0%

El sujeto enigmático (parte 2)


Escuchar este audio relato erótico
0
(0)

Después de casi una hora de espera y varios fallos en la obtención de placer, finalmente conseguimos acceder a nuestro reservado. Liam se aproximó a nosotros para conducirnos hasta el lugar indicado, ya que, con tanta cantidad de personas, resultaba complicado divisar el punto exacto al que debíamos dirigirnos. Mi pareja entrelazó sus dedos con los míos y me instó a seguirlo entre la multitud que disfrutaba de la noche del sábado, aunque mi atención se centraba únicamente en mi nuevo conocido, quien me observaba sorprendido mientras pasábamos por delante de su mesa, imaginé que no le agradó mucho que me marchara, justo cuando empezaba a disfrutar de la velada.

Finalmente alcanzamos el reservado y pude comprobar con mis propios ojos lo especial que era el lugar, para aguardar por todo lo que habíamos esperado. Antes de ingresar, nos explicaron el funcionamiento de la pantalla: si estaba en rojo, significaba que nadie podía ingresar, ni siquiera el personal del bar; mientras que si estaba en verde, el acceso era libre para cualquier individuo; sin embargo, cuando la pantalla se tornaba amarilla, indicaba que solo la persona con un código específico podía acceder. Después de la explicación, Liam finalmente ingresó un código y la puerta se abrió, permitiéndonos el paso.

Al cruzar la puerta, nos encontramos con una terraza increíble, con unas vistas impresionantes del horizonte de la ciudad, tan maravillosas que resultaba imposible apreciar el resto del entorno.

- Les explicaré cómo funciona todo esto. Cuando deseen pedir algo, pueden hacerlo a través de esta tablet, seleccionar sus bebidas y enviar el código. Cuando deseen que se las sirva, cambian la luz a amarillo y acudiré. - Nos detalló Liam.

- Menuda privacidad, debo autorizarte para que me sirvas jajaja. - Bromeó mi pareja, clavando sus ojos llenos de deseo en mí.

- Muchos códigos y muchas luces, esa pared es completamente de cristal y da directamente a la terraza pública. Se puede ver a toda la gente justo al lado nuestro como si estuviéramos en una terraza común. - Protesté, observando la cantidad de personas en el lado opuesto.

- No les he contado algo. Esa pared allí es un espejo bidireccional, similar a los que se utilizan en las salas de interrogatorio de la policía. De un lado es un espejo y del otro es un cristal, es decir, que ellos no pueden vernos, pero nosotros sí podemos verlos a ellos, aunque hay que tener en cuenta la luz. Para que no nos vean, no debemos encender la luz, ya que el efecto del espejo puede fallar. - Concluyó su explicación mientras salía del reservado a buscar nuestras bebidas.

Mientras aguardábamos a que Liam regresara con nuestras consumiciones, empezamos a explorar el amplio espacio. Siguiendo sus recomendaciones, no encendimos la luz, pero con las luces de la ciudad, la proveniente de la terraza contigua y las pequeñas velas dispersas por toda la terraza, el lugar lucía mágico. En el centro se hallaba un enorme sofá negro en forma de U, con una mesa de cristal en el centro y dos mesas más pequeñas a los costados, junto a dos sillones grandes, en armonía con el sofá. Indudablemente, eran muebles más propios de una sala que de una terraza de un bar de moda, pero le conferían al ambiente un aire moderno y elegante.

No podía apartar la mirada de las vistas; he vivido en esta ciudad desde que nací y aunque debería estar habituada a contemplar los rascacielos iluminando las noches oscuras, cada vez me impresionaba más.

Seguía apoyada en la baranda de cristal del impresionante mirador, admirando las vistas tan impactantes que se presentaban ante mí, mientras la brisa fresca de la noche acariciaba mi rostro, cuando percibí unas manos en mi cintura. Evan se iba acercando cada vez más a mí, hasta que noté su evidente erección. . .

Contra mi trasero, mientras él me rodeaba con sus brazos. Poco a poco me fui moviendo hasta quedarme frente a él, sus manos descendían por mi vestimenta, hasta meterlas por debajo, acariciando mi trasero al descubierto, ya que seguía sin ropa interior.

