En el vigésimo día de marzo del año dos mil veinte, dos sucesos relevantes, correlacionados entre sí, ocurrieron y marcaron un antes y un después en mi existencia. La situación de emergencia sanitaria.
Ese día, el mandatario decretó el aislamiento, el uso de mascarillas, la higiene con alcohol, la desinfección y el confinamiento, mucho confinamiento, al principio lo detestaba, pero hoy puedo expresar mi gratitud por el encierro.
Mi madre se quedó atrapada en España, había ido a un congreso con oportunidades de ascenso laboral, parecía que le ofrecerían el puesto de gerente en la compañía donde trabajaba y debía completar una capacitación.
Mi padre se desesperaba por no saber cuándo regresaría mamá, pero gracias a su empleo, que podía desempeñar desde casa, mantenía videollamadas diarias con ella.
Tras diez días de reclusión, en una noche, me levanté para ir al baño; es importante mencionar que debía pasar por delante del dormitorio de mis padres, y presencié algo que captó mi atención: al mirar hacia la luz de la pantalla de la computadora, vi a mi padre manteniendo una conversación por video con mi madre mientras se masturbaba. Aunque no lograba ver con claridad porque la puerta estaba apenas entreabierta, me acerqué, y no solo observé a mi padre con su miembro en la mano, sino que también vi a mamá en la pantalla, desnuda, con una mano en su zona íntima; se podían distinguir claramente dos dedos de una mano dentro de ella, mientras con la otra realizaba movimientos circulares sobre su clítoris. Sintiendo cómo mi entrepierna se humedecía y un calor subía por mi rostro, me retiré al baño con esa imagen grabada en mi mente. Después de orinar, abrí el grifo del bidé y, al alcanzar la temperatura deseada, me senté bajo el chorro de agua tibia que me estremeció. Aprovechando la situación, con esas imágenes vívidas en mi cabeza del miembro de mi padre ascendiendo y descendiendo, cubriendo y descubriendo la punta de su miembro viril, me masturbé con intensidad, entre gemidos apenas audibles de mis padres, logrando contener un grito al llegar al clímax.
De forma discreta, regresé a mi habitación, mientras mis padres reían. ¿Habíamos protagonizado un triángulo? Divirtiéndome con ese pensamiento, me acosté.
Al día siguiente, mi padre se levantó de buen humor y me hizo una propuesta interesante que marcaría un nuevo rumbo en mi vida.
- Tina, tengo una sugerencia para ti. ¿Qué te parece si buscamos ejercicios en línea y comenzamos a practicar juntos? Así, cuando regrese mamá, estaremos en buena forma física; creo que nos beneficiará a ambos.
- Claro, Tino. (riendo) No tengo nada mejor que hacer.
Nos llamábamos cariñosamente Tina y Tino como apodos.
Él, siendo un experto en informática y navegación en internet, descargó un programa completo de ejercicios que no requerían equipamiento ni pesas para tonificar los músculos, y comenzamos de inmediato.
Después de tres meses, durante los cuales seguimos las rutinas hasta tres veces al día, nuestros cuerpos experimentaron una transformación notable para mejor. Tino estaba de buen humor, más algunos días que otros (especialmente cuando hablaba con mamá).
Con mis diecinueve años, tenía un cuerpo promedio, pero ahora lucía espectacular: mi trasero se había vuelto firme como una pera, mis piernas mostraban músculos definidos, mis pechos estaban redondeados y firmes, y ni hablar de los abdominales, lucía como una tabla de lavar.
Por su parte, mi padre había adquirido una impresionante forma física: sus bíceps se habían desarrollado, sus pectorales estaban tonificados, sus abdominales marcados; al regresar mamá, se sorprendería de nuestra transformación.
Una mañana, al ponerme unos shorts de licra y un top deportivo ajustado, que resaltaba mi trasero, Tino emitió un largo silbido y con timidez extendió su mano para palpar la firmeza de mis glúteos. Al momento, se ruborizó y retiró apresuradamente la mano.
- Perdón, fue un acto reflejo, actué sin pensar, pensé que te había sentado bien la rutina de ejercicios y que tu trasero se veía firme...
