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Relatos de un esposo engañado. Reencuentros


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Resumen breve (para aquellos que ya están familiarizados con las historias anteriores, no es necesario leer el párrafo inicial): Durante el tiempo en que mi cónyuge me fue infiel con Eder, un profesor que trabajaba con ella en la escuela, siendo él el primero en ponerme los cuernos y en introducir a mi esposa en el sexo anal, el cual le gustó tanto que disfrutaba siendo penetrada por dicho agujero trasero (aunque a mí nunca me permitió hacerlo por ser un "tonto"), ella mantenía conversaciones eróticas por chat con dos excompañeros de la universidad, Darío y Armando, algo que nos excitaba mientras yo le practicaba sexo oral. Sin embargo, el desafortunado Eder, al no saber desempeñar su papel de amante, empezó a sentir celos de mi esposa y, tras tres meses de encuentros sexuales al menos tres veces por semana, mi esposa lo dejó. A las dos semanas de esta "ruptura" (entre comillas porque en realidad no eran pareja), ella aceptó salir a comer con Darío.

Después de dos semanas de terminar con Eder, mi esposa finalmente acordó encontrarse con Darío, quien fue su novio en la preparatoria, cuando tenían 16 años. Él era actor en un grupo de teatro independiente, pero su relación se limitaba a besos y caricias debido a la desconfianza que ella sentía hacia él, a pesar de que en una ocasión le practicó sexo oral después de verlo actuar en un festival. A pesar de separarse un año después, ella mantenía interés en él y estaba emocionada por la oportunidad de tener relaciones sexuales con él, y yo la animé a disfrutar plenamente de la experiencia.

Darío invitó a mi esposa a salir para "reconectar". Pensé que ella se vestiría provocativa para demostrar su apertura, aunque durante sus conversaciones previas, ella mencionó estar casada, pareciendo que a Darío no le importaba. Para la cita, ella usó unos ajustados jeans y una blusa escotada pero no llamativa, junto con botas cafés de ante. Debajo llevaba una tanga negra y unos cubrepezones para evitar que se notaran los tirantes de su sostén.

Fui yo quien la llevó al restaurante donde se encontraría con Darío. Después de la medianoche, recibí un mensaje suyo diciendo que regresaba a casa, sin la emoción acostumbrada de sus encuentros con Eder. Cuando llegó, la noté desaliñada y me pidió que le practicara sexo oral, noté un sabor extraño y una textura suave diferente en su zona íntima, lo que me dio indicios de un encuentro peculiar.

Resultó que Darío no fue tan buen amante como su historia y profesión insinuaban. La cena fue agradable y él mostró interés en la vida familiar de mi esposa, lo cual la divirtió ya que él no parecía incomodarse por su matrimonio. Sin embargo, ella no quedó satisfecha con la experiencia.

Muy ingenioso y divertido; Después de un rato de plática y al pedir una botella de vino, ella le reveló detalles sobre nuestra relación y quedó sorprendida al descubrir su conocimiento sobre el tema. Le comentó acerca de las diversas parejas en el mundo del espectáculo con diferentes preferencias sexuales, incluso mencionó que había sido invitado a fiestas sexuales donde participaban otras personas.

En resumen, todo parecía simple; en el mismo restaurante, luego de las bebidas, empezaron a sentirse excitados, compartieron besos y caricias, su amigo se entusiasmó y la invitó directamente a un hotel cercano. Ella aceptó de inmediato y durante el camino se dejaron llevar por la pasión en el coche. Según ella, la relación sexual desde un principio no cumplió sus expectativas, él fue muy suave y pausado. Después de algunas acciones íntimas, decidieron tener relaciones en la posición del misionero. Cuando ella intentó cambiar de posición, él se cohibió y se desanimó, lo peor fue cuando intentó una posición más atrás, pero el entusiasmo lo llevó a no lograrlo correctamente y para colmo, terminaron antes de tiempo; en conclusión, su cita fue casi perfecta si no fuera por la decepción en el sexo final.

Para finalizar esta experiencia, les contaré que a pesar de convertirse en un pésimo amante, Darío se convirtió en un gran amigo tanto de mi esposa como después de mí. Todavía intercambian memes atrevidos y conversaciones subidas de tono, a pesar de que en estos cinco años se han visto muy pocas veces para tener relaciones sexuales. Según mi esposa, han sido encuentros bastante normales y hasta tiernos. Él justificó aquel día con el argumento de que sentía una fuerte atracción por ella y se "emocionó" demasiado.

