Hola a todos, mi nombre es Daniela y para evitar repetir la misma descripción, en mi primera historia mencioné mis características físicas para que puedan tener una idea de la punk traviesa que les escribe. En este relato les contaré cómo continuaron mis travesuras en el pequeño pueblo de Torre Val de San Pedro, donde me quedé durante 10 días que se convirtieron en una experiencia inolvidable. En esta ocasión, voy a culminar el día con un broche especial por haberme portado "tan bien".
Después de aclarar las cosas con Mario, salimos de la casa donde me alojaba y nos dirigimos hacia la casa de Víctor. Sentada al lado del hombre con quien había tenido relaciones sexuales hacía unos minutos, no podía evitar sentirme excitada. Sabía que la casa de Víctor no estaba muy lejos, pero con mi pie aún adolorido, no era conveniente salir a la calle con el frío que hacía.
Mario conducía en silencio, pero en un momento, después de cambiar a segunda, una de sus manos se posó en mi muslo y subió mi falda. Sorprendido al mirar, dijo con diversión y una sonrisa maliciosa: -No entiendo por qué llevas tanga si acabarás desnuda pronto. Dani-. Yo, juguetona, le respondí con voz dulce: -Quería regalárselo para que cada vez que lo vean, recuerden el momento que pasamos juntos-. Mario se rió mientras avanzaba lentamente por las estrechas calles y retiró mi tanga por un momento para comprobar mi excitación, levantando la mano para que pudiera ver lo mojada que estaba. -Uff, no sé si cenaremos siquiera...- comentó, a lo que respondí metiendo sus dedos en mi boca y probando mis jugos, para luego retirarlos lentamente y guiñarle un ojo: -Cenemos para recuperar fuerzas y luego... veremos qué sucede-. Parecía que iba a decir algo más, pero guardó silencio mientras estacionaba el coche lo más cerca posible de la fachada, dejando espacio para otro vehículo en esa angosta calle, si es que sus retrovisores se cerraban. Sorprendentemente, era una de las calles más amplias de la zona.
Una vez que Mario detuvo el coche, me preguntó con preocupación: -¿Necesitas ayuda para caminar?-. Dudé un poco al intentar apoyar el pie, pero seguía sintiendo molestias, así que acepté su ayuda. Esperé a que abriera la puerta de mi lado y me apoyé en él para llegar a la entrada. Después, tocó la puerta y, tras un breve momento que me heló la piel por el frío de la noche, se escuchó la voz de Víctor preguntando "¿Quién es?". Mario respondió con cierta ironía: "Soy yo, con una agradable compañía". Al abrir la puerta, Víctor me miró de arriba abajo, mordiéndose ligeramente el labio inferior, y dijo: -Muy agradable, pasa antes de que esta pobre se enfríe el trasero.
Dando paso para que entráramos, antes de que Mario respondiera, les dije: -No creo que permitan que pase frío-. Mario me dio una palmada en el trasero (tuvo que agacharse un poco), gesto que recibí con agrado, sacándole la lengua. Mientras Víctor cerraba la puerta tras nosotros, pude observar el pasillo que parecía un museo de taxidermia. No me gustaba sentir que esos ojos de cristal me observaban; de alguna manera me recordaba a una película de terror antigua. Especialmente un zorro mal conservado y deformado que daba un aspecto bastante espeluznante. La excitación que llevaba se enfrió un poco por ese ambiente.
-Pasen al comedor, ya encendí la chimenea. Cenaremos y luego...- Dejó la frase en el aire, mientras me llevaba a la sala del comedor, que era bastante amplia, con su chimenea (lo cual me sorprendió gratamente) rodeada de dos sofás y dos mecedoras, con una mesa en el centro de la habitación. Hasta aquí llega la historia por hoy. Continuará...
con la chimenea de acompañante, había un televisor de plasma bastante grande, con un reproductor y varias estanterías llenas de DVDs y libros, que se notaba que estaban siendo utilizados. Observé las fotos, familiares y amigos... Y evité preguntar por la mujer que aparecía en la mayoría de ellas hasta que las fotos más recientes fueron mostradas. Sin embargo, me di cuenta de que Mario tenía un hijo, de una edad menor a la mía.
