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El comienzo de una relación de amigos con beneficios


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En mi primer relato aquí, me gustaría narrar una historia verídica, aunque modificada para convertirla en relato. Se han modificado los nombres de las personas y lugares para preservar la privacidad de los involucrados

Lo que voy a relatar ocurrió durante mi estancia en París. París es una ciudad ideal para vivir cuando se es joven y/o soltero. Es un lugar lleno de eventos, oportunidades y ¡muy emocionante!

Al terminar mis estudios, era un joven lleno de vitalidad y tiempo para compartir con amigos. Cada día después del trabajo nos encontrábamos para salir a tomar algo, cenar o ir de fiesta.

Ese día era un poco peculiar, ya que era festivo y varias personas se habían ido de puente, por lo que parte del grupo no estaba en la capital. La época era finales de otoño o principios de invierno, los días eran lluviosos, fríos y la luz natural desaparecía temprano. En esa situación, Paula y yo decidimos tener un plan distinto y reunirnos en su apartamento para cenar y beber vino (algo muy común en Francia).

Paula y yo nos conocemos de la universidad, ella es muy simpática, atractiva y con curvas (sin estar pasada de peso), pero lo que más resalta en ella son sus generosos pechos.

Como es mi costumbre, llegué a su casa a tiempo y con 2 botellas de vino. Ella me recibió con una amplia sonrisa y bromeando, como suele hacer. La única diferencia esta vez era que llevaba puesto un vestido blanco, escotado y ceñido en la parte superior, resaltando sus prominentes senos. La parte inferior era más amplia y le llegaba aproximadamente hasta la mitad del muslo. Como siempre, llevaba maquillaje y el lápiz labial hacía juego con sus uñas rojas. Al darme dos besos en las mejillas, emanaba un agradable aroma a champú de frutas.

Al voltearse... descubrí la "semi-sorpresa"... mientras me guiaba hacia la cocina, pude notar que a través del vestido se transparentaba su ropa interior negra... No sé por qué, pero esa situación me excitó mucho... La razón por la que la llamo "semi-sorpresa" es que no era la primera vez que veía su ropa interior. En clase, en la biblioteca... no eran pocas las veces que ya había visto el hilo de su tanga asomando por encima de los vaqueros mientras estaba sentada o agachada. Pero esta vez era diferente... y no lograba encontrar la razón... en ese instante, me vino a la mente un pensamiento... ¿de qué color sería su sostén?

Ingresamos a la pequeña cocina del apartamento. Era un espacio abierto con un sofá al lado de la puerta que conducía a su habitación. Ella ya había preparado algunos platillos con embutidos, queso y pan. Sobre una mesa pequeña al lado del sofá, se encontraban 2 copas de vino vacías, un par de platos limpios y 2 botellas de vino adicionales.

Llevamos la comida a la mesa, nos servimos el vino blanco y brindamos mirándonos a los ojos. En Francia es una costumbre, hay una suerte de superstición que dice algo así como que si no brindas mirando a los ojos no tendrás relaciones sexuales en mucho tiempo. Por eso, todos respetan ese ritual.

No era el mejor vino que hayamos probado, pero para dos jóvenes comenzando sus carreras laborales era más que aceptable.

Mientras comíamos y bebíamos, conversábamos y revelábamos nuestros secretos más profundos. Cuanto más alcohol consumíamos, más intensas eran las revelaciones. Paula no era una chica tímida, además nos conocemos desde hace años. Por eso, yo ya estaba al tanto de algún detalle íntimo que ella me había confiado con anterioridad. Por ejemplo, sabía que a ella le gustaba mantener sus zonas íntimas completamente depiladas, también sabía que tomaba anticonceptivos.

Pero esta vez, la combinación de alcohol, confianza e intimidad, la llevó a confesar algo nuevo:

-

"¿Sabes qué? Un compañero de mi pequeño pueblo tiene pareja y acordaron tener un contacto íntimo fuera de la relación sin causar enfado en la otra parte. ¡Este chico me seleccionó a mí!", dijo Paula emocionada.

Ante su afirmación, respondí diciendo:

–"¿De verdad? ¿Es una broma? ¿Cuál fue tu reacción al escuchar eso?"

Paula prosiguió:

–"Por supuesto que acepté. Tengo una mente abierta en cuanto a la intimidad, y si su pareja está de acuerdo... ¡mejor aún!" mientras se carcajeaba.

