volviendo loca!

Luisa: Te dije que lo disfrutarías. Después de esto, te encantará el sexo anal. Ya no tendrás que rogarle a tu esposo. Desde que volví a verte, Consuelo (así se llama mi madre), supe que esto sucedería.

Madre: ¡Oh, me estoy corriendo, no puedo más!

Luisa: ¡Dame jugos, putita! ¡Voy a destrozarte ese trasero!

Mientras tanto, mi madre se masturbaba y experimentaba dos orgasmos, uno de los cuales fue con eyaculación femenina, empapando el rostro de Luisa. Esta última se lamió los dedos y se besaron.

Luisa: Ahora te toca a ti.

Supuse que mi madre se sentiría disgustada o impactada, pero me equivoqué. Colocó su nariz en el trasero de Luisa y comenzó a oler, para luego lamer durante al menos cinco minutos.

Luisa: ¡Oh sí, continúa, lame mi trasero! ¿Te gusta?

Madre: Sí, se siente tan bien, huele a sexo, huele a mujer.

Luisa: ¡Introduce tus dedos, sí, y pélame!

Entonces, mi madre le introdujo dos dedos y los movía alrededor en el trasero de Luisa, llegando a insertar toda una mano. Se mostró como toda una experta en el sexo anal.

Luisa: ¡Sí, sí, dame más, estoy a punto de llegar, oh, qué delicia, mátame!

Madre: Qué trasero tan exquisito tienes

Me pareció curioso que no pasaran al sexo vaginal u oral; tal vez el enfoque estaba únicamente en el sexo anal.

Luisa alcanzó su orgasmo con eyaculación, pero con menos líquido que mi madre. Así, procedieron a usar un consolador doble en sus traseros. Observar esa escena me pareció una obra de arte, un placer, y todo lo positivo que puede ofrecer el mundo. Se estimularon mutuamente hasta culminar en sus propios orgasmos, dejando la sábana de la cama empapada y sin espacio.

Después de un breve descanso, decidieron ir a bañarse, aunque no pude presenciar lo que sucedió allí. Al regresar envueltas en toallas, Luisa le mencionó a mi madre que aún le faltaba algo más, confirmando mis sospechas de que traería consigo un arnés.

Luisa

Fue al tocador y se lo colocó

Luisa le dijo a Consuelo que esa era la sorpresa que tenía preparada

La madre expresó su sorpresa al ver el objeto, sabía de su existencia pero nunca imaginó que lo usaría o que lo tendría consigo

Luisa se preparó para penetrar a la madre

Luisa volvió a aplicar lubricante, la madre se colocó en posición y Luisa comenzó a penetrarla por detrás, primero despacio y luego más rápido

La madre pidió que fuera con cuidado porque le dolía

Luisa le aseguró que pronto le gustaría y le pediría más

Luisa se entregó por completo, parecía que fuera a hacerla explotar, incluso pensé en intervenir y pedirle que parara, pero no quería arruinar ese momento, aunque no participara estaba disfrutando viendo a mi madre con otra mujer, lo que daba pie a la posibilidad de que en algún momento terminara teniendo relaciones con Luisa, con mi madre o con ambas a la vez.

La madre expresó su placer y su deseo de seguir siendo penetrada

Luisa también confesó su deseo y atracción, expresando lo mucho que le gustaba ver y tocar a la madre, especialmente su trasero con un diminuto hilo dental, provocándola desde que la vio, llamándola atrevida y exhibicionista por gustarle mostrar su cuerpo.

Al parecer, a Luisa también le llamaba la atención el trasero y los hilos de la madre

La madre recordó un episodio con su hijo Javier que involucró un encuentro íntimo, provocando la sorpresa de Luisa

Luisa mostró interés en escuchar más sobre ese episodio

Mientras la madre continuaba con su relato, Luisa suavizó el ritmo de la penetración

La madre reveló detalles de un juego de strip poker con su hijo, pero resaltó que no hubo penetración, aclarando que no habría permitido que eso sucediera

Gracias a esas confesiones pude comprender mejor los pensamientos de mi madre sobre lo ocurrido anteriormente

Luisa expresó su asombro y la madre compartió sus experiencias, creando un ambiente de confianza y complicidad entre ellas

Al final, ambas alcanzaron el clímax, disfrutando de sus cuerpos y dejando de lado cualquier inhibición

Se ducharon, se vistieron y acordaron darse un tiempo para procesar lo vivido, manteniendo la puerta abierta a futuros encuentros

Luisa comprendió la situación y aceptó el tiempo que la madre necesitaba para asimilar lo sucedido

Quizás en otro momento podamos repetir esta experiencia, y si no se da, que sigamos manteniendo nuestra amistad. Lo ocurrido debería ser algo que nos una en lugar de separarnos. No solo quería mostrarte mi deseo sexual, sino también disfrutar contigo y hacerte gozar. Si te gusta la idea, junto con unas amigas bisexuales, curiosas y dos lesbianas, formamos un club de orgías femeninas. Solemos reunirnos en casa de alguna de ellas, asegurándonos de que sus esposos o hijos no estén presentes, o alquilamos una finca campestre a las afueras de la ciudad. Algunas utilizan viajes de trabajo o visitas a familiares lejanos como excusa.

Se nota que Luisa tiene una inclinación por lo pervertido. Además de practicar sexo anal, disfruta tanto siendo activa como pasiva, y es experta en crear coartadas para evitar ser descubierta por hijos o maridos de las mujeres involucradas.

Madre: ¿Orgías? ¿Cómo? ¿Con varias chicas a la vez? ¿Cómo hiciste para organizarlo? ¿Es parte de algún grupo en redes sociales o lograste reunir a todas las chicas con las que has estado?

