Voy a comenzar narrando que soy una mujer de 33 años llamada Susana, que está casada con mi marido Santiago de 40 años, él es ingeniero y trabaja en aduanas, fue allí donde nos conocimos, juntos tenemos un hijo de 8 años llamado Mathias, quien es mi razón de ser.
Al principio, la vida con Santiago era llena de felicidad, gestos románticos y buen trato, incluso llegamos a tener una casa juntos donde formamos nuestro hogar, sin embargo, con el paso de los años, su actitud cambió drásticamente; se volvió distante e indiferente, nuestra vida sexual se volvió monótona y sus problemas de erección se hicieron evidentes, sumado a que el tamaño de su miembro no era precisamente su mayor virtud como hombre, esto me deprimía y me hacía cuestionar mi propio atractivo como mujer, me preguntaba qué estaba haciendo mal para no poder excitarlo.
Todo esto me llevó a tomar coraje y hablar con una amiga del trabajo, quien tiene más astucia que yo en algunos aspectos jaja, y planteó la posibilidad de que Santiago me estaba siendo infiel, la duda y el miedo me invadieron hasta el punto de volverme loca.
Con la ayuda de mis compañeras y llevando a cabo una especie de investigación detectivesca, descubrí con sorpresa que me estaba engañando con una chica más joven que yo, de unos 23 años, que trabajaba en la oficina. Las lágrimas inundaron mis ojos, pero después del dolor vino la furia.
Con todas las pruebas en la mano, fui y le reclamé furiosamente:
Susana: Me estás engañando con una mujer del trabajo, ya lo sé todo.
Santiago: ¡Estás loca! ¿De qué estás hablando? No entiendo por qué dices eso, pero no sigas o me pondrás de mal humor.
Susana: ¡Claro que sí! ¿Cómo no me di cuenta de esas fotos tan íntimas juntos en Facebook?
Santiago: Ella no es ninguna mujer, solo es mi secretaria como cualquier otra, ¿qué te pasa?
Susana: ¿Qué, prefieres estar con ella porque conmigo ya no cumples?
Santiago: Ese es un golpe bajo, sabes que mi problema no tiene nada que ver con la infidelidad.
A pesar de que la discusión continuaba, me enfurecía que lo negara tan descaradamente.
Pasaron semanas, incluso meses, hasta que un día encontré chats entre él y esa chica, nada concluyente que confirmara su infidelidad, pero siempre quedaba la duda. Le reclamé y él lo negaba todo. Tanto fue así que un día, en medio de una acalorada discusión, me abofeteó en la cara.
Susana: Esta fue la gota que colmó el vaso, ya no puedo más contigo.
Santiago: Perdóname, no fue mi intención, fue una reacción impulsiva.
Él lloraba y lloraba, pero yo no quería saber nada de él, estaba herida.
Fue entonces cuando conocí a Randy en una fiesta, amigo de una de mis amistades, era un capitán de policía muy atractivo, con cara de niño de 25 años, delgado, alto (180 cm) y una mirada que derretía a cualquiera, jajaja, ¡qué atractivo era el muy desgraciado! Casi sin pensarlo, comencé a coquetear con él, en medio del baile y la interacción, permitiéndole acercarse y rozar mi cintura, estaba completamente excitada.
Después de algunas copas y largas conversaciones, le di mi número de teléfono.
Randy: Susana, ¿pero no estás casada?
Susana: Solo te estoy dando mi número, no implica nada más, además, te contaré sobre mi situación con mi marido después.
Randy: No quiero meterme en líos, pero debo confesar que esa carita y ese trasero son...
Susana: Jajaja, qué torpe eres, pero también muy encantador.
A pesar de que era más joven que yo, me sentía dominada y muy desinhibida a su lado, era un placer estar junto a él, deseaba sentir esos labios delgados de hombre.
Nos despedimos, pero nuestros mensajes se volvieron cada vez más constantes y mis insinuaciones cada vez más evidentes.
En una ocasión, coincidimos de nuevo en otra fiesta y ahí fue donde todo cambió...
