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Juego de cartas con mi madre


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Hacía mucho tiempo que no mantenía relaciones sexuales desde que me mudé a vivir con mi madre. Había estado viviendo con mi novia por un tiempo, por lo que el sexo era algo común en nuestra rutina. Sin embargo, debido a problemas entre nosotros, decidimos separarnos y afortunadamente mi madre me abrió las puertas de su casa para que viviera allí todo el tiempo que necesitara.

Mi madre, a pesar de sus 45 años, es una mujer muy atractiva y se mantiene en excelente forma física gracias a sus clases en el gimnasio. Tienes unos pechos grandes y redondos, un trasero envidiable y en general, es una mujer hermosa y deseable. Incluso yo desearía tener a una mujer como ella en mi cama...

Un fin de semana, sin planes ni lugares a donde ir, le propuse a mi madre pedir pizza y algunas bebidas para cenar en casa y así evitar que ella tuviera que cocinar. Aceptó mi propuesta.

Era viernes por la noche y ya habíamos recibido las pizzas y unas cuantas cervezas para pasar un buen rato juntos. La idea inicial era ver una película, pero lamentablemente no encontramos ninguna que nos interesara, la programación era pobre.

Mientras comíamos pizza y bebíamos las cervezas que habíamos comprado, comencé a sentirme mareado al igual que mi madre. Parecía que las cervezas nos estaban afectando a ambos.

Recordé que tenía un mazo de cartas de póker guardado, así que le propuse a mi madre jugar. Al principio propuse jugar por dinero, pero ella se negó. Entonces, sugeri jugar al Póker Desvestido.

-¿Qué es el Póker Desvestido, Daniel?

-Es similar al póker tradicional, pero en vez de ganar dinero, se trata de ir quitando prendas...-

-¡Qué locura! Yo no voy a quitarme ninguna prenda, soy tu madre, ¿qué te pasa con estos juegos extraños, Daniel?-

-Oh, mamá, no hay nada malo en ello. Muchas personas lo juegan en un ambiente familiar, no le veo nada de malo-

-¿Cómo que no? ¿Y si empiezo a perder y me quedo sin ropa? ¿Lo encuentras normal, acaso?-

-Pero ¿alguna vez me has visto a mí sin ropa, o yo a ti?-

-¿Cuándo me has visto a mí sin ropa?-

-Hay veces que has dejado la puerta del baño abierta, olvidas cerrarla y dado que está cerca de mi habitación, al pasar he podido verte sin ropa. Pero vamos, mamá, no veo nada incorrecto en ello ¿o sí?-

-Bueno, pero...-

-¿Pero qué? ¿Acaso no somos madre e hijo?-

-Sí, ya lo sé… pero, no sé, me sentiría rara haciendo algo así contigo, Daniel…-

-Tranquila, mamá. Además, si no quieres quitarte prendas, siempre está la opción de elegir un desafío-

-¿Y qué tipo de desafíos serían? Si el juego es así, no quiero ni imaginar qué tipos de desafíos habría...-

-Pueden ser de cualquier tipo, mamá. Además, sabes jugar muy bien al póker... Por otro lado, el ganador puede pedir algo al perdedor. ¡Imagina si tú me ganas!-

-Interesante. ¿Qué te parecería lavar la ropa de ambos durante un mes o preparar el almuerzo durante el mismo tiempo?

-Ves, mamá, puedes sacar provecho de esto-

-Hmm, ¿y tú qué me pedirías si ganas tú?

-No lo sé, mamá, puede ser cualquier cosa... Ahora mismo no se me ocurre nada, ¡pero juguemos! ¡No arruines la diversión!-

-Está bien, hijo, pero quiero establecer que si en algún momento no me siento cómoda con el juego, pueda detenerlo, ¿de acuerdo?

-Está bien, mamá, verás cómo con el tiempo le tomarás el gusto...-

Comencé a repartir las cartas, dejé las de mi madre cerca de ella y tomé las que me correspondían. Pude notar una expresión de alegría en el rostro de mi madre, lo que indicaba que tenía una buena mano. Y efectivamente, ella ganó esa ronda y tuve que quitarme la camisa, algo que no representaba mayor problema.-

Mi madre repartió las cartas...-

esta ocasión me tocó una mano pésima, solo faltaba ver qué tenía ella... nuevamente ella obtuvo la victoria.

