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La vez inicial de Rosa


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Hola, mi nombre es Carmen y este relato es mi debut, espero que les agrade, en el futuro seguiré compartiendo más historias.

Desde que cumplí 18 años me identifiqué oficialmente como lesbiana y he vivido sola durante gran parte de mi vida, han pasado por mi vida muchas mujeres, pero hoy quiero contarles sobre Rosa, la única mujer de la que me he enamorado completamente y a la que estuve dispuesta a darlo todo por estar a su lado.

Rosa y yo nos conocimos mientras trabajábamos juntas, ella era una mujer morena de cabello castaño, aproximadamente de 1.65 metros de estatura y con una complexión algo rellenita, que es como me gustan a mí. En ese momento tenía 38 años; era de esas mujeres que disfrutan captando la atención de los demás por su hermoso cuerpo y su inteligencia que dejaba asombrados a muchos. Desde el primer instante en que comenzamos a conversar, hubo una química muy especial, como nunca antes había experimentado con ninguna otra mujer. Siempre esperaba la hora del almuerzo para charlar con ella y así poder conocerla mejor.

En nuestras largas conversaciones hablábamos de diversos temas, como política, religión, deportes, simplemente de todo, y también aprovechábamos para hacer chismes sobre lo que sucedía en el trabajo. Conforme pasaban los días, nos fuimos convirtiendo en muy buenas amigas y mis sentimientos por ella crecían cada día más, hasta el punto en que, cada vez que cobraba mi salario, le regalaba chocolates y rosas; algo que al principio le pareció extraño, pero que con la frecuencia de los regalos empezó a considerar como algo normal.

Un viernes, durante nuestro tiempo de almuerzo, le propuse ir a una tienda por departamentos que estaba cerca de nuestro trabajo para comprar algo de ropa interior, ya que, con tanto trabajo, llegaba bastante agotada y casi no me daba tiempo de lavar mi ropa. Al entrar, una joven muy amable nos atendió y nos preguntó en qué podía ayudarnos, a lo que respondí que íbamos en busca de ropa interior. La chica nos llevó a la sección correspondiente y comenzamos a buscar. Le pedí a Rosa que me ayudara a elegir algo bonito, y ella se puso manos a la obra.

Rápidamente encontré una tanga que me encantó y que era de mi talla, algo que suele ser complicado para mí debido a mi sobrepeso, por lo que suelo ser exigente con mis prendas. Mientras buscaba a Rosa para mostrarle la prenda, ella se acercó con unos modelos igualmente bonitos. Después de pagar, le pregunté a Rosa si le habían gustado mis elecciones, y me respondió afirmativamente, añadiendo que me vería muy sexy. Esa afirmación me sorprendió, ya que era la primera vez que mi amiga me decía algo así. Mientras nos dirigíamos de regreso al trabajo, empecé a acariciar su mano suavemente y ella simplemente sonreía, notando cómo sus vellos se erizaban con cada caricia. Le propuse caminar tomadas de la mano hasta la entrada de nuestro trabajo, a lo que accedió algo nerviosa.

Al llegar al trabajo, ella se dirigió a su oficina y yo comencé mi ronda habitual por las instalaciones para asegurarme de que todo estuviera en orden. Durante las siguientes horas, no dejábamos de mirarnos, algo poco común, ya que suelo ser muy dedicada a mis labores, pero esta vez era distinto. Al salir, le pregunté si quería acompañarme a comer unas hamburguesas, ya que tenía mucha hambre tras un largo turno, y ella respondió: ¡Claro que sí, cariño! Esa demostración de cariño por parte de Rosa era algo inusual, ya que era la primera vez que me llamaba cariño.

Pedimos un taxi y en el trayecto, ella se acercó y me preguntó: ¿Carmen, puedo hacerte una pregunta? A lo que respondí: Claro, cielo, dime. ¿Tú eres lesbiana, verdad? Me quedé en shock, pues era la primera vez que me preguntaba algo así, aunque solíamos hablar de sexo, nunca antes se había tocado ese tema.

Me había cuestionado acerca de mi orientación sexual, yo muy ansiosa le respondí que sí, que siempre me habían atraído las mujeres y nunca había estado con un chico. Lentamente, se acercó a mí y susurró en mi oído: "¿Por qué no vamos a tu casa y continuamos esta charla?". Aquello me excitó y de inmediato le pedí al taxista que nos llevara a mi hogar.

Al llegar, ella tomó firmemente mi mano, ingresamos sin encender las luces y, sin mediar palabra, se lanzó sobre mí y me besó. Yo correspondí y comencé a besarla con gran pasión, tomándola por las caderas y expresándole: "No sabes cuántas veces he anhelado este momento". A lo que ella respondió: "Yo también, siempre supe que eras lesbiana, y poco a poco comenzaste a gustarme".

Preferí no indagar sobre su orientación sexual para no arruinar el momento. En mi habitación, desabotoné su camisa y comencé a besar su cuello. Ella no paraba de besarme y empecé a percibir cómo sus gemidos se intensificaban. Nos desnudamos y pude apreciar una vulva un tanto velluda pero muy carnosa y deliciosa, la cual comencé a lamer sin cesar, mientras ella colocaba sus pies sobre mis hombros. Era sumamente placentero verla temblar y sumergir mi rostro en su intimidad, mientras me instaba a no detenerme. Sus fluidos eran como un néctar dulce para mí. Luego de un instante, me dirigí a sus pechos y los lamí con deleite. Sus pezones eran exquisitos y duros, algo divino que a ella le encantaba, podía notarlo en su mirada. Tras disfrutar de sus senos, la volví y busqué mi arnés para colocármelo y empezar a penetrarla. Sus gemidos eran intensos, era una mujer maravillosa que se movía como ninguna, y a mí me encantaba satisfacerla.

Tras la penetración, me quité el arnés y, con picardía, le dije: "Ahora te toca a ti". Acerqué mi sexo a su boca y comenzó a acariciarlo con su lengua como nunca antes me lo habían hecho, era algo inexperta pero sabía cómo darme placer. Empecé a temblar descontroladamente, era una sensación increíble, nunca me habían lamido de esa forma como Rosa lo estaba haciendo esa vez. Ella subió hacia mi pecho y empezó a jugar con mis pezones mientras continuábamos charlando.

Me contó que unos días atrás había dejado a su esposo al descubrir unos mensajes con otra chica. También reveló que ella era bisexual, aunque solo había tenido algunas experiencias de besos con mujeres. Me sentí muy feliz de ser su primera vez; ella no entendía lo que sucedía, solo se dejó llevar, pero desde que nos encontramos en la tienda, no podía dejar de imaginar estar conmigo. Nos abrazamos y dormimos juntas como pareja, esa sería la primera de muchas noches a su lado...

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