Necesitaba adquirir ciertas prendas, me agrada vestir de manera elegante y juvenil, siguiendo las últimas corrientes de moda. Por eso, armándome de valor, decidí dirigirme a los grandes establecimientos de la urbe, que se hallaban a escasa distancia de mi hogar.
Tras estacionar, subí en la escalera mecánica hacia la sección de ropa juvenil. Allí encontré las últimas novedades que comenzaron a cautivarme: camisetas ajustadas, vaqueros pitillo que realzan la figura y marcan de forma adecuada, aspecto que gracias a mi constancia en el gimnasio estaba mejorando considerablemente.
Fue entonces cuando los vi, esos vaqueros que tanto anhelaba, de un tono azul ceniza que desde el primer momento me atraparon, y pensé de inmediato: "estos deben ser para mí".
Seleccioné la talla apropiada y un par de camisetas que combinaran de manera adecuada, me dirigí al probador. Disfruto al observarme y apreciar si la ropa se ajusta bien y resalta las áreas deseadas.
Mientras probaba las camisetas y dudaba de su elección, dejé mis pertenencias en el probador y busqué otras opciones más veraniegas y de cuello más abierto, convencido de que se adaptarían mejor a mí.
Satisfecho con mis elecciones, regresé al probador, seguro de que con los vaqueros seleccionados mi atuendo luciría impecable. Al abrir la puerta, me sorprendí al encontrarla ocupada. ¿Me habría equivocado? No, dentro se hallaba un joven de espaldas que me invitó a entrar, expresando:
-Adelante, este es tu probador, te estaba esperando.
Al darse la vuelta, descubrí que se trataba del chico de la obra que trabajaba allí y que me había visto ingresar. Me había seguido y, al percatarse del probador que escogí, se escondió esperando el momento oportuno para sorprenderme al regresar.
-¿Qué haces aquí? -le inquirí sorprendido.
-Te esperaba, quiero intimar contigo en el probador, me resulta excitante.
Estaba seguro de que él ya había tenido experiencias similares, pero no le pregunté. Sin mediar palabras, se lanzó a besarme mientras acariciaba mi entrepierna, despertando mi excitación. Mis manos también exploraron su zona íntima mientras nos entregábamos al deseo y al contacto corporal.
Después, nos quitamos las camisetas y empezamos a estimularnos mutuamente. Disfrutaba al ver cómo sus pezones se endurecían, a pesar de ser pequeños, respondían fácilmente.
Él descendió con su lengua por mi abdomen y desabrochó lentamente mi pantalón, evidenciando mi excitación. Sin embargo, aprovechó para tomar mi miembro en su boca y brindarme una estimulación excepcional, a pesar de escuchar las voces de otros clientes, aumentando así la adrenalina del momento.
No pude contener mis gemidos ante el placer que me proporcionaba, sintiendo cómo su lengua jugueteaba con mi glande, creando una atmósfera de transgresión y deseo en un lugar inapropiado. A pesar de abandonar su puesto de trabajo para atenderme, continuó su labor sin cesar, aumentando nuestra excitación mutua.
-Hazlo -me pidió.
Se dio la vuelta y se apoyó en la pared del probador de pladur, mientras yo, totalmente excitado, me preparaba para continuar la situación.
En ese ambiente lleno de sonidos, extendió sus piernas, coloqué un preservativo, humedecí su ano con mi lengua y penetré mi pene duro y grueso en ese agujero que pedía ser penetrado, y entre suaves gemidos de placer no dejé de empujar y disfrutar de ese trasero que ya había experimentado en esa situación anterior.
La estructura se tambaleaba y los gemidos se volvían más intensos, pero en ese instante no nos importaba lo que se escuchara, me fascinaba observar cómo mi pene entraba y salía de su ano, era nuestro instante y estábamos gozando al máximo al dar rienda suelta a nuestra fantasía de tener relaciones en un espacio público.
No resistiría mucho más, mi excitación era extrema y estaba a punto de llegar al clímax, así que en el momento preciso saqué mi pene de ese recto expuesto, me quité el preservativo, le di la vuelta y finalmente, con mi mano derecha, eyaculé todo mi semen sobre su pecho. La leche brotaba en chorros, caliente y densa, mientras él se masturbaba también y dirigía su pene hacia mi rostro.
Abrí mi boca y esperé a que él eyaculara dentro de ella, su semen tenía un sabor dulce, llenando mi boca, sin otra alternativa que tragármelo.
Tomé una profunda bocanada de aire, él regresó a su lugar de trabajo y yo continué probándome la ropa que deseaba adquirir, mis objetivos cumplidos, otra fantasía realizada.
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