Tomás es un joven peculiar, distinto a los demás jóvenes de su misma edad (18 años). Cuenta con escasos amigos y estos siempre lo tratan de manera especial en comparación con los demás estudiantes de la universidad.
Tomás no forma parte de ningún grupo, ya sea de teatro, deporte u ocio, que existan en la universidad, y en su vida solitaria, no suele salir con amigos o amigas a fiestas o cualquier tipo de evento social. Después de sus clases, se encierra en casa y dedica su tiempo a estudiar, leer, hacer ejercicio en el gimnasio que tiene en el sótano y fumar marihuana que cultiva en el jardín de su casa, con el permiso de sus padres, quienes también son consumidores habituales. A diferencia de Tomás, sus padres son muy sociables y disfrutan saliendo a cenar con amigos, bailar y participar en eventos que se realizan en el pueblo donde residen.
En su mundo solitario, Tomás es feliz. Vive según sus propias convicciones y le presta poca atención a las sugerencias, especialmente de su madre, quien insiste en que salga de fiesta con amigos, los invite a la piscina en verano, celebre su cumpleaños, entre otras cosas. A su madre le gustaría que tuviera una novia y llevara una vida más convencional, como la mayoría de chicos de su edad. Sin embargo, Tomás, sumido en su mundo, hace caso omiso a sus deseos y sigue su propio camino, sin importarle las críticas o reproches que pueda recibir, mostrándose indiferente ante la opinión de sus padres y de los demás.
Tomás es un ávido lector, especialmente de escritores eróticos y controvertidos para la sociedad conservadora y puritana. Se apasiona con autores como Anaïs Nin, Henry Miller, Pierre Louÿs, a quienes admira como grandes maestros de la literatura. Estos escritores ocupan su tiempo libre y alimentan su imaginación, permitiéndole satisfacer sus deseos sexuales a través de masturbaciones donde recrea situaciones, pasajes y aventuras de las novelas.
La familia de Tomás tiene una situación económica acomodada: su padre es un empresario textil que, bajo una marca reconocida, exporta ropa a nivel mundial, mientras que su madre es abogada, aunque no ejerce, limitándose a asesorar a su esposo en los asuntos relacionados con la empresa familiar. Tomás es hijo único y sus padres se enorgullecen de que vean en él el futuro del negocio. Tomás comparte sus opiniones sobre diseños de ropa, tendencias de moda e incluso propone análisis de mercado a su padre, a quien acompaña regularmente a la fábrica para mostrarle sus ideas y sugerencias, siendo recibido con respeto por los empleados, que ya lo consideran como el futuro sucesor en la dirección de la empresa. A pesar de ser tratado con deferencia, Tomás mantiene su actitud indiferente, sin permitir que los elogios y adulaciones afecten su forma de ser.
Tomás posee una complexión atlética y ha heredado la belleza de su madre. Siempre tiene a muchas chicas a su alrededor, intentando en vano conquistarlo o entablar amistad con él. Su vida solitaria genera muchos rumores en la universidad y, debido a su apariencia hermosa, algunos lo consideran un "homosexual no declarado". Sin embargo, Tomás, lejos de tener esa orientación sexual, no presta atención a las opiniones y juicios de sus compañeros.
Un día, su madre llegó a casa visiblemente alterada y durante la comida compartió con la familia lo que consideraba una desgracia ocurrida a una amiga cercana. Resultó que Carmen, la amiga de su madre, había encontrado a su esposopuesto los cuernos a Carmen con su secretaria, mucho más joven. Más grave fue que pudo enterarse y verificar que Raúl, el esposo de Carmen, llevaba tiempo teniendo una relación íntima con la secretaria, y que ya era algo más que solo sexo ocasional, teniendo una conexión emocional y planes de futuro juntos como pareja.
La madre estaba relatando toda esta situación en la mesa durante la comida y Tomás parecía escuchar de manera indiferente los detalles que ocurrían, pero estaba atento a todas las explicaciones que su madre proporcionaba, ya que Carmen era una mujer que alimentaba, al igual que los escritores, sus fantasías sexuales durante la masturbación.
Carmen era una mujer cercana a los cincuenta años, con una estatura de metro setenta en la que sus pechos y su prominente trasero sobresalían. No era exageradamente hermosa, pero sus labios voluminosos y sus ojos felinos le conferían un aire erótico de mujer madura atractiva. El matrimonio no tenía hijos y residían en una amplia casa con los padres ancianos del esposo, quienes también eran propietarios de la vivienda.
Ángela, la madre de Tomás, mencionó que Carmen le solicitó que pudiera quedarse con ellos por un tiempo en su hogar, mientras resolvía los trámites de divorcio, los cuales serían asesorados por ella, abogada de profesión. Ángela aceptó la petición y esperaba que su marido también estuviera de acuerdo en acogerla mientras durara el proceso. La casa era lo suficientemente grande como para que su presencia no afectara la convivencia familiar. Al padre de Tomás no le agradó mucho la solicitud, aunque la aceptó, sabiendo lo cercanas que eran ambas mujeres. Además, al estar juntas podrían preparar adecuadamente el divorcio, donde Carmen quería obtener una compensación económica considerable.
