Desempeñaba labores de conductor en la ciudad de México.
Al momento de salir de la residencia principal, la señora tenía prisa. Por ello, me solicitó desde la ventana que subiera a asistirla con la carga de sus maletas.
Rápidamente accedí a su solicitud, tomé un par de maletas y regresé por el resto. Cuando entré a la habitación, la vi inclinada en su armario en busca de zapatos para el viaje.
Pude apreciar una tanga muy atractiva.
Debo mencionar que tiene una figura espectacular, con amplias caderas, senos medianos, es alta y posee cabello rojizo.
No pude evitar mirar su prominente trasero y su tanga negra asomándose, fue algo inesperado.
Se volvió y me dijo:
-Juan, ¿sigues aquí? Por favor, baja todas las maletas.
-Sí, señora, ya estoy apurando y la camioneta está lista.
-Perfecto, bajaré ahora. Espérame en la camioneta.
Salió rápidamente y nos dirigimos a una casa que tiene en Tepoztlán.
Todo el trayecto estuve imaginando lo que sería estar con esa mujerón.
Llegamos a la casa de Tepoz y me encargué de llevar todo el equipaje, se instaló en su habitación y yo procedí a lavar la camioneta por si deseaba salir a comer.
Salió alrededor de las 6 de la tarde y la llevé a un restaurante muy elegante y lujoso.
Al regresar a la casa, me informó que iría a bañarse y ver una película, me invitó a verla con ella.
Al escuchar el agua de la ducha, me intrigó y me asomé por la puerta. Sin suerte, solo pude ver el cristal de la ducha.
Cerró la regadera y salí discretamente y sin hacer ruido.
La esperé en la sala para ver la película.
Salió de su habitación con una camiseta blanca sin sujetador y unos pantalones ajustados, se marcaban sus pezones y comencé a excitarme.
Inició la película y yo apenas podía mirar de reojo.
Me dijo:
-El viaje fue agotador y me siento cansada.
-Si lo desea, puedo darle un masaje.
(Sin perder tiempo)
-¿En serio harías eso por mí?
-Déjeme traer la crema para que se relaje completamente.
-Está bien.
Regresé con la crema e ella estaba sentada en un sillón individual, me posicioné detrás de ella, apliqué crema en mis manos y comencé a darle un masaje en la espalda, su piel era muy suave.
Recorrí sus hombros y ella empezó a emitir unos sonidos muy agradables, se estaba relajando, en ese momento tomó una de mis manos y la llevó por debajo de su blusa para que acariciara sus pechos.
Ella expresó:
-¿Te gustan mis pechos?
-Claro que sí.
-He notado que siempre miras mi trasero cuando estás cerca.
-No era mi intención, disculpe.
-A mí me agrada.
En ese instante me incliné y empecé a lamer sus pechos.
-Qué bien lo haces, Juan.
Se levantó y se acercó a mí. Comenzó a besarme y a tocarme la entrepierna. Yo le quité los pantalones y me aferré a sus nalgas.
Tomó mi cabeza y la llevó a su zona íntima, empecé a complacerla con entusiasmo.
Ella dijo:
-Así, Juan, hazme disfrutar.
-Eres mi fantasía hecha realidad.
Me incorporé y la penetré, empezó a moverse frenéticamente. Gritaba y se movía de forma sensual.
Así estuvimos alrededor de 20 minutos hasta que finalicé dentro de ella. Nos relajamos un rato.
Luego me comentó:
-¿Por qué no te decidiste antes?
Fue a bañarse y yo me quedé en la sala.
Desde el baño me llamó.
-¡¿No vienes?! -preguntó.
-Por supuesto.
-Apresúrate y ayúdame a tallar mi espalda.
Entré a la ducha y sentir su cuerpo junto al mío volvió a erizarme la piel. Empezó a estimularme y luego se arrodilló para complacerme oralmente.
Así continuamos por un rato hasta que la puse contra la pared y consumamos nuestro deseo intensamente. Descargué en su interior una vez más.
Salimos del baño y se acostó en la cama.
Me dijo:
-Si gustas, puedes venir a buscarme a mi habitación por la mañana. Por ahora, estoy satisfecha y con sueño.
Continuará.
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