Pensé que tras la decepción sexual que tuvo mi esposa con Darío, se calmaría un poco, sin embargo, al siguiente sábado tuvo una cita con Armando, su ex compañero de la Universidad. Ella me contó que él era el típico chico rebelde y mujeriego del campus, alto, fornido (jugaba fútbol americano), con gran confianza en sí mismo. Habían tenido algunos acercamientos en una fiesta con besos, aunque él la buscó insistentemente cerca de un mes después, ella se resistió debido a su reputación e incluso al rumor que lo tildaba de pervertido (solo porque en otra fiesta, unas parejas jugaron con juegos sexuales en una habitación, en una época distinta y con otra moral).

Este individuo no había completado sus estudios universitarios y se dedicaba a las ventas. A pesar de su talento y algo de dinero, lo cierto es que invitó a mi esposa a cenar en un excelente restaurante, con la diferencia de que la dejé en sus manos. A las 2 de la madrugada, ella me llamó para ir a recogerla a un hotel lujoso en el centro de la ciudad. Al preguntarle cómo le fue, ella, de manera directa, me instó a apresurarme, ya que no podría contener mi regalo por mucho tiempo, lo cual me excitó y fui por ella.

Al llegar al hotel le envié un mensaje y tardó en bajar, caminaba lentamente, lucía desaliñada y desarreglada, sin los tirantes de su vestido (que no cambió mucho respecto a la cita con Darío, llevando un vestido amarillo de tirantes, tanga azul y cubrepezones, confesando que le gustaba usarlos). Al entrar, le costaba moverse, se sentó con dificultad y al cuestionarla por su extraño comportamiento, ella se rió y me dijo, “Eres un cornudo pitochico, Armandito tiene un gran tamaño, me dejó adolorida, así que apresúrate a casa porque necesito tu lengua prodigiosa en mi trasero, además, probablemente…”

Debido a su gran excitación, la abertura de mi esposa se encontraba tan dilatada que me costaba trabajo contener su postre en su interior, lo cual me generó una gran intensidad; motivándome así a dirigirme rápidamente a casa.

Al llegar, subimos a nuestra habitación (yo la ayudé a subir) y de inmediato se recostó boca abajo, levantó su vestido y pude notar que su tanga estaba empapada y su trasero se veía muy rojo y bastante abierto. Era evidente que no podía caminar ni sentarse con comodidad, mi pobre esposa se había topado con un hombre muy bien dotado que la trató de forma brusca. Además, salió casi toda la leche porque ella solo estaba húmeda. Mientras yo disfrutaba de su trasero, ella me reprendió y me instó a actuar, me indicó que su culito ardía mucho. Comencé a lamerlo y ella se estremeció, dijo que le dolía pero luego se calmó para empezar a gemir. Me confesó que por fin había encontrado una verga de verdad, comprendió por qué Armando era un cabrón en la universidad, ya que poseía un miembro descomunal. Me interrogó si me había complacido ver cómo ese enorme miembro dañaba los agujeros de mi esposa, asegurando que no sentiría mi miembro en un buen rato. Me elogió por ser un buen cornudo, al permitir que mi mujer fuera satisfecha después de ser bien cogida por un machote.

Tras mucho tiempo aliviando el trasero de mi esposa, ella me indicó que también debía encargarme de su vagina, ya que su amigo también la había destrozado por ahí. Al mencionármelo, sugerí que sería mejor si aplicaba lubricante en su trasero dañado, a lo que ella me respondió elogiando mi decisión y pidiéndomelo. Disfrutó de la experiencia, se colocó boca arriba, abrió sus piernas y pude notar que su vagina también estaba destrozada, enrojecida, abierta y adolorida. Me solicitó nuevamente lubricante y me pidió que estimulara su clítoris, revelando su deseo de llegar al clímax con su marido. Casi de inmediato, ambos alcanzamos el orgasmo; luego de eso, mi esposa quedó exhausta. Mientras la ayudaba a cambiarse de ropa, noté que no presentaba marcas como solía hacerlo con Eder, su cuerpo lucía impecable, a excepción de un pequeño chupetón en uno de sus pechos.