Tomás no emitió comentarios y, al ser preguntado por su opinión al respecto, simplemente expresó que esperaba que Carmen no se entrometiera en su vida y sus asuntos. Esto generó una sonrisa en su madre, quien lo tranquilizó asegurándole que no ocurriría. Así concluyó la comida y, como cada día después de la misma, Tomás se retiró a su habitación para ocuparse de sus cosas. Intentó leer un poco, pero rápidamente Carmen vino a su mente. Recordó una ocasión en la piscina de su casa en la que ella y su madre, sin percatarse de su presencia, se probaban bikinis y comentaban sobre el aspecto de sus pechos mutuamente. La imagen de los pechos de Carmen provocó una intensa erección en Tomás y, al recordar el momento, su miembro viril se puso firme como un mástil. Abandonó el libro que estaba leyendo, "Opus Pistorum" de Miller, y se centró en masturbarse imaginando que acariciaba, chupaba y apretaba los pechos de Carmen, culminando en un encuentro sexual en el que ella cabalgaba salvajemente sobre su erección hasta llegar al clímax. Tras terminar el acto, fue al baño a limpiarse, encontrándose con que había dejado su cuerpo manchado de semen. Frente al espejo de cuerpo entero, contempló su esculpida figura y su miembro viril. Orgulloso de su considerable tamaño para su edad, se excitó de nuevo y comenzó otra sesión de masturbación frente al espejo, donde imágenes lujuriosas recorrían su mente hasta llegar al clímax una vez más, soltando un nuevo chorro de semen que salpicó el espejo. Tras ducharse y limpiar los restos de semen de su cama y del espejo, se lió un porro de marihuana y se relajó en su cama, siendo viernes y, como cada viernes por la tarde, acompañaría a su padre a la fábrica.
Eran más de las cinco de la tarde del viernes cuando su padre le avisó. Al día siguiente Tomás no tenía clases y, como era habitual los viernes a esa hora, acompañó a su padre a la fábrica, donde este impartía las últimas instrucciones y cerraba la semana laboral. Mientras su padre se reunía con los jefes de sección en su despacho, Tomás se paseó por los talleres de producción. Le gustaba observar al personal trabajar y comprender el funcionamiento.
de las máquinas que tejían, o doblaban la ropa. Observaba con atención los modelos, colores y texturas de las prendas que producía la empresa de su padre, lo cual le fascinaba. Recorría la fábrica ajeno a las miradas de los empleados y, aunque cortésmente devolvía los saludos, ignoraba cualquier atención que no estuviera relacionada con su interés en la producción de las máquinas.
Durante su recorrido, sintió la necesidad de orinar y se encaminó hacia los aseos más cercanos. Eran unos aseos comunes y secundarios destinados para los empleados de esa zona, en su mayoría mujeres que trabajaban en la línea de plegado de las prendas. Al entrar en el baño, se alegró al ver lo limpio que estaba, impecablemente mantenido, lo cual le llevó a pensar que el equipo de limpieza de la fábrica hacía un buen trabajo. Se acercó a uno de los retretes y se dispuso a orinar cuando escuchó las voces de dos mujeres que acababan de entrar al baño y comenzaron a conversar sobre él.
- ¿Has visto a Tomás, el hijo del jefe? -le dijo una a la otra.
- Sí, pasó por mi lugar de trabajo. ¡Es un chico guapísimo! -respondió la otra mujer.
- Mucho. Cuando sea mayor, será todo un seductor. Con su atractivo físico y su posición económica, no le faltarán pretendientas.
Entre risas, comentaban sobre las cualidades de Tomás.
- Qué pena que sea homosexual -expresó una de ellas.
- ¿Estás segura de eso? -preguntó la otra.
- Así lo dice mi hija, que estudia en la misma universidad que él. Aunque parece tan reservado y solitario que no sale con ningún compañero, es todo un misterio.
- Qué decepción para las chicas de su edad, no poder conquistar a semejante galán -concluyó la otra mujer.
Mientras las dos empleadas comentaban, él escuchaba atentamente la conversación con suma atención. No salió del baño donde estaba hasta asegurarse de que las mujeres se habían marchado. Al salir, se sorprendió al encontrar a una de ellas frente al espejo. Al verlo, la empleada se quedó paralizada al darse cuenta de que había escuchado la conversación. Su rostro pasó de palidecer a enrojecer de repente, parecía un semáforo cambiando de color. La mujer se quedó sin palabras, sintiéndose incómoda ante la mirada tranquila y segura de Tomás. Éste, impasible, abrió la puerta del baño de donde salía y con voz suave, firme e imperativa le indicó: "Entra". La mujer, incapaz de reaccionar, obedeció como si fuera un autómata y entró en el baño donde él había orinado.