-Parece que la suerte no está de mi lado jajaja

-Sí, pero verás que en algún momento te tocará perder.

-Mucho palabrerío y ningún triunfo jajaja, así que quítate otra prenda.

En este turno me deshice de la faja de mi pantalón corto, aún quedaban muchas cosas que podía descartar. Mientras continuábamos con el juego, noté que mi madre no paraba de beber, su estado ebrio se hacía evidente al reír constantemente.

Posteriormente, mi madre repartió las cartas de nuevo. Mientras ella tomaba las suyas, yo hacía lo propio... En esta ocasión, se podía percibir cierta preocupación en su rostro, en cambio yo tenía una mano fantástica; sabía que no podía ser vencido... Y así fue...

-Bueno mamá, ahora es mi turno de sonreír jajaja, te toca quitarte una prenda.

-Lo sé, me despojaré de algo más...

De este modo, la astuta se limitó a retirarse los aretes, aunque no objeté ya que yo ya había eliminado la faja y era justo que ella siguiera la dinámica.

Me tocó repartir las cartas esta vez, coloqué las mías en su lugar y di las de mi madre. Ella las tomó y yo hice lo propio con las mías. Nuevamente noté cierta inquietud en su rostro, era evidente que no tenía una buena mano.

-Me parece que estás tramando algo.

-¿Cómo podría hacer trampa si en la ronda anterior tú repartiste? Bien, no te hagas y quítate algo ahora...

Dado que mi madre no tenía prendas pequeñas para desprenderse, optó por quitarse la blusa, dejando al descubierto su sostén y revelando sus prominentes senos. Aunque mostraba cierta vergüenza, no era nada extraordinario ver a una mujer en sostén.

-¡No me mires así, soy tu madre!

-¿Así cómo? Vamos, mamá, como si nunca hubiera visto a una mujer en ropa interior o visto un par de senos.

-Sí, pero estos senos son los de tu madre...

-Relájate, mamá, y sigamos con el juego...

Volvió a ser mi turno de repartir las cartas, pero esta vez ella ganó, sus cartas eran superiores a las mías... Se notaba una expresión de triunfo en su rostro...

-Te gané de nuevo, perdedor jajaja, ¿no eras muy habilidoso? Ahora cumple y quítate la prenda.

Por consiguiente, me vi obligado a despojarme de mi pantalón corto, quedando únicamente en calzoncillos. Consciente de que ya no podía permitirme más derrotas, me propuse que mi madre perdiera y no me conformaría con menos... Mientras tanto, mi madre no apartaba la mirada de mi entrepierna, aunque yo fingía no notarlo.

En su turno de repartir nuevamente las cartas, yo cruzaba los dedos deseando obtener la victoria... Ella tomó sus cartas y yo las mías. Por fortuna, contaba con una excelente mano y ansiaba ver a mi madre perder, lo cual finalmente ocurrió...

-Bueno, mamá, la suerte está de mi lado esta vez. Te toca despojarte de una prenda...

-Ya lo sé, no presiones...

Ella se deshizo de su enagua, quedando únicamente en calzones... Portaba una braga semi-transparente que dejaba entrever parte de su intimidad. No pude resistir la tentación de observarla detenidamente...

-Ya es suficiente, no es que nunca hayas visto a una mujer para quedarte mirando así como un tonto...

-Oh madre, ¿cómo no voy a mirarte si eres una mujer y yo un hombre? Además, eres muy hermosa y lo sabes...

-Sí, pero concéntrate en el juego y nada más...

Nuevamente me correspondió repartir las cartas, había salido victorioso... Anhelaba poder ganar una vez más, pues ello me permitiría contemplar los senos o la intimidad de mi madre, estoy seguro de que no las miraría con los mismos ojos que si fuese mi madre... Repartí las cartas, coloqué las de mi madre sobre la mesa, y tomé las mías...

la mesa y qué sorpresa… tenías cartas superiores a las suyas, por ende le correspondía a ella despojarse de otra prenda… su rostro reflejaba angustia, era evidente que estaba consciente de que debía descubrir sus senos o su vulva frente a mí...

