En esta ocasión se trata de un nuevo chico, que me eligió como su obsequio de cumpleaños.
Experimenté un pequeño percance que me obligó a usar muletas, muy incómodas por cierto. A pesar de ello, no me detuve en buscar diversión. Una noche salà con unos amigos a una discoteca, teniendo precaución por mi condición, pero al ir al baño del local, un joven tropezó conmigo causándome molestia. Pese a sus intentos de disculparse, decidà seguir mi camino sin más.
Al regresar a la mesa con mis amigos, alguien se acercó para invitarme a bailar, resultando ser el mismo chico que previamente habÃa tropezado conmigo. Esta vez, acepté sus disculpas y accedà a bailar con él. Aunque la situación era algo inusual debido a mi lesión, no pasó a mayores y tras un par de canciones me pidió mi número antes de retirarse. Aquella noche no ocurrió nada más, pues no suelo desinhibirme en fiestas, prefiriendo ser abordada cuando estoy en plenitud de mis capacidades para poder disfrutar plenamente.
Unos dÃas después, recibà un mensaje suyo, lo cual me tomó por sorpresa dado que lucÃa mucho más joven, sin embargo, aún desconocÃa su edad. Preguntó por mi estado, entre otras cosas triviales, y me propuso salir, a lo cual extrañamente accedÃ. Nos encontramos para ir a comer, mostrándose como alguien tranquilo, educado y buen conversador. Fue en ese momento que le consulté sobre su edad, quedando sorprendida al descubrir que apenas era mayor de edad. Aunque no habÃa habido insinuaciones previas ni proposiciones, opté por continuar la conversación sin problema alguno.
Salimos en varias ocasiones más, disfrutaba de nuestras charlas. Durante una de esas citas mencionó que se acercaba su cumpleaños, detalle que pasé por alto. Sin embargo, en nuestra próxima salida, destinada generalmente a compartir una comida, me confesó sin rodeos su deseo de tener relaciones sexuales conmigo. Aunque no me sorprendió, me invadió el miedo debido a su corta edad. Inmediatamente le negué, a pesar de que la idea me resultaba excitante; querÃa experimentar con su vigor juvenil, pero mis principios éticos pesaban más que mis deseos.
Sin embargo, persistió en su propuesta, sobre todo al acercarse la fecha de su cumpleaños, repitiendo su deseo de que fuera suya y de recibir mi trasero como regalo. En esta ocasión, cedà y acordamos encontrarnos unos dÃas más tarde. Mientras tanto, intercambiábamos mensajes con entusiasmo acerca de preferencias sexuales. Sin freno alguno, le confesé mi gusto por el sexo duro, la sumisión, los azotes intensos y ser penetrada con fuerza, lo cual lo excitó aún más, aumentando su deseo por nuestro encuentro. Yo también estaba impaciente, llegando a excitarme solo de expresar mis anhelos, aunque el temor por su juventud persistÃa en mÃ.
Al encontrarnos, comenzó a besarme apasionadamente, demostrando que iba decidido a todo. Me dejé llevar por sus besos, permitiendo que sus manos exploraran mi cuerpo, apretando mis nalgas y mis senos sobre la ropa. Aunque me encontraba nerviosa, la excitación crecÃa en mÃ; deseaba entregarle su regalo. Me empujó hacia la cama, momento en el que decidà establecer un lÃmite respecto a quitarme toda la ropa, una decisión sin sentido pero que, en ese instante, representaba una barrera para mÃ. Solo le permità despojarme de la ropa de cintura para abajo. No obstante, esto no impidió que su boca se abalanzara rápidamente sobre mis pechos, los cuales ya mostraban los pezones rÃgidos. La vergüenza y el miedo habÃan desaparecido; ansiaba que me poseyera. No tardó en deshacerse de mis prendas de golpe, sin prestar atención a mis bragas, lanzándose a devorar mi entrepierna que, aunque ya húmeda, se empapaba aún más con cada roce de su lengua. Su saliva lubricaba cada vez más, recorriéndome por completo, estimulando mi excitación al lÃmite. Estaba tan mojada que ansiaba sentir su miembro, deseaba ser penetrada.
Despojándose de su vestimenta, un detalle que no era prioritario para mÃ, observé su miembro, el cual se encontraba
No era ni muy grande ni muy pequeña, colocó el preservativo rápidamente y me penetró por completo. Al principio fue suave, como si quisiera disfrutar de mi cuerpo, de sentir mi vagina. Poco a poco aumentó el ritmo, tal como me gusta y me excita. Estaba encima de mÃ, expresaba su gusto por hacer el amor conmigo, yo gemÃa y le respondÃa que se sentÃa fantástico. Estaba entregada por completo a él.
Estaba disfrutando cada momento, me encantaba su forma de amarme, me excitaba ver su rostro de deseo. Luego me puso en posición de cuatro, adoro ser poseÃda de esa manera; él continuó expresándome su fascinación por mi trasero, lo acariciaba, me daba palmadas, yo solamente gemÃa, sintiendo su miembro entrando y saliendo, me sentÃa ardiente, deseando más y más. Se terminó y quedé exhausta, acaricié su miembro cuando empezó a disminuir su erección, me vestà y me preparé para marcharme.
Pero volvió con fuerza, me empujó contra la pared, yo de espaldas a él, nos besábamos con pasión, volvà a sentir sus manos recorriendo mi cuerpo rápidamente me sentà excitada de nuevo. Recordó mis preferencias, comenzó a morder mi espalda, a ser más salvaje, desabrochó mi jean rápidamente y enseguida volvà a sentir su miembro firme dentro de mÃ, sin esperas, directo, me encantó, gemà con fuerza. Estaba ahÃ, siendo tomada en bruto por un joven, gritando de placer, era suya, fue su obsequio y único, nunca volvimos a encontrarnos, él querÃa que fuese su pareja, me dio algo de ternura.
Esa ocasión, llevaba una blusa y una chaqueta, hacÃa algo de frÃo, además de un sujetador negro. VestÃa unos vaqueros y unas bragas rojas, con encaje. Me llevó directamente a un motel, no habÃa tiempo que perder, al dÃa siguiente era su cumpleaños y su regalo no podÃa esperar más.
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