Había llegado recientemente a este exclusivo complejo de mi ciudad.
Recién separado y con casi 40 años, sabía que en este lugar abundaban las mujeres solteras o recién separadas que disfrutaban del verano en la piscina del complejo.
Después de un intenso entrenamiento en el gimnasio, decidí tomar sol para ver si había alguna mujer en las microbikinis típicas de mi país que pudiera llamar mi atención.
Mientras me acomodaba en una reposera cerca del agua, la vi llegar.
No podía creer que la mujer más atractiva de mi país estuviera a solo 5 metros de mí, tomando sol boca abajo con su cuerpo escultural apenas cubierto por una diminuta tanga que se perdía entre sus glúteos.
Con piernas perfectas, un trasero firme y un cabello rubio y largo, tenía esa mirada angelical que tantas veces había visto en televisión, cine y pasarelas.
Ella era Susana, la modelo convertida en actriz más famosa y deseada del país. Su trasero era su sello distintivo, tan fotografiado que era lo primero que llamaba la atención en cualquier lugar.
No podía apartar la vista de ella mientras estaba ahí en vivo, realmente era increíble.
Junto a ella, relajado bajo el sol, estaba su pequeño perro Yorkshire, tan de moda en ese momento.
Sabía por los medios que estaba saliendo con el hijo del presidente, siendo la pareja más perseguida en todos los ámbitos.
No podía dejar de observar su trasero, hasta que en un momento ella volteó la cabeza y nuestros ojos se encontraron por un instante.
Intenté saludarla de forma amigable, como vecinos, pero recibí una mirada fría y despectiva que me molestó, aunque sabía que era algo común en las estrellas famosas.
Más tarde regresé a casa, me bañé y comencé a trabajar en la computadora, pero no podía concentrarme. La imagen de ese trasero perfecto seguía en mi mente y empecé a fantasear con tenerla en mi casa y hacer realidad todas esas fantasías. Sin embargo, la mirada despectiva que recibí me recordaba la realidad: no había posibilidad de que una mujer así se fijara en alguien como yo, un hombre normal, deportista, bien parecido para mi edad pero ni famoso ni millonario.
Esa noche me acosté tarde, pensando en ella, imaginándola en algún departamento del complejo...
¿Estaría en un momento íntimo con su novio? La visualizaba en una situación erótica, pero al mismo tiempo me obsesionaba y me daba celos. Quería ser yo el protagonista de esa fantasía.
Al despertar a la mañana siguiente, una idea descabellada empezó a formarse en mi cabeza. Lentamente cobró vida, parecía ridícula y a veces me reía solo de pensar en ello.
Mientras me duchaba y preparaba el desayuno, esa idea se volvía más concreta. Y ¿por qué no intentarlo?
Un plan se gestaba en mi mente y, por más insólito que pareciera, me di cuenta de que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por tener a esa mujer increíble bajo mi dominio.
A mí me gustan las razas de perros grandes, pero esta vez mi enfoque sería distinto.
Decidí mudarme y buscar un compañero de departamento: un Yorkshire. Aunque nunca había considerado esa raza, algo en mi interior me decía que era el camino a seguir.
Así que me puse en marcha para convertirlo en mi cómplice.
Susana traía al perro consigo, pero eso no era suficiente.
Necesitaba algo más, algo especial y yo creía tener una idea.
Después de averiguar cuidadosamente sus horarios (en esos lugares todos están al tanto de todo) puse en marcha mi plan.
Una mañana calurosa, allí estaban, ella, muy atractiva como siempre, acompañada de su perrito.
Mi corazón latía fuertemente, pero decidí interpretar mi papel.
Me senté casi al lado de ella, con mi nueva perrita princess, y con una voz más femenina la saludé.
-¡Hola! ¡Qué lindo tu perrito...!
Ella me miró, y yo con un gesto muy femenino, le pregunté, "¿Dónde compraste esa bikini tan bonita? ¿Te la dieron en la televisión?"
Ella sonrió, convencida de que era un chico gay que solo quería conversar con ella.
-No, las diseño yo...
-¡Ay, qué bonita! ¿Y tu perrito? ¿Hace cuánto lo tienes? Princess tiene 2 meses.
