Una tarde sofocante y pesada transcurrÃa en el centro de entrenamiento, Juan Cruz se encontraba dedicado a fortalecer sus brazos y piernas, combinando el levantamiento de pesas con ejercicios aeróbicos como saltar la cuerda. Esta rutina la repetÃa tres veces por semana con esmero y disciplina, lo que le habÃa permitido esculpir un cuerpo marcado y tonificado. En ese momento, Lucy, una de las chicas que también acudÃa a entrenar en esos dÃas, se acercó a Juan Cruz para hablarle sobre su nuevo proyecto de venta de indumentaria deportiva unisex.
Desde hace tiempo, Lucy habÃa estado observando a Juan Cruz mientras entrenaba, admirando su dedicación y atención a cada detalle de sus movimientos. A pesar de esto, Lucy siempre se habÃa mantenido en un segundo plano, teniendo solo breves interacciones con Juan Cruz, ya sea para compartir un equipo de entrenamiento o para pedir consejos sobre alguna técnica en particular. Para Lucy, era evidente el buen criterio de Juan Cruz a la hora de elegir la vestimenta adecuada para el ejercicio, tanto en diseño como en combinación de colores.
-Hola, ¿cómo estás? -saludó Lucy.
-Muy bien, ¿y tú? -respondió Juan Cruz.
-También bien. QuerÃa contarte que desde hace un par de semanas me dedico a vender ropa deportiva para hombres y mujeres.
-¡Ah, qué interesante! ¿Y qué tipo de prendas tienes? -preguntó Juan Cruz con curiosidad.
-Variedad. Sudaderas, chaquetas, camisetas de algodón, shorts, calcetines e incluso suspensorios y bóxers. -enumeró Lucy.
A Juan Cruz le fascinaba la ropa deportiva y contaba con un amplio surtido de prendas para sus entrenamientos. Su breve incursión en el Kick boxing le habÃa llevado a adquirir shorts y mallas especÃficas para dicho deporte. TenÃa debilidad por las camisetas negras con diseños en tonos naranjas o verdes, ya fuesen de lycra o algodón.
-Qué interesante, -comentó Juan Cruz, mostrando interés en las propuestas de Lucy.
-Puedo traerte un catálogo, -propuso Lucy, -o si prefieres, después del entrenamiento puedes pasar por mi casa y ver directamente el stock.
-¡SerÃa genial! -respondió entusiasmado Juan Cruz-. ¿Tienes tallas para mÃ, verdad?
-SÃ, por supuesto. Tienes medidas bastante estándar, tanto en altura como en complexión. -confirmó Lucy.
-Perfecto -asintió Juan Cruz.
Tras completar algunos ejercicios más, Juan Cruz y Lucy abandonaron juntos el centro de entrenamiento. El joven decidió acompañar a Lucy para ver directamente las prendas que podrÃa adquirir.
El apartamento de Lucy se encontraba a escasas cinco manzanas del gimnasio, por lo que en pocos minutos llegaron a destino.
-Aquà está mi hogar -anunció Lucy-. Llevo viviendo aquà un año, vine desde el pueblo para estudiar y alquilé inicialmente con una amiga, Carla. Sin embargo, luego Carla se mudó con su pareja y me quedé sola, asà que decidà emprender este proyecto para ayudarme con los gastos. Por suerte, ha tenido buena acogida, logré vender bastante a mis compañeros de trabajo. -indicó Lucy.
-Me alegro de que te esté yendo bien -expresó Juan Cruz, un tanto nervioso ante el hecho de encontrarse a solas con Lucy en su apartamento.
-¿Quieres tomar algo de jugo? -ofreció Lucy-. Después de entrenar es importante rehidratarse. Yo tampoco he bebido mucha agua hoy.
Lucy fue a la cocina y regresó con un vaso de jugo. Juan Cruz agradeció y se sentó en el sofá, mientras tanto, Lucy buscaba en paquetes organizados las prendas que tenÃa para la venta.
-Mira, aquà tengo camisetas de lycra, son de muy buena calidad y un poco más económicas que las de algodón, pero estas últimas son excelentes para absorber el sudor.
-También dispongo de estos shorts, ¿te gustarÃa probar algunos? -invitó Lucy.
-¡Por supuesto! -respondió emocionado Juan Cruz-. ¿Dónde puedo probármelos?
-En la habitación, -contes
Me dispongo a medir estos dos pantalones cortos y estas dos camisetas.
Juan Cruz ingresó al cuarto, el cual era pequeño y tenÃa una cama de dos plazas. Estaba bien organizado y limpio, con un espejo grande en la pared que reflejaba su imagen completa, ideal para probarse la ropa.
Acto seguido, se quitó la camiseta que traÃa puesta y se probó las que habÃa seleccionado. Una de ellas, de color negro con detalles naranjas, le gustó mucho y le quedaba perfectamente en cuanto al tamaño.
"Déjame esta," expresó Juan Cruz. "Te queda perfecta", le comentó Lucy, quien observaba detenidamente, sentada en la cama, mientras el joven atleta se probaba las camisetas.
Lucy empezaba a sentir un poco de emoción ante la situación, ya que no tenÃa mucha confianza con Juan Cruz pero se sentÃa cómoda, aunque algo nerviosa, dibujando una sutil sonrisa de complicidad en sus labios.
