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Mar Atractivo: Entre juristas me vean (parte dos)


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Tenía en mente asistir a la reunión con el abogado que un colega de trabajo, Osmar, me recomendó para resolver un problema relacionado con un testamento que necesitaba ser solucionado con prontitud y legalidad. A pesar de que la apariencia y comportamiento de este licenciado no eran de mi gusto, me pareció ordinario y aprovechado, opté por acudir a la cita siguiendo su recomendación, ya que me decía que era habilidoso y tenía experiencia en ese tipo de asuntos, además de la posibilidad de que sus honorarios fueran accesibles.

Con estas razones en mente, llegué puntual a la cita. Debo admitir que desde que el abogado me indicó el día y la hora, tuve la impresión de que tenía segundas intenciones, lo cual me generó dudas al principio, pero como mencioné antes, necesitaba resolver aquel asunto. Con ciertas sospechas, preparé la documentación que me había solicitado en la entrevista previa y me arreglé adecuadamente: una falda corta y vaporosa, una blusa clara semitransparente, zapatos de tacón y un saco de lino, con un toque de coquetería: medias de encaje, bragas abiertas y un sujetador de media copa semitransparente. Me agrada vestir de forma sensual, a mi esposo también le gusta, por lo que es mi opción usual. Le dije a mi esposo que estaría en contacto por si necesitaba recogerme, ya que no tardaría mucho.

A las siete de la noche llegué a tiempo al despacho, sin embargo, no había nadie en recepción, la secretaria no se encontraba. Se escuchaban voces provenientes de una sala cercana, posiblemente la reunión a la que el licenciado me había mencionado. Me senté a esperar, la reunión parecía haber concluido ya que se oían risas y el sonido de vasos chocando, como si estuvieran brindando por algo. Las expresiones y risas tanto de mujeres como de hombres indicaban un ambiente jocoso: “licenciado, no”; “Jajaja, les gusta así, ¿verdad?”; “Oh, sí, sí, sí…”; “Después no me hago responsable de lo que pase, jajaja…”; “No provoquen, no provoquen, que me pongo más travieso, jajaja…”.

Estuve esperando durante quince minutos, imaginando las escenas de ligereza que se estaban desarrollando en esa sala. Al parecer, no tenían planeado concluir pronto, lo cual me molestó un poco y consideré marcharme, pero en ese momento se abrió la puerta y salieron los presentes en la reunión. Salieron primero dos mujeres y tres hombres, riendo y llevando vasos en sus manos. No vi salir al abogado, quien aún permanecía adentro. A través de las voces, pude percibir que estaba con una mujer. "Licenciado, conténgase; no, ya es tarde, ¡espérese! ¿quiere más? ¡Qué exagerado! No, debo irme ya; ¡no, quite su mano de ahí! ¡No, espérese, no, nooo, ¿qué está haciendo? Ya basta, ahh, ¡no!; licenciado, ¡ahh, ya me voy…!".

Era la secretaria, quien salió acomodándose la ropa y al verme se ruborizó, corrigió su postura y me mencionó en voz alta: "Licenciado, creo que le están esperando. ¡Ahh, sí, ya voy! Perdón, en un momento la atenderé". Minutos después salió el abogado y con una sonrisa se disculpó por la demora, me invitó a pasar a su despacho. Su secretaria le preguntó: "¿Quiere algo más?" y él respondió que no, que podía retirarse, ¿está segura, puedo esperar?, "para terminar lo pendiente". Él sonriendo le indicó que no, que no era necesario, el lunes le daría instrucciones sobre ese asunto, ¿de acuerdo?, que tuviera un bonito fin de semana, hasta luego".

Quedando solos en su oficina, se volvió a disculpar y se acercó para saludarme. Me dio un beso en la mejilla y me dio la bienvenida. Pude notar un ligero olor a alcohol en su aliento. Él me tomó del hombro y preguntó si traía los documentos requeridos. Le entregué el sobre que tenía en mi regazo, al quedar descubiertas se quedó mirándolas unos instantes, las cuales resaltaban por mi falda corta y la posición de mis piernas cruzadas. Se quedó unos momentos parado detrás de mí revisando los documentos. Luego, se movió al frente y se apoyó

En su mesa de trabajo y los revisa. En esa postura, poco recatada, contemplo su vientre y su prominencia en la entrepierna.