-Bueno mamá, es tu turno de desprender otra prenda!!!

-Pero es que!!! No sé hijo, creo que ya es suficiente…

-Yo no opuse resistencia al perder, así que debes cumplir, además, no es gran cosa, recuerda que soy tu hijo.

Ella tomó un largo sorbo de su copa que reposaba sobre la mesa, y acto seguido procedió a quitarse el sostén. Lo hizo avergonzada, sin embargo, ahí estaban… sus dos voluminosos senos, pálidos y redondeados, a escasos centímetros de mi rostro. Ella intentaba ocultarlos con sus manos…

-Ay mamá, ¿por qué te tapas? Son dos senos comunes, indudablemente hermosos, pero normales, además recuerda que me dabas de mamar cuando era un niño.

-Sí, pero ahora no es igual, tú eres un hombre y ya no eres un niño…

-No lo veas de esa manera, mírame como tu hijo y no como un hombre...

Ella apartó sus manos de sus senos, los cuales quedaron al descubierto ante mis ojos, sus pezones estaban completamente erectos, no sabía si era por el frío, la vergüenza o si mi madre estaba excitada con el juego...

No pronunció palabra, por lo que tomé las cartas, las barajé y las repartí nuevamente. No sé por qué, pero presentía que iba a ganar. Observé mis cartas y poseía una buena mano, desconocía qué podría tener mi madre entre manos.

-No es justo, ¡sospecho que estás haciendo trampa!

-Me has visto y sabes que no he hecho trampa, veamos qué cartas tienes tú...

Ella arrojó las cartas sobre la mesa y, para mi beneficio, había vuelto a ganar. Mi madre debía descartarse de su ropa interior, así que podría vislumbrar su entrepierna, la tendría a centímetros de distancia.

Se despojó de sus braguitas, dejando a la vista su vulva, podía divisar sus labios vaginales al alcance de la mano, lucían apetitosos... No me importaba que fuera mi madre, deseaba arrojarme sobre ella y brindarle sexo oral. Ahora estaba completamente desnuda y yo había triunfado, debía imponer un castigo, y ya sabía qué solicitar.

-Bien mamá, he ganado, así que debes hacer lo que yo ordene…

-Sí, pero te advierto que no me solicites nada descabellado, recuerda que soy tu madre.

-Sé perfectamente, solo quiero que te coloques en posición de perrito en el sofá, deseo capturar una imagen de ti desde atrás.

-¿Qué? ¿Estás loco? ¿Te has vuelto loco?

-Es tu deseo y debes llevarlo a cabo, hemos llegado hasta aquí y ya no hay vuelta atrás.

-Pero me parece excesivo, ¿cómo puedes pedirle a tu madre una foto así, donde mostraré todo?

-Ay mamá, ya somos adultos… no veo el problema, es solo una foto...-

-Está bien, solo una foto y nada más…

-Sí, te lo prometo...

Mi mamá se posicionó en el sofá, se volteó y adoptó la posición requerida, abrió sus piernas y allí estaba, podía contemplar su vulva al descubierto, así como su ano al alcance de mi mano. Tomé mi celular y comencé a filmar y a sacar muchas fotos…

-¿Qué te sucede? Dijimos que solo sería una foto y ¡me estás grabando…

-¿Qué tiene de malo? Tranquila, te aseguro que borraré todo después...

Me acerqué a su trasero y empecé a acariciar sus nalgas, ella procuraba incorporarse, pero yo la sujetaba por la espalda… Le indiqué que, además de la foto, debía permitirme tocar sus nalgas, tanto por fuera como por dentro… Ella solo musitó:

-Hazlo rápido, no toleraré más allá de eso…

Me incliné y comencé a acariciar sus nalgas, pasé mis manos cerca de su vulva y acerqué mi rostro a ella para lamerla…

-¿Qué te sucede, Daniel? ¿Qué estás haciendo?

-Tranquila mamá, relájate…

Ella volteó su rostro hacia adelante, jugaba con su cabello y se mordía las uñas… De vez en cuando me observaba, pero no pronunciaba palabra alguna. Era consciente de que mi madre lo estaba disfrutando.

Comencé a introducir mis dedos en su vulva y...