"Si quieres, prueba también los pantalones cortos," sugirió Lucy, a lo que Juan Cruz asintió, ya que era conveniente estar seguro de que la ropa le quedaba bien antes de decidir la compra.
Algo tÃmido pero seguro, Juan Cruz se quitó el buzo deportivo que llevaba y se quedó en calzoncillos, luciendo unos ajustados blancos de Calvin Klein que resaltaban su anatomÃa. Lucy, sin dejar de sonreÃr y con cierta timidez, comenzó a sentir fascinación por el cuerpo de Juan Cruz. Verlo ahora solo con los ajustados calzoncillos mientras se probaba unos pantalones cortos, la hizo experimentar cierta excitación en la situación. Ella permanecÃa sentada en la cama a un metro de distancia de Juan Cruz, lo que le permitÃa observar con detalle todo lo que el joven realizaba.
Finalmente, Juan Cruz optó por unos pantalones cortos negros de la marca Adidas, siendo uno de los más costosos, pero decidió por su calidad y acabado.
"Bueno, genial, entonces llevaré la camiseta negra y naranja y los pantalones cortos de Adidas. Se sienten bien y son cómodos para entrenar," mencionó Juan Cruz.
"Perfecto," le dijo Lucy. "Por si te interesa, también dispongo de ropa interior masculina como boxers y slips de Calvin Klein, noté que te gusta esa marca."
"Ah, ¿sÃ? IncreÃble," respondió Juan Cruz. "SÃ, son un poco caros, pero siempre me han gustado los de Calvin Klein. ¿Tienes alguna talla para mÃ?" "Claro que sÃ," confirmó Lucy, y fue a buscar algunos de los que todavÃa tenÃa en stock.
"Tengo en color negro y blanco. ¿Prefieres los slips o los boxers?" preguntó Lucy. "Los boxers," respondió Juan Cruz.
"Entendido, aquà tienes estos, si deseas puedes probártelos," sugirió Lucy. "Están perfectos," respondió Juan Cruz. "Déjame los dos."
"¿Prefieres que me retire?" preguntó Lucy con una sonrisa pÃcara. "No hay problema," contestó Juan Cruz.
"Entonces me quedaré aquà para ver si te van bien."
"Perfecto," dijo Juan Cruz, comenzando a sentir algo de emoción por la situación.
Lucy se sentó nuevamente en la cama, con un ángulo perfecto para observar detenidamente cada movimiento de su amigo. Juan Cruz se quitó el calzoncillo que llevaba y quedó completamente desnudo ante la mirada fascinada de Lucy. La joven no habÃa imaginado encontrarse en esta situación, pero se estaba desarrollando con naturalidad y confianza, ahora disfrutaba contemplando el hermoso cuerpo de Juan Cruz. El joven poseÃa una buena dotación, con un pene de aproximadamente 18 cm que pendÃa ante los ojos de Lucy, quien también apreciaba los grandes testÃculos de Juan Cruz, colgando en una bolsa tersa y suave casi sin vello.
Juan Cruz, sin demostrar expresión alguna, se probó el calzoncillo, primero el blanco, notando que le quedaba bien pero lo sentÃa un poco ajustado.
"Creo que necesito una talla menos, este me comprime un poco, especialmente siento que me ajusta mucho los testÃculos," mencionó.
"Entiendo," dijo Lucy. "Voy a traerte uno con una talla más."
"Perfecto," respondió Juan Cruz, mientras se quitaba el calzoncillo blanco, quedando nuevamente desnudo ante los ojos de Lucy, quien, un tanto excitada, buscaba en la bolsa.
Juan Cruz desnudo a su lado
Le explicaba que siempre debÃa ajustarse los testÃculos y el pene para evitar que le causen demasiada presión. Incluso, cuando practicaba Kick boxing, utilizaba suspensorios para protegerlos de posibles golpes.
-Entiendo, claro -respondió Lucy, un poco sonrojada por la situación. Se nota que son grandes y es necesario cuidarlos para evitar lesiones.
Lucy trajo dos nuevas unidades de calzoncillos, Juan Cruz se los probó, ajustando sus testÃculos de manera que no le molestaran. Ahora sÃ, dijo, ahora me siento cómodo.
-Estupendo -replicó Lucy-, me gusta cómo te quedan.
También me gustarÃa probar algún slip, por qué no. Acto seguido, Juan Cruz se desnudó nuevamente y se dio vueltas frente al espejo, permitiendo que Lucy admirara la atractiva figura de Juan Cruz, especialmente cuando se inclinó, momento en el cual Lucy pudo apreciar desde atrás la prominencia de sus grandes testÃculos. La joven se encontraba excitada y contenta, disfrutando de poder contemplar toda la virilidad de Juan Cruz sin ningún inconveniente.
Finalmente, fue un dÃa excepcional para Lucy, logró vender tres prendas y, además, pudo admirar al joven que tanto le atraÃa en el gimnasio, completamente desnudo. Las imágenes de Juan Cruz sin ropa, de sus bellos genitales, quedarÃan grabadas en la mente de Lucy por mucho tiempo.
Fin
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