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Enseñé imágenes y vídeos de mi esposa a un conductor de taxi


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En esta ocasión les relataré mi experiencia con un taxista en la Ciudad de México, como siempre, mis relatos son verídicos. Te recomiendo que te prepares para estar cómodo y escuchar atentamente.

En una calurosa temporada en la Ciudad de México, tuve que recoger un pedido en las bodegas del centro de la ciudad. Opté por utilizar el transporte público debido al intenso tráfico en la zona. Siempre disfruto observar a las mujeres con ropa ajustada o que resalte sus curvas, me resulta muy atractivo todo lo sensual en una mujer.

Mientras viajaba en el metro de la Ciudad de México, vi a una mujer con un vestido café que, aunque no era corto ni ajustado, dejaba ver claramente la forma de sus nalgas. Esa imagen despertó en mí una sensación agradable y no pude apartar la mirada, me cautivaba ver cómo su trasero se marcaba en la tela del vestido.

Para mi sorpresa, descendió en la misma estación en la que yo también debía hacerlo. Caminé detrás de ella sin llamar la atención, observando cómo sus piernas lucían sumamente atractivas con cada paso que daba. El vaivén de su vestido al caminar dejaba ver de forma deliciosa un pequeño encaje que se asomaba bajo su falda, no sabría decir si era un calzón bóxer, pero era de encaje. Imagina la escena con ese trozo de tela entre sus nalgas, realzando la redondez de su trasero de forma irresistible.

Esta situación despertó mis deseos y solo podía pensar en ese momento.

Al llegar al mostrador para recoger mis cosas, una mujer de cabello rizado me atendió. Vestía unos pantalones de mezclilla azul ligeros y una blusa blanca que dejaba entrever su sostén. La forma en la que marcaba su trasero discretamente en los pantalones aumentó mis deseos, y aunque mi erección aún no se manifestaba, podía sentir cómo mi miembro se ponía erecto. Me deleité con su presencia.

Al salir de allí, decidí pedir un taxi a través de una aplicación, ya que las cajas que cargaba no eran pesadas, pero sí incómodas. Dado que la aplicación tenía poca disponibilidad de vehículos, hice una parada para abordar un taxi convencional, y fue entonces que un taxi Tsuru se detuvo. Después de indicarle mi destino al conductor, aceptó sin problemas y entablamos una conversación casual. Ernesto, de 30 años, con novia y a punto de casarse, estaba cerca de concluir sus estudios universitarios y llevaba tres años trabajando como taxista para costear sus gastos educativos.

Mientras hablábamos, yo observaba a las mujeres que pasaban por la calle. Compartimos anécdotas cotidianas, pero un pensamiento comenzó a cambiar el rumbo de la conversación.

Yo: Oye, ¿no has tenido experiencias extrañas o inusuales en el taxi?

El: Bueno, algunas.

Ernesto empezó a contarme sobre robos, personas que olvidaban pertenencias o se negaban a pagar, pero yo quería saber más detalles.

Yo: ¿Alguna vez has llevado a chicas un poco ebrias?

El: Sí, algunas veces. (Sentí cierta reticencia en su respuesta, pero necesitaba conocer más detalles).

Yo: ¿Dónde las recogiste? ¿A dónde las llevaste? ¿Las dejaste en su casa? ¿De qué conversaban? ¿Estaban muy mal? Quería obtener más detalles y precisiones en mis preguntas para que compartiera conmigo sus experiencias más interesantes.

Comenzaré hablando de ese tema.

Me comentó que recogió a 2 mujeres en Acoxpa (una de las numerosas zonas de antros y bares en la Ciudad de México). Una de ellas llevaba un vestido que no era ni muy corto ni ajustado, pero tenía un escote en la espalda que dejaba al descubierto que no llevaba sujetador. Por otro lado, su falda se subía mientras se movía, mostrando una tela de encaje negro cubriendo su entrepierna. Al subir al auto, abrió las piernas sin preocuparse por taparse, ya que era la más ebria de las dos.

La otra chica llevaba unos leggings de cuero totalmente lisos, que resaltaban una tanga de encaje adornando perfectamente su trasero. Con una blusa que tenía un resorte en la cintura y telas sueltas desde los hombros hasta el estómago, también dejaba ver que no llevaba sujetador. Al subir al auto, la tela de la blusa se movía, haciendo que sus pechos asomaran y pudiéndose ver sus pezones en varias ocasiones.

