Haciendo un resumen de los hechos anteriores. En el primer momento oportuno, me acerqué a mi tÃa polÃtica y ella correspondió a mis avances. Después de besarnos intensamente, entrelazando nuestras lenguas, acariciando su trasero y rozando mi entrepierna con la suya, me retiré precipitadamente al baño para evitar sospechas de mi padre o de su esposo, que estaban a punto de llegar. Por supuesto, experimenté un momento de placer intenso y liberé una gran cantidad de semen debido a la enorme excitación que sentÃa.
Al dÃa siguiente traté de repetir la situación, pero no fue posible. Sin embargo, mi tÃa lució su mejor traje de baño, un bikini de dos piezas de color rojo intenso. Ver a una mujer morena modelando un bikini de ese color es un espectáculo delicioso que deberÃan presenciar.
A lo largo del dÃa, no podÃa dejar de observar cómo la arena se colaba entre sus prominentes glúteos y cómo estos se movÃan al sacudÃrsela, creando un hipnótico y excitante vaivén similar al de las olas del mar. Respecto a sus senos, el bikini parecÃa estar a punto de estallar debido a lo ajustado que le quedaba. El hecho de que turistas estadounidenses admirasen el cuerpo de mi tÃa de esa manera me excitaba considerablemente, lo cual para mà compensaba la falta de intimidad con ella.
No obstante, el tercer dÃa... ese dÃa fue especial. La inclemente radiación solar me desanimó de permanecer mucho tiempo al sol, asà que tras algunas horas, decidà regresar a la habitación.
Aproximadamente media hora después, escuché ruidos afuera de la habitación. Me levanté, abrà la puerta y, para mi alegrÃa, era mi tÃa, luciendo otro bikini, menos revelador pero siendo su única prenda. Entró y me confesó que lo sucedido dos dÃas atrás fue un acto impulsivo; acto seguido, me besó y simplemente dijo: "Lo que viene ahora será mucho más que un impulso".
Comenzamos a besarnos sobre la cama, ella se despojó rápidamente de su ropa, permitiéndome apreciar su desnudez. El cuerpo de una mujer casada de 45 años tiene su encanto; las estrÃas y la celulitis hacÃan parecerla una obra de arte realizada por un pintor de renombre. Recorrer su cuerpo con mis manos, desde sus piernas hasta su abdomen, glúteos y demás, fue una experiencia maravillosa.
Tumbado en la cama, ella comenzó a practicarme sexo oral. La sensación de sus labios carnosos alrededor de mi miembro era espectacular. PodÃa introducirlo sin dificultad en su garganta y disfrutaba haciéndolo, algo que notaba en su mirada mientras lo realizaba.
Tras deleitarme con sus labios, la acomodé en la cama, abrà sus piernas y comencé a penetrarla. Estaba tan excitada que la penetración resultó sencilla; mi miembro entraba y salÃa sin contratiempos, sus pechos se movÃan con el vaivén y ella no cesaba de gemir, especialmente cuando empecé a estimular su clÃtoris con la palma de la mano, llevándola al borde del éxtasis. Para sofocar sus gemidos, la besé mientras continuaba con la penetración en esa posición. La combinación de sus gemidos entrecortados, ahogados por mis besos, junto con los sonidos de nuestra unión formaban una sinfonÃa sexual excitante.
Tras unos 20 minutos de intimidad, una llamada interrumpió el momento, era mi tÃo avisándole a mi tÃa que se preparara para cenar. Rápidamente, concluà y eyaculé dentro de ella. Una vez terminado, ella se vistió con su bikini y se encaminó hacia su habitación, deseando ambos que el sol brillara igual de intenso al dÃa siguiente para seguir disfrutando juntos.
Agradezco la lectura de esta segunda parte. Sé que ha sido extensa, pero espero que les haya gustado la manera en que describà ese hermoso encuentro Ãntimo, espero sus comentarios.
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