Empezó a besarme, su boca tomaba la mía con intensidad, de forma salvaje, nuestras lenguas interactuaban, mientras nos devorábamos mutuamente. Sus manos seguían apretando mi trasero y las mías estaban alrededor de su cuello. Progresivamente bajé mi mano derecha, acariciando todo su cuerpo, hasta llegar a su entrepierna. Comencé a acariciarlo por encima de los pantalones y sentí cómo su miembro se movía en su interior. Ansiaba que me poseyera y por su reacción, él también deseaba lo mismo, continuábamos besándonos y acariciándonos apasionadamente, hasta que sonó un leve timbre.

En ese instante se abrió la puerta y apareció Liam con nuestras bebidas, mientras nosotros nos alejábamos, intentando disimular nuestras acciones.

- Aquí tienen sus bebidas, disfruten del reservado. Por cierto, antes de irme, les informo que en el reservado no pueden ser vistos, pero sí escuchados. – mencionó Liam en tono de broma, mientras se marchaba por la puerta.

De nuevo solos, me giré hacia la barandilla, con intención de seguir contemplando las vistas. Evan se acercó a mí, colocando sus manos en mi cintura como anteriormente. Comenzó a besarme delicadamente en el cuello, mientras me susurraba al oído.

- Me encantaría hacer el amor contigo aquí, sobre esta baranda, frente a toda la ciudad. - Murmuraba cerca de mi oído.

- Hoy en día parece que tienes una obsesión por la pasión en público.

- ¿No sentirías emoción por hacer el amor aquí? Observa todos esos rascacielos, con tantas ventanas, piensa que detrás de cada una de esas ventanas hay una persona observándote, mientras tú estás a punto de llegar al clímax y que solo al mirarte, esa persona, también desea experimentar placer.

- Pues no sé, nunca lo he probado, así que ignoro si me generarían sensaciones positivas o no.

- Eso se puede resolver fácilmente, vamos a experimentarlo inmediatamente.

💬
¿Quieres decirle algo al autor? Envíale un mensaje y hazle saber qué te pareció su relato

Me volteó nuevamente entre sus brazos para reiniciar los apasionados besos, mordiendo mis labios como un animal ansioso. Introdujo uno y luego otro de sus dedos en mi intimidad, yo estaba más que lista para ser poseída, de hecho, creo que llevaba deseándolo varias horas, pero él me torturaba con sus dígitos, acercándome al placer pero sabía que no me iba a conceder.

Como pude, me deshice de sus labios y de sus manos, me incliné, situando mi rostro a la altura de su entrepierna y desabroché sus pantalones, su pene erecto saltó como un resorte y en cuanto lo tuve entre mis manos, no pude resistir la tentación de llevármelo a la boca. Comencé a practicarle sexo oral suavemente, percibiendo cómo cada vez que lo introducía en mi cavidad bucal, ese pedazo de carne se tornaba más rígido. Su respiración se agitaba, cada vez más y no tardó en agarrar mi cabeza para acelerar el ritmo de sus embestidas en mi boca.

- Observa, todos esos edificios circundantes, están repletos de personas que nos observan en este instante, cómo yo recibo sexo oral y todos saben que en este momento estás sumamente excitada y deseas ser poseída con intensidad.

No podía replicar con su miembro viril en mi boca, pero sus palabras penetraban profundamente en mí. En mi mente se proyectaban fantasías de hombres y mujeres que nos observaban, muchos de ellos podrían estar masturbándose o incluso copulando sin apartar la vista de nosotros, generando en mí una extraña amalgama de miedo, vergüenza y placer, sobre todo placer, esto hacía que chupara de forma frenética ese falo que invadía mi cavidad bucal hasta rozar el umbral de mi garganta.

- Uff, si no frenas, me correré. - Me advirtió Evan, al tiempo que tiraba de mi cabello para indicar que parara.

- Deseo que me hagas el amor ahora, lo anhelo. – Imploraba, casi llorando de urgencia.

Él me ayudó a ponerme de pie, sin apartar su mirada llena de deseo de mí. Volvió a besarme y me condujo a apoyarme en la barandilla de la terraza. Se ubicó detrás de mí, con sus manos en mi cintura y su miembro erecto como una roca, rozando mi sexo, si me movía un poco podía introducirlo, pero él no permitía que lo hiciera.

- Si deseas que te posea, debe ser de esta forma, observando todas esas ventanas, dejando que todo nuestro público aprecie cómo disfrutas de mi miembro.

- Está bien, haz el amor conmigo como desees, pero por favor hazlo pronto.

