0%

Me encontré con ella en una entrevista laboral


Escuchar este audio relato erótico
5
(1)

Esta experiencia tuvo lugar hace algunos años, asistí a una entrevista de trabajo, deseaba cambiar de empleo y me había comunicado con una compañía reconocida por su marca de indumentaria y zapatillas deportivas, cuyas oficinas administrativas se sitúan en un complejo industrial en las afueras de la ciudad. Por lo tanto, ese día me vestí de la manera más adecuada posible, muy formal con traje y corbata, a pesar de que el código de vestimenta en esa región no es tan estricto como en otras ciudades. Quería dar una buena impresión a quien me entrevistara. Antes de entrar en las instalaciones, tomé una profunda bocanada de aire, pasé por un amplio espacio que funcionaba como área de carga y descarga de los camiones que transportaban la mercancía y abastecían las tiendas de la zona y ciudades cercanas en la región del bajío.

Una vez en las oficinas, me dirigí a la recepción, donde una recepcionista me indicó que tomara asiento en la sala de espera y que pronto vendría la persona con la que tendría la entrevista. Mientras esperaba, me distraje con el celular, leyendo un relato en nuestra página preferida para relajarme antes de la entrevista. No pasó mucho tiempo antes de que escuchara unos pasos femeninos, no les presté mucha atención ya que estaba concentrado en mi lectura, hasta que una voz femenina saludó a todos. Por cortesía, levanté la vista y devolví el saludo mientras la persona se dirigía hacia la recepción para informar sobre su visita y luego se encaminó hacia la misma sala donde yo me encontraba esperando.

Al verla pasar frente a mí, la observé intentando disimular el impacto que me causaba, noté su vestimenta y pensé que podría tratarse de una proveedora o representante de ventas por su aspecto profesional. Solo me permití escanear su figura durante unos segundos para guardar esa imagen en mi memoria. Con coquetería, ella me sonrió al verme (posiblemente por cortesía) y tomó asiento en el sillón ubicado a mi lado. Hubo un breve intercambio de miradas y sonrisas: ella segura de la impresión que causaba en los hombres y yo un poco avergonzado, tratando de no demostrar nada fuera de lugar. Continué con mi lectura, procurando no desviar mi atención del motivo de mi presencia en ese lugar y, de vez en cuando, levantaba la mirada para contemplar algunas partes de su atractivo cuerpo.

A los pocos minutos de su llegada, se aproximó una persona que parecía conocerla y trabajaba allí, supongo que fue quien la informó sobre la vacante (fue en ese momento cuando supe que iba a entrevista). Esta persona la saludó y le preguntó lo básico con cortesía: cómo se encontraba (aunque sobraba decir que lucía atractiva), de dónde venía y si había tenido dificultades para llegar (sin querer, escuché que vivía en la ciudad, cerca de donde estaba mi empleo actual en ese entonces). En fin, fueron detalles básicos de su breve charla que pude captar antes de que vinieran por mí para la entrevista. Me despedí de ella con cortesía, mientras esperaba sola su turno para la entrevista. Ella respondió con un "hasta luego" y seguí a la persona que me entrevistaría.

La entrevista transcurrió con normalidad, con las típicas preguntas sobre mis habilidades, expectativas salariales, etc. No recuerdo cuánto duró la entrevista, pero parecía evaporarse lentamente, al igual que la gran bocanada de aire que tomé al inicio de mi visita. Al terminar, recibí el clásico "vamos a evaluar a más candidatos y nos pondremos en contacto en caso de ser seleccionado". Con esas palabras, salí por donde había entrado y ya no vi a la encantadora joven que me estaba esperando para la entrevista laboral.

También me dirigí a la cita, la cual no le di demasiada importancia, ya que asumí que ella ya estaría en su entrevista. Tomé esa pequeña situación como un agradable momento visual de ese instante y ya está.

