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Mar Sensual: Entre letrados me veo envuelta (cuarta y última parte)


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Él busca más tequila y brindamos nuevamente bebiéndolo todo de un trago. Nuevamente me gira y me abraza, acariciando mis pechos frente a los demás. Desliza su miembro totalmente erecto entre mis nalgas, excitándose al notar que nos observan. Yo permito sus acciones, respondo a sus impulsos, me resulta estimulante ser mostrada, ser expuesta a los deseos ajenos.

-¿Le agrada exhibirme, doctor?

-Sí, me agrada que vean a la mujer que tengo, que la deseen, que quieran poseerla. ¿Te gusta a ti?

-Me agrada ser objeto de deseo, me excita ser anhelada para el acto sexual.

-¿Te gustaría que otro te tomara ahora, que alguien más venga y te posea?

-En este momento, pero ¿quién?

-Eso no importa, ¿Te gustaría?

-Mmm, no estoy segura, tal vez sí me agradaría.

-Así me gustas, que no te contengas, que disfrutes al máximo, que seas mi mujer complaciente.

-Sí, deseo ser su mujer complaciente, su mujer.

-Tan seria que parecías, pero eres muy complaciente, una mujer muy complaciente.

-Estoy aquí precisamente para que haga conmigo lo que desee, doctor, para ser su mujer y usted el hombre que me posee, que se posee a su mujer entregada.

Continuó jugueteando conmigo ante la ventana, luego se apartó, pero me pidió que permaneciera allí. Terminamos lo que quedaba en la botella, brindamos completamente. Si continuaba bebiendo acabaría muy ebria, sin embargo, mi excitación superaba eso y decidí seguir bebiendo. Toda esta situación me estimulaba, estaba lista para llevar el momento tan lejos como fuera posible, me encendía provocarlos al máximo, despertar sus instintos más bajos, avivar en ellos el deseo por lo prohibido, ser la mujer deseada y anhelada para el acto sexual. Se alejó de mí nuevamente, "espérame aquí". Coloqué mis brazos en el umbral de la ventana e incliné mi cuerpo dejando que mis pechos sobresalieran. Escuché al abogado llamando a recepción pidiendo unas bebidas. En ese instante, pensé no en seguir bebiendo, sino en cómo llegaría a mi hogar. Él regresó y continuó con el juego, tocándome con impaciencia. Minutos después, llamaron a la puerta, eran las bebidas que había solicitado.

-Recíbelas, ¿sí?

-¿Yo? Pero…

-Sí, pero vístete de manera seductora

-Mmm… ¿Cómo?

-Así: el abogado sube mi falda, la acorta hasta hacerla mini, desabotona mi blusa, baja las copas de mi sostén y abrocha un botón. Acomoda el resto de mi ropa. Uummm te ves deliciosa, ve a recoger las bebidas.

-De acuerdo, me dirigí a la puerta tambaleándome, la abrí y el camarero al verme me escudriñó de arriba abajo con la mirada. Tomé las bebidas y le pregunté: "¿Cuánto cuesta?" Me indicó el precio y le pedí que esperara. Sin cerrar la puerta, le di la espalda y caminé de manera sensual. El abogado me entregó el dinero, pero me cuestionó:

-¿Te gustaría hacerle sexo oral?

-¿A quién, al camarero? Mmm, no estoy segura, tal vez sí.

-Adelante, es parte del juego.

-De acuerdo, veré qué hago.

-Bien, págale, pero dale una propina generosa.

-Regresé con el importe preciso, pensando en la gratificación extra.

Le entregué el dinero y esperó la propina. Con la excitación a flor de piel, se me ocurrió abrir aún más mi blusa, mostrándole mis pechos marcados, y con mi mano agarré su miembro sobre el pantalón. Lo acaricié durante unos minutos hasta que se excitó, noté su erección. Me volteé y me incliné mostrándole mis nalgas, el camarero se acercó, dejó su bandeja apoyada en la pared y comenzó a acariciarlas, al principio con sutileza y luego con lujuria. Se inclinó y las besó, las mordió, las chupó. Las separó y acarició mi vagina, lamió mis glúteos, introdujo su lengua en ellos; solté un gemido y siguió explorando con su lengua. De repente se detuvo, se bajó la bragueta y sacó su miembro, era grande y grueso. Se aproximó y lo posicionó en la entrada de mi vagina,

la empuja y de repente me introduce toda su verga. Desesperado, me agarra de las nalgas, se mueve veloz y con fuerza, me penetra fuerte hasta el fondo. Consigue hacerme gemir, mientras me bombea con ansias agarrándome de las nalgas, se escucha el impacto de mis nalgas contra sus testículos, comienza a darme nalgadas y a introducirla profundamente. Pasado un tiempo, de repente, me abraza y hunde su miembro hasta el fondo, se está corriendo, libera una gran cantidad de semen, gimiendo se vacía por completo, yo grito de placer al sentir su semen caliente en mi interior. Permanece unos instantes con su miembro adentro y luego se retira. Me agradece con un par de nalgadas y se marcha. Cierro la puerta, con las piernas temblorosas regreso con el Licenciado y le digo listo.

