Mientras me encontraba en el proceso de aseo en los vestuarios del gimnasio tras una extenuante sesión de ejercicio, me hallaba solo en ese momento. De pronto, ingresó ella sin previo aviso, aseguró la puerta y con firmeza me espetó:
- Parece que eres el responsable de difundir en ese grupo de mensajería instantánea que compartes con tus amigos calenturientos el deseo de poseerme.
Nuestro encuentro se remontaba a la adolescencia y en mí siempre persistió el anhelo de abrazarla y amarla, mis amigos también la conocían a ella y a su esposo, por ello en tono jocoso en el grupo mencionaba cómo en mis fantasías era mía con pasión, veinte años después de conocernos.
Ella lucía solamente una tanga con volantes, una camiseta blanca que apenas cubría un hombro, medias blancas y botines, habitual attrezzo al ser policía.
- Veamos de qué eres capaz. Me desafió y se adentró bajo la ducha junto a mí, me apretó contra la pared haciéndome elevar los brazos, posición que mantuve bajo su mandato.
Su lengua irrumpió en mi boca con una furia y agilidad asombrosas. Me sentía dominado.
Con fervor, me besó por todo el pecho, descendió por mi vientre, de vez en cuando con mordiscos suaves, hasta llegar a mi miembro viril donde, con determinación, lo tomó con su diestra, lo introdujo en su boca y comenzó a lamer la punta sin suavidad, succionándolo con apremio como si tuviera prisa, ansiosa.
Yo estaba al borde y ella lo percibió. Apresó mis testículos con firmeza y me advirtió:
- Si culminas antes de que yo lo disponga, te los corto. ¿Me comprendes?
Entre dientes y casi en un murmullo, completamente sorprendido, asentí.
Utilizó su boca y lengua durante unos 5 minutos, gloriosos momentos.
Un banco de madera se convirtió en el sitio en el que se recostó boca arriba para que mi boca se entregara a su intimidad, aparté su femenina tanga y empecé a disfrutar de su aroma y sabor característicos de una mujer plenamente dispuesta a gozar de la vida.
Yo estaba empapado, al igual que ella, completamente desnudo, su camiseta blanca empapada dejaba entrever unos pezones sublimes. El vapor de la ducha creaba un ambiente incomparable, casi mágico.
De repente, se deshizo de su camiseta dejando al descubierto sus magníficos senos y me pidió que la penetrara. Me deleité con sus pezones erguidos, mientras me movía con suavidad para asegurarme de que la penetración le proporcionara el placer que buscaba, alcanzó allí su primer orgasmo, sus gemidos fueron intensos y me instó a no detenerme.
Luego adoptó la postura de cuatro patas apoyando sus manos en el banco, con las piernas rectas y su maravilloso trasero bien erguido, no podía creerlo, tan femenina.
Nuevamente la penetré y cuando estaba a punto de llegar a su segundo orgasmo, expresó:
- Concluye, deseo llegar juntos.
Así fue, una gran eyaculación, sus gemidos, su vagina contrayéndose, su trasero oscilando. Un paraíso del que deseaba no salir nunca.
Se tomó unos minutos recostada en el banco para recobrar el aliento, y en ese momento pude apreciarla, su cabello corto, sus facciones tan femeninas (a pesar de pertenecer a una fuerza de seguridad y, por ende, ir armada), su cintura estrecha, sus bellos pechos, su vientre plano. ¡Qué criatura tan magnífica que son las mujeres, todas!
Se levantó, se envolvió en mi toalla, me tomó del mentón, me besó apasionadamente y sin decir palabra alguna, se marchó.
¿Y ahora con qué me seco?
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