Luisa: En realidad, fue lo segundo. A lo largo de mi vida he estado con más de 20 mujeres diferentes en una o varias ocasiones. Con algunas perdí el contacto y decidí no presionarlas para unirse al grupo. Otras residen en el extranjero o en ciudades lejanas. Algunas están muy condicionadas por sus parejas y les resulta difícil salir de casa. Hay quienes están en prisión o que simplemente se alejaron de mi radar. Por lo tanto, nuestro grupo no es numeroso, solo somos 6 chicas.

Madre: ¿Todas de tu misma edad o mayores?

Luisa: Entre las 5 chicas se encuentra Natalia, de 45 años, alta y corpulenta, con un estilo recatado. Está casada, tiene una hija y un negocio en el centro de la ciudad. Prefiere dominar en lugar de ser dominada, actuando de manera activa en nuestras reuniones. Leidy, de 40 años, de estatura baja y con ojos pardos, es más pasiva y disfruta siendo penetrada y recibiendo sexo oral. Tiene novio, sin hijos, y trabaja en una empresa de confecciones. Marcela, de 46 años, estatura promedio y cabello negro, es casada, madre de 3 hijos y trabaja en una entidad gubernamental. Tiende a ser más activa que pasiva. Alejandra, la mayor del grupo con sus 52 años, separada y con un hijo de 20, de estatura media y cabello rizado. Le gusta exhibir su cuerpo con faldas, escotes y tangas. Es activa en las relaciones y, según dicen, es muy habilidosa en el sexo oral. Ellas conforman el grupo de chicas bisexuales.

Las que se definen como lesbianas o bisexuales, con una clara preferencia por las mujeres o que recientemente solo han tenido relaciones con chicas, son Daniela, de 19 años, delgada, de estatura promedio y con gafas. Estudia zootecnia en la universidad y, a pesar de su apariencia femenina, es activa en nuestra dinámica sexual, especializándose en sexo oral y estimulación. Por otro lado, Maira, no tan femenina, con una vestimenta masculina, alta y con sobrepeso, ha demostrado ser versátil tanto en la dominación como en la sumisión. Al principio, mostraba cierta reticencia al sexo anal, pero con el tiempo ha desarrollado un gusto por esta práctica.

Me sentía nuevamente excitado. Entre todas las chicas, Danielita fue quien más me sorprendió y dejó pensativo. Debía averiguar cómo participar en esas orgías si mi madre aceptaba unirse, especialmente para poder ver a Danielita, quien despertó mi interés. La idea de presenciar la participación de mi madre en ese escenario me resultaba extremadamente excitante.

Luisa: ¿Qué te parece si organizamos una "reunión" en tu casa?

Madre: Sí, sería bueno asegurarnos de que mi esposo no esté presente y de que mis hijos no vayan a estar en casa.

Definitivamente, mi madre estaba considerando unirse al club sin expresarlo directamente, pero aceptaba la idea de una reunión u orgía. Mi erección era evidente una vez más, y sentía la urgencia de masturbarme. Si ver a mi madre involucrada en actividades sexuales con Luisa fue excitante, imaginarla siendo dominada por esas chicas en una orgía sería una experiencia increíble, una mezcla de emociones intensas y deseo desenfrenado.

y ella dominándolas, lamiendo sus partes íntimas, sus traseros, alcanzando el clímax, usando el arnés, consoladores, esferas chinas, si me obligaran a escoger entre presenciar esa reunión sexual o asistir a un partido del mundial de fútbol o la final de la champions league, me quedaría con la reunión donde esté mi madre.

Luisa: voy a buscar más videos, los que te dejé tienen baja calidad, no me había percatado de eso

Madre: Había otros de buena calidad, no recuerdo que me los hayas entregado, pero ahí están

Luisa: ¿Cuáles? Qué extraño

Madre: Mira, estos son

Los vieron, sin duda la calidad era excelente, quizás la excitación que sentían les hizo dejar de cuestionar cómo habían llegado esos videos allí, les gustó mucho uno de la actriz porno Nina Mercedez, no era de sexo anal pero sí de un trío que realizaba con unas chicas muy atractivas y otro donde eyaculan abundantemente en su boca.

Se despidieron, mi madre se retiró a la habitación y yo salí de la casa, Luisa acababa de marcharse en su camioneta, miré el reloj y habían pasado varias horas, pero no eran las 6 o las 18 sino las 4 o las 16 horas, regresé y toqué el timbre, mi madre tardó un poco en bajar, la saludé y ella me abrazó efusivamente, quizás contenta por lo ocurrido, ingresé, bebimos café, conversamos, los videos ya no estaban, obviamente los había guardado o trasladado, salimos al cine, cenamos salchipapas con queso derretido, no ocurrió nada más, pero no podía dejar de pensar que mi madre había tenido relaciones íntimas con su amiga Luisa y por vía anal, regresé a mi casa y tuve que masturbarme dos veces más, estoy seguro de que no podré quitarme esas imágenes de mi mente y que había alcanzado otro nivel del cual probablemente no escaparé, mi mente perversa tendrá tiempo para planear cómo estar cerca de ambas en alguna de sus reuniones sexuales.

Espero que haya sido de su agrado la segunda parte, intenten no masturbarse demasiado o terminarán exhaustos, jajaja.

En la tercera parte, finalmente la reunión íntima y en un lugar diferente a la casa, fue en una casa de campo o recreo, pero no fue la primera que tenían, me resultó difícil y casi imposible saber cuándo se reunían, dónde, cómo, etc., mi madre es muy reservada en ese aspecto, Luisa tampoco aparecía mucho ni coincidía conmigo, tal vez para evitar levantar sospechas, tampoco pude encontrarme con Luisa en otro momento, muy pervertida y esquiva ella.

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