Me formula algunas preguntas acerca de los documentos, mirando de manera morbosa ocasionalmente mis piernas. Sigue examinándolos y finalmente me dice que aparentemente no hay ningún problema significativo, que le deje el asunto en sus manos. Cuando le cuestiono sobre sus tarifas me responde:

- Licenciado, ¿cuánto será el costo de sus servicios?

- Oh, le va a resultar costoso, me responde con una sonrisa mientras se dirige hacia una especie de armario de donde saca un tequila y dos copas.

- No me lo diga, le digo contrariada. ¿Cuánto sería aproximadamente?

- Ya se lo mencioné, pero esperemos a ver cómo se desarrollan "las circunstancias".

- ¿Las circunstancias? Pregunto, ¿A qué se refiere licenciado?

- Sí, todo lo que tendré que enfrentar para resolver el asunto, pero espero que no sea demasiado.

- Ojalá licenciado, ya que no cuento con muchos recursos para cubrir un costo elevado, por eso me gustaría saber cuánto sería aproximadamente, para buscar en otro lugar en caso necesario.

- No, cómo piensa, vamos a ayudarla, buscaremos soluciones.

- Uff, qué bien, gracias. Usted me dice licenciado qué debo hacer o si puedo colaborar en algo.

- No, no se preocupe. ¿Qué le parece si brindamos por el acuerdo? ¿Un tequila?

- No, licenciado, estoy bien, gracias.

- No me diga que no, acompáñeme, celebremos el acuerdo.

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- Gracias, pero estoy bien, le repito.

- Vamos, solo uno, ¿sí?

- Mmm, está bien, está bien, pero solo una copa.

- Perfecto, brindemos, salud hasta el fondo.

- Salud licenciado, gracias por su colaboración. Me tomo hasta el fondo el tequila. ¡Mmm, su tequila está delicioso!

- Es verdad. Oiga, disculpe que se lo mencione, ¿quién tiene la suerte, viene muy elegante. ¿Con quién va a salir? ¿Tiene prisa?

- Con nadie, voy a casa y aunque ya es un poco tarde, no, no tengo prisa.

- Pues afortunado su esposo y qué bien que no tiene prisa.

Me acomodo en la silla ya que mi falda se estaba subiendo y las medias de rejilla que llevaba casi se asomaban. Desde su posición, el licenciado no dejaba pasar la oportunidad de observarlas de manera lasciva y, sin que se lo pidiera, me sirve otra copa.

- No, ya no, licenciado, ya es tarde, además se me subirá.

- Pero me comentó que no tenía prisa y una más no hace daño, vamos, brinde conmigo.

- Mmm, está bien, ¡salud licenciado! Sin dejar de estar apoyado en la mesa, frente a mí, chocamos las copas y tomo otro trago hasta el fondo. Noto que sigue mirando mis piernas.

- ¡Salud! Oiga, perdón, otra pregunta, ¿Le gusta bailar?

- Me encanta, ¿por qué lo pregunta?

- Nada, solo eso, se nota que es animada y le gusta divertirse. Mmm, sin ofender, ¿le gustaría ir a bailar?

- Nop, cómo piensa licenciado, ¿ahora?

- ¿Por qué no? así nos conocemos y conversamos más sobre su asunto.

- No, ¿cómo cree?; además, es viernes, la semana fue pesada y estoy un poco cansada y además no avisé. En ese momento, comienzo a sentir el efecto de los dos tragos que tomé. Experimento una agradable sensación de calor en mi cuerpo.

- Justamente, para que se relaje un poco y podamos hablar sobre su asunto, le digo.

- No, además ya me debo ir, ya es tarde. Hago el intento por levantarme y la falda se me sube un poco, dejando entrever la lencería de mis medias, detalle que él observa de inmediato, lanzándome una mirada lujuriosa.

