0%

Mi primera experiencia con la infidelidad


Escuchar este audio relato erótico
5
(1)

La narración que compartiré es una parte importante de mi vida, se trata de la historia breve sobre la infidelidad por parte de mi esposa y cómo afronté esta situación, mis primeras sospechas de engaño y la forma en que lo enfrenté, además de la manera en que lo disfruté. Intentaré resumir el relato en su contexto y presentación.

Soy conocido como Pedro, un varón de 46 años, con una estatura de 1.82 m, de piel morena clara y una complexión delgada gracias a mi constante ejercicio. Estoy casado por segunda vez con Isabel, una mujer de 38 años, que mide 1.65 m, su cabello es castaño oscuro y llega hasta sus hombros, tiene una piel tersa y clara, unos ojos color miel, labios pequeños, un cuerpo bien proporcionado y esbelto, con pechos talla 36C, una cintura estrecha que resalta unas caderas amplias y unos glúteos firmes y atractivos.

Hace unos años, mi vida matrimonial se volvió complicada debido a los celos excesivos de mi esposa, quien siempre inventaba supuestas aventuras mías que nunca pudo comprobar. Estos conflictos desencadenaban discusiones que terminaban en reconciliaciones seguidas de momentos íntimos maravillosos. Sin embargo, la estabilidad se volvía cada vez más difícil de mantener, por lo que decidimos tomar un tiempo para reflexionar y decidir si continuar juntos o poner fin a la relación de una vez por todas. Para ella, esta decisión confirmó sus sospechas de mi infidelidad. Después de dos meses, decidí buscarla.

El reencuentro fue tenso al principio, pero conversamos abierta y sinceramente sobre lo sucedido y los motivos que nos llevaron a tomar ese descanso. Finalmente logramos tranquilizarnos y en ese momento de calma, le expresé mi deseo de dejar todo atrás y recuperar lo hermoso de nuestra relación. De manera un poco tímida, ella mencionó que antes de tomar una decisión definitiva, necesitaba hablar sobre un tema que podría cambiar mi perspectiva, por lo que nos dirigimos a la habitación para tener privacidad y escuchar lo que tenía que decirme.

Isabel - Lo que te voy a contar podría modificar tu opinión sobre mí y cambiar la decisión que pretendes tomar, pero si realmente deseas volver a casa, debes saberlo.

Pedro - Está bien, es importante saberlo. Escucho atentamente, aunque me genera un poco de ansiedad, prometo no juzgar hasta escuchar todo lo que tienes que decir.

Nos sentamos en el borde de la cama y ella comenzó su relato – El día que te fuiste, asumí que era cierto tu engaño y me sentí destrozada. Decidí dejarte y comenzar de nuevo. Un mes más tarde, salí a pasear a Browny (nuestra mascota) como solía hacer. De regreso a casa, pasé por la tienda de la esquina y vi a dos jóvenes con los que siempre me cruzaba. Uno de ellos se acercó y me preguntó por el perro, mencionando que tenía una perrita de la misma raza y que quería cruzarla. Le di mi número de teléfono para que me avisara cuando estuviera lista. Esa noche recibí un mensaje: 'Hola, te he agregado a mis contactos para lo de la cruza, soy Santiago. Que tengas una bonita noche'. A lo que respondí con un simple 'Gracias, buenas noches'.

En los días siguientes, recibí imágenes de la perrita, y aunque al principio no le di mucha importancia, los saludos de Santiago se hicieron más frecuentes. En una ocasión, me envió una foto suya desde el gimnasio mostrando su torso sudado, pero luego la eliminó disculpándose, argumentando que se había equivocado de destinatario. Mi curiosidad me llevó a buscarlo en Facebook, donde pude ver sus publicaciones sobre ejercicio.

Pedro – Vamos al grano, ¿ocurrió algo más?

Isabel – Tranquilo, para ser sincera, sí,

Algo ocurrió! Eso es lo que necesito decirte, tuve un encuentro con él.

Yo - ¿Qué sucedió exactamente? Dime.

