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La joven de la Aplicación


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Hola a todas y todos de nuevo, quiero compartir un hecho verídico que tuvo lugar hace unos años y todavía mantengo contacto con una joven que conocí en una aplicación de citas.

¿Quién no ha visitado alguna vez uno de estos sitios web, ya sea para buscar compañía, concertar una cita o explorar lo que ofrecen?

En una tarde aburrida, decidí adentrarme en una de estas aplicaciones solo por curiosidad, subí una foto y esperé a ver qué ocurría. Mientras miraba perfiles de chicas –hay muchas realmente atractivas y algunas incluso parecen modelos–, recibía todo tipo de mensajes como "Hola cariño, ¿quieres jugar conmigo?", "Estoy excitada, ¿te gustaría verme?" o "¿Quieres pasar un buen rato, cariño?" que apenas me llamaban la atención. Sin embargo, hubo uno que me intrigó:

-"Hola, ¿hombre complicado?"

-"¿Cómo esperabas que te saludara?"

-"Aquí no encontrarás mucha cultura, ¿verdad?"

Esta conversación despertó mi interés y no pude resistirme a responder:

-"¿Por qué crees que soy un hombre complicado?"

-"Vi tu perfil y solo sigues a 4 mujeres", observó ella detenidamente.

-"Vaya, vaya, eres muy observadora. ¿Siempre analizas todo así?"

-"Solo cuando algo me llama la atención", respondió.

Realmente, esta joven también captó mi atención. En sus fotos se mostraba como una mujer alta, de piel muy blanca, atlética, con piernas bien formadas y largas, con una cola pequeña, redonda y firme, y un rostro encantador que complementaba su delgadez.

De esta manera, iniciamos una relación que poco a poco fue adquiriendo un tono más atrevido en nuestras conversaciones.

Nuestras charlas se volvían cada vez más sugestivas y apasionadas, con el intercambio de imágenes sensuales y algunas más explícitas. Decidimos dar un paso más y comenzar a enviar audios, lo que elevó el nivel al escuchar nuestras voces, nuestros gemidos; la excitación crecía y ambos queríamos experimentar más. Así llegamos a intercambiar videos más atrevidos, pero el deseo seguía en aumento y sentíamos la necesidad de algo más.

Residíamos en ciudades distantes dentro del mismo país: ella vivía en una ciudad montañosa próspera en Argentina, y yo en la bulliciosa ciudad, como la describía Cerati.

Decidimos reunirnos y viajaría a su ciudad para encontrarnos en persona. Elegimos un fin de semana largo para poder disfrutar de tres días juntos. Reservé una habitación en un hotel de montaña para tener la privacidad deseada y evitar interrupciones.

Todo estaba planeado: tomaría un vuelo, alquilaría un automóvil en el aeropuerto y llegaría al hotel para esperarla, como ella deseaba.

Mientras seguíamos conversando, la espera se hacía interminable. Ambos estábamos ansiosos y emocionados por ese encuentro, ¿por qué será que lo prohibido siempre resulta más excitante? Habíamos buscado excusas para concretar nuestro ansiado encuentro.

Llegó el día; trabajé hasta el mediodía, organicé todo y me dirigí al aeropuerto. Le informé mi horario de salida y llegada para que tuviera tiempo de prepararse. En el aeropuerto, miraba a mi alrededor para no encontrarme con conocidos, no quería distracciones, solo pensaba en todo lo que viviríamos juntos. Al llegar a mi destino, esperé a que todos los pasajeros descendieran primero; no me gustaba el bullicio al bajar.

Y luego, todos estaban aguardando por sus equipajes, pero como solo llevaba una maleta conmigo, no tuve que esperar.

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Al salir de la zona de llegada, siempre hay una multitud esperando a familiares, amigos o personas a las que van a buscar, y los reciben con un letrero. Aunque no estaba prestando atención, ya que solo quería salir rápido para tomar un taxi, hasta que vi un cartel que decía “Dulce Tentación”. Me llamó la atención y, al mirar de cerca, era ella. No podía creerlo, estaba parada a pocos metros de mí y me quedé estático, sin reaccionar. La sorpresa fue tan grande que puse cara de puchero. Cuando finalmente reaccioné, sonreí y se abalanzó hacia mí, me abrazó y nos fundimos en un beso interminable, sin importarnos que estuviéramos en medio de todos.

“Veo que no me reconociste, amor”, dijo ella.

“En realidad, nunca pensé que vendrías a recogerme. Estaba ansioso por buscarte”, respondí.

“Entonces, ¿te gustó la sorpresa?”, preguntó ella.

“Me encantó. Cada día estoy más enamorado de ti”, expresé emocionado.

“Oh, qué dulce amor. Ven, tengo mis maletas en el auto. No quería ir sola al hotel, quería entrar como una pareja de enamorados”, dijo con emoción.