- No, no se levante, espere un momento; se inclina, me toma del hombro y me dice: mejor bebamos la última,

- Me quedo sentada con el liguero asomando, ligeramente descubierto. No, gracias, ya fue suficiente. Le expreso que debo irme licenciado, ya es tarde, mi esposo me espera.

- Apenas son las ocho y media, es temprano, la noche recién comienza.

Permítame acompañarlo con una última copa, ¿me acompaña, por favor?

- Está bien, pero esta será la última. Mientras él sirve las bebidas, arreglo mi falda. Recibo mi copa y noto que la ha llenado casi hasta arriba. Brindo con él, bebiendo solo la mitad. Me dice que me tome todo el tequila, a lo que respondo que prefiero hacerlo poco a poco.

- Se sirve otra copa y se recuesta en su escritorio. Observo que su bulto ha crecido notablemente. ¿Le gustaría ir a bailar? Conozco un buen lugar, debería animarse.

- No, preferiría no hacerlo, le informo que no avisé. En ese momento me siento un tanto mareada. Cruzo las piernas y le pregunto cuánto costará resolver mi situación legal.

Se levanta y se sitúa detrás de mí, al igual que la primera vez que nos encontramos. Comienza a darme un masaje en los hombros, permitiéndole hacerlo por un momento. Su masaje se siente agradable. En un instante, se acerca demasiado, notando la firmeza de su bulto.

- No se preocupe, estoy aquí para ayudarla. Relájese y olvídese de todo. Es viernes, es momento de divertirse.

Sutilmente me aparto al sentirlo, tomo mi copa y brindo. Salud. Él hace lo mismo. Se coloca frente a mí y observo que su miembro está erecto. Esta visión me enciende, sumado al efecto del tequila que me hace sentir mareada. Decido enfrentarlo y le pregunto por la ubicación del baño.

- En el fondo a la derecha.

Mientras camino hacia el baño, analizo mis opciones: ¿debo irme y evitar situaciones incómodas o quedarme un poco más? La actitud del abogado me resulta desagradable y prepotente. Mi presencia allí es meramente por protocolo y para explorar posibles beneficios. Necesito resolver mi asunto sin gastar mucho dinero en honorarios legales. Además, su evidente excitación me hace pensar que es un amante hábil. Retoco mi maquillaje, me aplico perfume y decido continuar con el juego para intentar sacar provecho de la situación. Regreso a la oficina, me siento, cruzo las piernas y ajusto mi falda para que se vea de forma discreta la lencería de mis medias. Al levantar la vista, noto que el abogado ha observado mi pequeño ritual y que mi copa está llena nuevamente.

- Ya me ha llenado la copa de nuevo, debo irme.

- Estamos pasando un buen momento, es temprano. Acompáñeme un poco más.

- Está bien, pero solo un poco más, me siento mareada. Salud. Bebo un poco de mi copa.

- ¡Salud! Así se relaja uno. Le digo que su perfume es delicioso y que luce realmente hermosa, su esposo tiene suerte.

- Gracias por sus palabras, pero es algo común para mí. Me gusta vestir de esta manera.

- Se ve muy atractiva y esas prendas resaltan sus curvas. Atrapa miradas con ese atuendo. Vamos, acepte ir a bailar y resolver su asunto después.

- Como le mencioné antes, me gustaría ir, pero no avisé. Llame a su esposo y dígale que llegará más tarde.

- Pasaremos un rato ameno, conversaremos y la llevaré a casa temprano. Es viernes, el cuerpo lo sabe, jaja. ¡Salud, hasta el fondo!

- ¡Salud! Termino mi copa. No sé, además, soy una mujer casada, debo mantener mis principios. Lo veo frente a mí, su bulto es más notable, se acomoda para resaltarlo aún más.

- No hay razón para pensar mal de mí. Aprovechemos para conocernos mejor. Llame a su esposo y avísele que se quedará un rato más. pienso si es mejor renunciar a mi dignidad y permitir que suceda lo inesperado o permanecer en esta situación por un tiempo más.

me encuentro en un dilema sobre si debo ir con él. Es claro que él busca algo más y yo deseo solventar mi situación. A pesar de que mi recato me aconseja retirarme, el tequila ha logrado relajarme, además de generarme excitación.

