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El individuo enigmático (parte 1)


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En una noche calurosa de verano, mi pareja Evan y yo habíamos organizado salir a cenar fuera y después disfrutar de la noche.

Debido al intenso calor, opté por colocarme un vestido ajustado, sin espalda, bastante corto y de color negro a juego con unas sandalias del mismo tono. Era el atuendo ideal para la ocasión, sofisticado, con tela suficiente para sugerir y dejar algo a la imaginación, debajo llevaba unas diminutas bragas de encaje negro.

Nos dirigimos a un restaurante muy elegante y moderno, concurrido de comensales. Mientras degustábamos la cena, la conversación se desvió hacia el morbo de tener relaciones íntimas frente a tanta gente.

-Admite, querida, ¿no te resultaría excitante tener relaciones frente a tantas personas? -me preguntó con curiosidad.

-Sí y no. Por un lado, me parece emocionante la idea de intimar delante de tanta gente, pero por otro lado, me causaría mucha vergüenza, además nunca se sabe quién podría estar mirando. -respondí con cierta timidez.

-A mí me encantaría. Solo de imaginarme a alguien observando cómo hacemos el amor, me dan unas tremendas ganas de lanzarme sobre ti y arrancarte ese vestido que me vuelve loco.

-Jaja, no exageres. Realmente no entiendo cómo puedes disfrutar tanto con esa idea. Estás loco.

Después de la cena, Evan sugirió ir al bar donde trabajaba un amigo suyo, Liam. Me comentó que era un local de moda, ya que se ubicaba en lo alto de un rascacielos, precisamente en el piso 130 y disponía de una terraza espectacular con impresionantes vistas de la ciudad. Asimismo, me mencionó que, si acudíamos esa noche, podríamos acceder a uno de los reservados, algo bastante exclusivo, dado que tenían alta demanda. Me pareció una idea estupenda.

Al llegar al edificio del bar, entramos en un inmenso vestíbulo de mármol blanco, decorado de manera lujosa y moderna, lo que nos brindó una idea de la elegancia del sitio. Nos dirigimos directamente a los ascensores, donde había mucha gente esperando y curiosamente todos eran hombres. Resultaba difícil no percatarse de cómo todos me observaban fijamente, unos de forma discreta y otros no tanto. Evan rodeaba mi cintura con su brazo y, al notar las miradas ajenas, no dudó en deslizar su mano hasta mi trasero, en ese momento recordé nuestra charla previa y empecé a sentir cómo aumentaba la temperatura entre mis piernas.

Para mi desgracia, los ascensores tardaban en llegar y comenzaba a sentirme algo incómoda al ver cómo esos hombres se movían por el amplio vestíbulo, tratando de obtener una mejor perspectiva de nuestro pequeño espectáculo. Empecé a mirar a mi alrededor y me topé con una mirada intensa que casi me dejó sin aliento. Permanecí observándolo fijamente, al igual que él lo hacía conmigo.

Se trataba de un varón de unos 60 años, bien vestido, conservaba una apariencia atlética y resultaba muy atractivo. Era alto, su complexión denotaba que se mantenía en buena forma. Su cabello era oscuro con algunas canas y estaba perfectamente peinado, en armonía con su mirada, la cual era profunda y cautivadora, podías pasar horas observando esos ojos. Vestía unos pantalones de lino negro y una camisa muy elegante de color blanco. Indudablemente, era un individuo que atraía a muchas mujeres solo con su presencia.

Al cabo de unos segundos, que para mí parecieron interminables, finalmente llegó uno de los ascensores. Todos los hombres retrocedieron para dejarnos pasar y, de paso, volvieron a mirarme de arriba a abajo, como si fuera un premio por el que competir.

Nos...ubicados en la zona trasera del ascensor, en una esquina. Mientras nos desplazábamos hacia el piso 130, percibía cómo la mano de Evan volvía a posarse en mi trasero, al mismo tiempo que me miraba con deseo. Continuó jugueteando con su mano debajo de mi vestido, desplazándola hacia el interior de mis piernas, hasta que el sonido del ascensor nos devolvió a la realidad. Al salir de la reducida cabina, volví a sentir las miradas voraces de todos los presentes posadas en mí, experimentando nuevamente el calor en mi cuerpo, particularmente entre mis piernas.

