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La conocida de mi antiguo novio


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Contaba con 18 años y me encontraba en el tramo final de la escuela secundaria, cuando tuve la oportunidad de conocer a mi ex pareja. Federico era un joven agradable y con buena energía. Nuestra relación tuvo una duración relativamente corta, alrededor de 9 meses; durante ese tiempo llegué a conocer a su familia y a su íntima amiga Eliana.

Fue en su cumpleaños, un día caluroso de primavera, donde coincidí con ella por primera vez. Él organizó una celebración en su hogar, con familiares y amigos cercanos, presentándome como su pareja.

Eliana llegó acompañada de sus padres. Al verla, experimenté un atisbo de celos hacia mi novio en ese momento. Una joven de tez clara, con una estatura de 1,70 metros. Su cabello era de un rojo natural, sus ojos de un verde claro, labios voluminosos y un pecho hermoso. Vestía un vestido corto estilo sin tirantes que resaltaba su figura.

En esa ocasión, dirigí la mirada a mi ex y le cuestioné:

Yo: ¿Es ella tu amiga?

En mi mente rondaban pensamientos de posible complicidad entre ellos, a causa de la belleza que ella desprendía, lo que despertaba cierta dosis de celos por la amistad que compartían.

Él: Sí, pero es como una hermana para mí.

Nos presentamos y saludamos. Me pareció una persona sumamente agradable y simpática, además de hermosa. Tras la medianoche, los padres y demás familiares se retiraron, quedando solamente los amigos de mi ex y yo.

Dado que no había muchas chicas en la fiesta, entablé conversación con Eliana, quien me contó que conocía a Federico desde los 5 años, siendo amigos debido a la relación de amistad entre sus padres, que databa de la época universitaria. Para ella, Fede era el hermano que nunca tuvo, ya que era hija única. Al concluir la fiesta, ambas nos sentimos cercanas y como amigas intercambiamos nuestros números de teléfono.

Con el paso de los meses, finalicé mi relación con Federico, pero mi contacto con Eliana no se interrumpió, de hecho, empezamos a salir juntas. En una salida nocturna a un bar, mientras estábamos inmersas en el consumo de alcohol, ella me confesó que era bisexual, que había mantenido una relación con otra chica durante un tiempo y que se sentía apenada por su término. Sorprendida, pues siempre había sentido curiosidad por experimentar una relación con una mujer, ya que solía ver material pornográfico de este tipo, le pregunté:

Yo: ¿Qué se siente estar con una chica?

Eliana: ¿Por qué te gustaría probarlo?

Me quedé sin palabras y me sonrojé.

Eliana: ¿Siempre es mejor con una amiga?

Mi timidez me llevó a negarlo, a pesar de que en mi interior ardía la curiosidad por probar aquella experiencia.

Con el tiempo, dejé de verla. La universidad y el trabajo ocupaban la mayor parte de mi día, dejándome escaso tiempo libre. Además, me había mudado a vivir por mi cuenta.

Una noche, recibí un mensaje en mi celular de parte de Eliana:

Eliana: ¡Amiga!

¿Nunca nos veremos de nuevo?

¿Te gustaría encontrarnos?

Yo: Estoy muy ocupada, pero vivo sola. ¿Te gustaría venir un rato?

Eliana: ¡Por supuesto! Dime la dirección y voy enseguida.

Diez minutos después, sonó el timbre de mi departamento y allí estaba ella, radiante como siempre, con una camiseta diminuta que realzaba su silueta y unos leggings que delineaban sus curvas y piernas. En sus manos llevaba dos botellas de vino y una pizza. Ante lo cual le dije:

Yo: ¿Te preparaste para esto?

Eliana: ¡Por supuesto! ¡Tenía muchas ganas de verte! - con una hermosa sonrisa en el rostro.

En cuanto entró a mi casa, la observé detenidamente y no pude resistirme. La besé y mordí sus labios, ella se sorprendió al principio, pero luego correspondió con otro beso. En ese instante, me di cuenta de que ella me deseaba tanto como yo a ella. Nos sentamos en el sofá, nos deshicimos de la ropa, ya que el calor nos envolvía a ambas, y ella empezó a acariciarme mientras yo hacía lo mismo con ella, besando aquellos hermosos y redondeados pechos que tanto había anhelado, sintiéndolos firmes, mordiéndolos y besándolos mientras ella me tocaba.

Y los gemidos de gozo comenzaron a escapar de mi ser mientras ella me acariciaba con mayor ímpetu hasta que mis fluidos brotaron y experimenté el clímax.

Posteriormente la conduje a mi habitación y la hice colocarse en posición de cuatro sobre la cama, allí comencé a besar su entrepierna de forma ascendente y descendente con cada vez más rapidez, al tiempo que la estimulaba con entusiasmo y le daba mordisquitos. Sus gemidos se intensificaban y me expresaba... ¡me encanta! Continué así, con su voz cargada de placer, introduciendo mis dedos poco a poco, notando cómo se humedecía cada vez más, hasta que llegó al clímax en mi boca, sintiendo todos esos fluidos en mis labios.

Tomó el control al subirse sobre mí y me pidió que abriera las piernas para comenzar a realizar unas tijeras deliciosas, mientras yo acariciaba sus senos y los pellizcaba, ella movía las caderas en las tijeras como la diosa que es. Sus movimientos de vagina con vagina eran tan enérgicos que, completamente empapada, me llevaron a experimentar el clímax de nuevo.

Esa noche fue increíble, pasamos toda la noche entregados el uno al otro.

Después de esa noche de placer, mantuvimos una relación de amistad con beneficios.

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