Isabel - Me acosté con él, solamente una vez, pero pasó.

Me quedé atónito, no sabía qué decir, una extraña sensación recorría mi ser, un cosquilleo en el vientre y un calor en mi cuerpo se apoderaron de mí, inhalé profundamente, intentando controlar cualquier impulso, respiré hondo para tranquilizarme, esa sensación de adrenalina que fluía por mi ser, me decía que necesitaba averiguar más, inhalé de nuevo y le respondí.

Yo - De acuerdo. Vaya, me tomas por sorpresa, la verdad es que no me lo esperaba.

Isabel - Para mí es importante compartirlo contigo, no quiero cometer el error de ocultarlo, la verdad siempre se revela.

Yo - Bien, para comprenderlo mejor tendrás que ser más clara, ¿qué sucedió exactamente?, ¿hasta dónde llegaron?, necesito saber todos los detalles.

Isabel - Después de aquel día, demostré un poco de interés por él, así que dejé de responder de manera cortante a los mensajes, una tarde estábamos chateando y le propuse encontrarnos, él aceptó de inmediato, así que pasó por mí alrededor de las 8 de la noche para ir a tomar un café y platicar, su conversación era muy agradable, así que perdimos la noción del tiempo, vi una oportunidad para cobrarte cada una de las infidelidades que me habías hecho, por lo que le sugerí dar un paseo por la ciudad, algo que no hacía desde hacía tiempo.

Santiago - Me parece bien, ¿quieres ir a algún lugar en particular?

Isabel - No, solo caminar por las calles, salimos del café, nos subimos al coche y pasamos por un autoservicio, compramos unas bebidas y decidimos pasear, continuamos charlando con más confianza, le conté lo que estaba pasando y todo lo que creía que me habías hecho, él solo me escuchó, cuando terminé de desahogarme, le dije, hoy quiero dejar eso en el pasado, pasamos por un motel a las afueras y le propuse entrar, mi ira me incitaba a buscar venganza.

En ese momento, mi cuerpo no me respondía, a pesar de mis esfuerzos por controlarlo, sentía un temblor y una excitación intensa entre mis piernas, cerré los ojos y me recosté, esperando que ella no se diera cuenta, ya que quería que continuara con su relato, estaba seguro de que no era ira, me estaba excitando de una forma que nunca antes había experimentado, pero me equivoqué, ella se dio cuenta de inmediato de lo que estaba sintiendo, puso su mano sobre mi miembro y comenzó a acariciarlo.

Isabel - ¡Mira cómo reaccionaste! Estás muy excitado, ¿Quieres que siga contándote lo que pasó? ¿Quieres saber más?

Yo - ¡Sí! Quiero conocer todos los detalles.

Isabel - ¿Prometes no enojarte? ¡Puedo contarte todo lo que sucedió!

Yo - Es una promesa, no me enojaré, solo quiero escucharlo de ti.

Isabel - De acuerdo, cálmate que te lo contaré todo, pero primero déjame liberarte.

Me desabrochó el cinturón, abrió el botón de mi pantalón, bajó la cremallera y tiró con fuerza de éste junto con los calzoncillos, dejándome desnudo de cintura para abajo, mi miembro saltó de su prisión mostrándose completamente erecto, se tumbó a mi lado y comenzó a acariciarlo cuidadosamente con su mano derecha, mientras susurraba en mi oído.

Isabel - "Espero que lo disfrutes tanto como yo lo hice." Entramos en el cuarto del motel, fui al baño a refrescarme un poco, los tragos que habíamos tomado comenzaban a hacer efecto, en mi mente ya no había dudas sobre lo que iba a hacer, al salir, Santiago me esperaba de pie al lado de la cama, extendió su mano y yo se la di.– ¡Oh!, qué momento tan especial, me atrajo hacia él, acercándome a su lado y rodeándome con sus brazos por la cintura. Inclinándose suavemente, comenzó a besarme con ternura, sin prisa, sus manos recorrieron mi espalda y descendieron directamente hacia mis glúteos, rozándolos lentamente. Luego, las elevó por los costados, rodeando mis brazos hasta llegar a mis senos. En ese instante, la excitación se apoderó de mí, olvidando por completo cualquier otra cosa y dejándome llevar por el momento. Hábilmente desabotonó mi blusa y la retiró, dejándome solo en sostén. Besaba mi cuello mientras no paraba de acariciar mis pechos. Después de desabrochar hábilmente mi sostén y liberar mis senos, recorrió mis pezones con su lengua, arrancándome gemidos de placer. Con destreza, me desabrochó el sujetador y mis senos quedaron al descubierto, mientras él los exploraba con su lengua, generando en mí una satisfacción indescriptible. Yo solo podía acariciar su ropa mientras él hacía maravillas con sus labios.

