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Jugando con mis compañeros por una gran rebaja


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Saludos nuevamente a todos mis seguidores, soy Nina. Quiero comenzar brindando algo de contexto: al cumplir la mayoría de edad, me lancé a vivir muchas experiencias para explorar mi sexualidad. Con el paso de los años, encontré un compañero que me apoya en todo y con quien he tenido muchas aventuras más. Al principio fue extraño y hasta aterrador, pero luego me liberé y experimenté de todo. Ahora, después de 14 años juntos, seguimos divirtiéndonos, pero de forma más consciente y madura.

Entrando en materia y disculpándome por la introducción, pero era necesaria, a los cinco años de estar juntos ya habíamos vivido muchas situaciones, como tríos, conocer gente en bares o antros, ser amante del jefe de mi esposo, entre otras. Un día, salimos a cenar al centro de la ciudad y nos encontramos con un antiguo amigo del colegio, un chico muy agradable que resultó ser amigo de ambos. Lo invitamos a unirse a nosotros y mencionó que estaba con su hermano, quien también era amigo de mi esposo. Sin problemas, lo invitamos también a la mesa. Durante la cena, surgieron las preguntas habituales sobre nuestras profesiones. Nuestro amigo Josué se dedicaba al negocio familiar de aluminio y su hermano Jesús tenía una tapicería. La charla fluyó, intercambiamos números y cada uno siguió su camino.

Unos meses más tarde necesitábamos cambiar una puerta en casa, así que contactamos a Josué. Quedamos en encontrarnos, él llegó y mientras tomaba medidas, charlábamos normalmente. En un punto, me dijo: "Sigues tan hermosa como cuando te conocí, siempre me gustaste". Me sonrojé un poco, le sonreí y le dije que yo también sentía algo por él en el pasado, pero que en aquel momento él tenía novia. La conversación continuó y al final me dijo: "Serían $5000 por la puerta". Le pedí tiempo para hablar con mi esposo y él, muy descaradamente, propuso un descuento del 10% si le daba un beso, subirlo al 20% si era más que un beso, e incluso insinuó que podría ser gratis si lo pagaba de otra forma. Nos reímos, él aclaró que era una broma y propuso un 20% de descuento por nuestra amistad. Me agradó su propuesta, siempre es divertido bromear con "pagar con el cuerpo", pero solo como broma.

Al llegar mi esposo, le conté todo y le pareció gracioso. En la noche, mientras estábamos en la cama, me preguntó si lo haría. Después de besarlo, le dije que lo pensaría.

El fin de semana, fuimos a pagarle a Josué y que comenzara el trabajo. Al llegar, mi esposo le recordó que sería gratis. Josué se sonrojó y mi esposo bromeó al respecto. Finalmente, Josué se disculpó, hasta que me acerqué a él, le puse la mano en el pantalón y le dije que ya no se disculpara, que lo habíamos conversado y aceptado. Para confirmar, lo abracé, me acerqué a él y le...

Después de plantarle un beso, introduje mi lengua profundamente en su boca, Josué finalmente cedió y correspondió al beso. Empezó a acariciar mi espalda con sus manos, las cuales descendieron hasta llegar a mis nalgas. Él las apretó y me atrajo aún más hacia él. Mientras tanto, mi esposo nos observaba. Al terminar, se disculpó, diciendo que no sabía qué le pasó. Entonces, mi esposo le tranquilizó, proponiendo ir por unas cervezas y hablar.

Después de calmarnos, le planteamos nuevamente la propuesta: "Si aceptas, ella está dispuesta". Él no podía creer lo que estaba sucediendo, pero finalmente aceptó, o algo así. Nos pidió tiempo para pensarlo. Nos retiramos y al día siguiente nos contactó. Yo atendí la llamada y él dijo: "Puedes venir mañana, pero sola".

Me presenté a la cita y él me invitó a desayunar. Fue entonces cuando me preguntó sobre nuestra propuesta. Le expliqué que éramos una pareja muy abierta, que no se trataba del dinero, ya que de todas maneras pagaríamos la puerta, sino que nos interesaba la idea del juego y queríamos llevarlo a cabo. Él aceptó y acordamos encontrarnos el próximo sábado por la noche. Debido a que su local era pequeño, me sugirió reunirnos en el establecimiento de su hermano. Saldría alrededor de las 6, nos veríamos allí a las 8 y veríamos qué sucedía. Me dio la dirección y nos despedimos.

Personalmente, no me importó que me citara en el local de su hermano. En primer lugar, para evitar sospechas por parte de su esposa. Además, me resultó excitante, como si continuara el juego de "pagar con el cuerpo".

Al llegar el sábado, me vestí de manera provocativa: un vestido corto y ceñido en blanco y negro a cuadros, medias negras – ya que a Josué le gustaban las chicas con medias – botines negros y una chaqueta para el frío de la noche. Debajo llevaba una tanga blanca que se transparentaba, dejando al descubierto mi zona íntima totalmente depilada, sin sostén para ahorrar tiempo. Al llegar, Josué nos recibió con cervezas. Mi esposo entró conmigo al local para cerrar el trato con él. Josué aparentaba estar algo nervioso. Mi esposo salió brevemente para buscar más cervezas y dejarnos a solas para que pudiera entrar en calor.