Sorprendido, le respondí:

–"Ahora que lo mencionas, creo que es un buen acuerdo... ¡también me interesaría tener una amistad con privilegios sexuales!".

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Bajo los efectos del alcohol, mi mente comenzó a analizar aquella afirmación que acababa de pronunciar... No podía creer que hubiera dicho esas palabras. Pero ya era tarde, el mensaje ya había sido transmitido.

Ella aprovechó la oportunidad y mencionó:

–"¡Engañoso!, siendo tan atractivo como eres... ¡siempre tuviste a las chicas más populares de la universidad a tus pies!”

Lo cierto era que su afirmación no carecía de verdad, siempre había sido un chico alto y guapo, pero... también muy tímido. Además, nunca fui hábil para captar las insinuaciones...

Intentando cambiar de tema, expresé:

–"Paula, siento como si volviera a ser inexperto... hace tiempo que no tengo relaciones, me siento inseguro... necesito a alguien que me guíe como a un joven aprendiz”

Paula, incrédula, sentenció:

–"Sí, sí..."

Continuamos conversando y bebiendo, hablando de asuntos triviales. Al abrir la tercera botella, decidimos poner música latina y bailar. A ambos nos apasionaba ese género, solíamos bailarlo juntos cuando salíamos por las noches con amigos.

Haciendo referencia a mi supuesta inexperiencia, Paula invitó:

–“¡Acompáñame, profesor! ¡Enséñame cómo mover las caderas!”

Mirándola fijamente, respondí con seriedad:

–“De veras, Paula... pareciera que recupero mi inocencia” y le guiñé un ojo al final de la frase.

A lo que ella replicó:

–“Entonces... hoy yo seré tu instructora…”

Comenzamos a bailar... con sus brazos rodeando mi cuello... coloqué mis manos (bastante grandes y fuertes) en sus caderas. Siguiendo el compás de la música. Girando a un lado y al otro, mientras su falda creaba figuras en el aire. De repente, coloqué mis manos justo encima de su espalda, acercándola hacia mis caderas, manteniendo la mirada fija en sus ojos.

Al ritmo de la música, Paula se agachó, descendiendo lentamente hasta casi caer de rodillas. Incluso en esa posición, mantuvo la mirada y su expresión traviesa. Al levantarse, se detuvo a la altura de mi cintura... y sacando la lengua, simuló lamer la punta de mi miembro. Luego, continuó subiendo para finalmente llevarse la mano a la boca como si dijera... ¡ups! ¡Lo siento!

El turno era mío... girándola nuevamente, coloqué mi mano en su abdomen para que su cadera rozara mi miembro, que en ese momento empezaba a endurecerse.

Las dos caderas sincronizadas, moviéndose al unísono, con mi cabeza apoyada en su hombro izquierdo, al lado del suyo.

Mientras mi mano izquierda se desplazaba de arriba abajo, pude percibir su sostén y al continuar hacia abajo, también sentí su prenda íntima con mis dedos.

La hice girar hacia mí, y en esta ocasión, empecé a descender y descender, deslizando mis manos por su anatomía. Desde su cintura hasta sus piernas al descubierto, pasando por sus caderas, glúteos, muslos... mientras replicaba la mirada sugerente que ella había usado minutos atrás.

Al llegar abajo, comencé a ascender... piernas, muslos, pero al llegar al borde de su vestimenta, opté por continuar por debajo de la.falda... en ese instante ella cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás y flexionó las rodillas abriendo sus muslos lo suficiente como para que mis manos avanzaran unos 5 cm hacia arriba.

Acto seguido, abrió la boca y mientras suspiraba de placer, alzó las manos como solicitando que le quitara por completo el vestido blanco. Debo confesar que la presión me venció, y me contenté con tomar con fuerza su trasero casi al descubierto.

Después, abrió los ojos fijándome intensamente, se mordió los labios rojos mientras suspiraba. Posteriormente dejó caer sus brazos, posándolos sobre mi trasero, y comenzó a menear enérgicamente sus caderas restregándose contra mi cuerpo...

En ese momento comprendí que ambos deseábamos lo mismo esa noche, por lo que coincidí con sus movimientos sujetando su trasero con firmeza para seguirle la corriente como si estuviéramos teniendo relaciones íntimas...