La mujer, una cuarentona sin aparente atractivo, envuelta en su bata de trabajo, no mostraba ninguna forma física destacable. Morena, más bien fea, con unos kilos de más y algunos años encima, no era precisamente un objeto de deseo sexual.
- Siéntate en la taza del retrete -ordenó Tomás a la mujer.
Todavía en estado de shock, la mujer obedeció y se sentó en la taza del retrete. Tomás se expuso ante los ojos atónitos de la mujer, mostrando su pene y sus testículos. La mujer quedó petrificada al verlos, nunca antes había presenciado un miembro viril de esas dimensiones, que a pesar de estar solo semierecto, superaba todo lo que la mujer había visto antes.
- Chúpamela -con voz tranquila, firme y autoritaria, ordenó el joven.
Así, la polla de Tomás comenzó a crecer dentro de la boca de la mujer, alcanzando una magnitudque apenas le cabía dentro de la misma ni la mitad de ella y haciendo un esfuerzo enorme ya que el grosor del pene le tenía la boca abierta como nunca antes, comenzó a practicarle sexo oral. La mujer disfrutaba del acto, Tomás lo notó al ver cómo se sacaba y metía con entusiasmo el pene de la boca, lamiéndolo y relamiéndolo en toda su extensión, besando y succionando también sus enormes testículos. En un estado de excitación total, la mujer se desabrochó la bata de trabajo, mostró sus senos y empezó a acariciar su zona genital. Tomás observó los senos de la mujer y le resultaron agradables, no eran muy grandes pero sí redondos y con un pezón largo que sobresalía de una aureola rosada perfecta. Se sorprendió al encontrar que eran firmes y tensos al tocarlos, lejos de ser caídos y blandos. Tomás acariciaba los senos de la mujer mientras esta se concentraba en practicar sexo oral y estimular su clítoris con los dedos. Después de un tiempo, Tomás indicó que iba a eyacular y ella, lejos de apartarse o retirar el pene de su boca, intensificó el acto con más pasión. Ambos alcanzaron el orgasmo al mismo tiempo, se escuchó el sonido de la vagina de la mujer liberando fluidos mientras Tomás eyaculaba en su boca en gran cantidad, la cual no podía tragar rápido y se derramaba por su nariz y labios cayendo en sus senos. Tras terminar la eyaculación, Tomás sacó el pene de su boca, lo limpió manchando el rostro de la mujer con los restos de semen y le pidió que lo limpiara. Con una sonrisa de extraña felicidad en su rostro, ella comenzó a lamerlo, besarlo y saborearlo hasta dejarlo sin restos de semen. Admiró el trabajo realizado en el pene del joven y se sorprendió al ver que seguía erecto como un mástil a pesar de haber eyaculado. Sin decir una palabra, Tomás guardó su pene en su ropa interior, se vistió y se dispuso a marchar. Antes de irse, la miró; ella seguía sentada en el inodoro con las piernas abiertas, los senos al descubierto, y le dijo: "No soy homosexual".
De regreso a la oficina, su padre ya había concluido la reunión y se le unió.
-Hola Tomás, adelante. ¿Cómo ha sido la visita a la fábrica? ¿Cómo ha ido el retorno?
-Bien, papá. Me gustaría elogiar y felicitarte por el equipo de limpieza que tienes, mantienen la fábrica en perfectas condiciones. He utilizado uno de los servicios y está impecablemente limpio.
-Así debe ser, Tomás. Las condiciones de higiene adecuadas son beneficiosas tanto para mí como para los empleados.
A su padre le complacían las observaciones de su hijo, eran esos detalles que lo llenaban de orgullo al ver el compromiso que Tomás estaba adquiriendo con la fábrica. Debido a la hora, le preguntó si le gustaría cenar con él en el lugar que él eligiera. A Tomás le pareció una excelente idea, disfrutaba de la compañía de su padre, a quien además de admirar como progenitor, consideraba su mejor amigo en su vida solitaria. Optaron por ir a un asador conocido por sus chuletones de buey a la parrilla.
Su padre reservó mesa en el restaurante y envió un mensaje a su madre informando que no cenarían en casa, sino que lo harían fuera y llegarían tarde, pidiéndole que no los esperara.
Padre e hijo se dirigieron al restaurante en armonía y con una gran conexión. Aunque Tomás no solía beber alcohol, disfrutaba de un buen vino en salidas con sus padres o en ocasiones especiales. Su padre, un amante y entendido de los vinos, le había transmitido conocimientos sobre catas, calidad y añejamiento de los mismos. Se decantaron por un reserva del Priorat, conocido por producir vinos de alta gama. Disfrutaron de la cena, conversaron y debatieron sobre diversos temas, incluida la reciente noticia de la separación de Carmen.
situación en la que se encontraron y se rieron cuando ambos mencionaron lo atractiva que debe ser la secretaria de Raúl para reemplazar a Carmen, a pesar de lo atractiva que es.