Silencié su boca con mi mano.
- Tino, eres como un padre para mí, no te pongas mal, sé que no lo hiciste con malas intenciones.
- Tienes razón, pero eso podría despertar deseos prohibidos, tu madre está lejos, estamos encerrados, solo vemos al repartidor cuando nos trae las compras...
- Sí, papá, me ocurre lo mismo. Aunque aún no he tenido relaciones sexuales, mis hormonas están revolucionadas.
Poniéndome más roja que un tomate al tocar mi propia piel, le confesé que lo había visto masturbándose por videollamada con mamá y que aprovechaba para retirarme a mi habitación y hacer lo mismo.
- Hija, me da tanta vergüenza...
- No te preocupes, Tino querido, comprendo las necesidades y te entiendo a ti, que sabes lo que es la intimidad y extrañas a tu compañera de juegos.
Me acerqué lentamente y besé sus labios resecos.
- Hija, no creo que deba...
Callé sus palabras con mi mano sobre su boca, utilizando el clásico gesto de silencio "shhh".
Volviendo a acercarnos, nuestros labios se fundieron, nuestras respiraciones se agitaron, nuestras manos se deslizaron por nuestros cuerpos, despojándonos lentamente de la poca ropa que llevábamos puesta.
Estaba tan ansiosa, sería mi primera vez y con el hombre a quien más amo en esta vida. Pediría perdón a mamá, pero no debía enterarse. Esto sería nuestro secreto, guardado bajo llave.
Los besos que mi padre me daba iban ganando terreno, de mi boca a mi cuello, de ahí directamente a mis pechos. Mis pezones ya erectos recibían con agrado sus caricias, mientras mi entrepierna se humedecía, clamando ser penetrada desde un principio.
Intenté imitar algunas escenas que había visto en películas para adultos, para estar a la altura de la situación.
Con la mirada fija en sus ojos, lo acariciaba con todo el amor posible, descendiendo suavemente hacia su miembro erguido. Al tocarlo, sentí la firmeza que tanto anhelaba desde que lo había visto masturbándose. Ambos temblábamos desnudos, con la piel erizada, y por primera vez percibí claramente el olor del sexo, que inundaba nuestro entorno.
Decidí rendirme ante su excitante miembro, abrí la boca y lo acogí, aunque al principio me costó contener las arcadas al llegar tan profundo en mi garganta. Con un movimiento rápido lo saqué y continué más delicadamente, mientras escuchaba sus jadeos acompasados al ritmo de mi sexo oral.
Suavemente me tomó de las orejas para hacerme levantar. Luego, se arrodilló elevando una de mis piernas sobre su hombro. Sabía lo que vendría a continuación y me entregué al placer. Su habilidosa lengua recorrió cada rincón de mi intimidad, llevándome a un orgasmo desgarrador que me hizo perder la noción del tiempo, experimentando por primera vez el clímax provocado por un hombre de carne y hueso.
Ese orgasmo hizo temblar mis piernas y caí rendida, con una sonrisa pícara y mis jugos resbalando por sus labios. Luego se puso de pie y con delicadeza bajó mi pierna.
- Tina, ¿todavía eres virgen?
- Sí, papá, te lo juro, aún lo soy.
- Entonces, ¿estás lista para dar ese paso tan importante?
- Sí, es algo que siempre he anhelado, entregar lo más preciado a quien siempre me amará.
- Es hermoso lo que dices, pero... ¿no prefieres no decirle a mamá? La próxima vez te...guardarte para una persona más especial?
- En realidad, no hay nadie más especial que tú (usando la psicología inversa). ¿Acaso te arrepientes y no deseas establecer una relación sexual conmigo?
Parece que toqué un punto sensible, así que sellé mis labios con un beso. Mientras nos dirigíamos hacia la habitación, me abrazó por detrás, agarrando mis pechos con ambas manos y dejando sentir la firmeza de su miembro en mis glúteos, al mismo tiempo que me besaba y mordía suavemente mi cuello. Con su característica delicadeza, me depositó en la cama.
- Pero querida, ¿no tenemos protección?
Dijo con cierta decepción.
- En mi bolso tengo una caja de preservativos que llevaba por si acaso surgía la oportunidad.