Después de la salida de mi esposo, me lancé sobre Josué y comencé a besarlo impacientemente, como si le estuviera suplicando que me tomara. En ese momento, escuchamos un ruido que pensamos que era mi esposo, pero resultó ser Jesús, su hermano, acompañado de un joven, su ayudante. Al entrar, nos sorprendieron en un arrumaco en uno de los sillones. Me miró sorprendido, me saludó con un beso, notando mi vestimenta provocativa. Se sentaron en otro sillón, sacaron unas cervezas y comenzamos a conversar. Le mencioné que habíamos ido con Josué a cotizar una puerta. Sonrió y comentó que se notaba. Luego, entrando en confianza, les conté sobre nuestra liberalidad y cómo habíamos negociado un acuerdo. Quedaron asombrados por mi seguridad al decirlo. Josué preguntó si estaba segura, a lo que respondí afirmativamente. Jesús consultó sobre el monto del descuento, a lo que su hermano sugirió el 50%, a lo que él contraofertó con el 100%. Sonreí y acepté.

Jesús me advirtió que debía ser cariñosa con ellos. En ese momento llegó mi esposo y nos vio a todos. Josué se adelantó para disculparse, explicando que no estaba planeado. Yo le respondí que ellos llegaron y me ofrecieron un aumento del 50% al 100% si me portaba bien, entonces mi esposo dijo que si yo ya había aceptado, adelante. Solo pidió que me trataran bien. Esto fue interpretado como una luz verde, y empezaron a abrazarme, tocarme y besarme desesperadamente, mientras mi esposo observaba en silencio al verme tan cómoda.

Jesús me pidió que les hiciera un baile estilo table dance, lo cual no dudé en hacer para complacerlos, ya que a veces fantaseaba con ser bailarina para conocer esa experiencia. Al verme, empezaron a excitarse por encima de sus pantalones y me decían todo tipo de cosas. Me quité la chaqueta primero, continué con el baile y hasta me subí sobre Josué.

Le bailé un poco, repetí la acción con los otros dos hasta sentarme sobre Jesús para besarle. Abrí las piernas y en ese momento, el joven cuyo nombre nunca supe se agachó con cuidado y me quitó la tanga, dejando mi intimidad al descubierto para que todos pudieran ver. Me comentaron que ya era suficiente con el baile y que solo estaba provocando. Me dijeron que esto no era solo un faje y desnudarse, sino que debía aflojar con los tres si quería obtener un descuento.

Mi esposo se acercó y me preguntó si prefería que se quedara o si prefería divertirme sola. Le pedí que me dejara con ellos, pero que no pareciera tan obvio. Él me dijo que mejor me vistiera y nos fuéramos. Ellos le decían que no, que me dejara. Entonces, le di un beso de despedida y le pedí que me dejara con ellos, prometiéndole que le llamaría más tarde para que viniera a buscarme. Él se despidió de ellos y salió a esperarme en el coche.

Una vez que nos quedamos a solas, Josué levantó mi vestido mientras Jesús me agarró de los hombros, obligándome a complacerlo. Intenté resistir un poco, pero me dijeron que lo hiciera suave y cooperando, o de lo contrario, me convertirían en "la puta de la tapicería".

El chico me puso en una mesa y empezó a estimularme, mientras Jesús se situaba del otro lado introduciendo su miembro en mi boca. Luego me levantaron, me quitaron el vestido y Josué se sentó en un sillón, invitándome a montarme sobre él. Mientras tanto, Jesús me jaló y me puso en posición de cuatro sobre otro sillón, dándome fuerte mientras me daba nalgadas. El otro chico solo se masturbaba observando. Después, Josué me tomó pero esta vez él abajo y yo sobre él, continuando con la acción. Jesús me golpeaba levemente en mis nalgas e intentaba introducir su dedo en mi interior. Hice una señal al chico para que se acercara y empecé a complacerlo oralmente.

Luego, Jesús intervino y me pidió que también lo complaciera. Le dije a Josué que esperara y me bajé de encima de él, volviendo a la mesa. Justo cuando Jesús estaba por penetrarme, detuve el momento y sugerí que era el turno del otro chico. Lo señalé, se acercó y con mi ayuda, se introdujo en mí. No duró mucho, ya que en pocos minutos se retiró dejando su semen caliente en mi trasero. Seguidamente, Jesús ocupó su lugar y prosiguió con el acto, rápido y con intensidad, queriendo penetrarme incansablemente. Después de un rato, me volteó sobre la mesa, abriéndome las piernas y continuando con la acción. Con una mano jugaba con uno de mis pechos y con la otra acariciaba mi clítoris, hasta que finalmente se retiró, dejando caer su esperma sobre mi vientre.

Josué seguía en el sillón auto complaciéndose. Me acerqué a él, me monté nuevamente y cabalgué hasta que ya no pude más. Él no dejaba de tocarme y besarme. Cuando finalmente terminó, me bajé y me arrodillé frente a él para recibir su eyaculación en mi rostro, dejando que el semen se escurriera hasta mis pechos. Le di una última lamida a su miembro y me levanté. Tomamos un respiro, mientras los dos hermanos seguían manoseándome y besándome. Luego, me indicaron dónde estaba el baño para limpiarme. Llamé a mi esposo, quien vino por mí dos horas después. Josué le dijo que en tres días le llevaría la puerta recién hecha, mientras que Jesús me sugirió la posibilidad de volver a encontrarnos en el futuro.

Una vez en casa, mi esposo me desnudó y comenzó a tocarme, ansioso por escuchar todos los detalles de lo ocurrido mientras me entregaba a él.

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Al final, terminé pagando al menos la mitad de lo que Josué nos cobraba por sus servicios, pero seguimos manteniendo una amistad hasta el día de hoy.

Agradezco a todos por leer mis historias y por dejar sus comentarios y reacciones, lo cual me motiva a seguir compartiendo mis relatos. Lamento si se me han alargado un poco, pero me gusta incluir todos los detalles posibles.

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