Bajé mi mano hacia su pantalón y pude sentir su erección, pero antes de poder hacer algo, me empujó suavemente sobre la cama, sin dejar de besarme y acariciar mis senos. Desabrochó mi pantalón y lo retiró, al igual que mi ropa interior, dejándome completamente desnuda y a su merced, entregándome por completo a él y a sus deseos, disfrutando plenamente de la situación. Comenzó a bajar por mi abdomen con su lengua, deteniéndose de vez en cuando para exhalar su aliento cálido. Abrió mis piernas y se dispuso a saborear mi húmeda entrepierna, provocada por las intensas sensaciones que estaba experimentando.

Yo: - Esto es sumamente excitante, amor. No dejes de compartirlo conmigo.

Isabel: - Jamás imaginé que disfrutaras de esto. Tenía miedo de contártelo.

Yo - Dejemos eso para otra ocasión, por ahora solo deseo escuchar más detalles.

Isabel - Veo que estás temblando, creo que estás a punto de llegar al clímax.

Yo - Por favor, continúa, no me dejes así.

Ella continuaba acariciando mi miembro y mis testículos, rozando ocasionalmente mi ano con un dedo, mientras yo temblaba de placer.

Isabel - La excitación me llevaba al límite, tenía agarrada su cabeza y arqueaba mi cuerpo para que no cesara de complacerme oralmente, acariciaba y succionaba mi clítoris y mis labios vaginales con maestría, era una sensación exquisita. De repente, se incorporó y comenzó a desnudarse rápidamente. En pocos segundos, estaba ante mí completamente desnudo, lo cual me excitó aún más. Contemplar su cuerpo atlético y su miembro erecto apuntando al cielo aumentó mi deseo, sin dudarlo, lo tomé de la mano, lo giré boca arriba en la cama y me dirigí directamente hacia su miembro. Era largo y bastante grueso para su tamaño, no sé cuánto medía exactamente, pero era sin duda mucho más grande que el tuyo. Con una cabeza rosada y ancha, un tronco venoso, era un verdadero manjar que deseaba disfrutar al máximo. Me incliné para comenzar a practicarle sexo oral, mientras él me acomodaba para que ambos disfrutáramos de un 69 asombroso. Intentaba introducir su miembro completamente en mi boca, pero su tamaño no me lo permitía sin provocarme arcadas. Mientras tanto, él no dejaba de estimularme y penetrarme con sus dedos en mi vagina, lubricados por mis fluidos, y recorrer con otro de sus dedos mi entrada anal, provocando en mí un placer inigualable. En ese instante, tuve un intenso orgasmo, mojándolo con mis secreciones por todo su rostro. El ambiente se impregnaba de un aroma a sexo salvaje, intenso y apasionado.

Yo - ¿Qué ocurrió después?, ¡Sigue contando! No pares.

Finalmente, no pude contenerme más y, en un estremecimiento total de mi cuerpo, alcancé el clímax, liberando intensos chorros de semen que salpicaron por doquier. Isabel continuaba estimulando mi miembro y apretándolo, y al menguar mi eyaculación, introdujo un dedo en mi entrada anal, limpiándome con su boca con una mamada que intensificaba mis sensaciones. Una vez finalizada la limpieza, retiró de un tirón su dedo, provocándome un ligero dolor, y me besó apasionadamente. El sabor de mi semen en sus labios era exquisito, un tanto dulce, que persistía incluso después de mi eyaculación, sin dejar de acariciar mi miembro.