- Es gracioso pensar que la tendremos rondando por la casa por un tiempo, jajajaja
- Ten cuidado de no ser descubierto intentando conquistarla, mamá podría cortarte las alas, jajajaja
Ambos hacían referencia a la situación y se reían y disfrutaban con los comentarios de naturaleza sexual y el efecto del vino en sus cuerpos, las risas y la felicidad eran totales.
El teléfono sonó y su padre comentó: "Es tu madre".
- Hola Ángela, cariño
- Nada, Carmen ya llegó a casa, fui a buscarla junto con algunas de sus cosas, las organizamos en su habitación y la instalé en el cuarto del ala izquierda de la casa. Ya cenamos y estoy esperándote en la habitación, estamos un poco cansadas del ajetreo y nos iremos a dormir. ¿Cómo les va a ustedes? ¿Todavía están cenando?
- Sí, cariño, la cena se nos está haciendo amena y larga aquí charlando con tu hijo, pero no tardaremos en regresar a casa. Nos vemos, mi corazón.
- Hasta luego, Eduardo. Te quiero.
Ángela, la madre de Tomás, estaba profundamente enamorada de Eduardo, su padre. Se habían convertido en pareja durante la universidad, él estudió económicas y ella derecho, y desde entonces siempre estuvieron juntos en armonía. Eduardo era muy activo sexualmente en la cama, y Ángela, apasionada, tenía como esposo a un hombre muy fogoso al que amaba y celaba con intensidad.
Terminaron de cenar y se dirigieron a casa. Al entrar, ambos percibieron un suave olor distinto al habitual, no desagradable, pero sí diferente. Era agradable.
- ¿Sientes ese olor diferente, Tomás?
- Sí, ahora que lo mencionas, es cierto, es un olor distinto y agradable, muy sensual.
- Tomás, Ese debe ser el olor de la vagina de Ángela jajajaja
- Jajajajaja, estás loco, papá. Jajajaja
El comentario desató la risa de ambos, que bajo los efectos del vino no pudieron contenerse y se rieron a carcajadas. El alboroto alertó a la madre, quien asomó por la escalera para ver qué pasaba. Al verlos riendo en ese estado, se sintió contenta y se unió a ellos en la risa sin conocer el motivo, lo que sorprendió a los demás y los hizo reír aún más. Era la imagen de una familia feliz.
Padre e hijo se dirigieron a sus respectivas habitaciones, dándose un abrazo y un beso de buenas noches antes. Tomás entró en su habitación, se desvistió y se dio una ducha refrescante. Al sentir calor, se sintió tentado a bajar al jardín y nadar en la piscina, pues no era muy tarde, y pensó que le ayudaría a digerir la abundante cena y el vino. Se armó un porro de marihuana, tomó una toalla y, completamente desnudo, bajó a la piscina.
Había calma. La iluminación era suave, con algunas luces en los laterales de la piscina y una farola bajo la pérgola como única luz. Al zambullirse en el agua, sintió un alivio refrescante en su cuerpo. Nadó suavemente durante unos cinco minutos, cambiando entre estilos de natación, sintiendo el vaivén de su miembro en el agua con cada brazada. La sensación le agradaba, y su miembro comenzaba a endurecerse. Al salir del agua, vio cómo la sombra de su miembro semierecto se multiplicaba por diez en el agua. Divertido, pasó un rato jugando con su sombra sobre el agua.
Desde la ventana de la habitación, Carmen observaba la sombra del joven en la piscina jugando con la sombra de su miembro. Con insomnio, probablemente debido al ajetreo del día, Carmen...
estaba observando. En un arranque de excitación y desinhibición, decidió proseguir con su autoplacer sin importarle si era descubierto o no por la atenta mirada de la mujer. Concentrándose en las sensaciones que le provocaba su propio cuerpo, aceleró el ritmo de sus movimientos hasta alcanzar un clímax explosivo.
Por otro lado, Carmen se encontraba cada vez más abrumada por la lujuria que la invadía al contemplar la escena. Sin poder resistirse, se dejó llevar por el deseo y se adentró en un profundo y placentero estado de excitación. Sus gemidos de placer resonaban en la habitación, mezclándose con los susurros de la noche.
Finalmente, ambos protagonistas se vieron envueltos en un juego de voyeurismo y autocomplacencia, donde los límites entre la realidad y la fantasía se desdibujaban. En medio de la oscuridad de la noche, el deseo y la pasión fluían libremente, creando un vínculo erótico y misterioso entre Tomás y Carmen.
Estaba observando mientras se autocomplacía. Aunque la situación no le preocupó mucho, le resultó tan excitante que la sensación de ser observado por la protagonista de su masturbación le llevó a alcanzar el orgasmo de inmediato. Eliminó los rastros de su eyaculación de su cuerpo y decidió dirigirse a la cocina para prepararse un zumo.