- Mmm, qué buena propina le diste, así me encantas, puta completa, sin inhibiciones.

- ¿Le ha gustado, licenciado? ¿Ha disfrutado viendo cómo su puta entregaba sus nalgas a un desconocido? Para eso me trajo aquí, ¿verdad?, para ser la puta que desea, para que cumpla sus fantasías, para que sea mi amo.

- Sí, así me gustas, que seas una zorra, que seas mi zorra...

- Vamos a brindar nuevamente, he bebido demasiado, no sé cómo acabaré.

Mi excitación y mi ebriedad me han llevado a actuar de la manera en que lo he hecho, no me reconozco, pero estoy ardiente y me dejo llevar, sin restricciones ni remordimientos, como una hembra en celo buscando satisfacer mis instintos voluntariamente, deseosa de tener relaciones y ser utilizada. El licenciado me indica que me acueste, abre mis piernas, explora mi vagina con sus dedos introduciendo dos de ellos, los introduce y saca con fuerza, con urgencia, haciéndome gemir de delirio, mientras complementa mi placer con su lengua. Me abre y me lame, me hace gemir. Introduce su lengua profundamente, gimo con intensidad. Suena mi celular, es mi esposo, pasadas las cuatro de la madrugada. El Licenciado me lo pasa y me pide que conteste mientras sigue estimulándome con la boca.

- Hola, mi amor, ah sí, ya es tarde; pasamos a tomar un café, es que nos excedimos con las copas, ehm, y estamos platicando; sí, aquí por la Roma, exacto; ¿Estabas dormido o viendo televisión? ¡Oh, sí, dale para adelante! ¿Cenaste pizza? ¡Qué rico! ¿Guardaste un pedazo para mí? Te digo que se me subió, por eso hablo de esta manera. El Licenciado sigue introduciéndome dos dedos firmemente, me muerdo los labios para no gritar. Los mueve con ansias. Sí, estoy bien, iré allá. ¡Oh, sí, como unos treinta minutos! Sí, ah, muy rico, me estoy comiendo un pastelito. ​Sí, enseguida termino y voy hacia allá. ¡Estaba delicioso! Disculpa, mi vida, te digo, estoy un poco ebria. Sí, todo bien, besos, mi amor, te cuelgo, te quiero...

- Así, zorra, así, qué puta eres...

- Sí, soy tu puta, oh, qué bien me gusta cómo me lames, muy bien, como una zorra, así, ¡delicioso!

En eso estábamos cuando tocan nuevamente la puerta. Nos miramos sorprendidos y me pide que abra. Pensando que tal vez era el mesero que venía por una "propina" adicional, arreglé mi atuendo de la misma manera que la vez anterior. Abro y veo que es una pareja la que ha llamado, de edad madura; ella lleva un vestido corto entallado semitransparente de color verde limón, con un escote pronunciado y aberturas a los lados, que mostraba sugestivamente su lencería. Su pareja vestía de forma casual, con sobrepeso, no tan atractivo físicamente. Nos saludan y preguntan si pueden entrar; el Licenciado grita desde el fondo, “sí, pasen”. Ambos entran y amablemente me saludan con un beso en la mejilla, ella queda muy cerca de mis labios.

En la habitación hay una mesa y nos sentamos alrededor de ella. Brindamos celebrando el encuentro y comenzamos a hablar brevemente acerca de los cuatro, para luego abordar el tema del sexo; pero en lugar de palabras, pasamos directamente a la acción. El hombre desliza su mano por mi pierna mientras conversa, la introduce bajo mi falda y explora mi vagina. Ella muestra de manera provocativa sus senos al Licenciado,

baja la mano y acaricia su miembro. Abro mis piernas para facilitarle la acción al desconocido, quien introduce dos dedos en mi vagina lo que provoca un gemido ligero. A su vez, bajo mi mano y acaricio su bulto por encima del pantalón; lo aprieto y pronto está completamente erecto, tiene un falo grande, muy grande y grueso, trago saliva al sentirlo.

Excitada, le bajo el cierre y lo saco, empiezo a estimularlo manualmente, mientras él realiza movimientos en mi intimidad con sus dedos. El caballero me solicita que le practique sexo oral, lo cual hago inmediatamente. Me separo de la mesa y me inclino para estimular su pene con la boca, lamo la cabeza y experimento cierta incomodidad al percibir un olor particular tras el acto sexual. Estaba a punto de retirar mi boca, pero el individuo toma mi cabeza y la empuja para introducir su miembro en mi boca. Se adentra parcialmente, empuja su pelvis intentando insertarlo por completo. Me atraganto, pero continúa empujando, casi haciéndome vomitar. Finalmente, me permite retroceder un poco y lamo su glande, saboreando sus fluidos, succionándolo lo que le lleva a gemir y expresar "¡qué placentero es esto! Observo cómo el caballero besa los senos de la mujer, los devora con anhelo. Tras un período dedicado a practicar sexo oral, el sujeto me solicita ponerme de pie y me lleva hacia la ventana donde se desarrollaba la interacción erótica. Me coloca de frente mientras él se sitúa detrás de mí, levanta mi cadera y sube mi falda; observo que se estimula durante unos momentos y posteriormente lo coloca en la entrada de mi vagina, empuja con fuerza y penetra la mitad de su miembro; aguarda unos instantes y lo introduce por completo, provocándome un gemido:

- Aahhgg, hummm, aayyy...