-Rocco casi cumple un año, todavía es un cachorro...
-¿Te importa si juegan un rato?
-No, adelante, ¡les encanta!
Los perritos empezaron a saltar y jugar juntos, realmente se divertían, mientras tanto, yo charlaba de tonterías en mi papel de amigo gay, y ella parecía cómoda y contenta.
Inventé que acababa de salir de una relación, que mi pareja me había dejado, que estaba intentando recuperarme... bla bla bla.
Ella fue muy amable, me escuchaba, se solidarizaba, me daba consejos, nada que ver con esa mujer altanera y distante que mostraba en público.
Casi sentía lástima por lo que le esperaba. Pero de repente, miraba de reojo sus pechos y su trasero espectacular, su abdomen tonificado y liso, y cualquier atisbo de remordimiento se desvanecía.
Pasaron los días, nos hicimos amigos, la invité a cenar a mi casa, vino por supuesto con su perrito, tomamos un par de vinos riendo, yo le contaba mis desventuras con mi supuesto novio y ella no paraba de reír, un poco por lo que le decía pero sobre todo por el alcohol.
Le pregunté cómo iba con su pareja y su respuesta me dejó impactado.
- El hijo del presidente es un idiota, y en la cama es pésimo, nunca termina, se cree un experto y no sabe cómo proceder, finjo los orgasmos para quitármelo de encima, es un tonto, pero esa relación me sirve mucho, somos la pareja que está en todos los medios cada día, y en mi carrera eso es crucial, yo hago de la novia perfecta, y él se lo cree.
- ¿Y entonces? ¿Con quién disfrutas de verdad? le pregunté.
Ella se rió, ya estaba algo ebria...
-Te lo diré pero nunca debe saberlo nadie.
-¡Lo prometo, por supuesto!
-Con el socorrista de la piscina.
Él sí que sabe cómo hacerlo en serio, es un macho increíble, me hace de todo, no sabes cuánto me gusta practicarle sexo oral, que termine en mi boca y limpiarle totalmente con mi lengua, hasta la última gota de semen.
Luego, me pongo a cuatro patas, y le ofrezco mi zona íntima, sé que eso lo vuelve loco, abro mis glúteos con las manos para que vea bien, él introduce de golpe su gran miembro, me vuelve loca cuando termina dentro de mí, me masturbo y llego al clímax junto a él, él es mi verdadero macho.
Estaba ardiente, pero debía disimularlo. Pensé seriamente en desnudarla en ese instante, pero tenía que controlarme, mi plan seguía según lo planeado, aunque desconocía cómo terminaría.
-¿Y la parte trasera? le pregunté, ¿se la entregas?
-¡Nunca! Soy virgen en esa zona, no me animo, soy muy sensible, tengo miedo de que me duela demasiado.
-Claro, respondí, mientras sentía mi pene erecto y debía disimularlo bajo la mesa.
Finalmente, un día llegó la oportunidad que esperaba.
-Te tengo que pedir un gran favor -me dijo:
Mañana tengo todo el día grabación en la televisión, el paseador de Rocco está enfermo, ¿tú serías?
¿Sería posible que cuide un rato de mi perrito Rocco en tu casa mientras tanto? Te dejo la llave debajo de la alfombra en la entrada.
-Por supuesto, respondí, para eso están los amigos...
Esa noche apenas pude conciliar el sueño de la emoción.
Todo estaba preparado.
A la hora acordada, preparé lo necesario en una mochila y me dirigí a su apartamento.
Una vez adentro, con calma y tiempo a mi favor, instalé varias cámaras espías prácticamente invisibles y las conecté a mi celular y computadora.
Coloqué dos cámaras en la habitación, una en el baño, una en el comedor y otra en la cocina. La casa entera estaba bajo vigilancia.
Luego saqué a pasear brevemente a Rocco y esperé pacientemente a que mi objetivo llegara a su hogar.
Al llegar por la noche, ella pasó por mi casa, donde aún estaba su perrito...
Me saludó con un beso y un abrazo, lo cual me puso la piel de gallina.
-Gracias por cuidarlo, estoy agotada, me voy a dormir -dijo.
