Saludos, otra vez soy Andrea y les contaré otra de mis vivencias en el exhibicionismo. Después de mi primera vez, donde estuve a punto de ser descubierta, decidí aumentar la intensidad para sentir más adrenalina y excitación. Repetí la experiencia unas cuantas veces y, aunque fue emocionante, ya no era lo mismo que la primera vez. Me había vuelto adicta a esas sensaciones tan estimulantes y buscaba constantemente nuevas formas de satisfacerme, así que decidí arriesgarme un poco más. Opté por desnudarme fuera de casa en lugar de hacerlo antes de salir, lo cual elevaba la emoción al dejar prendas de ropa por el camino. Sin embargo, desconocía las consecuencias que tendría esa noche.
La noche era despejada, las 2 de la madrugada y todo estaba iluminado. Aunque dudé por un momento, al haber salido desnuda en varias ocasiones anteriores, esas dudas desaparecieron rápidamente. Opté por llevar ropa fácil de quitar y que pasara desapercibida en caso de emergencia. Así que me puse una sudadera azul oscuro y unos pantalones anchos negros, sin sujetador ni bragas, como cualquier domingo en casa.
Salí despacio, dejando la puerta entreabierta por si tenía que regresar rápidamente, como era mi costumbre. Cada paso me inundaba de excitación. A medida que avanzaba, sentía cómo mis jugos se deslizaban por mis piernas, mostrando mi creciente deseo. Llegué entre las dos casas más cercanas a la mía, situadas una frente a la otra, y ahí decidí bajar lentamente los pantalones. Cada movimiento hacía que mi entrepierna se mojara aún más.
Al quitármelos, acaricié mi sexo con los dedos. Estaba tan húmedo y dilatado que no pude resistir la tentación de tocarme en ese lugar. Cada caricia me hacía estremecer, por lo que decidí arrodillarme para ofrecer mejor acceso a mis dedos. Aunque la noche estaba luminosa y cualquiera podría haberme visto desde una ventana, mi deseo de placer era más fuerte. Intentaba contener mis gemidos, pero era complicado, pues la excitación era abrumadora.
De repente, escuché ruidos provenientes de la casa principal, donde vivían los propietarios del terreno. La puerta se abrió y vi salir al hijo de los dueños, quien se dirigía hacia su auto. Para evitar ser descubierta, me incorporé rápidamente y retrocedí para ocultarme de su vista. En medio de ese movimiento, noté que había dejado los pantalones a la vista. Por suerte, el hijo pasó cerca sin percatarse de ellos. Sin embargo, antes de que pudiera regresar a recogerlos, vi acercarse velozmente a Kuno, el perro pastor alemán de la familia, oliendo todo a su alrededor.
Mientras paseaba, al acercarse a mi pantalón, el canino se detuvo para olfatearlo, el individuo fue por el perro, avistó mi pantalón, lo tomó y se lo llevó.
Al desaparecer de mi campo visual, toda la emoción que experimentaba se convirtió en temor y nerviosismo. Avancé rápidamente para llegar entre las dos puertas. Me asomé por la esquina y noté que la casa grande estaba nuevamente apagada. Rápidamente miré hacia el otro lado y divisé al hombre llevando mi pantalón hacia una pequeña área designada para secar la ropa de todos los inquilinos. Lo vi colgarlo en una cuerda y suspiré aliviada. Después de que el hombre se alejara del lugar, noté que mi excitación se había disipado un poco. Decidí comprobar mi excitación tocando mi entrepierna y aún estaba muy húmeda. Me toqué un poco mientras vigilaba a mi alrededor, por si había alguien más. Mientras lo hacía, empecé a recordar la situación de hace un momento, cuando mi trasero estaba al descubierto, lo cual me obligó a reaccionar velozmente para evitar ser descubierta por mi pantalón.
Esto volvió a encender mi deseo y mientras me tocaba, mi excitación aumentó. Estaba más ardiente que antes, así que decidí arriesgarme un poco más y, en mi calentura, me quité la sudadera en ese lugar. Esta vez la dejé más oculta. Ahora me encontraba completamente desnuda, sintiendo el viento acariciar mis pezones erectos. Ansiaba alcanzar mi pantalón, el cual se encontraba en la zona de secado de ropa al aire libre entre las viviendas, para que recibiera suficiente luz solar durante el día y se secara completamente esa noche.