Fue introduciéndomela gradualmente, mientras me tomaba del cabello para sostener mi cabeza y evitar que apartara la vista de todos aquellos edificios. Una vez completada la penetración, notamos que, en el edificio más cercano, emergía un grupo de cuatro o cinco personas en la terraza.

- Parece que al final tendremos audiencia. – Susurraba Evan en mi oído.

En ese instante me era imposible hablar, no sabía lo que deseaba, por un lado, estaba aterrada y avergonzada ante la posibilidad de ser observados por esas personas, pero por otro, estaba tan excitada que todo lo que ansiaba era que me poseyera, sin importar lo que ocurriera a nuestro alrededor.

- ¿Deseas que detenga esto?

- ¡No! Ámame ahora, necesito que me hagas el amor y no me importa quién nos pueda espiar.

En ese momento, Evan empezó a moverse dentro de mí, al principio con suavidad, pero progresivamente incrementó el ritmo y la intensidad de sus embestidas. Yo continuaba observando a esas personas, preguntándome si estarían atisbando nuestra intimidad. Empecé a percibir cómo el orgasmo crecía en mi interior y presagiaba que sería abrumador.

- Nena, estoy a punto de llegar al clímax. – Me susurraba Evan, con la respiración agitada.

- ¡Y yo también! – Alcanzaba a decir entre gemidos.

- Recuerda, que si nos oyen, tú decidirás qué tipo de espectáculo brindar. – Manifestó en tono burlón.

Ya no podíamos contenernos más, ni él ni yo. Como pude, me erguí buscando sus labios. Nos entregamos el uno al otro, sofocando nuestros gemidos, mientras nuestros orgasmos se desataban prácticamente al unísono. Sin duda, fue una experiencia increíble.

Nuestras lenguas continuaron entrelazadas mientras nuestras respiraciones se apaciguaban gradualmente tras los orgasmos que disfrutamos. Lentamente nos desprendimos el uno del otro, mis piernas aún temblaban, fue sin duda un acto sexual intenso, muy intenso, y en ese instante rondaba en mi mente la idea de que tal vez fue así debido a la excitación de ser descubiertos por alguien.

Evan me atrajo hacia un enorme sofá, tomamos asiento y empezamos a conversar sobre nimiedades. Pasado un tiempo y tras varias copas, él se acercaba más a mí, mientras su mano acariciaba mis muslos, sin adentrarse en el interior del vestido.

- ¿Disfrutaste lo sucedido antes? – Preguntó, cambiando el tema de forma radical.

- Sí, lo disfruté. - Respondí tímidamente.

- ¿Solamente lo disfrutaste? Mira, cariño, fue asombroso y ambos sabemos por qué fue tan especial. Admítelo, te excitó saber que había personas allí y que nos pudieran observar.

- Bueno, está bien, sí disfruté mucho, fue grandioso y sí, la idea de ver a esas personas y ser descubiertos me excitó bastante.

- Sabes, este lugar es perfecto para repetirlo. Esta vez, sería más próximo a esas personas, tú podrías verlas, pero ellos no a ti.

Mientras continuábamos conversando, a mi mente regresó el extraordinario clímax que había experimentado apenas una hora atrás y sí, fue tan especial debido al temor y al mismo tiempo excitación de ser descubiertos por extraños.

No sé qué me impulsó a lanzarme sobre Evan y comenzar a besarlo de manera apasionada, al mismo tiempo que mis manos se dirigían directamente a su pantalón. No tardé más que unos segundos en liberar su enorme erección. Era increíble cómo, tras un orgasmo tan intenso, volvieraa estar rígido como una roca. Nos quedamos observándonos mutuamente, aunque mis ojos ansiaban contemplar esa magnífica verga que tenía para mí. Poco a poco me incliné hacia abajo, quedando con la espalda apoyada en la pared de cristal, con intenciones de introducírmela nuevamente en la boca, pero en ese momento él me detuvo.

- Nena, ¿no crees que sería mejor que te colocaras de perfil? Así podrás hacerme una felación, mientras observas al resto de la gente. Seguramente te resultará más placentero.

No emití palabras, simplemente me giré tal como él me sugirió. Tratando de no prestar atención a lo que ocurría del otro lado del cristal, introduje su miembro en mi boca y empecé a succionar. Poco a poco me fui relajando, olvidando el lugar en el que nos encontrábamos y centrándome en darle a mi pareja una mamada extraordinaria. Sabía que lo estaba haciendo correctamente cuando sentí su mano acariciando mi cabeza, le encantaba jugar con mi cabello mientras recibía sexo oral, ocasionalmente empujaba mi cabeza para que engullera por completo su miembro y yo lo hacía con gusto.