Ella simplemente me observaba sin emitir ninguna protesta… En ese momento, yo estaba realizándole sexo oral a mi madre, degustando el sabor de sus fluidos.

Con movimientos lentos, mi lengua se adentraba en su vagina, simulando una penetración, mientras su trasero se balanceaba de adelante hacia atrás... Era evidente que su respiración se aceleraba, dejando de ser normal.

-Detente, Daniel, por favor, no continúes... -imploró ella.

Mientras seguía estimulando su vagina con mi boca, acariciaba sus pechos, notando que disfrutaba de lo que ocurría... Mi madre comenzó a gemir, mientras introducía rápidamente mis dedos en su interior. Con una mano, me quité los calzoncillos, dejando mi pene erecto al descubierto...

Comencé a penetrarla con fuerza y rapidez, mientras ella gemía de placer, mirándome con la boca abierta entre sus quejidos... Se movía al ritmo que le marcaba, colaborando en esta experiencia de intimidad entre madre e hijo...

-Mi amor, Daniel, por favor, esto está mal... - expresó con angustia.

-¿Te gusta, mamá? Sé que lo estás disfrutando, no puedes negarlo... -respondí.

-Sí, me gusta, pero está mal... tú eres mi hijo... -musitó entre jadeos.

Aumenté la intensidad y la fuerza de mis movimientos, lo que provocó el primer orgasmo de mi madre. Se contorsionaba, agarrándome de las nalgas para que la penetración fuera más profunda y mi pene no saliera...

Decidí cambiar de posición, poniéndola boca arriba, dándole algunas caricias para estimularla más, abriendo sus piernas y penetrándola con fuerza. Ella no dejaba de manifestar su placer, sus senos rebotaban y yo los sujetaba con ambas manos... Me acerqué a su rostro y la besé, iniciando un beso apasionado en el que nuestras lenguas se entrelazaban...

-Sigue, sigue, mi amor, sigue. Quiero sentir tu líquido dentro de mí... -suplicó mi madre.

-Por supuesto, mamá, te daré todo... -respondí.

La volví a colocar en posición de cuatro patas, esta vez decidido a practicarle sexo anal. Lubriqué mi pene, lo introduje de golpe en su ano y, sin mediar palabra, comencé la penetración... Los primeros gritos de mi madre fueron de dolor...

-¿Qué haces, Daniel? Por ahí no... por favor, duele mucho, para... -gimió entre lamentos.

-Relájate, mamá, verás cómo te va a gustar... -la tranquilicé.

Efectivamente, sus gemidos evidenciaban que lo estaba disfrutando, llegando a experimentar un nuevo orgasmo... Mi madre alcanzaba el clímax mientras la penetraba analmente...

-Sigue, Daniel, no pares, mi amor, sigue, sí, sí... -exclamaba extasiada.

Mientras le proporcionaba placer con el sexo anal, mi madre experimentó varios orgasmos seguidos... Parecía que nunca antes había disfrutado de esa práctica y ahora lo estaba haciendo...

Ya no podía contenerme más, estaba a punto de llegar al clímax y, al parecer, mi madre lo intuía... Me separé de ella, giró a mirarme y tomó mi pene con sus manos, llevándolo directamente a su boca. Comenzó a practicarme sexo oral de una manera tan intensa que superaba las experiencias con mi novia, demostrando que sabía perfectamente lo que hacía.

No tardé en llegar al clímax y llené la boca de mi madre con mi semen, ella lo recibía y degustaba cada gota, succionando como si fuera un dulce. Al terminar, limpió completamente mi miembro, eliminando cualquier rastro de semen y, durante el proceso, me miraba pícaramente.

-¿Te gustó, mi amor?

-Sí, mamá, por supuesto que me gustó... y a ti?

-Desde luego que sí, Dani... pero de esto no debemos hablar con nadie, ¿está claro?

-Por supuesto, mamá, lo sé...

La acerqué a mí y le di un beso en la boca, quedándonos así un rato, como si hubiéramos olvidado que éramos madre e hijo y hubiéramos ingresado en el mundo del incesto, algo que nos había gustado y que, estaba seguro, repetiríamos...

Mi madre se dirigió al baño a ducharse y yo me quedé en la sala descansando tras esa intensa sesión de intimidad...

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