Cada día me sorprendía más. Esta chica parecía tener todo planeado y no se le escapaba ningún detalle.

Coloqué mi maleta en el auto junto a la suya. Luego, me entregó las llaves y me dijo amor mío.

Después de aproximadamente 45 minutos, llegamos a un hotel pequeño pero encantador. Todos los detalles indicaban que estaba preparado para parejas que deseaban desconectar o esconderse del mundo. Nos asignaron una habitación con vistas a las montañas, la cual lucía muy romántica. Cerré la puerta y, al darme la vuelta, Ale (así se llamaba) se abalanzó sobre mí, empujándome contra la puerta, y me dio un beso tan apasionado que parecía que quería quitarme el aliento. Estaba como poseída, ardiente y desesperada, al igual que yo, aunque tratara de ocultarlo. Ella quería tomar el control y lo estaba logrando.

Empezó a desvestirme con una rapidez sorprendente, y yo no me quedaba atrás. Me quitó la camisa, desabrochó mi pantalón, lo dejó caer y comenzó a bajar lentamente, besando mi cuello, recorriendo mi pecho y apretando con fuerza uno de mis pezones, lo cual me hizo casi gritar de dolor pero, dado mi estado de excitación, fue una sensación peculiar. Mientras hacía esto, con su otra mano me acariciaba el pene sobre el bóxer. Cuando bajó aún más con sus manos, me deshice de todo lo que me molestaba. Me miró con lujuria y besó mi glande, una sensación tan placentera que sentía que iba a explotar, estaba tan duro como una roca. Comenzó a lamerme, pasando su lengua por todo mi miembro de arriba abajo, volviéndome loco. Podría decirse que me tenía entre la espada y la pared, literalmente.

Mientras me masturbaba, empezó a chuparme los testículos. Quise sujetarla de la nuca, pero apartó mi mano y me miró fijamente, como clavándome un cuchillo. Luego, me fue tragando centímetro a centímetro. Ella no quería perder el control, así que la dejé actuar, pues estaba disfrutando mucho.

Me lo introducía y sacaba de su boca como si fuera un chupete. Me esforzaba por no eyacular, quería que aquello continuara más allá de una simple felación, pero ella tenía otros planes y anhelaba mi esperma caliente en su boca. Aceleró sus movimientos y, con la otra mano, apretaba mis testículos mientras seguía masturbándome. Le avisé que estaba a punto de llegar al clímax, algo que podía notarse por el tamaño de mis venas. Abrió la boca para recibir mi esperma, que salió con tal fuerza que llegó hasta el fondo de su garganta. No dejó caer ni una gota al suelo, me miró y se rió, diciendo:

“Esto es lo que te gusta, ¿verdad, amor?”

“¡Sí! Tú conoces todos mis gustos, al igual que yo conozco los tuyos”, respondí satisfecho.

Se levantó, me besó con el sabor de mi propio esperma, una sensación tan placentera que recomendaría a quienes nunca lo hayan experimentado.

Me tomó de la mano, me llevó hacia la cama, se recostó boca arriba y me indicó su entrepierna, que aún estaba...

Con los pantalones aún puestos, los retiré lentamente para descubrir una tanga negra diminuta y mojada que me excitaba enormemente. Al secarla, ella abrió sus piernas invitándome a disfrutar de su intimidad, y así lo hice. Era mi momento de darle placer a esa mujer tan deliciosa, y no me demoré en posicionar mi cabeza entre sus muslos. El aroma que desprendía era embriagador y me excitaba cada vez más. Su zona íntima lucía tersa y perfectamente depilada, con evidentes signos de excitación. Deslicé mi lengua por su húmeda rendija, la cual comenzó a humedecerse aún más al contacto. Ella se estremeció, arqueó su cuerpo y recorrí cada rincón de su vulva con pequeñas pausas para aumentar su deseo. En el punto álgido de excitación, toqué su clítoris y provocó sus primeros gemidos.

"-mmm ahhh siii asiii mmmm".

Ambos compartíamos un deseo mutuo y actuábamos en consecuencia. Seguí acariciando su clítoris con mi lengua, alternando con suaves succiones. Sus manos se aferraban con fuerza a las sábanas, su cuerpo se movía en movimientos pélvicos para guiar mi lengua hacia su interior. La introduje con delicadeza, como si la penetrara, y ella aferró mi cabeza con fuerza, casi sin dejarme respirar. Parecía una presa entregada, y apenas podía contener mi aliento. Cuando alcanzó el orgasmo, degusté la mayor parte de sus jugos, resultando en una experiencia intensa.

Una vez que se relajó un poco, coloqué mis manos debajo de sus caderas y, levantándolas ligeramente, continúe con mis caricias. Volví mi atención a su estrecho orificio trasero, y comencé a realizar un beso negro. Mi lengua trazaba círculos alrededor de su esfínter, el cual permanecía cerrado, indicando que deberíamos explorar aún más esa noche. Decidimos entregarnos por completo y utilizar cada uno de sus orificios durante el fin de semana. Presioné y, con cuidado, introduje mi lengua, abriendo sus nalgas con mis manos mientras ella gemía de placer.