Mientras intentaba buscar una postura más favorable para continuar con mi tarea, desvié la mirada hacia el cristal, en ese instante, alguien se sentaba en la mesa más cercana a la pared y no era otro que el hombre enigmático que horas antes me había observado fijamente. No sabría afirmar si me agradó o no su presencia, lo que sí sé es que seguí deleitándome con esa verga como si estuviera enloquecida. Paralelamente, mi novio empezó a introducir sus dedos en mi vagina y un nuevo orgasmo comenzó a crecer en mi interior.

Nuevamente, Evan me detuvo, me obligó a liberar su imponente erección de mi boca, me recostó en el sofá y se situó sobre mí. Empezamos a besarnos, mientras sus manos recorrían todo mi cuerpo, una vez más, a excepción de que en esta ocasión, tiró de mi vestido hasta lograr quitármelo. Comenzó a descender, besando cada parte de mi cuerpo, torturándome con besos y succiones en mis pezones, que se encontraban firmes y sensibles. Siguió deslizándose por mi figura, colmándome de besos, hasta llegar a mi entrepierna. Nuestros ojos se encontraron y sonriéndome me dijo:

- Te recuerdo una vez más que debemos mantener el anonimato, pero sí pueden escucharnos.

Sin darme ocasión de responder, se lanzó a devorar de manera salvaje mi sexo. Traté de ahogar mis gemidos, al principio no me resultó complicado, hasta que desvié mi mirada hacia el cristal.

Allí seguía él, el hombre misterioso, quien me había estado observando toda la noche. Resultaba curioso cómo las demás personas tenían sus espaldas hacia la pared, la mayoría disfrutaba del paisaje, pero él no; él miraba hacia la pared, como si estuviese castigado. Observaba con interés, como si estuviera de verdad contemplándonos. No podía apartar la vista de él y un nuevo orgasmo empezaba a gestarse en mí. Cada vez me resultaba más complicado contener mis gemidos, Evan seguía torturándome con su boca y mi espectador no dejaba de mirarme, al menos eso creía, estaba a punto de llegar al clímax.

En ese instante, Evan introdujo un segundo dedo en mi vagina, mis gemidos se tornaban más intensos. Comenzó a estimularme con mayor rapidez y yo no podía apartar la mirada del cristal, fue entonces cuando presencié algo que me impactó profundamente.

- ¡Evan, mira el cristal! – Logré expresar en un susurro.

Alzó su mirada, quedando perplejo al observar lo mismo que yo. El hombre misterioso se estaba masturbando.

- ¿Nos está observando? – Pregunté con un atisbo de pánico.

- Tranquila, nadie nos está mirando. Observa al resto de las personas, nadie se ha percatado de nuestra presencia. Además, cuando te propuse venir aquí, ya conocía cómo funcionaba esto. Liam me explicó lo que la gente suele hacer en este lugar y también me aseguró que nadie al otro lado ha visto nada – trataba de tranquilizarme.

- ¿Entonces, por qué se masturba en una terraza llena de gente mirando hacia un espejo donde supuestamente no ve a nadie? - Protesté visiblemente nerviosa.

-

No sabía si le atraía el peligro. ¿Te animas a continuar y ver si es verdad que nuestro amigo está al tanto de nuestras acciones? En realidad, el resto de las personas no nos han prestado atención.

- Está bien, prosigue, pero si alguien más nos nota, detenemos todo y nos retiramos.

- No te preocupes, así lo haré.

Se recostó nuevamente sobre mí para besarme de nuevo. Esta vez, sus besos eran suaves y pausados, buscando tranquilizarme, y lo estaba logrando. Sus manos volvieron a recorrer todo mi cuerpo. Sus dedos regresaron a mi intimidad, que seguía ardiente, incluso más que antes, sabiendo que ahora éramos observados, aunque no tuviera certeza.

Mientras Evan continuaba estimulándome y jugueteando con su boca en mi cuello, no dejaba de mirar al hombre misterioso, quien se masturbaba discretamente para no ser descubierto.

- ¡Hazlo ya! - Susurré ansiosa.

- ¿Estás segura?

- ¡Sí! Necesito que entres ahora.