Ambas mujeres se dirigían al mismo lugar. La chica de los leggings hablaba por teléfono con su hermano para que la ayudara a bajar a su amiga, quien estaba demasiado ebria para hacerlo por sí sola. Al llegar a su destino, el hermano las esperaba y ayudó a la chica de los leggings a bajar. Mientras lo hacía, su tanga azul de encaje se asomaba por sus leggings de cuero, tapándose el pecho con la blusa mientras se esforzaba en ayudar a su amiga. Así procedieron ambas a ayudar a la amiga, que estaba completamente perdida por el alcohol.

El chico se dio cuenta de la situación, pero no hizo ningún comentario al respecto. Mientras bajaban a la chica del vestido, el chico la abrazó y subió su vestido hasta la cintura, revelando una tanga encantadora. Esta era de encaje negro en la parte delantera y se iba volviendo gris hasta llegar a la parte trasera en blanco, creando un diseño único que realzaba la figura de la chica. Una vez en pie, el chico la sostuvo mientras su amiga acomodaba su vestido. El chico me pagó y me comentó que me había deleitado la vista. Me agradeció y me fui. (todo esto me lo contó el taxista).

Estaba prestando atención a su relato y me dispuse a cumplir mi cometido, ya que estábamos a mitad del camino en un trayecto que duraría casi 2 horas.

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Yo: Vaya, qué historia tan interesante, amigo. ¿Y luego qué pasó?

Él: Para ser honesto, estaba muy excitado, así que me detuve unas cuadras más adelante y me di un momento para mí mismo.

Yo: ¡No manches! Parece que fue una noche increíble.

Él: Es la única vez que me ha sucedido algo así, amigo, y sinceramente, no puedo compartirlo con mi chica, porque se molestaría. Sin embargo, cada vez que lo recuerdo, me doy un pequeño gusto en honor a esas dos chicas.

Yo: Bueno, tal vez hoy sea un día como aquellos. Digo, ya que estamos en este tema, ¿te gustaría conocer a mi esposa?

Él: ¿Cómo? ¿Vamos por ella o qué?

Yo: No, no vamos a buscarla en ningún lugar, solo me gustaría que la conocieras.

Mientras tanto, saqué mi celular y, con el brillo al máximo, mostré una foto de mi esposa: un autorretrato que ella se había tomado en el baño de su trabajo, con una blusa blanca desabotonada, los pantalones abajo y una sensual tanga de estampado de tigre en color café con negro, resaltando su trasero y enviándome un beso a la cámara (ella me había enviado esa foto un día esa semana). Dejé el celular frente a él por unos segundos mientras conducía.

Él: ¡Oh, vaya! ¿Esta es tu esposa? Se ve muy bien.

Yo: Sí, amigo, ella es. Si quieres, puedo mostrarte más fotos.

Él: Sí, vamos, quiero ver.

Yo: Pero me dijiste que tenías novia, ¿no?

¿Qué te parece si me enseñas algo de ella, simplemente enséñame como yo hice?

Él: pero tu chica está bien y la verdad es que no tengo muchas fotos de la mía.

Yo: entonces, ¿qué te parece si me muestras lo que tienes y yo hago lo mismo, te parece?

Él: perfecto.

Él sacó su teléfono y me mostró imágenes donde estaba su chica en fiestas con él, y algunas fotos "normales" de ella. No se veía mal, pero le pedí fotografías más atrevidas. Abrió una carpeta oculta en su teléfono y me enseñó las fotos guardadas allí. Quedé sorprendido al ver imágenes de su chica en posturas sugerentes, masturbándose, mostrando sus senos, en ropa interior, en tanga exhibiendo su trasero, abierta de piernas mostrando su intimidad depilada. Me entregó su teléfono para que las observara con detenimiento, la verdad es que en ese momento ya estaba completamente excitado al ver esas fotos.

De repente me topé con un video que decidí reproducir. Para mi asombro, el audio se reprodujo a través del estéreo de su automóvil, y se escuchaban claramente los gemidos de su chica mientras él la grababa en cuatro patas. Mientras él se masturbaba, ella se tocaba y gemía al ritmo de sus embestidas. Enseguida lo vi empezar a acariciarse mientras escuchaba esos gemidos a todo volumen mientras conducíamos en el coche.

Le entregué también mi teléfono para que viera, pero él estaba conduciendo, así que le pedí que se detuviera para que pudiera observar detenidamente. Sin dudarlo, frenó el coche y pudo revisar toda la galería de fotos que tengo de mi esposa, incluidas imágenes y videos de todo tipo.