Al día siguiente, en un ambiente mucho más relajado, procedí a aplicarle lubricante nuevamente en sus orificios, los cuales ya se encontraban más cerrados. Durante este proceso, me contó que en la cena, Armando había presumido acerca de su vida y logros. A pesar de no haber continuado en la universidad, había tenido un éxito moderado. Comentó que él lucía muy bien arreglado y la halagó de inmediato, iniciando luego gestos de intimidad. Primero, le acarició las piernas y posteriormente subió su mano hasta llegar a su vagina, ella, lejos de impedírselo, abrió las piernas para permitirle acceso libre, ansiosa por el contacto sexual y por descubrir si la fama de su excompañero en la escuela estaba justificada. Relató que en ningún momento surgió la cuestión de su matrimonio, especialmente porque durante la cena, mientras compartían experiencias pasadas y presentes, mi esposa estaba siendo manoseada descaradamente por Armando, quien mencionaba lo curioso de que ahora ella no se mostraba tan recatada como solía hacerlo en la universidad.

Continuó explicando que no tardaron en dirigirse a un hotel de lujo (no uno de paso, sino un establecimiento elegante en el que Armando claramente quería impresionar a mi esposa). Una vez allí, ella lo empujó hacia la cama y comenzaron a besarse y acariciarse. Su amigo le dijo que había esperado mucho tiempo ese momento y mi esposa, sin dudarlo, se abalanzó a quitarle los pantalones; fue en ese momento cuando quedó atónita al sentir lo que había encima del calzoncillo, era enorme, le llegaba hasta el muslo. Con ansiedad, retiró sus boxers y la mirada sorprendida de mi mujer hizo reír a Armando, quien le aseguró que sí, que toda esa extensión estaba destinada a ella; algo que había desaprovechado cuando eran compañeros. Mi esposa se encontraba tan asombrada que no podía creer lo que estaba sucediendo.

una cosa tan grande y voluminosa (y que además al estar erecta comenzó a tener venas marcadas), dejando en claro que Armando estaba preparado para la acción ya que lucía muy pulcro, se había aseado los vellos.

A mi esposa le gustó ese detalle, aunque me confesó que prefería que estuviera velludo; que al intentar practicarle sexo oral, no lograba introducir ni la mitad en su boca, sintiéndose casi atorada con semejante miembro, Armando le decía que lo hacía bien pero quería ver desaparecer su enorme pene en la boca de mi esposa, tomándola firmemente de la nuca y marcando el ritmo, poco a poco lograba introducir cada vez más en su boca, ella se sentía abrumada por tamaño falo, con los ojos llorosos y babeando, optó por lamer, besar y chuparle los testículos, los cuales eran magníficos monumentos, dignos compañeros de tan colosal miembro.

Mi mujer, atrevidamente, dijo que en uno de los testículos de Armando cabrían mis dos testículos, tras practicarle sexo oral, Armando la puso en posición de cuatro, tocó directamente su zona íntima y le dijo "veo que quieres ser penetrada y de inmediato lo hizo, aunque no entró por completo y mi esposa sintió como si la partieran, le causó dolor, aunque era un dolor placentero que se transformó rápidamente en un intenso placer, llamándolo hijo de puta dotado, pidiéndole que la penetrara más fuerte, nunca antes había experimentado algo así, me contó que recibió algunas nalgadas mientras él se enfocaba en penetrarla con buen ritmo, le pregunté cómo logró recibir semejante miembro por su trasero.

Ella me explicó que fue su propuesta, al notar que no terminaba y percibir un leve roce, sugirió intentarlo por detrás, Armando le comentó que no todas podían aguantar y ella afirmó que si le dolía demasiado le diría y lo intentarían en otra ocasión, sin embargo, no quería perder la oportunidad de probar ese órgano viril de tamaño considerable por atrás, él se rió y la llamó "putita", diciéndole que le encantaba, mi esposa le pidió que buscara lubricante en su bolso, según ella Armando no fue delicado, pero sí precavido, mientras le untaba el agujerito trasero y su enorme pene con lubricante, le comentó a mi esposa que nunca imaginó que en ese encuentro no solo tendría sexo, sino que también la penetraría analmente.

