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La madre de mi cónyuge, mi otra compañera y una fantasía hecha real


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La historia que relataré a continuación fue una fantasía que se materializó con mi suegra llamada Angélica.

Cuando tenía alrededor de 28 años, estaba atravesando un momento difícil con mi esposa. En ese momento, mi suegra vivía con nosotros y teníamos a nuestro primer hijo, que en ese entonces tenía 5 años.

Fue en ese momento cuando mi esposa y mi hijo viajaron a Estados Unidos para visitar a su familia allí.

Esa fue la primera vez que nos quedamos solos en la casa con mi suegra.

Voy a describir a mi suegra como una mujer de unos 52 años en ese entonces, con unos pechos muy grandes, un trasero bien conservado para su edad, alta y con piel trigueña clara.

Dado que mi esposa no estaba, las noches eran especialmente difíciles, ya que solo podía pensar en tener relaciones sexuales.

Mi suegra pasaba parte del día en su negocio y solía regresar a casa por la tarde.

La segunda semana resultó ser crucial para tomar una decisión.

En ocasiones, por las noches, me quedaba en bóxer en la sala viendo películas subidas de tono. En algunas de esas ocasiones, mi suegra salía de su habitación para ir al baño y yo simplemente la observaba pasar.

Ella llevaba un camisón que le cubría desde el cuello hasta las rodillas, pero debido al tamaño de sus pechos, estos parecían estar a punto de escapar por los lados.

Además, mi suegra tenía un sentido del humor peculiar y a menudo hacía comentarios con doble sentido.

Por ejemplo, en ocasiones me decía: "Aquí tienes tu cena" mientras se reía, sabiendo que en realidad no llevaba nada.

Después de una semana sin intimidad, le mencioné que estaba considerando buscar los servicios de una profesional, ya que no aguantaba más.

Ella simplemente respondía con una sonrisa: "No te preocupes, pronto tendrás lo que deseas" y soltaba una risita.

Una de esas noches, mientras veía películas para adultos, ella salió como de costumbre alrededor de medianoche. Entró al baño y luego regresó a su habitación.

Cerca de la medianoche, decidí ir al baño a orinar. Al salir, pude ver que la puerta de la habitación de mi suegra estaba entreabierta por la luz del baño.

Intrigado, decidí entrar en su habitación con cuidado de no despertarla y cerré la puerta suavemente. Ella estaba profundamente dormida y hasta roncaba.

Mi corazón latía muy rápido y estaba excitado. Con valor, deslicé mi mano bajo las sábanas y descubrí que no llevaba el camisón, ¡estaba completamente desnuda en la cama! Mis dedos exploraron su piel desde la rodilla hasta la cadera, sintiéndola. En ese momento, se movió ligeramente, pero no despertó.

Luego deslicé mi mano hacia arriba para acariciar sus pechos, llegando a sentir el pezón de su seno izquierdo. Parecía estar fingiendo dormir, ya que mi toque era placentero, pero se mantuvo quieta.

Inmediatamente retiré mi mano, bajé mi bóxer y empecé a acariciarme.

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Decidido, volví a deslizar mi mano bajo las sábanas, acariciando su rodilla y ascendiendo lentamente hasta llegar a su zona íntima.

Fue en ese momento cuando perdí el control y la conciencia, mis dedos se encontraban con su excitante monte de Venus. Retiré mi mano y olí mis dedos que habían tocado esa parte tan sensual.

La excitación me embargaba, ya no había vuelta atrás.

Dado que estaba profundamente dormida, levanté la sábana para dejarla descubierta. Con determinación, me subí a la cama y abrí sus piernas agarrándolas, ella se despertó de golpe y empezó a forcejear. Con ella completamente abierta, adopté la posición del misionero para mantener sus piernas abiertas con las mías y sujetar sus brazos para evitar que se moviera.

Fue entonces cuando empezó a llorar. Desde mi posición encima suyo, podía escuchar sus sollozos,

Mientras...

tanto le frotaba mi miembro erecto sobre su entrepierna muy velluda! Pasaba mi pene de arriba abajo sin penetrarla, ella seguía sollozando y dejó de resistirse, así que agarré sus enormes senos! Ya no aguantaba más, así que la penetré con firmeza, la abracé con fuerza y seguí penetrándola mientras ella seguía llorando.

Así transcurrieron unos dos largos minutos, digo largos porque muchas cosas empezaron a rondar mi mente, como el hecho de que ella mencionara lo sucedido esa noche que básicamente la violenté.

Estaba a punto de retirar mi miembro y dirigirme a mi habitación a descansar pensando qué decir después.

Al inicio su vagina estaba completamente seca y por ello me costó penetrarla, pero luego, después de esos dos minutos, pude percibir cómo se humedecía considerablemente, pude sentir cómo esos fluidos vaginales corrían por mis testículos, fue en ese momento cuando ella, aún con lágrimas en sus ojos, digo lágrimas porque toqué su rostro para confirmar si realmente estaba llorando.

Fue entonces cuando ella empezó a moverse y me abrazó también con fuerza, no sé si lo hizo para hacerme acabar y que la dejara en paz, pero no decía ni una palabra, solo besaba mi cuello y me apretaba con su velluda entrepierna.

Esa noche disfruté alrededor de 30 minutos con mi suegra, solo en posición de misionero. Al final, nos abrazamos fuertemente ambos y, cuando terminé, simplemente me levanté y volví a mi habitación para dormir.

Al día siguiente no mencionamos nada de lo ocurrido la noche anterior.

Para mi sorpresa, cuando me fui a descansar a mi cuarto, mi suegra llegó a buscarme completamente desnuda para continuar nuestra intimidad como la noche anterior.

En la siguiente noche la disfruté plenamente, pude deleitarme con sus enormes pechos, chupé sus hermosos pezones suaves de color rosa!

Esta vez no lloraba, sino que me pedía más, se aferraba a mi espalda mientras la penetraba una y otra vez. Me hizo una excelente felación que ni mi esposa realizaba de esa manera. Luego, besaba su cuello y le indiqué que quería llegar al clímax, así que se volteó y se puso en cuatro.

Tomé su largo cabello con una mano y con la otra agarraba uno de sus grandes senos que se balanceaban de un lado a otro con cada embestida que daba en su hermosa y muy velluda entrepierna, unos golpeteos vaginales muy gratificantes por cierto!

Mientras tiraba de su cabello y la embestía con mi pene erecto, le dije: ¡Angelica! ¡Quiero que digas que soy tu esposo! Así lo hizo y comenzó a gritar que yo era su marido, ¡que yo era el dueño de su deliciosa torta velluda!

Así vivimos la segunda semana hasta que en la tercera semana regresó mi esposa con mi hijo de su viaje.

A partir de entonces, mi suegra también era mi pareja, nunca comentó nada a mi esposa.

De esta manera, mi suegra y yo teníamos encuentros ocasionales cada vez que podíamos, al menos de tres a cuatro veces por semana.

En más de una ocasión, en mi cumpleaños tuve relaciones con mi esposa y luego más tarde tomaba a mi suegra como pareja y la llenaba de mi semen, algo que realmente disfrutaba.

Actualmente, mi suegra falleció a la edad de 72 años, y fue a los 70 cuando fue la última vez que la consideré como pareja y le chupé los senos y mi semen se deslizaba por fuera de su velluda y canosa entrepierna.

Este secreto que comparto con ustedes, Angelica se lo llevó a la tumba y hoy lo comparto con todos ustedes.

Si les gustó, díganme y les compartiré alguna de las aventuras sexuales que tuvimos después de eso.

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