- ¿Te lastimé?

- Lo tienes muy grande

- ¿No te agrada, lo retiro?

- Nooo, déjalo, es gratificante aahhh, muévete, hummm... el individuo comienza a moverse con intensidad, penetrando con firmeza y energía.

- ¿Te agrada de esta manera, disfrutas que te penetre? ¿Te gusta mi pene?

- Seee, así, así introdúcelo, aayyy tienes un miembro muy placentero aahhgg lo tienes muy grande, agradecido falo, aayyy dame fuerte, aahhh, seee… Al escuchar esto, continúa golpeándome en las nalgas,

- ¿Te gratifica que te vean copulando? Plaf, plaf, plaf… ¿Te agrada exhibirte, adoreces el falo?

- Seee, aprecio que me observen al copular. aayyy que satisfactorio falo aahhgg, me complace el delicioso pene, penetra con fuerza, hummm, aayyy, que gran miembro, que falo…

- ¿Apruebas mi miembro, lo disfrutas? ¿Te encanta tener relaciones como una mujer lujuriosa? Plaf, plaf, plaf ¡Qué exquisitas nalgas posees lujuriosa, qué ricas! Plaf, plaf, plaf…

- Seee, me satisface tu pene aahhgg, lo encuentro gratificante aayyy; cógeme como desees, aahhh aayyy, exquisito, hazme tu amante, cógeme de esta manera… como una mujer apasionada, aahhgg...

Por unos diez minutos, el individuo me estuvo estimulando con fuerza, con gran pasión, golpeándome y utilizando un lenguaje soez. Yo gemía intensamente al sentir esa virilidad en mi interior y especialmente cuando me la introducía por completo. Una pareja nos observaba desde otra habitación y se dedicaban a lo mismo, ambos estaban completamente desnudos. Busqué al individuo para observar su actividad y vi que estaba con la mujer de la pareja, en la misma situación. Ella disfrutaba intensamente. En un momento, retira su miembro de mi vagina y lo sitúa en la entrada del ano. Me consulta sobre mi gusto por la penetración anal:

- ¿Disfrutas ser penetrada por esta vía?

- Nooo, tu miembro es demasiado grande y grueso, me lastimarás. Mientras le expresaba esto, empujó para introducir la cabeza de su miembro, nooo aayyy nooo, es muy grande, aayyy... empujó con más fuerza y entró por completo la cabeza; nooo, no, no, no, me duele aayyy, retíralo, me duele, gritaba...

- Aayyy qué, soporta mi pene, lo tienes apretado, pronto te acostumbrarás: plaf, plaf, plaf, siente mi falo, hasta ahí lo meteré, plaf plaf plaf, aguanta, puta, ¡qué exquisitas nalgas posees culona, deliciosas! plaf plaf plaf…

Ay, qué grande la tienes, por favor sácala, no la metas más, me duele, ¡tienes una gran verga! Me lastima, detente, sí, hasta ahí, mmm, sí, no más, así está bien, empiezo a sentir placer, pero detente, no más, así, así, sigue así, pero no más, estoy sintiendo placer, dame, dame así, qué gran verga, sí, ahh...

- ¿Te gustó en el culo, disfrutaste? Aprietas rico, ¡uf, uf, uf!

- Sí, me gusta, pero no toda, sí, dame, tienes una rica verga, genial, hasta ahí, me estás partiendo, qué grande la tienes, me abres, así, ¡más, sí!

De repente sentí un cosquilleo, gemía intensamente, me estaba viniendo. Por su excitación, aceleró sus movimientos y me la metió toda, grité al sentir su verga hasta el fondo, haciendo que me viniera intensamente:

- Me la metiste toda, me duele, ¡qué grande! ¡Sácala, por favor, ahh, qué verga! ¡Hummm!

- ¿Quieres que la saque?

- Me duele, pero no la saques, dame duro, métela hasta el fondo, cómeme, muévete, qué placer, sí, estoy sintiendo, échame tu leche, dame, quiero tu leche, dámela, ¡qué rico!

- Disfruta, putita, aquí van mis mocos, disfrútalos, ¡ahhh!

Se comenzó a venir, eyaculando mucha leche, me embarró la cara, el cabello y los pechos. Gritaba de placer, diciendo frases excitantes, entre otras expresiones. Permanecimos un momento y recuperamos el aliento.

Me sentí empapada, fui al baño a limpiarme, vi mi reflejo lleno de semen. Limpié lo mejor que pude, arreglé mi ropa, apareció el chico, me hizo más chupetones y besó; luego, acaricié su pene, besándonos apasionadamente. Le dije que debía irme, miró la hora, me sorprendí al ver que eran las 5:30 de la mañana, excitada y borracha mencioné que era tarde, que mi marido me esperaba. Cuando mencionó si la persona con la que estaba era mi marido, respondí que no, sorprendiéndolo.

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