Al percatarse de mi mirada, me informó: - Este es Marcos, mi hijo. Es un buen chico, vendrá de visita este fin de semana. Me toca pasar tiempo con él, aunque prefiere estar con sus amigos antes que quedarse en el pueblo con su padre... algo normal- Se le notaba un poco dolido por eso. Sabía que estaba divorciado y que la separación no había sido fácil para él. Me ofreció un asiento en el sofá, lo cual agradecí (mi pie me estaba molestando), luego de poner en la televisión un canal aburrido y dejarme el control remoto al alcance, me dijo: - Voy a ayudarlo un momento, no vaya a ser que termine rompiendo algo. Quédate aquí.- Se fue, lanzándome una mirada sugestiva... Como si no hubiéramos tenido relaciones hace tan solo diez minutos.
En silencio, entre el ruido de la televisión, ambos parecían pelear con la cena. La situación me pareció bastante conmovedora y, ahora sin tanto nerviosismo, volví a sentirme más relajada. Mi mente comenzó a imaginar diferentes escenarios perversos, desde que regresaran desnudos dispuestos a seducirme hasta que todo fuera en realidad una trampa y llegaran más personas a hacer travesuras... Y sinceramente, todas esas opciones lucían interesantes. Además, el calor de la chimenea hacía que, a pesar de mi ligera vestimenta, sintiera un intenso calor.
Mario entró con los cubiertos y hice ademán de levantarme, pero me detuvo diciendo: - ¡Quédate ahí! Eres nuestra invitada y no debes mover ni un dedo, especialmente en tu estado... tendrás que moverte dentro de un rato de todos modos.- Mientras colocaba la mesa, le hice una señal para que se acercara, y con una sonrisa se acercó lo suficiente como para besarnos apasionadamente durante unos segundos, mientras sus manos se aventuraban debajo de mi falda. Sin embargo, cuando Víctor entró y nos sorprendió, le dijo: - ¡Eh tú, no te aproveches y ven a ayudarme! Ya has tenido tus momentos antes de llegar aquí. Mario, algo renuente, se apartó de mí y salió enfadado por la puerta, con evidentes signos de excitación.
Víctor, después de dejar la bandeja con la comida (unas patatas asadas), me miró con evidente deseo y dijo: - Wow, te has vestido tentadoramente, putita.- Coquetamente levanté mi falda para que viera mi tanga y le respondí: - Gracias... Espero que disfrutes de la vista.- Se sentó junto a mí y acarició mis piernas, rozando mi entrepierna protegida solo por el tanga (lo que me hizo gemir ligeramente), mientras mencionaba: - Mucho... Te diré que tomé la píldora con mi hijo, pero tal como estás, no creo que la necesite...
Iba a responderle algo sugestivo, pero en ese instante llegó Mario con pollo asado... Y vaya que era abundante, me sentiría mal al comer solo algunos trozos y decir que estaba satisfecha. No era por dieta, simplemente siempre he sido de poco comer, supongo que por eso soy tan delgada. Además, trajo una botella de vino, no quería decirles que en realidad prefiero la cerveza, no sería correcto cuando me invitan a su casa. Sin embargo, Mario al notar nuestra atmósfera caldeada, le lanzó una mirada a su padre como diciendo "tú sí, pero yo no", y Víctor en respuesta un gesto estilo "cuando seas padre entenderás". Traté de contener la risa ante aquella situación, con las manos del hombre rural aún entre mis piernas.
Finalmente, se separó de mí y tomó asiento un poco apartado, Mario se sentó también algo distante en el otro extremo. Luego de un poco de charla, la comida comenzó. No era un festín, pero logré comer
Menos bueno, así que decidí aplaudir al chef, lo cual al parecer alegró a Víctor. La charla pasó de mostrar un interés mínimo hacia mí a discusiones sobre su trabajo y otras cosas entre ellos. Pronto terminé de comer los pedazos que me correspondían y una pieza de fruta que habían traído como postre... Por supuesto, escuchar a Pascual hablar sobre una vaca enferma o que era necesario arreglar el alero de la nave no era algo que me apasionara, por lo que empecé a aburrirme.