Más adelante, ella deslizó las manos debajo de mi camiseta y procedió a quitármela mientras acariciaba suavemente mi piel... de inmediato mis manos soltaron su trasero y se alzaron facilitándole la tarea. Acto seguido comenzó a besar mi pecho y a lamer mis pezones de manera sensual.

Bajando mis manos nuevamente, esta vez reuní el coraje que previamente me faltó, y empecé a retirarle el vestido blanco dejando al descubierto un sensual sujetador negro a juego con su tanga.

En aquel momento, Paula se puso a bailar sola en ropa interior, con los ojos cerrados, disfrutando del instante y dejándose llevar por la música. Mientras la observaba, me desabroché el botón, bajé la cremallera y... haciendo uso de la gravedad, dejé caer mis pantalones.

Los dos en ropa interior, yo con una erección más que evidente. Acto seguido, ella me señaló con su dedo índice y me pidió que me acercara mientras daba la espalda. Yo obedecí, me aproximé y le mordí el lado izquierdo del cuello. Mis brazos la rodeaban como un pulpo, mi miembro, muy erecto, presionaba su trasero, el pulgar de mi mano izquierda enganchado en el hilo del tanga, y finalmente mi mano derecha sujeta su prominente pecho derecho... mientras ella seguía con los ojos cerrados mirando hacia arriba y con una respiración agitada.

No sabría decir qué me sucedió, pero en esa instancia mi mente comenzó a reflexionar que no podía tener relaciones íntimas con Paula. Somos amigos desde la universidad y no me gustaría arruinar nuestra amistad por una noche pasional... por lo que la aparté de mí y me senté en el sofá con las manos en el rostro. Paula se aproximó rápidamente preguntándome qué ocurrió. Le expliqué mi dilema y con calma y una sonrisa amplia ella replicó:

–"Comprendo tus inquietudes y me alegra que las expongas en este momento... debes saber que yo veo esto meramente como un momento íntimo y soy capaz de separarlo completamente de nuestra amistad. Si tú lo deseas, podríamos ser simplemente compañeros sexuales y al mismo tiempo relacionarnos con otras personas o mantener esta situación en secreto mientras estamos en una relación formal con otra persona. Mi única condición es que seamos honestos y nos informemos si tenemos encuentros sexuales con terceras personas, ¡no deseo acabar con una infección de transmisión sexual! Entonces, dime, ¿deseas continuar?"

Por supuesto, mi respuesta fue afirmativa:

–"¡Estoy dispuesto!", le guiñé un ojo y proseguí

–"Sabes que eres increíble? Pero sospecho que tus palabras indican que estás tan excitada como yo, ¿no es así?"

Ella sonrió y dijo:

–"¡Retomemos el asunto! ¡Hoy seré tu profesora de twerking!".

En este momento, sin restricciones, volvimos a la misma escena de antes, yo sujetando su pecho derecho mientras mi mano izquierda exploraba su figura. Percibí cómo su pezón derecho se endurecía al tiempo que abría las piernas para permitir que mi mano izquierda acariciara su tanga. Me excitaba sentir en mis dedos largos el calor y la humedad emanando de su intimidad.

Nuestros corazones latían aceleradamente, indicando que estábamos muy excitados. Una prueba de esto fue que comenzó a mover su trasero realizando twerking sobre mi miembro. Mi pene parecía unaEn ese instante, mientras disfrutaba de su espalda sobre mi pene, sentí la necesidad de más. Por lo tanto, la solté, retrocedí un paso y me deshice de la ropa interior. Ella se colocó mirando hacia la pared, apoyando ambas manos mientras movía su trasero en twerking. Nuevamente me acerqué a ella y coloqué mi pene entre sus piernas, cerca de su zona íntima, sintiendo los movimientos de twerking en él.

Poco después, se dio cuenta de que ya no llevaba ropa interior y me indicó:

– "¡No te apresures tanto, alumno! ¡Acuéstate en la alfombra!".

Yo asentí, ella se posicionó sobre mi pene y comenzó a frotar su zona íntima con mi miembro erecto. Mis manos, localizadas en sus caderas, colaboraban en el movimiento.

En ese escenario, ella acercó su boca a la mía y empezamos a besarnos. Mientras gemía, introduje mi lengua y comencé a interactuar con la suya. Aprovechando que ella estaba acostada sobre mí, desabroché el cierre de su sostén... momento en que ella reaccionó volviendo a la posición de montar para... ¡sacarse completamente el sostén y liberar sus hermosos senos!