Saqué mi auto, y reflexionando un poco sobre la entrevista y la agradable imagen de ella, colocando en una balanza su presencia había sido lo mejor en ese lugar. Me habría gustado verla afuera de nuevo, intenté hacer un poco de tiempo para ver si salía después de mí. Algo en mi interior anhelaba verla nuevamente, aunque como mencioné anteriormente, no soy de los hombres audaces o acosadores, solo quería echarle un último vistazo y admirarla sin tantas reservas y recato.

Tras pasar unos cinco minutos, me resigné a que no la volvería a ver. En este momento les daré algunos detalles aproximados de cómo la recuerdo ese día que la vi entrar a la sala de las oficinas. Por su conversación con su amigo, supe que iba a la entrevista, por lo tanto, lucía con cierto estilo que atraía las miradas de todos los hombres a su paso. Llevaba unos tacones rojos llamativos, unos vaqueros azules ajustados a sus piernas, bastante ceñidos que realzaban unas bonitas extremidades y cadera, con una blusa casi del mismo tono que sus zapatos, ceñida en su esbelto talle que hacía resaltar su pecho con un generoso escote donde se apreciaba la base de tan hermoso par de senos, a la vez procurando combinar su atuendo llevaba una chaqueta que hacía juego con el resto de su vestimenta y que servía para cubrir de vez en cuando ese gran escote. Tenía una tez blanca, cabello castaño oscuro, unos ojos expresivos y una boca de labios carnosos.

En general, era muy coqueta, atractiva, radiante e incluso un poco atrevida. Con una estatura aproximada de 1.65 y un buen porte que favorecía a su edad y hermosa figura, en la que destacaba su pecho prominent, una cintura estrecha y unas caderas que culminaban en unas nalgas naturales de buenas proporciones que combinaban a la perfección con todo su cuerpo esbelto.

Aceptando que no la volvería a ver, encendí el auto y vi que adelante estaba la parada de autobús, donde había un pequeño grupo de personas esperando el transporte público. Dado que se trataba de una zona industrial en las afueras de la ciudad, el servicio de transporte público era deficiente, por lo que los vehículos tardaban en pasar. Estaba a punto de dar la vuelta para salir de la zona e irme de allí, pero como si algo me impulsara a pasar por la parada, tal vez para encontrar a alguien conocido, conduje lentamente hacia la parada de autobús y pude distinguir la elegante silueta de la dama a rescatar, era ella, la chica que había visto en la empresa.

Continué mi trayecto y nuestros ojos se encontraron, sin saber cómo reaccionar. Siguiendo mi naturaleza reservada, proseguí mi camino, mientras mi lado frío interior me reprochaba por haber actuado de ese modo, me sentía avergonzado por haber ido a verla nuevamente (aunque solo fueron unos segundos), cruzar miradas y era evidente, al menos para ella, que lo había hecho intrigado por su hermosa apariencia. A pesar de ello, mi parte lasciva y ardiente me instaba a dar la vuelta y regresar por ella. Avancé unos 50 metros con un conflicto interno entre el bien y el mal, decidí regresar y detenerme frente a ella, superando los prejuicios (del qué dirán los demás al rechazarme, o ella misma).

Bajé la ventanilla del copiloto y le pregunté si se dirigía al centro (había escuchado que vivía en mi trayecto), tratando de actuar con la mayor determinación posible, como si nos conociéramos desde hace tiempo, a lo que ella respondió afirmativamente. Subió al auto y agradeció mi gesto de ayudarla a salir de la zona industrial, ya que, según explicó, había estado esperando varios minutos y cuando llegó, el transporte acababa de marcharse.

“Hola, soy Eduardo” (mi alias en mis relatos) le dije una vez que subió al auto, extendiéndome la mano y respondiendo “Gracias, soy Yesenia o Yesi” (por privacidad).