Fue el punto de cambio, durante la celebración terminé besándolo, colocó sus dedos anchos entre mis nalgas y jugando con mi ropa interior para después pasar por mis fluidos íntimos, ¡uf! qué masculino. Con Santiago ni siquiera me sentía tan femenina.
No podía perder la oportunidad de estar con ese hombre ni loca.
Susana: debemos ir a un hotel.
Randy: ¿estás segura? No quiero que luego te arrepientas, porque si me agarro, lo destrozo todo.
Susana: no te preocupes, es hora de ponerle los cuernos a Santiago, se lo ha ganado y yo también me lo merezco.
Randy: jajaja hagámoslo cornudo.
Nos dirigimos al hotel y fue increíble. Una vez se quitó los pantalones...
Susana: mi mente se sorprendió al ver el tamaño de su miembro, nunca antes había visto algo así de cerca, la intimidad de Santiago era como la de un niño, era como comparar la relación de un hombre con la de un niño, jajaja.
Él lucía orgulloso con esa mirada y sonrisa que impresionaba.
¿Qué podía ser mejor que engañar a mi esposo y vengarme con policía que estaba más delicioso, sonrisa y mirada intimidante, bien dotado…?
Una vez que me penetró, sentí como si fuera mi primera vez; gritaba y gemía, ¡Dios, qué increíble! Él solo me miraba con paciencia, ya llevábamos como 4 orgasmos y él seguía.
Además de bien dotado, era un amante hábil. Me golpeaba la cara, me daba palmadas en las nalgas y me escupía en la cara y en la boca, era como si recién estuviera descubriendo el sexo, jajaja.
Yo clavaba mis uñas en su espalda mientras gemía fuerte. Después de tantos orgasmos, me pidió que le hiciera sexo oral. Yo lo hice sin pensarlo, jajaja, nunca lo había hecho y se sintió placentero y excitante pasar mi nariz por sus vellos púbicos, ¡qué macho!
Sabía que había encontrado al macho perfecto, Randy sería mi hombre.
Después de intensas embestidas, sentí la descarga de semen en mi interior, ¡qué delicioso! No quise ni limpiarme, me sentía en la gloria.
Esa misma madrugada regresé a casa y al ver a Santiago esperándome, solo pude sonreír pensando: "ahora tengo un amante bien dotado de verdad, cornudo".
Santiago: ¿por qué llegas tan tarde? ¿Por qué me haces esto?
Susana: por favor, Santiago, sabes que entre nosotros las cosas no están bien. Hoy estuve en la fiesta de la empresa.
Santiago: perdóname, volvamos a ser como antes, ¡te lo ruego! Voy a cambiar, ¡confía en mí!
Se acercó, me tomó de las manos y me besó, lo cual me sorprendió, pero supongo que a él le sorprendió aún más, ya que mi boca olía a masculinidad y a sexo, él se apartó y mostró una expresión sorprendida, creo que sospechaba…
Santiago: ¡quiero hacerte mía! ¡Quiero que seas mujer!
Susana: no quiero pasar por eso de nuevo, siempre tienes problemas de erección.
Santiago: estoy muy excitado, déjame hacértelo.
Se me ocurrió completar la infidelidad de la mejor manera, jajaja.
Susana: hoy solo te permitiré hacerme sexo oral.
Santiago: perfecto, lo acepto, dijo con una sonrisa inocente.
Cuando introdujo su lengua y se encontró con rastros de semen...
Santiago: ¿qué es esto? ¡Es semen!
Susana: ay, por favor, Santiago, no empieces de nuevo con tus celos, ¿continuamos o lo dejamos aquí?
Santiago: uhmmm... Perdona, amor, no te molestes, y siguió recibiendo el semen de Randy.
Su lengua y el morbo de ver a mi esposo beber el semen de mi amante me llevaron a tener un orgasmo intenso.
Ese día convertí a Santiago en un cornudo tragon de semen, se lo merecía y me siento muy feliz.
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