Ambos habían llegado al clímax al mismo tiempo y sintieron deseos de ir a la cocina a tomar algo.
Tomás se encontraba en la penumbra de la cocina cuando escuchó los pasos de Carmen aproximándose. En la semioscuridad en la que se hallaba, se ocultó ligeramente acercándose a un pilar y aguardó su llegada. Carmen llevaba puesto un camisón transparente, un sostén delicado de color negro y una tanga que apenas cubría sus partes íntimas. Lo observó mientras preparaba su infusión, y fue la luz al abrir la puerta del microondas la que lo delató en su escondite. Carmen se sobresaltó al ver la figura de Tomás, más sorprendida y nerviosa que asustada al encontrarse con el joven desnudo frente a ella. No pudo articular palabra alguna. Fue Tomás quien, con su voz serena y firme, habló.
- Buenas noches, Carmen.
- Buenas noches, Tomás.
A pesar de su estado de inquietud, Carmen logró responder con un saludo. Tomó su infusión, contempló la taza y dio un pequeño sorbo. De reojo, no podía apartar la vista del miembro de Tomás. A pesar de su juventud, Tomás mostraba una notable seguridad en su carácter. Tranquilo y confiado, sus acciones y palabras siempre denotaban certeza.
- ¿Disfrutaste del espectáculo que te ofrecí desde la piscina, Carmen?
Carmen, atónita al ser descubierta, palideció. Se mostró inocente y desconcertada ante la pregunta de Tomás.
- ¿A qué te refieres, Tomás? ¿De qué espectáculo hablas?
- No finjas ignorancia, Carmen. Sabes perfectamente a qué espectáculo me refiero. Si quieres, puedo contártelo con lujo de detalles.
- Ay, no lo sé, Tomás. No logro conciliar el sueño de ninguna forma. Veamos si esta infusión me ayuda a dormir. ¿Acostumbras andar desnudo por la casa?
- Depende de lo que esté haciendo. ¿Te molesta mi desnudez? Con el calor que hace, un baño antes de acostarse viene de maravilla. ¿Por qué no te unes? Quizás te ayude a conciliar el sueño. Ven, vamos juntos a la piscina.
Sin darle tiempo a responder, Tomás tomó la mano de Carmen y la condujo hacia la piscina. Carmen se dejó llevar sin oponer resistencia. En su interior, temblaba; la situación la había tomado por sorpresa. De reojo, observaba la prominente erección de Tomás, lo cual aumentaba su nerviosismo y malestar. Sorprendentemente, notó cómo su excitación volvía a despertarse. Carmen se estaba calentando ante la situación, y eso, para una mujer como ella, significaba peligro. Tenía que apartar de su mente la imagen de Tomás para evitar cualquier tentación. No podía traicionar la confianza de Ángela involucrándose con su hijo. Aunque Tomás no le había insinuado nada, ella sabía que frente a su atractivo e incitante erección, y después del episodio en la piscina, con su excitación cada vez más evidente, corría el riesgo de ceder a las tentaciones que la asediaban. Debía evitar esa situación y distraer su mente con otros pensamientos.
- ¿Cómo van tus estudios, Tomás?
Tomás se detuvo, la miró fijamente y no pudo contener una risa amistosa ante la pregunta y la situación. Se dijo a sí mismo: "Esta mujer es o muy ingenua o está bromeando, o quizás realmente no se dio cuenta de nada y no me vio en la piscina, lo cual también es posible". Optó por ponerse a la defensiva y examinar a Carmen para prepararse para una respuesta certera. Ya había decidido seducir a Carmen, si no ese día, entonces al día siguiente o en cualquier momento adecuado.
Ante la situación creada, Tomás respondió de la forma acostumbrada: con calma, empleando palabras suaves pero directas.
- Muy bien, Carmen. Mis estudios van bien. Mi madre me comentó que te quedarías un tiempo mientras solucionas tu divorcio.
- ¡Qué gran amiga tu madre! Ella llevará mi caso, espero que todo salga bien, ya que no tengo mucha habilidad con los números. Siempre he tenido dificultades con los trámites burocráticos.
- ¿Y cuál es tu especialidad?
En ese momento, Carmen captó claramente la insinuación de la pregunta, pero la breve conversación la relajó y de repente se sintió mucho mejor, limitándose a sonreírle a Tomás. Por su parte, al ver que Carmen comenzaba a sentirse más cómoda, Tomás se sintió satisfecho. Había conseguido tener a Carmen justo donde quería.
- ¿Te apetece darte un baño, Carmen? El agua está a buena temperatura, un baño y nadar un rato te hará bien.
- Oh, subir ahora arriba a buscar un traje de baño y una toalla me resulta muy tedioso, habrá tiempo para disfrutar de la piscina más adelante. Siempre he disfrutado de la piscina de tu casa.