Isabel - Qué intenso fue tu orgasmo, pero esto aún no ha terminado. Lo mejor está por venir.

Yo - Perdóname, amor, no pude resistirme más, pero deseo seguir escuchando tus relatos.

Isabel

- Sí cariño, mi esposa aún no había experimentado todo su esplendor.

Yo - Qué maravilla, lástima no haber estado ahí para presenciarlo.

Isabel - ¡Tendrás tu oportunidad si así lo deseas, por ahora sigue escuchando! Después de quitarme la ropa, me recostó en la cama nuevamente. Abrió mis piernas, se arrodilló frente a mí y con firmeza me penetró. Cada centímetro de su miembro parecía un deleite. Grité, gemí, lo abracé, no quería que acabara. Era una experiencia única. Continuó moviéndose con intensidad, sus caderas chocaban contra las mías en un vaivén salvaje. Me aferré a él, arañando su espalda con cada embestida. Fue una conexión apasionada, un torbellino de sensaciones. Después de un tiempo, con esfuerzo logré girarlo, montándome sobre él. Nuestros cuerpos se fusionaron en un ritmo frenético, hasta que un segundo orgasmo me invadió. Su virilidad me colmaba, nos fundimos en un éxtasis compartido.

Yo - Qué experiencia tan intensa, siento que nunca llegué a vivir algo así contigo.

Isabel - No comparemos amor, tú también me haces sentir plena.

Yo - ¿Y luego qué sucedió?

Isabel - Cansados, nos abrazamos y reposamos un rato, agradeciéndole su complicidad en la venganza. Aunque disfruté el momento, una sensación de culpa me invadió. Decidí regresar a casa, con la esperanza de nuevas oportunidades de placer.

Yo - ¿Y lo dejaste así?

Isabel - Le dije que necesitaba volver a casa por un asunto urgente, que mi hermana me esperaba. Aunque me costó, logré despedirme de él.

Yo - ¿Te creyó esa historia?

Isabel - Quién sabe, pero me despidió con cariño. Habíamos disfrutado y eso era lo que importaba.

Yo - Por lo menos fue comprensivo.

Isabel - Sí, me hizo reflexionar. Cambiamos de ropa y salimos del lugar entre comentarios jocosos y desenfadados.

Durante el viaje de regreso, ella seguía acariciando mi miembro, que ya recuperaba su vigor.

Yo - ¿Finalmente te llevó a casa?

Isabel - Sí, pero una vez en el coche, me sorprendió con una propuesta. Quería más, ¿Qué te parece si te hago sexo oral en el camino? Acepté, pero le pedí que nos apresuráramos. Desabrochó su pantalón y su miembro ya erecto estaba ante mí, dispuesto a recibir mis atenciones.

Chupé nuevamente su miembro y puse en marcha el motor, así salimos del Motel. Él manejaba muy despacio, pero no me importaba porque disfruté el sabor de su pene, tanto su eyaculación como mis fluidos eran deliciosos. Llegamos a casa, sin saber cuánto tiempo pasó. Él estacionó frente a la casa, como aún no había terminado, seguí hasta que finalmente, quizás porque se concentró en lo que hacíamos, me llenó la boca de semen de nuevo. Me tragé toda su eyaculación y lo dejé completamente limpio. Bajé del coche y él se marchó, sin despedirse. Me quedé molesta, pero en fin, era lo que quería: que me dejara en casa y se fuera.

Ya en ese momento, mi miembro estaba nuevamente erecto. No le dije nada más, lo atraje hacia mí, lo besé, lo acaricié y hicimos el amor. Era el hombre más feliz del mundo, era mi amor, con quien estaba, la mujer de mi vida, el ser humano más maravilloso que podría encontrar. Después de todo lo confesado, no me quedaba duda del amor que sentía por ella. Esa es la historia de mis cuernos.

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 5 / 5. Recuento de votos: 1

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

Otros relatos que te gustará leer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com