En cuanto se marchó, encendí mi computadora, ansioso y excitado.
Vi cómo entraba a su hogar, cerraba la puerta y se dirigía al baño para desvestirse.
La excitación era incontrolable; el morbo de observarla era increíble, hacía años que no me sentía tan emocionado como en la adolescencia.
Tras ducharse, salió envuelta en una toalla y se dirigió a la habitación.
Se quitó la toalla y se acostó desnuda en la cama, abriendo sus piernas y comenzando a acariciarse.
Sus caricias eran suaves, recorriendo su cuerpo de arriba abajo antes de llegar a su entrepierna, donde se estimulaba con tres dedos. Sus movimientos circulares sobre el clítoris la excitaban cada vez más, gemía suavemente y su respiración se aceleraba. Luego, abriendo el cajón de la mesita de noche, sacó un vibrador de gran tamaño. No podía creer lo que veía, y todo quedaba registrado en mi computadora.
Poco a poco fue introduciendo el juguete en su interior, con una expresión angelical disfrutando de un consolador de dimensiones colosales. Cuando finalmente llegó al clímax, yo también lo hice mientras me tocaba. Era difícil asimilar lo que estaba presenciando.
Después de apagar la luz, ella se acostó para dormir.
Al día siguiente, la vi en la televisión junto a su "novio" en un evento social. A pesar de tenerla literalmente en mis manos, sabía que para que mi plan fuera perfecto, necesitaba algo más y estaba dispuesto a conseguirlo.
Un par de días después, en la piscina al atardecer, noté unas miradas cómplices entre ella y Hernán, el afortunado socorrista.
Comprendí lo que estaba a punto de suceder.
Corrí a mi departamento y encendí la computadora rápidamente.
Ella llegó pronto, se duchó rápidamente, se perfumó, y se vistió con un disfraz de colegiala sexy.
Llevaba una falda muy corta que apenas cubría su perfecto trasero, una camisa blanca transparente y sus impresionantes pechos sin sujetador.
Cuando Hernán llegó y la vio, literalmente se abalanzó sobre ella.
La tomó del cabello, la hizo arrodillarse, ella obediente, bajó su traje de baño y tomó con sus manos el miembro erecto de su macho, listo para ella.
Con ojos azules hermosos, abrió la boca, sacó la lengua y comenzó a acariciar y lamer el pene que tanto disfrutaba, incluso besando y chupando los testículos mientras lo masturbaba con una mano.
Él la levantó, la puso en cuatro, y comenzó a penetrarla lentamente por su vagina empapada.
Después de un rato, le ordenó:
-¡Ahora, abre tu trasero!
Y ella lo hizo con placer.
Abrió sus nalgas y mostró su increíble ano. Comenzó a estimular su trasero con la lengua, mientras ella se retorcía de placer y se masturbaba.
Luego, él volvió a penetrarla por la vagina y la embestía a cuatro patas. Cuando ya no pudo resistir más, ella se dio la vuelta y recibió su semen en su hermoso rostro.
Finalmente, tenía todo lo necesario para convertirla en mi sumisa. Reproducía una y otra vez los videos, sorprendido por lo atrevida que era, deleitándome en la idea de tenerla bajo mi control y hacer con ella lo que quisiera.
No esperé mucho y al día siguiente la cité en mi departamento bajo la excusa de la mascota. Ella estaba en la piscina y subió casi desnuda. Al entrar, cerré la puerta con llave y la observé detenidamente, sin ocultar mi deseo por poseerla.
“¿Por qué me miras así? Te ves extraño”, me dijo.
Mi respuesta fue una risa burlona.
Cuando le hablé, su voz y su tono afeminado habían desaparecido por completo.
“Ven, Su, te mostraré algo que querrás ver…”
La hice sentar frente al televisor y puse el video de 2 minutos que había editado, donde se mostraba con un enorme consolador, practicando sexo oral con Hernán, gemiendo mientras era penetrada, y abriendo su ano para ser estimulada... Su rostro reflejaba desesperación a medida que veía las imágenes.
Su respiración se aceleró, el miedo se apoderó de ella y entre sollozos me preguntó:
“¿De dónde sacaste eso? Por favor, ¿qué quieres de mí?”