El bar era un espacio amplio, con una extensa barra de madera a la derecha; el resto de la sala estaba repleto de mesas, sofás y sillas de tonos suaves, donde la gente podía sentarse tranquilamente a disfrutar de una bebida. Frente a la entrada principal, se encontraban grandes ventanales que daban a una generosa terraza, de acceso libre para todos los clientes. Junto a los ventanales, se distinguían cuatro puertas del mismo color que las paredes, como si intentaran mimetizarse para ocultar su presencia, y a cada lado de dichas puertas se encontraba una pequeña pantalla; en ese instante, las cuatro lucían en color rojo. Estas cuatro puertas conducían a los cuatro reservados, y uno de ellos era el que nos reservaban a nosotros.

Una vez dentro, nos topamos con Liam, nuestro amigo, a pesar de la multitud presente. Nos saludó y nos indicó que tendríamos que esperar unos 20 minutos, ya que nuestro reservado aún no estaba disponible. Encontramos un lugar en la barra y mientras aguardábamos, procedimos a hacer nuestros pedidos de bebidas.

Dado el elevado número de personas, el espacio que ocupábamos era reducido, estábamos totalmente pegados el uno al otro, situación que no me incomodaba a pesar del bochornoso calor reinante.

Mis pensamientos se centraban en lo sucedido en el vestíbulo y posteriormente en el ascensor. Me repetía que eran meras impresiones mías, que en realidad no había ocurrido nada, pero lo que me inquietaba era la sensación experimentada al sentir cómo esos hombres me devoraban con la mirada.

Mientras mi mente divagaba, Evan rodeó mi cintura con sus manos, acercándome más a él; me giré quedando de espaldas, apoyándome en su pecho. Comencé a rozar mi trasero contra su entrepierna, donde ya podía notar su erección, mientras él deslizaba una mano por debajo de mi vestido para volver a juguetear con mi trasero. Su mano se adentraba cada vez más, llegando a acariciar mi parte íntima.

− Sabes que pueden vernos. Esto está lleno de gente. − Le reproché en tono jocoso.

− ¿Ahora te preocupa que nos observen? En el ascensor no parecía importarte tener tantos ojos fijos en ti. − Respondió irónicamente.

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− Bueno, pero aquí hay más gente y antes solo me tocaste el trasero.

− Jajaja, apuesto a que habrías disfrutado si hubiese ido más allá. Al final lograré tener relaciones contigo a la vista de todos. − Dijo con deseo.

− Ni hablar, no permitiré que me poseas delante de nadie. Olvídate de esa idea.

− Veremos cómo acaba la noche.

Comencé a relajarme y a disfrutar de la noche y de los placeres que mi pareja me proporcionaba en ese momento. La gente seguía moviéndose alrededor nuestro, pero ninguno de los dos estábamos conscientes de sus acciones; en ese instante, solo podía concentrarme en cómo sus dedos jugueteaban en mi interior. Apoyé mi cabeza en su hombro, su mano izquierda seguía aferrándome por la cintura, apretándome más contra él, mientras con la derecha continuaba provocándome placer internamente. De vez en cuando acercaba su boca a la mía, para morder suavemente mis labios, algo que sabía que me enloquecía. Pronto empecé a sentir cómo mi primer orgasmo se aproximaba.

− Cariño, estás a punto de llegar, ¿verdad?

− Ummm sí, sigue. − Gemí suavemente.

− ¿Estás¿Estás segura de que quieres hacerlo ahora? Hay mucha gente alrededor y podrían descubrirnos – Me cuestionó entre risas.

- Déjate de tonterías y continúa.

- Sería una lástima detenernos en este momento.

De repente, él se detuvo, retiró su mano de mi interior y me giró para que quedara frente a él. Sonrió mientras susurraba en mi oído: “¿Pensaste que te lo pondría tan fácil?”. En ese instante, una ráfaga de insultos y palabras desagradables hacia él cruzaron mi mente, pero decidí guardar silencio.

Seguimos conversando mientras esperábamos; los 20 minutos habían pasado y aún no teníamos nuestra mesa reservada. El aburrimiento empezaba a apoderarse de mí, pero Evan insistía en quedarnos, asegurando que la espera valdría la pena.

- Para hacer la espera más llevadera, ¿qué te parece si jugamos un poco? – Propuso Evan.

- ¿A qué quieres jugar? - Pregunté, curiosa.

