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Situación inesperada en el Metrobús de CDMX


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Estoy a punto de relatar una vivencia que experimenté hace unos tres meses en el Metrobús de la Ciudad de México.

Después de concluir mi jornada laboral, me preparaba para regresar a casa y descansar, cuando algo inusual ocurrió alrededor de las 8 de la noche. Como era habitual en un martes cualquiera, el Metrobús con destino a Tepalcates estaba abarrotado, por lo que no importaba cuántos autobuses pasaran, la cantidad de personas seguía siendo la misma. Así que me disponía a esperar un espacio en la última puerta, abordando en la estación de Amores.

Para contextualizar un poco, les cuento que tengo estatura promedio, soy delgado, con barba recortada y unas piernas y glúteos bien tonificados gracias al fútbol que practiqué en mi juventud. Volviendo al suceso, estaba a punto de abordar el siguiente autobús cuando uno que iba en dirección opuesta se detuvo detrás de mí, permitiendo que varios pasajeros descendieran, justo en el momento en que llegaba el bus que me llevaría a casa.

De reojo observé a las personas que bajaban del autobús de atrás, y noté que se dirigían al mismo bus al que yo estaba a punto de subir, entre ellos, una mujer de aproximadamente 28 a 30 años. Esta dama llevaba puestos unos pantalones ajustados negros y una camiseta blanca, tenía una complexión robusta y era un poco bajita. A simple vista, sus pechos no eran grandes pero tampoco pequeños, sin embargo, al pasar junto a mí, pude apreciar un trasero voluptuoso y llamativo. Esto provocó una leve reacción en mi entrepierna, aunque con tanta gente alrededor y al subir al autobús, era probable que ni siquiera coincidiéramos al entrar.

Al abrirse las puertas del Metrobús, dos pasajeros descendieron antes de que pudiéramos abordar. Logré entrar primero, seguido por la dama con el llamativo trasero. Una vez dentro del autobús, me coloqué en el pasamanos del fondo, con solo una persona delante de mí mirando por la ventana. Decidí girar 180 grados para ver lo que sucedía al abrir y cerrar las puertas, justo en ese momento la dama se acercaba a mí y ocupaba el último hueco junto al pasamanos, repitiendo el giro que acababa de hacer segundos atrás.

La distancia entre el voluptuoso trasero de la dama y mi entrepierna que empezaba a despertar era mínima, aunque no lo suficiente para un contacto directo. Mientras el autobús avanzaba, pensaba lo excitante que sería un roce accidental, pero no me atrevía a provocarlo. Sin embargo, el movimiento del autobús lo hizo por mí al detenerse bruscamente, empujando a la mujer hacia atrás y generando un primer contacto. Sentir cómo su glúteo izquierdo chocaba con mi entrepierna me provocó una rápida erección. Cabe mencionar que debo resaltar que mi miembro, que alcanza los 18cm de longitud erecto y con un notable grosor, es imposible de disimular cuando está en esa condición. La erección eliminó por completo el espacio entre nosotros, sintiendo cómo mi pene rozaba su ajustado pantalón negro.

Me sentía avergonzado por el contacto involuntario, pero al mismo tiempo experimentaba una creciente excitación y el deseo de seguir sintiendo la tela de su prenda contra la mía, imaginando lo que se encontraba debajo.

De entre ellas. Sin embargo, desconocía si era algo que ella ya había notado y tácitamente aceptaba el acercamiento, o todo lo contrario, por lo que decidí investigarlo, justo cuando llegábamos a la siguiente parada. Aproveché el momento para dar un sutil paso adelante cuando subían nuevos pasajeros, posicionándome mejor en el centro de sus glúteos. Además, recibí un pequeño empujón de los recién llegados que ayudó a que ella se acercara aún más a mí.

El autobús volvió a ponerse en marcha, lo que provocó un movimiento de vaivén entre los dos, iniciando un sube y baja que me llevaba al éxtasis, no podía creer la forma en que ese magnífico trasero estimulaba mi miembro. Antes de llegar a la próxima parada, sentí que se separaba de mí, pensé que era el fin de esa increíble aventura y un atisbo de temor me invadió al imaginar que me miraría con desdén y que todo terminaría ahí. Sin embargo, me llevé una gran sorpresa cuando solo se separó para colocar uno de sus brazos hacia atrás, dirigiendo su mano izquierda hacia mi entrepierna y acariciar en tres ocasiones lo que se escondía detrás de ella.

Tras el tercer roce, retiró su brazo y sacó su celular. Comencé a dudar si estaba respondiendo a un mensaje en WhatsApp, pero me sorprendió al levantarlo y acercármelo, era una nota que decía lo siguiente:

- Tienes una erección muy generosa, sigue moviéndote en el centro.

Decidí seguir las indicaciones del mensaje, presioné con más fuerza mi miembro contra su trasero y aumenté la velocidad del movimiento arriba y abajo. Así, pasamos dos estaciones más.

En la siguiente parada, escribió un nuevo mensaje y me lo mostró al instante:

- Si deseas, puedes acariciar mi glúteo, apretarlo mientras sigo sintiendo tu excitante pene.

Cuando uno se encuentra en un alto nivel de excitación y le escriben palabras sugerentes, el lenguaje subido de tono desaparece para aumentar el deseo del momento. Continué siguiendo las indicaciones, llevé mi mano derecha a su glúteo derecho y lo apreté varias veces con fuerza, favoreciendo así mi avance al llevar la mano hacia su intimidad. Para mi sorpresa, descubrí que sus leggings estaban totalmente empapados.

Sin perder la oportunidad, comencé a deslizar mi dedo medio por la zona más húmeda de la prenda, provocando que emitiera un suave gemido. Ese sonido nos deleitó y nos dimos cuenta de que pasó desapercibido entre el ruido del autobús, la calle y la gente a nuestro alrededor. Escribió un nuevo mensaje:

- Sigue así, quiero alcanzar el clímax con tu ayuda y seguir disfrutando de tu deliciosa excitación, deseo mucho hacerte sexo oral en este preciso momento.

No pasó ni un minuto desde que experimentó su primer orgasmo, eyaculando abundantemente y manchando mi pantalón de trabajo, hasta la rodilla. Sin embargo, no quise privarla de la misma intensidad de placer que yo había sentido, así que me enfoqué en hacerla llegar al clímax también. Continué moviendo mi dedo medio e incorporé otro para aumentar la velocidad, al mismo tiempo que incrementaba el ritmo. Aunque ella intentaba contenerse, algunos gemidos leves escaparon, producto de su excitación. Finalmente, noté cómo cerraba sus muslos, apretando mi mano y experimentando un par de convulsiones, arqueándose ligeramente hacia adelante, señal de que había alcanzado el ansiado orgasmo.

Después de un breve momento, me escribió un nuevo mensaje:

- Me hiciste llegar de manera deliciosa, ¿nos vemos mañana en la misma estación y a la misma hora?

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Me acerqué a su oído y le respondí en voz baja, por supuesto, nos encontraremos mañana. Este encuentro se repitió durante dos semanas más, y en la última ocasión me informó que le devolverían su automóvil al día siguiente y ya no tomaría el autobús, pero me instó a estar atento a un nuevo encuentro.

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