Decido no mencionar su nombre real. Durante el trayecto del viaje, tomé mi tiempo para poder conocerla mejor, prolongando la conversación todo lo que pude. Aproximadamente 30 minutos duró el viaje hacia la ciudad, donde tuve la oportunidad de platicar con ella. Me contó que provenía de un pueblo cercano en el estado de Hidalgo, específicamente de una localidad emblemática por su deliciosa barbacoa de borrego, pero con menos oportunidades laborales, lo que la llevó a migrar hacia esta ciudad en el Bajío Mexicano, con mayor crecimiento. Actualmente compartía una casa con otras amigas en una situación similar.

Ella me compartió que había trabajado como edecán o promotora de productos, ya que no había conseguido empleo relacionado con sus estudios. Estaba pasando por un momento económico difícil, con dificultades para pagar algunos servicios básicos e incluso para alimentarse. Aproveché la ocasión para invitarla a comer y seguir conversando. Aceptó la invitación y, para no generar malentendidos, decidimos ir a una plaza cercana a comer algo rápido. Yo le dije que tenía una cita pendiente, lo que me brindó la excusa perfecta para extender nuestro encuentro sin preocupaciones de horario.

Durante nuestra charla surgió la idea de presentarle a un amigo que pudiera ayudarla en su situación laboral. Imaginando que podría ofrecerle una oportunidad laboral, le propuse conocer a mi amigo Alberto. Él ocupaba una posición relevante en una empresa, por lo que tenía buenas conexiones laborales. Me caracterizo por estar siempre dispuesto a tender una mano a quien lo necesite, y en esta ocasión, estaba decidido a apoyar a esta joven en apuros.

Mientras compartíamos la comida, no podía evitar admirar la belleza de mi acompañante. Al finalizar, la llevé de regreso a su casa y allí concluyó nuestro encuentro. Posteriormente, hablé con mi amigo sobre Yesi, describiéndole su situación y resaltando sus encantos. Mi amigo se mostró interesado en conocerla y confirmar por sí mismo todo lo que le había comentado, acordando una cita para unos días después.

El día acordado, fuimos por Yesi cerca de su casa. Al verla nuevamente, confirmé que su vestimenta resaltaba su juventud (23 años) y atractivo físico, particularmente un escote que dejaba ver un par de llamativos atributos. Antes de que subiera al auto, Alberto expresó su admiración por la belleza de Yesi, considerando que mi descripción se había quedado corta. Durante nuestra reunión en un restaurante, Yesi compartió nuevamente su experiencia laboral y su situación actual, tal como me lo había contado.

Alberto quedó impactado por la belleza de Yesi y, al despedirla, la invitó a ir al cine esa misma tarde. Ella declinó la invitación, argumentando que tenía planes previos con sus amigas. Tras dejarla cerca de su casa, Alberto manifestó su interés en Yesi y su deseo de intimar con ella. Ante mi permiso, expresó su interés en intentarlo, ya que yo tenía compromisos familiares que me impedían salir con ella. Me aseguré de dejar en claro que no habría problema por mi parte.

Esa misma tarde, Alberto me envió mensajes por WhatsApp con fotos de una chica desnuda. Las imágenes mostraban a una mujer acostada en una cama, con detalles sugestivos.

(después en un motel me cuenta) y él, mientras la penetra por detrás, la imagen de ambos se refleja en el fondo de la habitación a través de un espejo en la cabecera, la chica que aparece en las fotos y que estaba en posición de cuatro era Yesi. El muy astuto estaba teniendo relaciones con ella esa tarde, no puedo negar que me sentí extraño, quizás experimenté celos o decepción al no ser yo quien disfrutara de esa hermosa mujer.

Esa noche (un par de horas después de las fotos) Alberto me llama por teléfono, algo alterado y preocupado, preguntándome qué había pasado con Yesi, si la conocía bien, continuando a narrarme lo sucedido. Él me cuenta que después de despedirnos esa tarde, llamó a Yesi e insistió en invitarla a salir nuevamente. Ella aceptó la invitación, pero no quiso hacerlo delante de mí (por cortesía, pudor o algo así), mencionando: "Está bien, no acepté antes porque Lalo estaba allí (refiriéndose a mi presencia)". Esto me sorprendió, ya que no tenía ninguna relación cercana con ella hasta ese día.