- ¿Quién dice que necesitas un traje de baño para bañarte? Puedes nadar tranquilamente sin ropa y así estaremos en igualdad de condiciones.
Tomás, sin decir una palabra, se situó detrás de ella y en un instante le quitó el camisón y el sujetador, dejando sus pechos al descubierto. Carmen se puso nerviosa de nuevo, no le agradaba la idea de estar desnuda delante del hijo de su mejor amiga. Tomás se dio cuenta rápidamente y, con su tono de voz habitual, tranquilo y firme, logró calmarla e incluso hacerla reír.
- ¿Ves Carmen? Así estás mejor, además, con esta semioscuridad, no se aprecian tus posibles imperfecciones y solo se distingue tu silueta, que por cierto veo bastante hermosa.
- ¿Imperfecciones? ¿Cuáles imperfecciones? Tomás, ¿qué imperfecciones crees que debo ocultar o que podrían molestarme al exponerlas? Dime, venga, sé sincero, ¿qué imperfecciones ves en mí?
- Tranquila, Carmen, relájate. No he dicho que tengas imperfecciones, pero si te avergüenza estar desnuda, quizás sea porque quieras ocultar algo.
- A mí no me avergüenza estar sin ropa, además, frente a ti, que bien pudieras ser mi hijo si lo pienso,
A Tomás no le gustó que le llamaran hijo. Sin mediar palabra, tomó la mano de Carmen y la llevó hacia la piscina. La condujo hasta la parte más profunda y, con un breve empujón, la arrojó al agua, sorprendiendo a Carmen. Ella, sorprendida, chapoteaba en el agua y regañaba a Tomás por haberla tirado de improvisto.
Tomás se lanzó al agua, Carmen no era buena nadadora y apenas lograba mantenerse a flote. Nadando hacia ella, Tomás se puso a su lado. Ella rápidamente se aferró a él para no hundirse, rodeando su cuello con los brazos mientras lo increpaba.
- ¡Se me ha estropeado el peinado con el agua! ¡Eres un tonto! ¿Por qué me has lanzado al agua? ¿Estás loco o qué? Casi consigues que me ahogue. Llévame a una zona donde pueda tocar el suelo, por favor.
- Tranquila, Carmen, el cabello mojado te queda bien. ¿No sabes nadar? Yo te enseñaré.
- No quiero que me enseñes nada, solo sácame de aquí donde pueda tocar el suelo. ¡Dios, mi pelo!
Carmen dejó de preocuparse por su cabello al notar que la erección de Tomás crecía entre sus piernas. Moviendo las piernas en un intento de mantenerse a flote, permitía que el miembro de Tomás se deslizara rozando su zona íntima. Sintió un calambre al notar la completa erección y cómo se deslizaba entre sus labios vaginales hasta su trasero. El pene de Tomás era tan largo que asomaba por debajo de sus nalgas; con la tanga apartada hacia un lado, el miembro de Tomás recorría abiertamente la hendidura de su intimidad. Poco a poco, Tomás había ido moviéndose hacia
lentamente hacia donde la piscina le permitía tocar fondo, pero ella no lograba hacerlo, su altura aún no se lo permitía y se aferraba al cuello de Tomás.
- ¡AY! ¡AY! Me duele, no puedo mover la pierna.
Efectivamente, Tomás se percató del calambre de Carmen. La abrazó fuertemente agarrando con ambas manos sus nalgas mientras separaba con los dedos los labios de su vagina.
- Tranquila Carmen, no te alarmes, vamos a solucionarlo, intenta relajarte y envuelve tus piernas alrededor de mi cuerpo. Te ayudaré, lamento haber provocado todo esto. No era mi intención.
Estas palabras tranquilizaron a Carmen, la voz de Tomás siempre era persuasiva. Le ayudó a rodear su cintura con las piernas, y en esta posición, con un movimiento de cadera, colocó la punta de su pene en la entrada de la vagina de Carmen.
Carmen se encontraba en un mundo irreal, no comprendía, ni podía explicar cómo había llegado a esta situación. Sin embargo, la verdad era que su vagina estaba mojada y no precisamente por el agua de la piscina. Al sentir el grueso y prominente glande de Tomás en la entrada de su vagina, un escalofrío recorrió su cuerpo. Sus pezones se habían erguido y levantado largos sobre el agua.
Tomás rápidamente se percató de este detalle y se inclinó para succionar uno de ellos.
- SUELTA ¿Qué estás haciendo? ¡Detente Tomás! Por favor, ¡para Tomás!
