Después de ser designado como Jefe de Programas, conexiones y Plataformas (TI) en una reconocida compañía de Administración Financiera, me fue asignado un automóvil para mi semana laboral. Según el comunicado interno recibido, las llaves de este vehículo podían ser retiradas en la garita del sótano.
Como de costumbre, solía quedarme hasta altas horas de la noche en la oficina, y más ahora que contaba con transporte propio. Cerré la oficina y en ese piso solitario me dirigí al ascensor con rumbo al sótano. Una vez allí, busqué la cabina de vigilancia, pero al llegar no encontré a nadie. Decidí buscar al vigilante de guardia sin llamar la atención, sería de mal gusto vociferar o silbar fuerte. Al recorrer el lugar, vi únicamente dos vehículos estacionados. Al fondo del estacionamiento, divisé lo que parecía ser una oficina y me dirigí hacia allá, suponiendo que el vigilante estaría allí.
Estaba cerca cuando escuché lo que parecían ser voces; al acercarme más pude distinguir claramente.
"- cuando termines, déjame beber tu leche"
No quise ser indiscreto, pero la propuesta sonaba intrigante. Decidí disminuir mi paso y al acercarme a una ventana cerca de la puerta, pude observar lo que ocurría en el interior: dos guardias de seguridad, correctamente uniformados en la parte superior de sus cuerpos, estaban sin pantalones y acariciándose, sentados cada uno en su silla, masturbándose tranquilamente. Permanecí paralizado y me abstuve de interrumpirlos; lo más curioso y sorprendente fue notar cómo mi propio miembro empezaba a reaccionar. Jamás antes me había planteado la idea de relaciones íntimas entre hombres, pero aquella escena despertaba en mí sensaciones nuevas y desconocidas.
El moreno de la derecha, fornido, tenía la apariencia de un guardia de seguridad robusto, con el cabello rapado y una musculatura impresionante. El de la izquierda, delgado y atlético. Se acariciaban lentamente y conversaban de manera sosegada,
- Te comento Nelson que necesito un buen trasero para satisfacerme, llevo como una semana sin actividad sexual.- mencionó el fornido moreno, a lo que el otro contestó;
- Me casé para poder tener encuentros íntimos en mi hogar, pero siempre me ha excitado ver otro miembro en frente de mí.
Continuaban con sus gestos de cariño y yo cada vez más tentado a darme placer, sin embargo, sabía que era inapropiado, indebido y sumamente contraproducente. Opté por retroceder y hacer ruido a lo lejos, para darles tiempo de recomponerse y evitar cualquier percance. Justo cuando estaba girando mi cuerpo y preparándome para marcharme, me topé con otro guardia de seguridad detrás de mí. Me invadió el pánico al ver su mirada fija y decidida, como si quisiera descubrir mi identidad.
Simplemente apartó la vista para dirigirla hacia mi entrepierna abultada, haciéndome un gesto de silencio al llevar su dedo índice a los labios. Subiendo su dedo, se aproximó a mí. Sus manos apretaron mi bulto y se acercó aún más. Con firmeza, acarició mi pantalón y, con su otra mano, desabrochó su cinturón. Me quedé inmóvil, con su rostro tan cerca del mío, percibiendo su aliento y su fragancia, sus ojos azules clavados en los míos. Sin titubear, bajó la cremallera de su pantalón mientras yo lo miraba fijamente. Fue en ese momento cuando desvió la mirada hacia abajo y yo seguí su gesto. Su miembro rosado, grueso, venoso, imponente, desafiante.
Al levantar la vista, él colocó sus manos en mis hombros, ejerciendo presión hacia abajo primero suavemente y luego con más fuerza. Mis ojos se abrieron con asombro ante ese guardia calvo, con barba y bigote castaños. Volvió a mirar hacia abajo. Tal vez por la fuerza de sus brazos en mis hombros o tal vez por el temor, di un paso atrás y doblegué mis rodillas. Me encontré cara a cara con su miembro erguido y, sinceramente, debo admitir que sentí un deseo intenso de satisfacerlo.
Lo olí, ¡rayos! Tenía un aroma embriagador, su miembro era simplemente hermoso.
Delgado, consumí todo, en ese momento Johan apareció y me indicó que me acostara en la cama, situándose detrás de mí. Con firmeza, separó una de mis nalgas y procedió a penetrarme, ¡qué delicia! La cálida profundidad de su robusta verga es memorable. Comenzó a moverse suavemente pero con un ritmo creciente. El moreno se retiró, su miembro ya había sido limpiado por el flaco, quien se acariciaba el pene mientras nos observaba de cerca.