Regresé a su vulva, aún empapada, y ascendí por su monte de Venus, saboreando cada milímetro de su piel exquisita. Continué ascendiendo hasta llegar a sus senos, donde besé y mordí delicadamente sus pezones. A pesar de que sus senos eran pequeños, sus pezones puntiagudos y erectos, tal como me gustan. Disfruto estimulando los pechos y escuchando las peticiones de más placer. Finalmente, llegué a sus labios, los besé y proclamé: "Ahora eres toda mía", mientras mi miembro se deslizaba en un charco de fluidos, recorriendo su vulva y descendiendo hacia su ano reiteradas veces.

"-No seas cruel, introdúcelo ya que no aguanto más -suplicó ella.

"-Sí, deseo que seas mía por completo, ¡pero no por ahora! -respondí.

"-Por favor, ¡quiero que sea ya! Estoy a punto de estallar si continúas así -rogó.

Tan húmeda estaba que mi glande se deslizó suavemente en su interior. Realicé movimientos de entrada y salida, provocando que ella intentara introducirlo por completo con movimientos pélvicos, hasta que logré penetrarla profundamente con un impulso enérgico.

"-¡Ah sí, ahhh! No podía aguantar más, sí, así es... Ya te deseaba tanto, era insoportable -gimió.

"-Shhh, tranquila. Recién estamos comenzando, hoy te poseeré con tal pasión que no querrás que esto termine -prometí.

"-Sí, quiero más. No pares. ¡Ah, mmm, sí, así me gusta! -respondió.

Sus gemidos se transformaron en gritos cada vez más intensos al alcanzar un nuevo orgasmo. Para no llamar la atención, tuve que hacerla morder una almohada.

Estaba a punto de llegar al clímax, resistiendo el impulso tanto como pude. Finalmente, me retiré, me deslicé hacia arriba y froté mi miembro entre sus senos, mientras ella los apretaba con las manos para proporcionar placer. Era una sensación deliciosa. Cuando ya no pude contenerme más, le hice una señal, la cual entendió a la perfección. Abrió su boca para recibir mi semen y, entre risas cómplices, parecía que nos conocíamos de toda la vida. Después de que me limpiara, nos abrazamos, satisfechos.

Ella se montó encima de mí, comenzó a besarme y al mismo tiempo frotaba su vagina con mi pene, se movía con tanta destreza en todas las direcciones que logró excitarme de nuevo.

Tomé su mano y la dirigí hacia la entrada de su ano, pero estaba muy cerrado. Primero la introdujo en su vagina para lubricarla, luego intentó nuevamente penetrar poco a poco. Fue cediendo lentamente, ya que estaba muy apretado y dolía un poco, pero logró introducirla hasta el fondo. Parecía que me estaban apretando fuertemente, la dejé ahí bien adentro hasta que ambas partes se adaptaron. Comenzó a cabalgar, primero suavemente, y luego aumentó el ritmo gradualmente. Sentía lo estrecho que estaba, lo que causaba un efecto de succión y hacía que mi pene se pusiera más rígido. Sus movimientos se volvieron más intensos, moviéndose enérgicamente en todas direcciones, como si quisiera arrancarlo. Golpeaba con tanta fuerza que en algunos momentos sentía una mezcla de dolor y placer al mismo tiempo.

Mientras yo estimulaba su clítoris con mis dedos, ella arqueaba la espalda y seguía gimiendo. Nunca antes había estado con una mujer que gemía tan fuerte, aunque a los hombres nos excita más cuando las escuchamos gritar o gemir. En un momento, soltó un grito tan fuerte que cayó exhausta sobre mi pecho. Nuestros cuerpos estaban completamente mojados, nos recostamos un rato para descansar y luego nos quedamos dormidos durante varias horas.

Al día siguiente, me despertó con sexo oral, luego la coloqué encima de mí en posición de 69 para disfrutar ambos. Esa mañana nos duchamos juntos, acariciando y besándonos mientras el agua caía sobre nosotros. Después fuimos a desayunar y tuvimos una sesión de masajes para relajar nuestros cuerpos. Por la tarde, volvimos a encerrarnos en la habitación, pedimos cena a la habitación y seguimos disfrutando de nuestro encuentro, el primero de varios que tuvimos.

Qué agradable es esta época, lo fácil que resulta disfrutar del sexo, si se desea.

Las redes sociales son de mucha ayuda para quienes buscan, encuentran.

Pronto les contaré otra historia real, esta vez sobre una joven que viajó 1000 km, a mitad de mi edad, solo para tener un encuentro intenso conmigo. Pero esa es otra historia.

Si les gustó, por favor díganmelo, me encantaría conocer sus opiniones.

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