- Hmm, no estoy segura, bueno está bien, vamos, pero solo un rato.

- ¡Perfecto! Brindemos por ello. Intentó servirme otra copa, pero le indiqué que ya no era necesario. Esta es la última, disfrutemos de ella.

- Está bien, pero sírvame en poca cantidad. Me sirvió la mitad de la copa y brindamos juntos.

Salimos de la oficina y nos dirigimos hacia el estacionamiento para abordar su vehículo. Al abrirme la puerta, debido a mi estado mareado, al entrar me trabe un poco y sin querer abrí las piernas más de la cuenta, exhibiendo involuntariamente parte de mi ropa íntima. Con una sonrisa, corregí mi postura. Tras cerrar la puerta, debido al incidente, mi falda se subió un poco más y mis piernas quedaron más expuestas. Decidí dejarlas así, lucían muy sensuales y provocativas. Al subirse al automóvil, noté cómo su mirada se quedaba atrapada en ellas y escuché un leve murmullo. Pusimos rumbo hacia nuestro destino.

Mientras conducía, el licenciado expresaba su gratitud por haber aceptado acompañarlo a bailar, me halagaba diciendo que era hermosa, cuestionando si mi esposo se enojaría por salir sola y resaltando que apenas se podían ver mis piernas, las cuales, distraída, abría y cerraba ocasionalmente. En uno de dichos movimientos, sentí el roce de su mano en mi pierna al hacer un cambio de velocidades. Este toqueteo se repitió en cuatro ocasiones. Me preguntó si pensaba avisarle a mi esposo que llegaría más tarde, le respondí que lo haría más adelante. Llegamos al lugar, un bar con música animada y luces tenues. El lugar estaba concurrido y nos asignaron una mesa al fondo de la pista. Se acercó el mesero para saber nuestras preferencias de bebidas, el licenciado pidió una botella de tequila. Sorprendida, comenté:

- ¿De verdad piensas terminártela toda?

- ¿No vas a acompañarme? Ya estamos aquí, relajémonos juntos.

- Estoy mareada, si sigo bebiendo puedo terminar haciendo tonterías. Además, ¿cómo volveré a casa?

- No te preocupes, yo te llevaré de regreso. Bailando te sentirás mejor. Vamos, acompáñame, pidamos algo para picar.

- De acuerdo, pero no me sirvas mucho. Me ofreció un poco más de la mitad de la copa y brindamos una vez más.

- ¡Salud, hasta el fondo!

- ¡Salud, licenciado, que mi asunto se resuelva pronto!

Consumí mi copa hasta el límite. De inmediato, me la volvió a llenar. Pensé que tal vez intentaba embriagarme para tener ventaja. Decidí seguirle el juego, solo lo calentaría un poco. Me sacó a bailar, demostrando ser muy hábil y seductor. Bailamos durante cinco canciones, donde, al girar, mi falda se levantaba y bajaba la mano para evitar mostrar las medias, aunque, probablemente, el encaje de estas quedaba a la vista. Al sentarnos, brindamos de nuevo hasta el fondo. Aproveché para preguntarle si me ayudaría a resolver mi asunto de manera más económica.

- Entonces, licenciado, ¿me brindará su apoyo? Tomando mi mano, me respondió…

- Ya te dije que no te preocupes por eso, todo estará bien. Mejor hablemos de otras cosas más divertidas, ¿no? Sus dedos continuaron rozándome.

- Con educación, separé mi mano de la suya y pregunté: Bueno, está bien, ¿de qué te gustaría hablar? En ese momento, volvió a llenar mi copa. Mareada y excitada, indecisa sobre si darle una oportunidad o no.

- Hmm, no lo sé, no se me ocurre nada en este momento. Bueno, ¿no te importa si llego tarde? ¿No te molesta, no es celoso tu marido? ¿Sueles salir a divertirte a menudo?

