En este momento les relataré algo que, como en todos mis cuentos, es 100% verídico. Siempre he disfrutado de las transparencias, lo voyeur y el exhibicionismo. Mi objetivo es compartirlo con mi esposa, aliviar mi calentura con ella, lo demás son solo juegos que nos llevan a disfrutar de momentos íntimos. Bueno, les contaré.
Desde hace unos meses he sentido la inquietud de mostrar las imágenes que tengo de mi esposa; una vez lo hice con un taxista, pero esa historia será contada en otro relato. En esta ocasión les hablaré de lo que me sucedió hace unos días, cerca del metro Balderas en el centro de la Ciudad de México.
Para mí es emocionante pasear por las calles de la ciudad, ya que he presenciado muchas cosas que me excitan. Ese día, mientras viajaba en el metro, vi a una chica con pantalón blanco que dejaba ver su tanga del mismo color; otra con un vestido no tan corto pero se notaba que llevaba tanga por la forma en que se marcaba entre sus nalgas, y también una chica con una blusa cuyo pezón era visible desde donde yo estaba parado frente a ella.
A mitad del trayecto ya estaba excitado al ver esas delicias. Al mirar a mi alrededor, noté que un chico cerca de la ventana volteaba un poco su celular, pero por el reflejo del cristal dejaba ver todo. No sé si los demás lo notaron, pero yo pude ver que estaba intercambiando fotos con alguien. En esas imágenes logré distinguir el cuerpo de una chica mostrando sus senos, así que decidí acercarme para ver mejor. Discretamente, comencé a observar y vi que el chico se estaba mandando material con alguien, fotos de él y de ella, y vaya que ella tenía un buen cuerpo. Aunque no pude verlo completamente, era evidente que estaban compartiendo material sugestivo.
Al voltear hacia mí, le sonreí para indicarle que había visto algo de lo que estaba enviando. Continuó con lo suyo, y en ese momento se me ocurrió tomar su celular y abrir mi galería secreta. Me acerqué y encontré la forma de que solo él viera mi colección de imágenes, que por supuesto, eran solo de mi esposa. El chico se dio cuenta y dirigió su mirada a mi teléfono, pero me sonrió, asintió con la cabeza y se bajó del vagón.
Esa situación me dejó con una sensación solo experimentada anteriormente con el taxista, por lo que decidí que quería mostrarle mis fotos favoritas a alguien más. Me dispuse a salir y buscar, pero me sentía nervioso. Entonces, ideé un plan y me acerqué a un chico de unos 26 años. Después de una breve charla de 1 minuto, le hice la propuesta de ver las fotos de mi esposa.
Se negó. Luego vi a otro chico esperando y me acerqué a él. Este chico era colombiano y me dijo que llevaba apenas 3 meses en la ciudad, por lo que le pareció extraña mi propuesta. Intenté convencerlo y le mostré mi galería con las fotos en miniatura; aceptó, pero debía ir a trabajar y no quería arriesgar su empleo. Una lástima. Pensé que había fracasado en mi misión hasta que, después de caminar un rato, encontré otras oportunidades, buscando chicos que al menos podrían resultarle atractivos a mi esposa, ya que conozco sus gustos y quería lograr mi objetivo.
Cerca del metro Balderas vi a un joven y, después de observarlo unos minutos, decidí acercarme a él.
Yo: Hola amigo, buen día. Lamento interrumpirte, pero veo que estás aquí sentado relajándote y se me ocurrió hacer tu día un poco diferente. ¿Cómo te llamas?
Él: Me llamo Juan, pero estoy esperando a mi novia y ya casi llega, disculpa amigo.
Yo: No te preocupes, Juan, realmente podríamos ser buenos amigos. ¿Cuántos años tienes?
Él: Amigos, ¿por qué?
Actualmente tengo 18 años.
Yo: Genial Juan, seremos amigos, ya que no te pediré nada, simplemente quiero que tengas un buen día. Si estás esperando a tu novia, podemos aprovechar este tiempo. ¿Cómo se llama tu pareja y cuánto tiempo llevan juntos?
Él: Su nombre es Verónica y apenas llevamos 5 meses de relación.
Mientras conversábamos, intenté ganar su confianza y le hice una propuesta sencilla: solo tenía que ver las fotos de mi celular. Quería conocer su opinión y él aceptó. Así que saqué mi celular y empecé a mostrarle fotos de mi esposa. Comencé con fotos nuestras juntos en fiestas y reuniones, y luego subí un poco el tono, mostrándole fotos de nuestros días especiales y detalles más íntimos, como atuendos reveladores.
Vi cómo se emocionaba al observar las fotos. Le mostré imágenes de mi esposa acostada boca abajo en la cama, sin sostén y con ropa interior sensual. Su reacción fue de sorpresa y excitación, expresando su interés en las fotos. Proseguí mostrándole más imágenes, incluyendo una donde mi esposa estaba semidesnuda y una donde se veía totalmente desnuda de espaldas, despertando aún más su interés.
Continué mostrándole fotos de mi esposa usando una microtanga rosa y tocándose sensualmente. Juan se mostraba cada vez más intrigado y excitado, lo que también aumentaba mi propio nivel de excitación en esa situación.
Además de las fotos, le mostré un video donde mi esposa se masturbaba y gemía de placer, lo cual lo emocionó aún más. Otro video mostraba cómo usaba un vibrador rosa mientras yo la penetraba lentamente, incrementando su excitación hasta alcanzar el clímax.
Mientras observaba a Juan, pude notar el brillo en sus ojos. Después de más de media hora viendo aquel contenido tan estimulante en videos y fotos, llegó Verónica, la novia de Juan. Wow, era una joven de 19 años, con jeans claros y una blusa negra que resaltaba su figura, de estatura baja y una apariencia inocente. Sin mayores preámbulos, le proporcioné a Juan mi correo y nos despedimos. Juan le dijo a Verónica que era un compañero de la universidad y nos despedimos. Esa noche recibí un correo de agradecimiento de Juan y mantuvimos contacto.
De regreso a casa, con una sensación de excitación, disfruté de un momento íntimo con mi esposa recordando la experiencia con la pareja de Juan. Fue algo mágico y excitante.
¡Compartan sus historias para contarles la vez en que hice algo similar con un taxista!
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