- Ve al baño, quítate las bragas y tráemelas. – Ordenó.

- Jajaja, estás bromeando, ¿por qué querrías mis bragas?

- Te lo he dicho, es parte del juego.

- Mi vestido es muy corto, si me las quito es probable que se vea todo al intentar sentarme. – Me quejé.

- Entonces no te sientes. Hazme caso y tráemelas, te aseguro que te divertirás. – Insistió.

- Está bien, lo haré, pero espero que valga la pena.

- Sin duda valdrá la pena. Estoy seguro de que esta noche no vas a olvidarla fácilmente.

Fui al baño, que afortunadamente se encontraba vacío. Al entrar, me deshice de mis bragas y las llevé en mi mano, apretando el puño con fuerza para que no se notara.

Al salir, me invadió una extraña sensación, como si todos se dieran cuenta de que no llevaba ropa interior. Aunque no era la primera vez que lo hacía, esta vez fue distinto, tal vez porque había estado obsesionada con nuestra conversación sobre situaciones íntimas en lugares públicos. Intenté tranquilizarme, convenciéndome de que era paranoia mía y que nadie estaba pendiente de mí, pero de repente, noté una mirada fija a mi lado: era el mismo hombre que me había observado en el vestíbulo. Aparté la mirada y me alejé.

Regresé donde se encontraba mi pareja, quien en ese momento conversaba con Liam. Disimuladamente le entregué mis bragas, las cuales guardó en el bolsillo de su pantalón mientras continuaba con la charla animada. Observaba a las personas a mi alrededor, sintiendo algo extraño, hasta que algo inesperado captó mi atención: el hombre del vestíbulo estaba sentado en una mesa frente a nosotros, con la mirada fija en mí.

Noté que en su mesa solo había una copa a medio beber, por lo que llevaba ahí un rato. Me sorprendió no haberlo notado antes, pero recordé que había estado distraída por la situación con mi pareja. Al pensar en ello, una ola de nerviosismo me invadió al imaginar que aquel hombre podría haber presenciado cómo Evan me tocaba delante de todos y casi llego al clímax. Mis pensamientos me llevaron al borde de un ataque de pánico, hasta que su mirada hipnótica me distrajo.

De repente, mi pareja dejó de hablar con su amigo y se enfocó en mí. Uno de sus dedos volvió a explorar mi intimidad mientras susurraba en mi oído:

- Parece que algo te ha llamado la atención, estás muy excitada.

- Es solo por el hecho de no llevar bragas. – Respondí sarcásticamente.

- ¿Solo por eso?

- ¿Es eso poco?

- Mira, has prescindido de ellas en varias ocasiones y no has estado tan entusiasmada como ahora. Tal vez haya algo más.

-

¿Algo más… como qué?

- Te encanta sentirte tocada delante de tanta gente, ¿verdad?

- Jajaja, qué ocurrencias tienes. Te he dicho que me parece una locura, pero si lo permito es porque confío en tu discreción. No quiero que nadie nos descubra - respondí tratando de sonar creíble.

- Lo intento, pero no puedo evitar las miradas de todos. Aunque lo niegues, disfrutas de lo que estamos haciendo. ¿Acaso no estás mojada sin haber hecho nada más?

Para probar su punto, retiró su dedo de mi intimidad y discretamente lo llevó a su boca. No dudé en limpiarlo con mi lengua mientras él comenzaba a besarme y nuevamente a explorar debajo de mi vestido, pero esta vez, a la vista de todos, algo que secretamente me excitaba.

Miré de nuevo al hombre que nos observaba, parecía percatarse de la situación. Su mano derecha estaba bajo la mesa, oculta a mi vista por un sillón, mientras con la izquierda apretaba la copa, como si quisiera romperla. Sus movimientos del brazo derecho insinuaban que se estaba acariciando.

Mi respiración se aceleraba, ¿era por el desconocido masturbándose mientras me observaba o por los dedos que me torturaban? Lo que sabía con certeza era que el inminente orgasmo sería intenso.

Estaba al borde del éxtasis, por segunda vez, cuando una voz interrumpió el momento. Los dedos de mi compañero se detuvieron, el hombre apartó la mano y su mirada por primera vez, y yo me quedé frustrada por perder una vez más la oportunidad de alcanzar mi tan ansiado clímax. Nuestro reservado estaba listo.

¡Continuará!

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