Roel sigue descansando y después de un tiempo siento una sensación de melancolía, aparece en mi mente la imagen de Jorge y de esos sueños que he tenido con él, desearía que fueran reales, lo anhelo profundamente... y comienzo a llorar. Todos están atentos y preocupados por mí, empiezan a preguntar qué sucede y entonces exclamo:
- ¿Por qué nunca puedo estar con quien me interesa? ¡Si no es porque no le agrado, es porque es homosexual, o es docente! ¡Estoy cansada!
Quedan todos atónitos, y ceso de llorar al instante. ¡Dios, qué he dicho! Ya ni siquiera lo recuerdo, siento que eso está muy lejos, el porro me confunde la mente y solo espero que sea lo que sea, no lo recuerden al día siguiente. De repente me antojo:
- ¿Hacemos palomitas?
Todos estallan en risas, preparamos las palomitas y luego nos vamos quedando dormidos repartidos por el amplio sofá de la casa de Zaida.
Despierto con una fuerte resaca, me duele la cabeza, tengo la boca reseca, la luz me molesta en los ojos, voy al baño, me lavo la cara y tomo un ibuprofeno, al salir ya está Laura despierta:
- ¿Cómo estás? A mí me duele todo...
- Estoy igual, y eso que bebí y fumé mucho menos que ustedes... - me río y le ofrezco un ibuprofeno y un vaso de agua.
- Lexa, ayer cuando estabas mal, te referías a Jorge, ¿verdad?
Me quedo petrificada, no recuerdo lo que dije, aunque empiezo a recordar fragmentos de ese momento.
¡Oh cielos! ¿Y qué le respondo ahora a Laura, no quiero hablar del tema. No sé dónde meterme.
- Todos vimos cómo lo miras, pero pensábamos que era admiración, siempre elogias su manera de trabajar y enseñar. ¿Las cosas no van bien con Roel? Desde que formalizaron se les veía bien y felices...
Observo a mi alrededor y los demás siguen dormidos, le hago una señal con la cabeza para que vayamos a hablar a la cocina. Me pongo a preparar café y le explico:
- Mira Laura, con Roel no es que las cosas vayan bien o mal, lo aprecio mucho y la relación no va mal, pero no sé... Roel decidió dar un paso más en la relación cuando el sexo pasó de ser bueno a increíble. Y eso sucedió justo después de conocer a Jorge... desde ese día, nunca he tenido intimidad mirando a los ojos a Roel, mi mente dispara la imaginación y en ese instante solo existe Jorge. Realmente aprecio a Roel, pero...
- No lo amas.
- Exacto... nunca le haría daño, pero mi corazón sabe que no está en el lugar correcto.
- Te entiendo Lexa, y te aseguro que no saldrá nada de aquí. Si necesitas hablar, sabes dónde estoy. No te juzgaré, porque yo no sé lo que es sentir eso por nadie, pero debe ser muy frustrante enamorarte de alguien que consideras inalcanzable.
- Gracias Laura, - comienzan a brotar lágrimas de mis ojos - realmente intento no pensar en él de ninguna manera, verlo solo como un excelente docente, pero mi corazón no deja de latir fuertemente cuando lo veo, se me erizan los vellos cuando me roza en clase y me estremezco cada vez que me habla y me mira a los ojos. Hay momentos en los que vuelvo a verlo posible, llego a tener una absurda sensación de que él podría sentir una mínima parte de lo que yo siento y mi corazón se llena de esperanza, pero mi mente me dice que no es posible y caigo en una espiral de la que no puedo salir.
Laura me abraza y se queda en silencio, se ha quedado sin palabras de consuelo para mí.
Cuando me he calmado le pregunto:
- ¿Crees que los demás se acordarán de lo de ayer?
- No lo sé, estaban bastante afectados, pero igual algo recuerdan... si es así, ya me encargaré yo de despistarlos.
- Muchas gracias, creo que me iré a casa ya, no quiero que me vean con esta cara... Diles que tenía asuntos que atender y que nos
nos vemos el próximo lunes.
- Está bien, no hay inconveniente. - Laura me brinda otro breve abrazo.
Termino mi café y me acerco a despertar a Roel, quien está tumbado boca arriba, con la sábana formando una especie de tienda de campaña justo sobre su pelvis. A pesar de la intensa conversación que acabo de tener con Laura, bajo la sábana y encuentro el erecto miembro de Roel. Me acerco por un lateral de la cama, humedezco mis manos con saliva para lubricarlas, lo tomo y comienzo a acariciarlo. Roel empieza a abrir los ojos con esfuerzo, pero en el momento en que inicio a estimular su erección con mi boca, abre los ojos sorprendido, se queda atónito y sujeta mi cabeza para profundizar la penetración en mi boca. De repente, siento su eyaculación en mi garganta, la saboreo con gusto y le sonrío.
Roel se incorpora y me indica que me acueste boca abajo. Lo hago y de repente me propina un golpecito en una nalga, estoy tan excitada que la vibración de ese golpe resuena en mi interior y aumenta mi excitación. Me agarra la cintura con fuerza y levanta mis caderas, entonces siento cómo introduce su miembro bruscamente en mí, dando fuertes y secas embestidas. Al principio va despacio, pero luego acelera el ritmo, me sujeta del cabello y me presiona contra su pecho, ambos de rodillas en la cama, una mano en mi cintura y la otra en mi cuello, sin apretar. Comienza a mover su pelvis en círculos y cuando está a punto de llegar al clímax, me da otra nalgada, lo cual es mi perdición. Roel se aferra más a mí mientras alcanza el clímax y al finalizarse, me desplomo en la cama, él queda arrodillado, me da otra suave palmadita y me dice:
- Vamos Lexa, es hora de marcharnos a casa.
Rápidamente Roel se viste y yo, una vez que me recupero, hago lo mismo. Recojo mi chaqueta y mi bolso, y salimos de la casa de Zaida.
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