Avancé lentamente hacia el lugar y cuando estaba a punto de llegar, me di cuenta de que era visible desde cualquier dirección. Me puse a gatas y empecé a reptar, moviendo mi trasero de un lado a otro como si fuera una mujer muy sensual. Mis rodillas comenzaron a doler un poco, pero mi excitación era tal que no me importaba. Me imaginaba cómo me verían en esa posición, totalmente desnuda, avanzando como una perra. Llegué al lugar y justo cuando iba a tomar mi pantalón, un pensamiento cruzó mi mente: "¿por qué no quitármelo de nuevo?" Miré hacia la entrada del terreno, que estaba protegida por una gran reja que daba a la calle, y eso completó mi idea. Decidí dirigirme gateando hacia la entrada del terreno como si fuera una mujer muy provocativa, ponerme en medio, levantar mi trasero hacia la calle y alcanzar un orgasmo inolvidable.
Estaba tan excitada que ya no me importaba nada más. Solo deseaba experimentar un orgasmo intenso, y esa noche era la más excitada que me había sentido desde que comencé mis paseos nocturnos. Avancé a gatas hacia la reja, moviendo más provocativamente mi trasero como si estuviera realizando un ritual de apareamiento y quisiera ser penetrada intensamente. Encontré un lugar donde sentirme cómoda y empecé a introducir mis dedos en mi entrepierna. Estaba muy lubricada, lo cual facilitó que mis dedos se deslizaran suavemente en mi vagina. Elevé mi trasero lo más que pude y lo abrí para disfrutar aún más. Mientras me tocaba, pegué mi rostro al suelo y con la otra mano estimulaba mis senos, apretando con fuerza mis pezones mientras intentaba contener mis gemidos de placer.
Permanecí allí durante unos tres minutos, tocándome intensamente, hasta que escuché a unas personas conversando mientras se acercaban desde la calle. No quería detenerme, así que me moví rápidamente para que la sombra de una de las casas cubriera mi cabeza y mi espalda, dejando al descubierto únicamente mi trasero y mi entrepierna. Mientras pasaban, seguía estimulándome vigorosamente y noté que de repente se callaron. Al avanzar unos metros más allá de la reja, escuché risitas suaves, confirmando que sí habían visto mi trasero totalmente expuesto recibiendo placer de mis dedos. La sensación de ser vista fue lo que me llevó a experimentar el orgasmo más intenso de mi vida. Mis piernas dejaron de responder tras el clímax y caí al suelo, temblando con espasmos en mi cuerpo.
Explorando la satisfacción.
Permanecí alrededor de un minuto tumbada en el suelo mostrando mi cola a la calle, varios autos pasaron, aunque desconozco si me divisaron, con la emoción residual de mi clímax aún recorriendo mi cuerpo recuperé un poco las energías de mis piernas y me dirigí hacia mi pantalón. En esta ocasión, no podía regresar gateando en cuatro patas porque mis piernas estaban débiles, así que me puse de pie agachada, sintiendo la caricia del viento en mi torso desnudo, notando mis pezones aún erectos. Rápidamente tomé mi pantalón y luego mi sudadera. Decidí no ponérmelas de inmediato, ya que deseaba sentirme libre en aquel momento, convencida de que nada podía afectarme ni inquietarme.
Al llegar a casa y cerrar la puerta, me senté apoyándome en esta. Deposité mi ropa a un lado, introduje mis dedos de nuevo en mi intimidad, que aún se encontraba muy húmeda. Comencé a rememorar lo vivido y empecé a acariciarme nuevamente. En este instante, ya no necesitaba reprimir mis gemidos, así que me toqué con total libertad, presionando mis pezones y penetrándome con tres dedos en mi intimidad. Resultaba sumamente placentero, pero ansiaba sentirme colmada, busqué algo para introducirme y visualicé un envase vacío de crema de manos que estaba a punto de desechar, pero siempre lo olvidaba. Lo tomé velozmente y me penetré con él, sintiéndome completamente satisfecha al lograr otro orgasmo intenso. Luego, no quedó más remedio que darme una ducha para eliminar la suciedad y la hierba de mi cuerpo, durante el baño me acaricié nuevamente, recordando todos mis paseos nocturnos.
De esta manera culminó esta experiencia de mi exhibicionismo, la cual ha sido una de las más gratificantes que he experimentado. Por supuesto, no será la última vivencia que me depare el destino. Les envío un beso a todos y espero que disfruten de esta segunda parte de mis relatos personales.
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