Fue un tanto inusual, era la primera vez en mi vida que me encontraba con unos pechos tan impresionantes delante de mí, ¡y eran únicamente para mí! Me sentía indeciso, deseaba sujetarlos, jugar con sus pezones, lamerlos… ¡todo!

Ella me permitía actuar... abrió la boca, cerró los ojos, cruzó las manos detrás de su cuello y continuó moviendo las caderas sobre mí. Fue entonces cuando agarré con firmeza sus senos y mientras manipulaba sus pezones para ponerlos erectos.

Poco a poco, me incorporé y me senté en el suelo, acercando sus pezones a mi boca... dejé que mi lengua traviesa jugará con ellos. Se notaba que le agradaba, pues tomó mi cabeza y la presionó fuertemente contra sus senos mientras gemía y murmuraba:

– "¡Por favor... continúa!"

Desafortunadamente, no tenía un apoyo estable, lo que resultaba bastante incómodo. Aguanté todo lo que pude hasta que... mientras nuestros labios jugaban, busqué el sofá con la mano y me senté en él... previo paso de colocar mis manos en sus caderas y bajar la prenda íntima hasta el suelo. No dejábamos de besarnos y ella se instaló sobre mí para seguir estimulando su zona erógena contra mi erección.

Ella acomodó mi miembro entre sus labios húmedos, haciendo que sintiera en su totalidad sus movimientos. ¡Era algo extraordinario! y en ocasiones lograba percibir la humedad y el calor de su región íntima en la punta de mi pene. Mi excitación crecía cada vez que conseguía penetrar ligeramente dentro de ella para... de repente… volver a salir.

Aunque era lo que más deseaba, fui sorprendido cuando, en una de esas ocasiones en las que mi pene intentaba entrar en su zona íntima... la humedad que emanaba de ella facilitó el deslizamiento de mi miembro erecto en su interior. Experimenté una formidable sensación de calor alrededor de mi pene. Una sensación placentera tanto para mí como para ella, ya que empezó a gemir.

Respirando profundamente, le dije:

– "Ahora no podrás escapar".

Ella respondió entrecortadamente:

– "Termina lo que has empezado".

Sentada sobre mí, Paula intentaba abrir las piernas para acoger la totalidad de mi pene en su interior. Elevando mis caderas y con mis manos sobre las suyas, la atraía hacia mí, percibiendo cómo la punta de mi miembro rozaba la parte superior de su útero o algo similar. Mis manos sujetando sus senos, mis labios con los suyos sintiendo su aliento, ambos gemidos, mientras ella susurraba:

– "Anhelaba esto desde que te conocí..."

Le respondí:

– "Yo también ansié esto durante muchas noches".

La besaba, mordía su cuello, jugaba con sus pezones... Mis caderas permanecían elevadas para que se viera obligada a recibir la totalidad de mi pene en su interior...

Repentinamente, Paula aumentó sus gemidos, su respiración se intensificó y sus movimientos se hicieron más enérgicos. Exclamó:

– "No pares ahora, estoy a punto, estoy a punto de..." y mientras gemía tan alto que temíamos despertar a los vecinos, noté

Al sentir un líquido muy cálido rodeando mi pene y descendiendo por mis piernas desde su intimidad, experimenté una sensación sumamente gratificante que provocó de inmediato que eyaculara en su interior. No se trató de un orgasmo breve, sino de mi miembro liberando esperma en su interior por varios segundos, al tiempo que percibía los músculos de su pelvis apretando mi pene, extrayendo todo el semen...

Abrazándome, ella apoyó su cabeza en mi hombro, temblando y con la respiración entrecortada. Correspondí al abrazo, la besé en la frente.

Pálida y aún temblorosa, me miró fijamente a los ojos y expresó:

–"¡¡Gracias, seré la envidia de la Universidad! Pero... todavía podemos practicar mucho más". Sonrió, me besó, tomó aire profundamente y volvió a apoyar la cabeza en mi hombro. Mientras tanto, mi pene recuperó su estado normal al retirarse de su interior, dejando caer la mezcla de nuestros fluidos goteando sobre el sofá...

Fue breve, pero el primero de muchos más...

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