- Jaja, qué curioso. No me importa, él confía en mí. Salgo cada vez que surge la oportunidad de divertirme.

Brindamos de nuevo y en ese momento comenzaron a sonar canciones más lentas, así que me invitó a bailar. Sujetándome por la cintura, yo por los hombros. Gradualmente, se acercaba a mí y en un momento dado, sentí su prominencia rozando mi zona íntima. Me separé, pero él insistió.

En tres momentos noté la firmeza de su órgano. Me doy la vuelta y se acerca a mi trasero por un instante, percibiendo nuevamente la rigidez de su miembro. Me alejo de nuevo, pero se vuelve a aproximar al compás de la canción. Lo dejo unos momentos rozando mis glúteos y luego cambio de posición. Intenta acercarse de nuevo, pero lo detengo por los hombros. Cuando la canción acaba, regresamos a nuestra mesa. Anhelante por los roces, me sirve otra copa y mueve su silla aún más cerca de la mía, rozando su pierna con la mía. Brindamos y consumimos el tequila hasta el fondo.

- ¡Salud, licenciado!

- ¡Salud por el placer de compartir estos instantes! ¿No quería venir y ahora se siente más relajada, verdad?

- Exacto. ¡Salud! Termino mi vaso. El coqueteo al bailar me excitó más imaginando su tamaño, además de que el tequila seguía surtiendo efecto. Me quito el saco y él contempla mi pecho. Mi blusa semitransparente permitía vislumbrar el encaje del sostén. Con dos botones desabrochados, se podía entrever parte de mis senos. Ergo el pecho y coqueta inquiero: ¿Sobre qué desea conversar?, repito la pregunta.

- Disculpe si resulta atrevido, pero sus piernas con esas medias luce muy sensual. ¿Siempre se viste así? ¿Le agrada esa vestimenta?

- Jaja, gracias, qué curioso. Sí, esta es mi vestimenta habitual. Sentía su pierna rozando la mía con mayor frecuencia. Pasaban de las diez de la noche cuando le informo: Licenciado, debo marcharme, se hace tarde.

- No diga eso, apenas empezamos a divertirnos; además, usted me dijo que en su casa no tendría inconvenientes, ¿verdad? Sirve otra copa tomando mi mano de nuevo y, sin soltarla, me insta a quedarme.

- Bien, un rato más, me quedaré solo un momento más. Feliz, entrelaza sus dedos con los míos y los aprieta suavemente. No los suelta. ¿En su casa no le dicen nada? Inquiero.

- No, no tengo ningún problema, puedo llegae tarde sin problemas. ¡Salud!

- ¡Salud, licenciado!

Me invita a bailar de nuevo y sus movimientos se vuelven más insinuantes, me hace girar dejando que mi falda se eleve. Comienzan a sonar tonadas más pausadas y de inmediato me toma por la cintura, colocando mis manos en sus hombros. Esta vez se aproxima más a mí y siento la firmeza de su bulto en mi entrepierna, mientras mis pechos rozan su torso. Intento apartarme levemente, pero no me deja. Suavemente se roza conmigo y me dejo llevar sin objetar. A mitad de la canción aprieta con más intensidad y frota su bulto contra mí sin cesar.

Intento alejarme, pero él insiste. Desciende sus manos hacia mis caderas, pero las elevo, aunque las baja nuevamente, permitiendo sus movimientos. De manera rítmica, continúa frotándose el resto de la canción. Sin meneos de mi parte, percibo la rigidez de su miembro, excitándome considerablemente y noto mi entrepierna muy húmeda. Con su mejilla junto a la mía, susurra en mi oído: ¡Qué bien baila! Yo solo sonrío. Finalizada la canción, nos dirigimos a la mesa, caminaba tambaleante por la embriaguez. Me sujeta por la cintura fingiendo "apoyarme" pegándose a mí. Ahora siento su miembro firme en mis nalgas, me inclino para mover mi silla y él se acerca más a mí. Simulo que la silla se atasca y durante unos instantes se roza contra ella.

Continuará...

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