Sin dudarlo, salió corriendo a mi habitación y regresó rápidamente con lo necesario en la mano. Abrió uno y lo dejó en la mesilla de noche para seguir con los juegos previos. Me entregué para disfrutar de su experiencia, cerrando los ojos y colocándome en la cama con brazos y piernas abiertos. Empezó a acariciarme con sus dedos suaves, recorriendo mi torso y flancos con cuidado, sin llegar a mis pezones y bajando hasta la pelvis antes de regresar. Después de varios minutos, se decidió y centró su atención en mi excitada vagina.
Debo admitir que siempre he tenido miedo de mi primera vez, pero con Tino, mis temores desaparecieron. Es muy dulce, tierno, sabe exactamente cómo y dónde tocar en el momento adecuado.
Tomó mi mano y la llevó a su miembro, jugando un rato con él, mientras él hacía lo propio en mi vagina. Introdujo uno o dos dedos, pero no estoy segura, y agarré con fuerza su miembro, atrayéndolo hacia mí. Comprendió la señal, se colocó sobre mi cuerpo y, sin soltar su miembro, lo guié hacia mi vagina (aunque no era necesario, Tino conocía el camino). Sentí su miembro apoyarse entre mis labios, palpitando y moviéndose con facilidad debido a la humedad provocada por mis fluidos.
Llegó el momento: comenzó a entrar en mí muy suavemente. Una sensación similar a una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, desde los pies hasta la cabeza. A medida que avanzaba, las sensaciones variaban, a veces dolía, a veces ardía como si me estuviera quemando, pero nada de eso me importaba, todas esas sensaciones eran soportables y solo estaba ansiosa por escuchar el sonido que imaginaba al romper el himen, pero eso nunca ocurrió. Cuando sentí que la punta de su miembro tocó el fondo, se detuvo y preguntó:
- ¿Te duele o te sientes incómoda?
- No, todo lo contrario, por favor, sigue, no pares.
Y así lo hizo, siguió moviéndose dentro de mí con una suavidad increíble, entrando y saliendo a un ritmo constante, moviendo su cadera levemente o de lado a lado. Experimenté un cosquilleo maravilloso que provenía de lo más profundo de mi ser, con un calor que se extendía hacia arriba y hacia abajo, sintiendo como algo pulsaba y era expulsado, ¡mi primer orgasmo! Fue una sensación tan placentera que expresé con un grito que siguió a los gemidos que salían de mí.
Retiró su miembro de golpe, tomó el preservativo, y lo volvió a colocar en mi vagina con la misma suavidad que al principio. La diferencia era que al empezar los movimientos, estos fueron más intensos, rápidos y contundentes, como si quisiera introducir sus testículos que golpeaban con fuerza en el perineo. Ambos gemíamos, era una sinfonía de susurros guturales, gemidos y gritos. Nuevamente, sentí esas sensaciones que indicaban otro orgasmo, y esta vez mi eyaculación fue más abundante que la anterior. Al final, Tino también alcanzó el clímax, y lamentablemente todo su semen quedó en el preservativo. Me habría gustado sentirlo dentro de mí, pero al menos pude experimentar su tibieza y la fuerza con la que
Cada vez que empujaba su órgano genital, se liberaba de él un líquido que momentos antes había elevado mi "inocencia" a otro nivel.
Después de latir en mi interior, lo retiró con cuidado, dejándome ver la evidencia de ese hermoso primer encuentro, con un hilillo sanguinolento deslizándose por el preservativo y una cantidad impresionante de semen en su interior.
Nos tumbamos sin reproches, solo se le veía la cara de felicidad y amor en sus ojos.
- Tina, voy al baño a asearme, todavía quedan vestigios de sangre en mi órgano genital.
- Pero usaste condón.
- Lo usé para contener el semen, tu desfloración fue sin él.
- Está bien, papá, aquí estaré esperándote.
Regresó con su órgano genital colgando entre sus piernas, escoltado por sus "guardaespaldas" que parecían empujarlo en cada paso.
Permanecimos un rato contemplando nuestros desnudos cuerpos de arriba abajo, admirando la belleza estética de mi papá.