Johan continuaba con su frenesí sobre mí y yo lo disfrutaba plenamente. De repente, el flaco se acercó y se situó cerca de Johan, casi frente a su rostro. Mientras se masturbaba, provocaba que Johan acelerara el ritmo, incrementando la profundidad de cada embestida. Fue como un acuerdo entre ellos, el flaco jadeaba y se tocaba el pene con fuerza, mientras Johan hacía lo mismo. De pronto, el flaco eyaculó en el rostro de Johan y éste penetró por última vez mi trasero, asegurando así que todo su semen quedara en mí. Johan ingirió el pene del flaco con avidez y lo chupó con deseos.
Finalmente, Johan se separó de mí, dejándome allí empapado en sudor y semen en mi trasero.
Pensé que eso sería todo, hasta que el flaco se recostó rápidamente y me hizo incorporarme para sentar mi trasero sobre su rostro, lamiendo mi entrepierna y tragándose todo lo que mi trasero expulsaba.
Johan se acercó y se inclinó para besar mi miembro, lo acarició, lo ingirió y comenzó a hacerme sexo oral, mientras el flaco no paraba de digerir el líquido claro que emanaba de mi lastimado trasero. El sexo oral de Johan era preciso, delicioso, digno de su estilo. Luego se levantó y puso su trasero frente a mi rostro, inclinó su cuerpo y dejó su trasero justo delante de mi boca, abriendo esas firmes nalgas y al sacar mi lengua, un profundo aroma llegó a mis sentidos.
Lamí con dedicación, como si fuera mi alimento vital, como si mi existencia dependiera de ello.
- Roberto, ahora déjame que me siente - el flaco se levantó y se marchó, Johan me hizo sentar en la cama y él se acomodó para sentarse sobre mí y ser penetrado. Así lo hice. Johan tenía la habilidad de apretar mi miembro con sus músculos, lo cual, como comprobé, era una técnica de control sexual que me provocó eyacular rápidamente. Y eso fue precisamente lo que ocurrió. Johan suspiró y dijo:
- Roberto, ven - el flaco se acercó y se tendió, yo apreté a Johan y expulsé mi última gota. Johan se levantó de inmediato y colocó su trasero sobre la boca de Roberto, el flaco.
Los observé y supe que Roberto era un devorador compulsivo y Johan todo un macho dominante. Me dirigí al baño y me duché, aunque no encontré una toalla, no fue problema, me dejé secar y salí. Allí estaban los tres: Nelson, el moreno, debidamente vestido; Johan y Roberto se dirigieron al baño. En silencio, comencé a vestirme, aún estaba algo mojado.
Nelson me ofreció café, lo acepté. Estaba delicioso y fue reconfortante. Al poco tiempo, ya terminando de vestirme, salieron Roberto y Johan. Fue en ese momento cuando Johan expresó:
- Qué noche tan maravillosa hemos tenido, ¿cómo te llamas? - me preguntó Johan, a lo que respondí:
- Soy Santiago, Santiago Ferreira. ¿Y tú?
- Johan Torres, un placer conocerte.
Miré a Roberto, quien añadió:
- Soy Roberto Cervantes y mi amigo aquí es Nelson Arturo.
De repente, Johan frunció el ceño y preguntó:
- Ustedes dos no se conocen, pensé que Santiago era amigo de ustedes dos - Roberto y Nelson se miraron sorprendidos y dijeron casi al unísono:
- ¿No es amigo tuyo? - todos me miraron con sorpresa, con los ojos muy abiertos
Sonreí y pregunté:
- ¿Organizan este tipo de reuniones con frecuencia? - no respondieron, así que continué - espero ser invitado próximamente. Soy el nuevo Gerente de TIC y vengo a recoger las llaves del vehículo que me asignó la Directiva.
Todos quedaron atónitos, sin moverse, paralizados por la sorpresa. Sonreí y añadí:
- No se preocupen, creo que podríamos seguir siendo amigos, encontrándonos de vez en cuando. Estoy agradecido con ustedes por mostrarme esta área que desconocía. Aquí les dejo mi tarjeta personal, estoy dispuesto a ayudar en lo que necesiten. Veo que ustedes son buenos amigos, ¿puedo unirme a su grupo?
- Claro - respondió Johan - Estoy encantado contigo, fui tu primer experiencia.
Roberto y Nelson se miraron y comenzaron a reír, Johan y yo los imitamos uniéndonos a sus carcajadas.
Tras entregar las llaves, me despedí feliz. Siempre me había costado relacionarme bien en el entorno laboral, pero ahora tenía 3 amigos con los que podía tener esa conexión especial, y viceversa.
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