Ante las protestas de Carmen, Tomás le tapó la boca con la suya y buscó rápidamente su lengua para besarla apasionadamente y silenciar sus gritos. Al mismo tiempo, introdujo su pene en la vagina y lo deslizó por completo dentro de ella. Los susurros y quejas de Carmen quedaron ahogados por los besos de Tomás, que continuaba moviendo su lengua vigorosamente en su boca. Separó sus labios de los de ella, y con un movimiento más amplio de sus nalgas, introdujo toda su erección en la vagina de Carmen hasta que sus testículos chocaron con sus nalgas. En ese momento, Carmen emitió un grito, un grito ahogado que combinaba dolor y placer.
Tomás comenzó a tener relaciones sexuales con Carmen de forma pausada. Se movía dentro de ella a un ritmo lento pero profundo, introduciendo completamente su pene y sacándolo casi completamente, como si quisiera explorar las profundidades de la vagina de Carmen con su miembro. Tomás siguió penetrando a Carmen de esta manera.
Carmen tenía las uñas de una mano clavadas en la espalda de Tomás y con la otra mano le agarraba del cabello. Totalmente sentada y penetrada por el pene de Tomás, gemía de placer en cada embestida, olvidando por completo el calambre. Tomás volvió a buscar los labios de Carmen y continuó besándola apasionadamente, intercambiando saliva. Carmen nunca antes había experimentado besos y penetraciones de esta índole, y sentía que un orgasmo estaba por llegar.
- Por favor, no pares ¿Qué estamos haciendo? ¡Ahh! ¡Ahh! ¡Ahh! Dios mío, me estoy corriendo, no pares, no pares, por favor, sigue así. ¿Qué me estás haciendo? ¡Ahh! ¡Ahh! ¡Ahh! ¡Ahh!
Carmen experimentó un orgasmo espectacular. Tomás percibió que Carmen llegaba al clímax, y gradualmente, sin detener sus embestidas en la vagina de Carmen, salió de la piscina y continuó penetrándola mientras la mantenía sentada sobre su pene. Carmen gemía de placer sin cesar, aferrándose al cuello de Tomás, sorprendida por la intensidad de la situación. Solo soltó su cuello cuando Tomás la acostó suavemente en una tumbona debajo de la pérgola. La recostó lentamente y la estiró sobre la tumbona sin sacar su pene de la vagina de Carmen. Así, los dos acostados, Carmen con las piernas abiertas y Tomás en medio, iniciaron un vaivén rápido, intenso y continuo. Carmen, asombrada por la energía de Tomás,
El despilfarro del joven lo llevó a entregarse y dejarse llevar por la situación de mayor placer que estaba experimentando, y comenzó también a mover la cadera al compás de la intensa penetración.
Los gemidos de Carmen eran recibidos por Tomás como una victoria. Había logrado su objetivo de tener relaciones sexuales con Carmen. Aquella que había sido la protagonista de varias de sus fantasías íntimas, ahora estaba sumida en gemidos y abierta de piernas frente a él, con su vagina siendo penetrada. Carmen tenía el coño mojado y estaba a punto de alcanzar otro orgasmo. Ahora Carmen rodeaba y acariciaba el cuerpo de Tomás, siendo ella quien buscaba sus besos y su lengua. Estaba disfrutando al máximo de esta experiencia sexual. Se cuestionaba cómo, a su edad, podría tener sexo de esa forma con un joven que podría ser su hijo; cómo justificar ante Ángela que se entregaba a su hijo y además le encantaba; estos pensamientos solo aumentaban su morbo. En ese momento, Carmen se sentía una verdadera zorra extasiada de placer. Su vagina, abierta como nunca antes y completamente llena de pene, no dejaba de segregar fluidos. En medio de los embistes constantes del pene de Tomás, Carmen estaba tan excitada que se orinaba un poco.
Permanecieron en esa posición durante un tiempo prolongado, Carmen ya había perdido la cuenta de sus orgasmos, o tal vez estaba experimentando un orgasmo prolongado e interminable. Carmen lloraba, sus lágrimas eran producto de un placer que nunca antes había experimentado. Mientras tanto, Tomás disfrutaba viendo cómo su conquista del día se regocijaba, y le imponía diversos ritmos, a veces rápidos, a veces lentos, a veces profundos, a veces suaves.
Tomás levantó una de las piernas de Carmen y la giró en la cama, dejándola con la polla aún dentro de su vagina, boca abajo. Colocó sus piernas a ambos lados de las de Carmen y le pidió que cerrara las suyas. En esta posición, el pene de Tomás estaba atrapado dentro de Carmen. Ante esta situación, Carmen apretó más su vagina, exprimiendo el pene que parecía haber crecido enormemente en medio de esa presión. Tomás comenzó a penetrar a Carmen en esta postura. Ahora, su forma de follar era como la de un toro salvaje, no simplemente la penetraba, la embestía con fuerza.
Carmen se sentía abrumada, no podía creer que estuviera experimentando una relación sexual como esa que solo existía en las fantasías de sus masturbaciones. En ese momento la estaban follando exactamente como siempre había deseado. Los líquidos que salían de su vagina habían formado un charco entre sus muslos apretados, y mientras los testículos de Tomás golpeaban en cada embestida, podía sentir el chasquido de los testículos chocando. Esta sensación le provocó un calambre de placer que recorrió su espina dorsal y le nubló la vista.
