No podía resistir lo emocionante que estaba resultando todo hasta ese momento. Cuando le acaricié la mano, Alex me lanzó una mirada furiosa, sonreí y noté cómo la tanga rosada que llevaba debajo se humedecía más.
Terminamos de comer y antes de que alguien dijera algo más, me ofrecí a lavar los platos. El apartamento de Alex tenía una distribución abierta, la cocina se separaba del comedor por una isla de granito que me llegaba a las costillas; comenzaron a recoger los platos y yo me posicioné tras la isla para comenzar la limpieza. Mi amigo Daniel llevaba los platos mientras los demás continuaban conversando, sabía que a él, también le agradaba mucho, siempre en el trabajo me elogiaba el trasero, las piernas o hacía comentarios sobre mis senos, pero nunca pasaba de ahí; y esa noche con la mini falda que apenas cubría mis nalgas, era imposible para él no apartar la mirada cada vez que se acercaba.
Eso también me excitaba, saber que más de uno me deseaba, imaginar lo que pasaba por su cabeza cuando me observaban, Daniel alcanzó a susurrarme cuando me llevó unas bandejas que esa mini falda resaltaba muy bien mis nalgas y que tenía un trasero apetitoso, me reí con complicidad sin percatarme de que Alex nos observaba.
Le lanzó una mirada aterradora a Daniel y antes de que nadie reaccionara vino a la cocina con lo último que quedaba en la mesa por traer, miró a nuestro amigo con firmeza, pero tranquilidad y le dijo que él me ayudaba a terminar de lavar, no hizo falta más, Dani comprendió el mensaje y asintió, volviendo a unirse con los otros, dejando a Alex detrás de la isla conmigo. No pasó mucho tiempo mientras le daba la espalda lavando los platos que sentí su mirada en mi trasero, no necesitaba voltear, sabía bien que me estaba observando y eso me excitaba.
Abrí un poco las piernas y me estiré en la encimera para alcanzar unos vasos y dejar a su alcance una mejor vista de la tanga y mis nalgas, llamó mi atención carraspeando y supe que le gustó, apenas me levanté un poco que ya estaba junto a mí, introduciendo su mano por debajo de mi mini falda, apretaba mis nalgas y con los dedos jugueteaba por mi húmeda vagina, me excitaba mucho más, tenía las manos anchas y siempre me había imaginado cómo sería que me insertara los dedos, ahora lo sabía porque ya lo había hecho debajo de la mesa y me encantó, deseaba que lo hiciera de nuevo; pero en lugar de eso me subió la falda muy arriba, dejando al descubierto mi trasero y con ambas manos me lo agarró separándome un poco las nalgas y se acercó a mí.
Fue entonces cuando sentí ese pene duro y caliente que había deseado sentir todo este tiempo, se aproximó a mi oído y me dijo -No dejes de lavar y observar a los demás- su voz me excitó tanto que casi sentí como se me aflojaban las piernas, con una mano apartó la tanga a un costado y pude sentir por primera vez la cabeza de su pene, se movía de tal manera que me acariciaba toda la vagina con él, podía sentir cómo latía y qué bien se sentía cuando empujaba un poco sin penetrar, me hacía anhelarlo.
Se acercó de nuevo a mi oído cuando uno de los chicos desde la mesa le llamó la atención sobresaltándonos a ambos, yo había dejado de mirar pero no de lavar, nos quedamos inmóviles pero solo dijo que hiciéramos café, él respondió, yo me congelé y ¿si nos vio? ¿Y si se dio cuenta? Qué bien que nos estén observando sin saberlo, me mojé más, pero no hablé solo escuché cuando Alex le dijo que ya buscaba el café y se agachó poniendo su rostro en mi trasero, apenas sentí su lengua en mí me estremecí, cómo me excitaba que me lo chuparan y ahora más porque con su lengua me lamía el clítoris cuando no me lo introducía, dejé de prestar atención a todo, solo pensaba por favor, tómame, tómame fuerte y méteme todo ese pene duro que tienes, no me importaban los demás, pero se levantó y volví en mí...
Continuamos en la parte (III).
Espero les esté gustando tanto como a mí este relato, que me moja solo recordarlo.
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