No es que no me dedicaran alguna mirada y demás. Pero parecía ser importante para ellos y la conversación les distrajo de mí. Lo cual me molestó un poco. Así que sin dudarlo, me quité la camiseta y me quedé con los pechos al descubierto para estirarme como si nada. La conversación continuó unos instantes antes de quedar en silencio mientras ambos no dejaban de mirar mis pechos y mis tatuajes. Víctor, sin dejar de mirar mis pezones que estaban erectos, me dijo con voz grave - Diantres, chica... ¿No nos dejarás comer tranquilos? - Poniendo cara de inocente, le respondí con voz seductora: - ¿Yo? Solo me quité la camisa porque hace calor... - Mientras quitaba mi tanga y lo dejaba como centro de mesa: - ¿Ves? - Mario se rió a carcajadas, luego levantó mi falda para ver cómo mi zona íntima ya se estaba humedeciendo y me dijo - No te preocupes, vas a pasar un buen rato... Sólo espera un poco, querida.
Por supuesto, era fácil decirlo, así que me animé por otro lado. Abriendo mis piernas para que lo vieran claramente, comenté - Por cierto, María les envía saludos... ella dijo que si era necesario vendría para acompañarme.- Mario sonrió - Se dice que de tal palo, tal astilla, pero no sabía que si una mujer alquilaba una casa, la persona que la alquilaba también se volvía así jajaja. Le enviaré el saludo que se merece. - Víctor comió rápidamente un trozo de pollo, como si estuviera apurado por terminar y disfrutar su postre. Lo cual me provocó una sonrisa y coquetamente retiré los platos de mi lugar, apoyando mi trasero en la mesa mientras los miraba a ambos con la misma intención - Termino rápido, el postre está caliente...
Víctor se levantó y se colocó frente a mí, empezando a bajarse los pantalones sin decir una palabra, solo con deseo en su mirada, y le comenté - Parece que alguien no puede esperar...- Lo atraje hacia mí y lo besé apasionadamente, sintiendo cómo intentaba quitarse por completo los pantalones. Mario se rió mientras también se despojaba de sus pantalones - No puedes quedarte callada... Espera y te daré algo para que hagas con esa boca de... - Entonces, los pantalones de Víctor cayeron y retrocedí para mirarlo con deseo y determinación, sus poco sexys calzoncillos pronto dieron paso a aquella imponente erección que ya conocía, abriendo mis piernas y acariciando mi zona, apenas pude susurrar - Penétrame, por favor...- Por un instante la cordura me dijo que pidiera usar protección.
Pero con ansias apunté su miembro y me envolvió, fue tan intenso que comencé a gritar mientras me aferraba a la mesa, sintiendo un placer casi doloroso, mientras él me sujetaba por la cintura - Sí, sigue, oh por Dios... -(perdón, suelo ser muy atrevida durante el acto jajaja) No pasó mucho tiempo antes de llegar al clímax por primera vez, aunque seguía recibiendo su embestida, comencé a temblar de gusto y mi voz se distorsionó, lo que provocó risas en Mario. Él, que había estado limpiando la mesa, aprovechó mis convulsiones de placer para hacerme recostar, quedando frente a su miembro con la cabeza boca abajo y no pude resistirme a exclamar - ¡Quiero succionarlo!- Sin siquiera responder, simplemente colocó su miembro en mi boca y lo disfruté gustosa mientras Víctor seguía con su ritmo.
Los minutos pasaban y me sentía en el paraíso. No es que no hubiera participado en tríos antes... miMi pareja pensaba que era importante probar cosas nuevas en la relación para mantenerla viva, aunque sugería hacerlo con otras personas, lo cual me hacía sentir tonta y sumisa por estar enamorada de él. A pesar de eso, accedí a estar con desconocidos en un lugar desconocido y la experiencia resultó ser muy excitante.
Durante el acto, los participantes me decían palabras atrevidas que me excitaban aún más. En un momento, decidí realizar un gesto romántico poniendo mis manos en forma de corazón en mi pecho, lo cual sorprendió a los demás. Al ser cuestionada, confesé en tono provocador que me estaba enamorando de... sus miembros. Estas palabras provocaron que uno de ellos continuara con fuerza mientras el otro me observaba detenidamente.