Por mencionar algunas, unas fotografías donde está recostada boca abajo en la cama viendo su teléfono, usando diferentes tipos de ropa interior (fotografiadas sin que se diera cuenta): tangas de varios colores como negro, rojo, blanco, crema, con encaje, tangas de diferentes tonalidades con la tela ajustada en su trasero, entre otras. También fotos donde ella posa para mí, atada, con los ojos vendados, mientras se baña, e imágenes que me envía cuando estoy fuera de casa o ella está en el trabajo. Un video de un minuto donde está en la oficina y comienza a grabar su entorno, para luego colocar la cámara debajo del escritorio, separar las piernas y acariciarse sobre su ropa interior, enviándome un beso al final.

Observé cómo se excitaba y daba sus comentarios, mostrándole más videos y fotos. Literalmente, pudo ver toda mi galería privada guardada en el teléfono. Para finalizar, le mostré un video de casi treinta minutos, indicándole que lo veríamos en el camino. Nos preparamos para continuar, me pidió que conectara el audio al estéreo y reprodujera el video a todo volumen.

Até a mi esposa de las manos a un anillo que coloqué especialmente para esa ocasión, con las manos hacia arriba y las piernas atadas y abiertas, con los ojos vendados. Llevaba una tanga rosa de cintas a los lados debajo de un vestido rojo con blanco. Este video lo grabé después de una salida donde esa tanga rosa dejaba poco a la imaginación, poniendo música de fondo.

Comencé a tocarla en lugares inesperados, las piernas, los brazos, pellizcando sus pezones y besándola. Poco a poco me acerqué a su intimidad, rozando su vagina, lo que la hacía gemir y respirar más lentamente. Subí lentamente su vestido hasta dejarlo en la mitad de sus nalgas, desnudándome lentamente y comenzando a besarla desde sus piernas, ascendiendo hacia su entrepierna, sus senos, subiendo aún más su vestido hasta la cintura, con sus piernas abiertas acerqué mi rostro a su vagina para disfrutar de su frescor y excitación. Noté lo húmeda que estaba su tela, por lo que le di unas palmaditas y besos en sus nalgas, lo cual la hacía gemir placenteramente.

Luego subí aún más su vestido, besándole el abdomen y acariciándola.sus extremidades inferiores y sus glúteos, luego elevaba aún más su atuendo hasta llegar a su pecho sin exponer sus pezones, inicié a besarle la parte superior del torso mientras le propinaba suaves golpecitos en sus glúteos, con mis labios finalicé de subirle la vestimenta hasta el cuello y le brindaba besos en sus pezones, mi mano se entretenía con su zona genital húmeda, ella emitía gemidos a medida que se retorcía y me expresaba que no podía contenerse, mis dedos estaban empapados y no podía resistir la tentación de saborear esos deliciosos pezones, mi mano persistía en acariciar su zona íntima hasta que ella exhaló un gemido que la hizo temblar de pies a cabeza, solo podía mover su pelvis ya que la tenían amarrada de manos y pies, sus gemidos continuaban sin cesar.

Mi lengua no cesaba de degustar sus pezones y ella volvió a gemir como raras veces lo hace, hasta que sentí cómo alcanzaba el clímax en mi mano, su respiración era agitada y no lograba mantenerse en pie, tomé el celular y le grabé la zona íntima, sin embargo, sus fluidos se deslizaban por sus extremidades inferiores y el suelo quedó empapado, literalmente ese orgasmo dejó a mi esposa empapada.

No logramos concluir la reproducción del video, pero Alfredo se acariciaba el miembro viril, cuando estábamos a punto de llegar al clímax, guardé mi teléfono y Ernesto solo hacía comentarios sobre lo atractiva que era mi esposa y su deseo de tener relaciones sexuales con ella, mencionando lo bien que la estábamos pasando, quisiera ver la grabación completa, pero ya habíamos llegado a nuestro destino, por lo tanto, me despedí de él y agradeció el buen momento, solo le indiqué que desfogara sus deseos con su esposa porque la mía ocupaba todos mis pensamientos.

Esa tarde, al llegar a casa, repetí la escena del video con mi esposa reviviendo lo que Ernesto me había compartido y recordando un video en particular de la acompañante de Ernesto mientras se masturbaba en cuclillas con Ernesto sosteniéndola, cada gemido de mi esposa me evocaba lo acontecido esa tarde.

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