Mi esposo Luis viaja a Madrid por asuntos laborales, por lo que me encuentro sola en casa durante tres días, con todo el tiempo para mí misma. En las primeras horas de soledad decido dedicarme a la lectura, ver películas pendientes y poner en orden las tareas del hogar que había descuidado un poco. Incluso elaboro una lista de objetivos, todos muy propios de una ama de casa.
Sin embargo, justo cuando mi esposo parte, me recuesto en el sofá en busca de un momento de silencio y me quedo a medio dormir. De repente, siento un fuerte deseo sexual y sin darme cuenta, imágenes de mi amigo Jota, uno de mis amantes favoritos, vienen a mi mente. Me doy cuenta de que hace tiempo que no lo veo y al mismo tiempo, recuerdo el placer que me ha brindado.
Tomo el teléfono y comienzo a revisar las fotos que mi esposo me tomó cuando Jota me hacía el amor la última vez. No tardo en hallarlas: están en una carpeta que Luis armó con esmero, titulada "Maite y Jota, jueves tarde". Mi esposo es muy detallista en ese tipo de cosas y crea álbumes muy elaborados. Cada nueva imagen que aparece en la pantalla me excita cada vez más. Observo primeros planos de su miembro entrando en mi boca, en mi vagina y en mi trasero. Veo las nalgadas que me obsequia, las posturas que me impone, cómo me coloca en cuatro patas...
De repente me encuentro recostada en el sofá, casi desnuda, con una mano sobre mi entrepierna y la otra buscando el teléfono. Casi de manera impulsiva, me doy cuenta de que estoy llamando a Jota incluso antes de saber qué le voy a decir. Jota tiene el teléfono apagado y le dejo un mensaje: "Estoy sola las próximas dos noches y me encantaría...". Dejo la frase así, en suspenso.
Minutos más tarde, Jota me envía el enlace a un vídeo para adultos y me dice que hoy no puede, pero que mañana vendrá a mi casa. Y que mientras tanto, puedo masturbarme viendo el vídeo. Comienzo a ver el vídeo con entusiasmo: dos hombres aparecen de repente en la habitación de una joven que duerme con lencería sensual y la penetran en todas partes. Tardo un poco en descubrir que mi amigo Jota es uno de los dos actores. No me sorprende enterarme de que lo han contratado para esas películas y recuerdo que me había mencionado algo sobre incursiones en la industria del cine para adultos. Cuando me doy cuenta, me fijo mucho más y me excita ver ese falo tan grueso de Jota dentro del trasero de la actriz, sabiendo que es el mismo pene que estuvo dentro de mí meses atrás. Me siento orgullosa de haber sido poseída por un experto del sexo.
Quedamos al día siguiente a las siete de la tarde.
Sin embargo, a las seis y media, Jota ya ha llegado. Lo recibo de rodillas detrás de la puerta del departamento. Llevo medias y ligas, un corset transparente y un collar de terciopelo negro. Con Jota me siento sumisa y se lo demuestro de esa manera. Él ha tenido la misma idea: se presenta sin pantalones, mostrando su falo erecto frente a mi rostro.
Y a las siete menos cuarto ya estoy cabalgando sobre su miembro como una desenfrenada, con mi lencería desordenada, un seno al aire y mis nalgas enrojecidas por sus azotes, que marcan el severo ritmo.
Apenas unos minutos después de comenzar, Jota me advierte que hoy manchará mi rostro con sus fluidos y la verdad es que lo anhelo, aunque sé que tardará mucho en hacerlo. Jota se concentra mucho en mi trasero, parece que solo le gusta el sexo anal por lo que he observado. A veces me duele bastante pero al mismo tiempo me brinda un placer distinto. Jota es muy rudo cuando me sostiene por las caderas, me utiliza y escucho su jadeo, lo cual me resulta sumamente placentero.
En este momento, si me pidiera que me orine encima, le diría que sí, pero Jota sigue penetrando mi ano a punto de explotar.
No pasará mucho tiempo antes de que le suplique que se corra, aunque disfruto que aguante tanto y me proporcione tanto placer. Pero de repente, Jota me pide que me recueste frente a él y le presente el rostro.
Jota me brinda varios chorros. Pierdo la cuenta. Luego se ducha y se va, sin antes decirle que puede quedarse a dormir. Me tomo unos selfies y me quedo impresionada por la cantidad de su eyaculación. Sin perder tiempo, se los envío a mi esposo para que disfrute desde Madrid.
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