Y sin muchas dilaciones, me penetró de una sola vez. Mordí mis labios con fuerza para sofocar mis gemidos. Evan comenzó a moverse dentro de mí, mientras nuestros ojos se dirigían hacia el cristal. Nuestro amigo seguía con el miembro al aire, cada vez más grande y erecto, lo que nos excitaba aún más.

Evan aumentaba el ritmo de sus embestidas, estábamos a punto de llegar al clímax los dos y al parecer, también el hombre misterioso. Evan se detuvo, salió de mí y se sentó, atrayéndome para que me sentara sobre sus piernas y continuara con el acto, solo pidiéndome que lo hiciera frente al cristal para que ambos pudiéramos observar lo que ocurría al otro lado.

Nuevamente, empezó a poseerme de forma intensa y salvaje. Ya no podía más, necesitaba otra vez llegar al éxtasis y sabía que este próximo orgasmo sería mucho más intenso que los anteriores.

Evan aceleraba sus movimientos y con una de sus manos me sujetó el rostro para que mantuviera la mirada fija en el cristal.

El hombre misterioso seguía auto complaciéndose, cada vez más rápido, su orgasmo era inminente. De repente, observamos cómo su cuerpo se contraía y su miembro eyaculaba chorros de semen que impactaban en el cristal. En ese instante, Evan y yo alcanzamos el clímax casi al unísono; por suerte, él colocó su mano sobre mi boca y mordió mi cuello con fuerza para evitar que nos escucharan. Fue realmente asombroso.

- ¿Te ha gustado? - Me preguntó, con su miembro aún dentro de mí.

- Ufff sí, ha sido sorprendente. - Respondí como pude, todavía sin aire tras el intenso orgasmo. Lo que más me impactó fue lo excitante que resultó saber que ese hombre nos observaba y se excitaba detrás de aquel cristal. Al principio me perturbó un poco, pero luego me agradó mucho.

- Sabía que te gustaría.

- ¿Pero cómo se enteró de lo que estábamos haciendo? El resto de las personas ni siquiera notaron nuestra presencia.

- No lo sé, no tengo ni la menor idea. Lo único cierto es que ambos lo pasamos de maravilla y parece que él también.

Ya vestidos, solicitamos unas bebidas más y aprovechamos el tiempo restante en el reservado. Al servírnoslas Liam, notamos que el hombre misterioso también recibió la suya y seguía observando hacia el cristal, levantando la copa como si quisiera brindar con nosotros.

Al terminar, salimos del reservado, nos despedimos de Liam y cruzamos el bar para regresar al ascensor. Al llegar, entramos solos en él y justo cuando las puertas se cerraban, una mano desde fuera las detuvo: era él, el hombre misterioso. Nos encontrábamos los tres solos en el ascensor, en silencio, hasta que nos miró y dijo:

- Buenas noches, los vi antes en el pub. Observé que ingresaron a uno de los reservados. Son muy afortunados, hay mucha gente en lista de espera.

para adquirir uno. ¿Es verdad que son tan impresionantes como dicen? – Nos consultó de forma amable.

- Sí, lucen muy bien y cuentan con unas vistas encantadoras. – Respondió Evan en representación de los dos.

- Vaya, anhelo obtener uno en algún momento. ¿Suelen visitar este lugar con frecuencia? - Nos volvió a preguntar.

- De vez en cuando. - Volvió a responder Evan.

- Yo sí, acudo todos los fines de semana. Mi nombre es Fran, este es mi número de teléfono. Llámenme cuando regresen, seguramente pasaremos un rato agradable los tres. – Nos dijo, entregándonos su tarjeta con sus datos.

Afortunadamente, las puertas del ascensor se abrieron y Fran salió despidiéndose de nosotros.

- Un placer haberles conocido, chicos. Que lo pasen muy bien. - Se despidió Fran de nosotros.

- Muchas gracias, igualmente. - Respondimos Evan y yo simultáneamente.

- Por cierto, tu vestimenta es muy hermosa, te sienta muy bien. Espero poder verte algún día sin ella puesta. – Me dijo, mientras se esfumaba entre la multitud de la ciudad.

No logré responderle, en verdad no esperaba lo que dijo. A las pocas semanas, regresamos al bar, Evan lo llamó, pero el número no existía. Nunca más lo volvimos a ver, ni supimos si realmente nos vio o no.

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

💬 ¿Quieres decirle algo al autor? Envíale un mensaje y hazle saber qué te pareció su relato

Otros relatos que te gustará leer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com