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Disfruto de mi despertar sexual


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Tras experimentar la pérdida de mi virginidad con un desconocido, mi percepción sobre el sexo cambió radicalmente (pueden leer cómo ocurrió en el relato anterior). Descubrir el placer de la intimidad física me llevó a anhelar repetir la experiencia una y otra vez.

Al día siguiente del encuentro con aquel hombre, subí al autobús con la esperanza de volver a verlo y revivir lo que habíamos compartido, pero lamentablemente nunca más lo encontré. Supongo que ya no necesitaba utilizar el transporte público, quizás su coche ya estaba reparado. Esta situación marcó un antes y un después en mi vida, ya que desde ese momento fui consciente del placer que implicaba el acto sexual y de mi disposición a volver a disfrutarlo en cualquier oportunidad.

Esa próxima ocasión tuvo nombre y apellido, Lucas, mi pareja. A sus espaldas, él desconocía mis acciones previas, realizadas en el mismo lugar donde estuvimos a punto de ser íntimos por primera vez. A pesar de que habían pasado varios días desde aquel suceso, todavía no había surgido la oportunidad de encontrarnos nuevamente. La iniciativa de seguir fortaleciendo nuestra relación debía provenir de él; por lo tanto, no me correspondía solicitar un encuentro. Finalmente, él propuso ir al cine a ver la última película de superhéroes, sin conocer del todo mis gustos, pero acepté sin mostrar resistencia. Me gustaría afirmar que esa tarde ocurrió algo más, sin embargo, no era el lugar adecuado; la sala de cine estaba repleta de personas. En contraste, mi yo actual probablemente habría actuado de manera distinta en esa situación.

Tras salir del cine, ideé un plan para dirigirnos a un lugar más propicio para la intimidad. Hice referencia a mis dificultades con una lección de matemáticas y, afortunadamente, él se ofreció a darme clases particulares en su domicilio. Mi estrategia dio resultado.

Finalmente, llegó el ansiado viernes y, en lugar de regresar a mi casa después de las clases como era costumbre, me dirigí a casa de Lucas. Él residía en un departamento en la misma ciudad, junto a sus padres y dos hermanos. Al llegar, nos percatamos de que estábamos solos en casa, lo que facilitaría la puesta en marcha de mi plan.

"Vamos al salón, allí la mesa es más amplia y estaremos más cómodos para estudiar", mencionó al entrar.

"Podríamos ir directamente a tu habitación y estudiar en la cama. Estoy exhausta de estar sentada todo el día", propuse.

"Por supuesto", respondió con entusiasmo. "¿Te gustaría beber algo?"

"Un vaso de agua sería perfecto, gracias", contesté.

Mientras él buscaba el agua, me dirigí a su habitación para prepararme. Me deshice de los zapatos, arrojé la mochila a un lado y me recosté boca abajo en la cama. Al lanzarme de esa manera, dejé al descubierto parte de mi trasero, pero decidí quedarme en esa postura para observar su reacción.

"Aquí tie…", su voz se detuvo al percatarse de la situación. "Nes Lauri."

"Perdón, me sentía agotada y necesitaba descansar en la cama", me excusé al recibir el vaso de agua.

"Bien, ¿por dónde empezamos?", preguntó mientras sacaba los libros de su mochila y se sentaba a mi lado en la cama.

"Creo que sería ideal comenzar desde el principio, estoy completamente perdida", le dije.

Mientras él se esforzaba por explicarme cómo resolver ecuaciones diferenciales, yo le dedicaba miradas y le acariciaba el brazo de vez en cuando. Parecía ser bastante tímido o despistado, por lo que estaba claro que no tomaría la iniciativa. Una vez más, tendría que ser yo quien tomara la iniciativa. Mis caricias se desviaron de su brazo a su pierna, mientras él se concentraba en la lección sin prestar atención a mis gestos. Mi mente divagaba, imaginando qué se encontraba debajo de sus pantalones, y más específicamente.

en el área en la que involuntariamente había colocado la mano, inmediatamente guardó silencio

Ahora permíteme ser yo quien te explique. - expresé con la mirada llena de emoción

Descendí la cremallera y la saqué fuera. En aquel entonces no era una experta en medidas, pero lo que vi no me desagradó. Por supuesto, ya sabía que no iba a ser como la de mi primer amante, así que no tenía expectativas muy altas. Comencé a acariciarlo, aunque ya estaba bien firme desde que lo saqué, estaba ansiosa por probarlo, así que me levanté de la cama y me arrodillé. Nunca antes había practicado sexo oral, pero sabía cómo funcionaba, lo introduje en mi boca y de inmediato disfruté de esa sensación, en ese momento entendí por qué a tantas de mis amigas les gustaba complacer a sus parejas de esa forma. La expresión de Luqui era de sorpresa, claramente no se lo esperaba y parecía estar a punto de llegar al clímax. En ese instante, escuchamos la puerta de la casa abrirse.

-¡Luqui, ya llegué a casa!- se escuchó mientras se cerraba la puerta.

¡Maldición, es mi madre!

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Rápidamente me puse de pie, limpiándome la saliva que caía por mi mentón y me senté en la cama, mientras Luqui se subía los pantalones como pudo y colocaba sus manos en su regazo para ocultar su erección.

-¿Estás aquí?... Oh, hola, no sabía que tenías compañía. Debes de ser Laura, de la que tanto me ha hablado.

-Así es, encantada de conocerla, señora Natalia.

-Olvidé decirte que mamá vendría. Le pedí que viniera para explicarle la nueva lección de matemáticas que Laurita no entendió.

-Ah, ya entiendo. Bueno, los dejo a ustedes, me voy a duchar.

