Tu fragancia deja huellas en los caminos recorridos por
Tu apasionado ser.
Haces que todo a tu alrededor se desvanezca,
Como inicio de nuestro encuentro.
La ciudad se conmociona ante la sinceridad
De tus apasionados labios que difunden una
Verbosa nube cargada con palabras
Cariñosas…
Pensando en ti dejo caer de mi pluma apresurada, esas palabras que nunca logro concluir.
Al pensarte, o al pensar que escribo sobre ti, llego a un punto donde siempre me detengo y aflora el recuerdo de nuestro primer encuentro amoroso.
Me acuerdo de ti vestida con ese traje que delineaba tu escultural figura, cómo has crecido, ya eres toda una mujer.
Tus senos firmes y tersos dejaban entrever esas areolas rosadas, coronadas con sus respectivos pezones apetitosos, tu cintura delgada sosteniendo firme esa cola respingada que invitaba a ser descubierta.
TodavÃa conservo en mi memoria la imagen de nuestro gran dÃa, justo en el momento preciso en que tu vestimenta se deslizaba hacia el suelo, permitiéndome ver cómo esa esbelta figura quedaba desnuda y tÃmida con la lencerÃa. El sostén con sus delicadas copas realzaba tus hermosos y blancos senos, manteniéndolos erguidos, desafiantes. La braga, simplemente cubrÃa esos pliegues carnosos de piel que rodeaban la entrada de tu intimidad, estaba ansioso por explorarlos desde el clÃtoris hasta el final de la abertura, para asà degustar el néctar de tus jugos directamente desde esa fuente de placer, impoluta, sin un solo vello alrededor.
Finalmente, con una mirada me invitaste a descubrir los centÃmetros de piel que aún estaban cubiertos por esa mÃnima porción de tela azul celeste que escogiste para este momento tan sublime.
Mi corazón late a toda velocidad, casi puedo sentir cómo fluye la sangre por todo mi cuerpo, concentrándose en una zona, esa zona que en breve entrará en acción para, después de brindarnos todo nuestro cariño y estallar como un volcán en erupción.
También recuerdo las sensaciones cuando te acercaste y, callando mi boca con un beso apasionado, comenzaste a despojarme de mi vestimenta, tan hábilmente, que antes de darme cuenta estábamos ambos sin rastro de la tela que nos cubrÃa.
Mi sexo se alza como un titán, imponente en toda su magnificencia con ganas de conquistar tu encantadora fortaleza, el tuyo brillaba por los néctares de tu interior, los cuales fluÃan como invitación a tan virginal banquete. El aroma a amor flotaba en la habitación, como tarjeta de invitación para disfrutar de tan exquisito manjar.
Debajo de tu vientre agitado espera ansiosa tu entrada para saborear de la fuente que emana de ella, llena de fragancias surgidas de sus pliegues; mi pluma no alcanza a describir tantas sensaciones experimentadas.
He descubierto el poder de excitación que tiene tu mirada cuando nuestros ojos se encuentran, mientras mis manos abren el camino hacia el placer, tus muslos se separan suavemente para iniciar el preludio de aquel acto que nos llevará al clÃmax.
Mis manos, junto con mi impaciente lengua, empezaron a brindarte ese placer que solicitabas, recorriendo tus cuatro labios inflamados de pasión esa boca llena de deseos emite suspiros prolongados con algún gemido intermedio, levanto la vista viendo tus senos subir y bajar agitados cuando, al rozar tu clÃtoris ardiente y erecto, estallaste en un enorme primer clÃmax.
El deseo y la pasión me atraparon entre sus garras, protegiendo con un preservativo mi miembro lleno de pasión. Lentamente se adentró en tu interior, los gemidos aumentaban a medida que continuaba la sutil exploración de ese, hasta ese momento, desconocido trozo de piel.
ardiente que se apoderaba de un himen intacto.
Después de un tiempo y varios de tus clÃmax más tarde, logramos alcanzar el éxtasis al unÃsono.
Nuestros corazones acelerados cabalgan en ambos pechos, que se elevaban rápidamente, al igual que el vientre; observaste la pequeña mancha carmesà en la sábana y un hilo del mismo color que recorrÃa el preservativo, con el lÃquido blanco y viscoso en su interior, luego volviste tu mirada para encontrarte con la mÃa pronunciando...
- Gracias padre.
Finalmente, puedo decir que mis versos están completos.
Tu fragancia marca el camino recorrido por
Tu fogoso cuerpo.
Haces que todo a nuestro alrededor se desvanezca,
Como preludio a nuestro encuentro.
La ciudad tiembla ante la inocencia
De tus apasionados labios que dispersan una
Nube elocuente cargada de palabras
Amorosas.
Para ti, que eres una extensión de mÃ,
Mi otra mitad, que hemos alcanzado el cielo con
Nuestras manos.
Desde este dÃa, en el que te he convertido en mujer,
Solo deseo desfallecer entre tus brazos
Renaciendo cada dÃa, también entre ellos.
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