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Encuentro íntimo con mi hermano


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Todo empezó cuando mis padres se fueron de viaje y mi hermano mayor se quedó solo en la casa de mi papá, donde yo no vivo pero suelo visitar. Durante esos tres días en los que él estuvo solo, ocurrió algo inesperado.

Él es un hombre de 43 años, de tez blanca, atractivo, bien formado, pulcro y con poco vello en el pecho. Es innegablemente atractivo, solitario y misterioso.

Un día, alrededor de las 6:30 de la tarde de un sábado, llegué a la casa para darle de comer a las mascotas y revisar que todo estuviera en orden mientras mi hermano estaba solo arriba, escuchando música y habiendo tomado unos tragos. Al escucharme llegar, bajó en toalla recién bañado y un tanto cariñoso, lo cual era inusual en él. Me saludó y me preguntó qué haría esa tarde. Le respondí que nada en especial, ya que en mi casa no había nadie. Fue entonces cuando me invitó a subir a su habitación y acepté, pues debo admitir que mi hermano me atrae de una manera que no logro explicar.

Arriba, él lucía solo una franela y la toalla, lo cual resultaba sumamente sexy. Tras ofrecerme un trago, me propuso ver algo en su habitación. Durante la conversación, mencionó a una prima con la que había tenido algún encuentro pasajero, y de repente, se le cayó la toalla y quedó completamente desnudo. Sin decir palabra, me quedé mirándolo, sintiendo un escalofrío recorrer mi cuerpo. Acto seguido, cerró la puerta con llave y me preguntó si quería saber qué había ocurrido con nuestra prima. Sin responder, lo observé en silencio mientras se acercaba.

Su erección rosada y firme captó mi atención, y en un instante me arrodillé para comenzar a practicarle sexo oral. Su excitación era evidente, gemía suavemente mientras acariciaba sus testículos y estimulaba su glande. Posteriormente, me indicó que me quitara el short, colocó un preservativo, y tras confirmar que era mi primera vez, procedió a penetrarme con delicadeza, provocando en mí un placer desconocido hasta entonces.

A medida que avanzaba el acto sexual y aumentaba el ritmo, me observaba a través del espejo, lo cual me resultaba tremendamente excitante. Pronto cambiamos de posición y continuamos, disfrutando de cada momento de intenso placer. Nuestros cuerpos se unían en un compás perfecto, él sudaba ligeramente y sentir su pecho, olerlo, y sostener sus brazos, era simplemente delicioso.

Finalmente, llegó el clímax y, entre gemidos, se derramó en mí. Descartamos el preservativo y continuamos un momento más en íntima cercanía. Luego, me llevó a casa en su carro, asegurándome que lo ocurrido permanecería entre nosotros. Asentí, compartiendo su deseo de guardar ese secreto. Meses después, él dejó el país, dejando un recuerdo imborrable. Qué extraño deseo, quizás algún día se haga realidad.

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