Alberto me relata que, al bajar a comprar algunas bebidas a una tienda de conveniencia y disfrutarlas juntos, le preguntó a Yesi qué película quería ver o si prefería ir a otro lugar. Según él, ella respondió que prefería ir a "otro lugar", así que la llevó a un motel. Me contó algunos detalles de su cita y sobre el atractivo cuerpo de Yesi que incitaba al deseo. Él se enamoró de la piel suave y tersa de aquella joven mujer, aparentemente había pasado mucho tiempo desde que estuvo con una chica tan joven. Me contó que todo iba bien, disfrutó acariciando el cuerpo de Yesi, mantuvieron relaciones y él empezó a tomar fotos sin que ella se diera cuenta. Sin embargo, Yesi lo descubrió con el teléfono en mano, capturando fotos mientras la penetraba por detrás.

Ella estaba inclinada sobre la cama, recibiendo a Alberto desde atrás, y la cabecera de la cama, y en general la habitación, contaba con varios espejos. En un momento dado, levantó la cabeza y miró hacia el espejo de la cabecera, la luz del flash del teléfono le iluminó la cara (fue entonces cuando reconocí que era Yesi), a partir de ese momento adoptó una actitud hostil, exigió que borrara las fotos y lo amenazó con demandarlo por tomar fotos de ella, asegurando que haría un escándalo si no recibía dinero.

Lo peculiar o curioso para ambos (Alberto y yo) es que además de amenazarlo, le dijo a Alberto que me acusaría a mí. "Le voy a contar a Lalo", le dijo, indicándome que le diría sobre la mala conducta de Alberto. Me desconcertó un poco la situación y la implicación en algo de lo que no tenía conocimiento. Finalmente, él terminó dándole una suma de dinero para calmarla y que abandonara su actitud hostil.

En mi opinión, ella se dio cuenta de que esta sería la única forma de obtener dinero de Alberto, ya que él es un Don Juan, pero poco generoso, ya que, como decimos aquí, no es proclive a gastar ni siquiera un poco de dinero en su propio beneficio. Ella aprovechó la oportunidad para cobrar por el "servicio prestado", ya que, aunque Alberto era un libertino y morboso, también era poco generoso económicamente. En fin, no me quedó más remedio que tomarlo con humor, ya que el galán había sido "engañado".

Esa noche, después de esa experiencia, pensé que perdería la amistad de Yesi por lo sucedido con Alberto. Sin embargo, para mi sorpresa, al día siguiente recibí mensajes de ella a través de WhatsApp como si nada de lo ocurrido con Alberto hubiera pasado. Ella no mencionó nada y yo tampoco le comenté lo que sabía por parte de Alberto. (No creo que fuera tan ingenua como para no intuir que Alberto me lo contaría). Debía ser cauteloso, ya que no quería problemas con ella ni poner en riesgo mi relación con mi esposa y mi familia, sabiendo que estaba casado. A diferencia de Alberto, cuya esposa le había pedido el divorcio debido a su temperamento de Don Juan y mujeriego, yo no tenía problemas de ese tipo con una pareja estable.

A pesar de conocer esta historia, y tras ver las fotos de Yesi, admirando su hermoso cuerpo desnudo, no puedo evitar desear acariciar sus senos, sentir sus pezones en mi boca, disfrutar de ese bello par de pechos y hacer mía a esa mujer tan provocativa que incitaba al pecado, lo cual me excitaba y no pensaba renunciar a esa idea.

Existe una segunda parte de esta historia, donde detallo lo sucedido entre Yesi y yo pocos días después de lo ocurrido con Alberto. Espero que esta primera parte sirva como introducción y les proporcione contexto sobre todo lo ocurrido con esta hermosa mujer voluptuosa.

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 5 / 5. Recuento de votos: 1

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

Otros relatos que te gustará leer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com