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Mi esposa apoyó el rostro en la cama para mantener su ano lo más dilatado posible, iniciando así la penetración, al principio no experimentó mucho dolor, pero al introducir la cabeza sintió como si le rasgara, tuvo un dolor intenso pero soportable, solo tuvo que cerrar los ojos y concentrarse en no contraerse para seguir recibiendo, al no notar queja por parte de mi esposa, Armando prosiguió introduciéndolo por completo, momento en que realmente la lastimó, me dijo que le dolía intensamente, ardiendo como si la estuvieran abrasando por dentro, solo sentía los testículos de Armando golpeando sus nalgas, le pregunté por qué no le pidió que se detuviera y me respondió que en realidad no fue por tanto tiempo y quería probar hasta dónde podía resistir.

Le consulté si en verdad le había gustado y me confesó que sí, pero solo al eyacular dentro de su culo, sintió su semen como refrescante, algo muy peculiar, él quería retirarse de inmediato a lo que ella le indicó que no fuera brusco, que esperara a que saliera por sí solo, él obedeció; el inconveniente fue al momento de la retirada, empezó a sentir dolor, sobre todo al intentar sentarse y caminar, Armando se burlaba al verla moverse tan despacio, comentándole que con gusto la llevaría a su hogar.

Ella aprovechó para revelarle que estaba casada, a lo que el descarado le respondió fríamente que perfecto, que entonces llamara a su "maridito" para que viniera a buscarla y viera cómo se las arreglaba. ¡Qué audaz!.

Adolorida por la intensa penetración que acababa de experimentar, ella comenzó a reír y le dijo que seguramente estaría encantado, ya que a mí me gustaba que ella tuviera encuentros sexuales con otros. El otro individuo no le creyó, tanto es así que prácticamente la dejó allí. Le pregunté qué pensaba y ella me comentó que probablemente él era tan egocéntrico que se sintió herido al descubrir que la chica con la que se llevaba tan bien, especialmente a nivel sexual (me mencionó que al final del acto íntimo anal, le dijo que casi ninguna mujer lograba recibir toda su exuberancia en la primera cita y por vía anal) no solo tenía pareja, sino que estaba casada. Sin embargo, ella lo conocía y si no había cambiado mucho, lo complacería más adelante. Me alegró ver que ella tomara las cosas de manera tan despreocupada.

Ese mismo domingo me permitió practicarle sexo oral nuevamente (cunnilingus y anilingus) sin utilizar lubricante, y en medio del éxtasis, ella me confesó que se sentía muy liberada, que nunca antes había estado con tres personas diferentes en tan poco tiempo (incluyéndome a mí, lo cual me hizo sentir muy bien). Yo le dije que eso me encantaba, que cuánto más liberal fuera, más la amaría, y que no me importaría si tuviera relaciones diariamente con alguien distinto, siempre y cuando me lo contara y la limpiara al final, yo estaría realmente feliz.

Después de su explosivo orgasmo, ella comenzó a hablar seriamente conmigo y me preguntó si era verdad que yo estaría más feliz mientras más promiscua fuera, o si lo que le decía era solo producto de la excitación del momento. Le aseguré nuevamente que su disfrute era mi mayor felicidad y que si quería relacionarse sexualmente con hombres dotados como Armando, yo lo aceptaría con gusto. Ella rió y me dijo que aunque le costara creerlo, en realidad disfrutaba más el sexo con Eder, que la excitaba mucho más que fueran muy rudos con ella, que prefería ser dominada, y que eso lo prefería en lugar de tener frente a ella simplemente un gran miembro, aunque admitió que se sentía realmente bien, llena por completo con ese pedazo de carne, pero que lo emocional era lo primordial.

Insistí en que entonces debería elegir a hombres rudos como Eder, pero si quería tener relaciones diariamente, estaría aún mejor para mí; en ese momento, ella, completamente seria, me preguntó si estaba seguro de eso, le reiteré que sí y lo respaldé con un beso apasionado en sus hermosos labios. Entonces ella me confesó que se había sentido muy bien al poder disfrutar sin restricciones ni conflictos con dos hombres diferentes y que no se culpaba, no se sentía sucia ni nada por el estilo, simplemente disfrutaba de la atención y el sexo con otros, y si yo no solo no veía problema en eso, sino que además lo alentaba, entonces trataría de liberarse de todos esos tabúes mentales y se relacionaría con quien quisiera, como quisiera y donde quisiera. Por mi parte, celebré plenamente sus palabras y su nueva actitud, era la verdadera representación de una hotwife completa y nos dormimos.

¡Continuará...!

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