En ese momento supe que la mujer más fuerte y deseada de Argentina se hallaba a mi merced.
“No importa cómo lo conseguí, lo relevante es que lo poseo y podría difundirlo en todas las redes. ¿Imaginas la fortuna que me pagarían en los programas de cotilleo de todo el mundo por un video así? Ya veo los titulares: 'Escándalo mundial: la novia del presidente engaña al salvavidas'…”
“Por favor, no lo hagas”, suplicaba entre lágrimas, “sería el fin de mi carrera, por favor, haré lo que quieras pero te ruego que no compartas ese video”.
“¿Sabes qué? Te lo mereces, por tu actitud despectiva, por maltratar a las personas, por mirar con desdén a los hombres que simplemente quieren saludarte…”
Ella lloraba desconsoladamente, rogando por compasión.
Me excitaba enormemente el control que ejercía sobre esa mujer tan imponente.
Este era mi momento.
“¡Ya basta de lloriqueos!”, le ordené. “Vamos a ver cómo te comportas conmigo y luego decidiré qué hacer”.
Comprendió de inmediato y se dio cuenta de que no tenía escapatoria.
Coloqué tres cámaras apuntando a la cama y le dije:
“Ahora harás todo lo que te ordene. Cualquier negativa y ese video será público, ¿entendido?”
“Sí”, respondió con voz temblorosa. “Haré todo lo que desees”.
“Primero que nada, desnúdate, ven junto a mí gateando y bésame la parte posterior de las piernas, luego tendrás que estimular mi ano con tu boca, ¿entendido?”
Nunca me había interesado que las mujeres jugaran con mi trasero, pero quería someterla, obligarla a realizar todo tipo de actos antes de poseerla.
Sumisa, movió su lengua en círculos alrededor de mi ano, mi pene estaba muy erecto y, cuando ya no pude aguantar más, le dije:
“Ponte a cuatro patas, ¡te voy a penetrar ese codiciado trasero, el más deseado del país!”
“No, por favor, no por el culo, nunca lo he hecho, ¡te lo ruego, no lo hagas!”
Simplemente la miré y ella comprendió.
Resignada y con lágrimas en los ojos, se preparó para recibirme.
Me acerqué por detrás, coloqué mis manos en esas preciosas nalgas por primera vez, posicioné mi pene (el cual, por cierto, es bastante largo y grueso), y con un único y fuerte impulso, penetré ese culo virgen y perfecto.
“¡Ay, sácala, me duele!” gritaba mientras lloraba.
Yo estaba en
Plenitud absoluta.
Contemplaba ese trasero precioso y mi miembro penetrándola y retirándose, observando un pequeño rastro de sangre escapando de su trasero ensangrentado.
La sacudí sin misericordia.
Por unos 15 minutos, me moví rápido y con fuerza, ella solamente gemía de dolor y sollozaba, hasta que no pude más, llené su trasero con mi semen. Concluí con un grito feroz, disfrutando de cada espasmo, apretando sus senos con las manos, atrayéndola hacia mi miembro con ellos.
Al soltarla finalmente, se derrumbó en la cama. De su trasero fluyó mi semen, con un tono blanquecino y marrón, sabiendo que era semen mezclado con sangre.
- me duele, me arde, me duele! Lloraba con la cara en la almohada.
Tomé una cámara de mano, le hice un primer plano a su trasero desgarrado y a su rostro.
Y le advertí:
-Prepárate, mi amor, tengo tu vida y tu futuro en mis manos, seguirás con tu vida, pero serás mi amante cada vez que yo lo desee, para mí y para entregarte a quien decida, ¿estamos de acuerdo?
-Sí, respondió con una voz débil.
Le di una palmada en las nalgas, dejándolas enrojecidas.
-A partir de ahora, cuando te dirijas a mí, me llamarás dueño o amo, ¿entendido?
-Sí, mi amo.
-Vístete y ve a que te revisen ese trasero, tal vez necesites algunos puntos de sutura.
Ella se fue llorando suavemente, tomando conciencia de que, a partir de ese momento, su vida, su cuerpo y su trasero me pertenecían.
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