La curiosidad me llevó a tomar su órgano genital entre mis manos para examinarlo: textura, longitud, grosor, color, cantidad de venas, cómo se deslizaba la punta de aquella majestuosa parte que poco antes me había regalado mi primera gran experiencia de muchas más por venir.
Observé cómo cobraba consistencia y se endurecía progresivamente, erguido ante mis ojos de forma majestuosa. Sin pensarlo dos veces, me acerqué a él, dando suaves besos y roces apenas perceptibles en su piel. Mi lengua recorrió toda su extensión casi por inercia, deteniéndose de vez en cuando para saborear sus testículos. Con la experiencia reciente de mi primer sexo oral, esta vez procedí más lentamente, disfrutando de lo que estaba "comiendo". Fijé mis ojos celestes en los suyos, introduje la regordeta cabeza en mi boca, mi lengua se deslizó entre mi labio inferior y la piel móvil del órgano, rodeándolo, formé un círculo con mis labios ejerciendo una suave presión mientras movía mi cabeza, atrás y adelante, recorriendo con la lengua, atrás y adelante, más profundo, más afuera. Mi mano aprendió rápidamente a deslizar la piel desde la punta hasta los testículos, que parecían querer golpear mi barbilla. Aquella fuente de placer se endureció y empecé a sentir cómo latía. Tina jadeaba como un animal fatigado, y al exclamar - ¡Ahh, estoy acabando! -, descargó una increíble cantidad de semen tibio en mi boca. Debo admitir que al principio no me agradó, pero mientras nos mirábamos a los ojos, me dijo...
- Trágatelo todo, mi amor, hasta la última gota.
No sé qué me llevó en ese momento, sin apartar la vista de sus ojos esmeraldas clavada en mí, abrí la boca, mostrando lo que había en su interior y tragando todo su semen, que, para mi sorpresa, me resultó agradable, con su sabor agridulce y su consistencia, a lo que más tarde me volvería adicta.
Apoyé mi cabeza en su abdomen y me quedé dormida.
Soñé con esas hábiles manos que poco antes me habían regalado tanto placer, un sueño tan real, tan vívido que me pareció estar viviéndolo. Experimenté una corriente eléctrica que me despertó de golpe, y allí estaba él, arrodillado entre mis piernas, ofreciéndome sus caricias eróticas, y como dice la canción, "no lo soñé", logró hacerme tener un orgasmo aún dormida. Me di la vuelta en la cama, alzando mi trasero como si fuera un perro, ofreciendo mi vagina recién estrenada. Con un solo empujón, introdujo su hermosa virilidad en ella, con movimientos tan bellos que me llevaron de nuevo al clímax. Cuando empecé a gemir y estaba a punto de tener mi segundo orgasmo seguido, sentí cómo uno de sus dedos penetraba por mi esfínter anal, haciendo ese momento memorable, mis fluidos salían con fuerza y él aumentó su ritmo. De repente, sacó su órgano genital y liberó todo su semen en mi espalda, una sensación hermosa, cálida y abundante.
Nos bañamos juntos.
Antes de desayunar, sin mencionar el asunto, parecía algo habitual ya.
Con el paso de los días empezamos a ver videos y a imitar posturas, leyendo el Kama Sutra intensamente.
Opté por utilizar anticonceptivos, comprándolos en la farmacia llegaba un chico muy atractivo que se ofreció a administrarlo (creo que para ver mi trasero).
El diecinueve de marzo del dos mil veintitrés mamá nos informó que el veintisiete de ese mes tomaría el vuelo que repatriaría a los argentinos varados en Europa.
Conversamos mucho sobre la vuelta de mamá, acordamos que nuestra relación no se rompería, ya veríamos cómo tener nuestros momentos como padre e hija.
Por ahora, en las videollamadas con mis padres (debo admitir que me ponía celosa al verlo masturbarse frente a mí mientras hablaba con mamá), ella no sospechaba absolutamente nada, a pesar de que en varias ocasiones él insinuaba masturbarse mientras yo le practicaba sexo oral arrodillada debajo de la mesa donde estaba la computadora, mamá disfrutaba de su masturbación y yo disfrutaba del semen de papá.
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