Tomás pasó sus brazos bajo las axilas de Carmen y la levantó de golpe, quedando ambos de rodillas en la cama. Tomás abrió su boca y mordió su nuca. Mantuvo su nuca entre sus dientes, mientras en esa posición comenzó a moverse dentro de ella lenta y profundamente. El mordisco que Tomás le daba le provocó a Carmen otra oleada de placer que recorrió su columna vertebral y la dejó nuevamente extasiada. Al alcanzar el clímax, lo que Carmen experimentó en ese instante no se puede describir con palabras, porque no existe un término que defina semejante placer. Carmen lloraba, reía, sollozaba, gemía. Estaba completamente entregada al éxtasis más sublime que el placer sexual pueda ofrecer.
Tomás dejó de morderla, abrió su boca y en lugar de morderla, su aliento cálido acariciaba la nuca de Carmen como si fuese un masaje. Después de tanta intensidad y sin sacar su pene de la vagina de Carmen, Tomás la bajó, dejándola en posición de cuatro en la cama. Tomás observó las prominentes nalgas de Carmen, sujetándola por la cintura mientras le masajeaba las nalgas suavemente en círculos. De repente, dos sonoros cachetazos en las nalgas de Carmen provocaron que ella emitiera dos gemidos y dieron paso a una nueva fase en la penetración de Carmen, diferente pero igualmente intensa.
Ahora, Tomás la penetraba moviendo sus caderas lateralmente, deslizando su pene dentro y fuera del coño de Carmen trazando círculos con él en cada embestida.
De repente, Tomás retiró parte de su miembro del interior de Carmen y rodeó su tronco con la mano. Comenzó a agitar y mover su pene en diferentes direcciones dentro de ella. Carmen se encontraba completamente absorta en otro plano, el éxtasis la había llevado al borde de la locura, convirtiéndola en una sujeto pasivo que se dejaba llevar por el placer. Ella simplemente se entregaba a disfrutar de su orgasmo interminable. Así, Tomás continuó penetrándola en cuatro por un buen rato, acariciando sus senos, golpeando su trasero, introduciendo un dedo en su ano y considerando la idea de penetrarlo también, aunque finalmente desistió para otro momento. Llegó el momento de la eyaculación, después de dos horas de estar con Carmen, se sentía satisfecho. Retiró su miembro lentamente de su interior, hasta que solo quedó la punta dentro de ella, agarró su pene, lo apretó para asegurarse de su firmeza y lo sacó de su vagina como si descorchara una botella de champán; ¡PLOFF! Un chorro de líquidos salió disparado de Carmen. Tomás se levantó, agarró el cabello de Carmen, acercó su miembro a la boca de ella y lo introdujo hasta la mitad en su garganta, iniciando así la eyaculación. Carmen se atragantó, vomitó y comenzó a toser, expulsando bilis, semen y vómito tanto por la boca como por la nariz. Su respiración, agitada y dificultosa, se fue calmando poco a poco. Tomás aún sosteniéndola del cabello, alzó su rostro para que lo mirara a los ojos y le dio un tierno beso en la frente, sin decir una palabra la soltó, y se quedó observándola mientras ella, exhausta, se dejaba caer sobre el lecho.
Los gemidos, gritos y aullidos de Carmen no habían pasado desapercibidos para los habitantes de la casa. Eduardo y Ángela, padres de Tomás, llevaban un rato despiertos y, desde la oscuridad de la puerta que daba al jardín, contemplaron boquiabiertos la escena de sexo que su hijo estaba teniendo con Carmen. Eduardo observaba orgulloso a Tomás mientras su madre pensaba en la suerte que había tenido su amiga al ser poseída por su hijo, el cual mostraba la misma virilidad que su padre. Excitados por lo que presenciaron, subió la libido de ambos. Ángela no podía dejar de tocar la entrepierna de su marido, mientras que Eduardo la tenía completamente empapada. Cuando la función llegó a su fin, abandonaron silenciosamente el lugar y se retiraron a su habitación, donde les esperaba una noche de pasión.
Carmen se quedó dormida con una sonrisa en el rostro, reflejando una profunda felicidad. Tomás la tomó en brazos y ella se aferró a su cuello, apoyando la cabeza en su hombro, la llevó hasta su habitación y la depositó suavemente en la cama. No necesitaron intercambiar palabras entre ellos. Tomás la contempló en su desnudez, le dio cálidos besos en los senos y luego recorrió un camino de besos hasta sus labios, cerrándole los ojos, Carmen, creyendo que estaba en un sueño, se quedó dormida. Después de cubrirla con la sábana, Tomás salió de la habitación de Carmen, cerrando la puerta en silencio.
Continuará.
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