En medio de la acción, le pedí a uno de ellos que se detuviera al notar que estaba a punto de eyacular sin protección. Sin embargo, ignoraron mi solicitud y terminé recibiendo su semen en el interior de mi cuerpo. Posteriormente, el hombre retiró su miembro, dejando salir su eyaculación, lo cual me hizo sentir incómoda pero joven nuevamente.
Luego, uno de los hombres me sujetó bruscamente y me advirtió sobre las reglas de la situación en la que me encontraba, pero mi reacción lo tomó por sorpresa. Sorpresivamente, comencé a estimularlo suavemente y le propuse una situación diferente para relajar el ambiente. Después, me coloqué en una posición sugerente, mientras insinuaba mis deseos.
Tomando la iniciativa, comencé a practicar sexo oral a uno de los hombres, quien disfrutó de la situación. Sin previo aviso, recibí un azote que me tomó por sorpresa, y posteriormente continuó castigándome. A pesar del dolor, la excitación me invadía y no pude evitar gemir en medio de la situación.
Finalmente, ante una propuesta inesperada, me cuestioné si aquello era solo parte de un juego o si realmente me consideraban una mujer fácil. A pesar de la confusión, la excitación seguía presente, pero no pude evitar expresar mis dudas. Mientras mi mente divagaba, me di cuenta de que seguir adelante con la situación solo empeoraría las cosas.
- ¿Te molesta que te doble la edad y vengas con rodeos? - En ese momento, con la excitación de Mario rozando mi intimidad, me resultaba difícil responder, así que guardé silencio.
Mario continuaba hablando como si nada, mientras introducía su miembro en la entrada de mi trasero y ejercía presión poco a poco, lo cual me hizo morderme los labios. - Entonces, vendrá el viernes por la tarde y te enviaré los preservativos a tu casa. Corren por mi cuenta. Si me haces ese favor, te compensaré de alguna manera... o te pagaré por las molestias - Aún sin que la penetración se completara, la excitación iba en aumento. En un momento de lucidez del que después me arrepentiría, reflexioné que lo único que lograría era enfadarlo. Siempre podía despachar al chico o, en última instancia, salir en coche o algo así. Pero, en realidad, en ese instante me sentía como una persona de baja reputación, con el trasero azotado y una invasión anal... y vaya si lo estaba disfrutando. Solo alcancé a responder un afirmativo. Fue entonces cuando comenzó a penetrarme analmente mientras observaba a Víctor, con su rostro lleno de lujuria y, especialmente, su tentador miembro.
Mientras me sodomizaba con firmeza, me continuaba interrogando, al parecer le excitaba: - ¿Follarte a mi hijo? - Mi cabeza reposaba en la pierna de Víctor, mientras mi mano acariciaba mi intimidad, necesitaba compensar la brutalidad con la que estaba siendo penetrada. - Síii - No pude contenerme y llegué al clímax como una verdadera perra, pero él seguía en la tarea. - ¿Cobrar como una meretriz por tus servicios? - Casi de manera automática, grité un sí antes de percibir su eyaculación en mi recto.
Permanecimos un rato en silencio con Víctor descansando. Fui yo quien rompió el silencio: - Vaya intensidad que hemos vivido. - Fue entonces cuando noté cómo el pene de Mario abandonaba mi cavidad y recibía un tierno beso en una de mis mejillas doloridas. - Un trato es un trato, te recompensaremos generosamente, es el regalo que quiero para el chaval. - Con la mente más clara, me hacía más consciente de lo prometido. Sin embargo, Víctor se levantó: - Vamos, vayamos a la cama y, después de acabar exhaustos, nos dormimos allí... no, yo me quedo a dormir contigo y tú en tu habitación anterior, al fin y al cabo es mi casa y quiero tener cerca este trasero cuando despierte. - Acepté sus caricias en mi trasero, mientras Mario bromeaba diciéndole al viejo que ni siquiera sabría por dónde empezar. Él también se puso de pie y me ayudó a incorporarme. El deseo volvía a despertarse en mí y tenía ganas de más acción.
Acompañada por ambos, subimos al piso de arriba, donde tuve una noche muy peculiar, pero también extenuante. Pero eso es otra historia que quizás cuente más adelante. ¿Les gustaría saber qué ocurrió en el bar del pueblo o con el hijo de Mario antes?... Espero sus comentarios. Besos.
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