Una vez que se fue, intenté retomar donde lo habíamos dejado, pero fue en vano, Luqui se negaba porque temía ser descubiertos. Al poco tiempo, me inventé una excusa y me fui hacia la parada de autobús para regresar a casa. Me había quedado con las ganas y aún más excitada de lo que ya estaba. Al menos era fin de semana.

Prácticamente pasé todo el sábado haciendo las labores del hogar, para así tener el domingo libre para descansar y pasar tiempo con mi papá. Por la noche, quedé con mis amigas para salir de fiesta, como cada fin de semana. Alrededor de las diez, empecé a arreglarme, me puse un vestido verde, una tanga negra y unos zapatos de medio tacón. Como el vestido no tenía tirantes, decidí no usar sujetador. La hermana de una de mis amigas sería la encargada, como de costumbre, de llevarnos al centro de la ciudad.

Nos dirigimos al local de moda, abarrotado como siempre, pero al ser un grupo de chicas nos permitieron la entrada sin problemas. Empezamos a beber y a bailar al ritmo de los éxitos de reguetón que sonaban allí.

Iba por la tercera copa cuando sentí que había llegado a mi límite de alcohol, así que decidí dejar de beber. Mis amigas, en cambio, no sabían cuál era su límite y una de ellas terminó vomitando en el baño mientras la otra la acompañaba. Yo, en cambio, decidí quedarme sola en la pista, convirtiéndome en una presa fácil para los depredadores al no tener un grupo que me respaldara.

Comencé a notar la atención de los chicos presentes, me sentía observada. Seguí bailando como si nada, pero no tardó en acercarse uno de ellos para intentar ligar conmigo. El pobre balbuceaba y no le entendí nada, así que no le presté atención y terminó alejándose. El siguiente, en cambio, optó por acercarse por detrás y bailar conmigo. Al ver que correspondía, se sintió confiado y posó sus manos en mis caderas para seguir el ritmo de la música.

-Te mueves muy bien, ¿lo sabías?- me dijo gritando al oído para hacerse escuchar sobre el bullicio.

Algunas veces me lo han dicho -contesté.

-He estado observándote bailar por un rato, te confirmo que es cierto lo que te dijeron.

-¿En serio? Bueno, es

conocerlo entonces jaja.

Continuamos bailando mientras sus movimientos se volvían cada vez más arriesgados. Opté por llevarlo a otra parte de la pista por si acaso mis amigas regresaban y no me veían con él.

La música seguía sonando sin parar y sus manos comenzaron a explorar en mi trasero, tuve que detenerlo en ese instante, pero me resultaba difícil, quería averiguar hasta dónde llegaría. Al ver que no me oponía a sus avances, comenzó a toquetear mi trasero de manera descarada mientras me atraía hacia él. Fue en ese momento cuando me besó, en ese punto ya estaba completamente entregada y me dejé llevar, nuestras lenguas se entrelazaban sin descanso, al mismo tiempo que sus manos seguían amasando mi trasero. Hacía tiempo que sentía su erección presionando mi vientre y eso era otro motivo por el que me dejé llevar. Cambió la canción y resultó ser una adecuada para bailar de forma sensual, así que decidí voltearme y dejar mi trasero frente a su entrepierna. Empecé a menear mi trasero de arriba abajo buscando el roce constante con su entrepierna. Estaba sumamente excitada, de hecho llevaba casi una semana en un estado continuo de deseo. Por lo tanto, quise comunicarle a mi pareja de baile mi estado.

-Estoy muy excitada -le mencioné girando mi rostro.

-Pues ya te puedes imaginar cómo me tienes a mí también -me respondió mientras deslizaba sus manos por mis piernas.

Podía imaginar algo por la protuberancia que sentía en mi trasero.

Realmente tienes un trasero que me está volviendo loco.

Me tomó de la mano y me llevó hacia los baños, aquellos que nos observaron entrar juntos podían intuir lo que sucedería adentro. Cerré con llave y cuando me volteé, comenzamos a besarnos con pasión. Sus manos recorrían cada parte de mi cuerpo. Me bajó el vestido dejando mis pechos al descubierto mientras yo bajaba su pantalón, mientras él chupaba mis senos, yo acariciaba su erección ya fuera del pantalón. Estaba firme y húmeda, lista para adentrarse en mí. Me puse en posición y él bajó mi ropa interior hasta las rodillas y me penetró sin contemplaciones, iniciando un frenético movimiento de vaivén. Estaba en éxtasis, gritaba de placer en aquel instante.

-¡Aaah qué delicia, sigue así, me vuelves loca!

-Vaya, eres toda una diosa, mmm.

Mientras me poseía, agarraba mis senos y los pellizcaba de vez en cuando, no pasó mucho tiempo antes de que llegara al clímax. Por su parte, resistió unos minutos más y se retiró justo a tiempo para eyacular en mi trasero, sentí su líquido descendiendo por mis piernas, me acomodé la ropa interior, arreglé el vestido y le di un último beso apasionado antes de salir sin despedirme.

En la pista, mis amigas me estaban esperando y actué como si nada hubiera sucedido.

-Chicas, por fin las encuentro, ¿dónde se habían metido? -les dije.

-¿Y tú dónde te habías metido, o mejor dicho con quién jajaja?

-¿Qué estás insinuando? No sé de qué hablas.

-Te vimos entrar al baño con ese chico allí, de hecho, medio local los vio entrar juntos.

-Bueno, lo admito, soy culpable, pero que nadie más se entere, ¿vale?

-Tranquila, guardaremos silencio, tu novio no se enterará de nada jaja.

Ese encuentro había disminuido un poco mi gran excitación, por lo que mi vida podía continuar con normalidad durante otra semana más.

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