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En primer lugar, adquirí sus calzones previamente usados


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Todo inició con un aviso que coloqué en una plataforma digital en la que buscaba adquirir lencería usada de mujer, en específico de una localidad al norte de México; tras unos días, recibí un mensaje de una dama dispuesta a venderme sus calzones, quien además residía en la misma ciudad que yo.

Me comuniqué con ella por correo y le indiqué qué tipo de prendas me interesaban comprar, a lo cual respondió que sí disponía de algunas. Solicité algunas imágenes de las prendas disponibles para poder seleccionar, opté por una bikini negra y le pedí que la utilizara al menos durante 2 días para que la prenda retuviera más aroma y esencia de su intimidad. Al tercer día, me informó que el calzón estaba listo y acordamos encontrarnos por la tarde en el centro de la ciudad, específicamente cerca de unas fuentes. Convinimos que ella llegaría en un automóvil de color blanco.

Llegada la hora, me dirigí al lugar convenido y, segundos después, arribó puntual a nuestro encuentro. Era la primera vez que la veía y me quedé asombrado, era verdaderamente hermosa. Con el cabello suelto y largo, y portando unos anteojos, me pareció sumamente atractiva. Me acerqué y le pregunté si era "X", a lo que respondió afirmativamente. Extrajo una pequeña bolsa negra y me la entregó, saqué el dinero correspondiente y se lo di. Le expresé mi agradecimiento y su respuesta fue un tanto fría: "que lo disfrutes...", dijo.

Ya me encontraba nervioso y muy excitado, ansiaba llegar a mi hogar para poder percibir su aroma y autocomplacerme desenfrenadamente. El trayecto se hizo interminable hasta que finalmente llegué, saqué el contenido de la bolsa y el aroma resultó exquisito; no puedo afirmar que experimenté una erección en ese instante, dado que la excitación había comenzado desde que la vi. Esa noche eyaculé en varias ocasiones.

El contacto entre ella y yo continuaba vía correo electrónico, en ocasiones le adquirí más prendas siguiendo la misma dinámica: ella llegaba, nos saludábamos, me entregaba la prenda, yo le abonaba y se retiraba, siempre con aromas deliciosos que me inducían a masturbarme desenfrenadamente en repetidas ocasiones hasta que el aroma se desvanecía; posteriormente, utilizaba la prenda sin fragancia para limpiar mi semen.

Las fantasías con ella como protagonista se volvían cada vez más recurrentes; en ocasiones, incluso despertaba de madrugada solo para eyacular al soñar con ella.

Hasta que un día decidí consultarle si podía obtener algo más de ella. Resultó una situación delicada, pues temía que se molestara al punto de negarse a seguir vendiéndome sus prendas íntimas, lo cual no era mi intención; no obstante, mis fantasías acerca de ella, su fragancia y su belleza me impulsaron a finalmente proponérselo; luego de varios correos intercambiados, acordamos encontrarnos en un viernes específico de ese mes para tener un encuentro más privado.

Llegó el día, aunque era demasiado temprano y sentía deseos de masturbarme, me contuve al pensar que pronto la vería, lo cual me excitaba sobremanera. Por fin, llegó la hora y me dirigí al estacionamiento acordado; pocos minutos antes de mi llegada, recibí un correo suyo informándome que ya había arribado, no podía creerlo, ella estaba ahí y al verla me quedé pasmado. Vestía una blusa negra con un short beige corto y unos zapatos de plataforma, llevaba el cabello suelto, labial y sus anteojo de armazón, lucía hermosa.

Incluso dentro del vehículo, aún no lo asimilaba; toqué su pierna y finalmente percibí su piel, era tan suave. Minutos más tarde, llegamos al motel y me repetía para mis adentros: ¡espero que no se arrepienta! porque definitivamente quería estar con ella, durante el trayecto conversamos un poco sobre temas banales como el clima y el trabajo, pensaba para mí mismo: "tan sensual que resultas".

Una vez dentro del motel, nos recostamos y le pregunté si se sentía nerviosa, a lo que respondió afirmativamente. Posteriormente, me hizo la misma pregunta y, aunque dije que también estaba un poco nervioso, la realidad es que me sentía al borde de un infarto por la ansiedad, por fin tendría la oportunidad de estar con ella.

Le rogué

Rápidamente desabroché su vestimenta y me acerqué a darle un beso con torpeza. Fui quitando su short y su blusa, revelando que llevaba un bikini negro con un sujetador negro detallado en color beige. La imagen me excitó tanto que casi llegué al clímax solo al verla tan sensual. Después, ella se despojó del sujetador y finalmente pude contemplar sus senos, grandes, suaves y con unos pezones claros tan atractivos y apetecibles que no pude resistir la tentación de besarlos.

Ella se recostó, abrió sus piernas y retiré su bikini, contemplando su perfectamente depilada vagina. Comencé a saborearla; tanto el olor como el sabor eran deliciosos. Recorrí sus labios con mi lengua, acaricié su clítoris y notaba cómo se humedecía cada vez más. Introduje mi lengua en su vagina y en ese instante, ella tomó mi cabeza con sus manos, indicándome que continuara por más tiempo.

Deseaba más, así que me acerqué con timidez con mi miembro a su boca, sin saber si le agradaba el sexo oral, pero ella lo recibió con su mano y lo introdujo en su boca, realizando movimientos increíbles que resulta indescriptible. La posición posteriormente me causó cierto dolor, así que propuse hacer un 69 para complacernos mutuamente. Durante un buen rato disfrutamos de esta posición, siendo el mejor sexo oral que he experimentado, pero logré contenerme para no arruinar el momento.

Con gran excitación, pedí penetrarla y ella aceptó. Coloqué un preservativo, se acostó boca arriba y procedí a penetrarla lentamente. Observaba cómo sus senos se movían al compás de mis embestidas, los acariciaba y besaba, centrándome especialmente en sus exquisitos pezones. Nos besamos, recorrí su cuello, sus senos, y así sucesivamente. Cuando sentí la urgencia de eyacular, solicité cambiar de posición. Ella se colocó encima de mí y sus movimientos eran asombrosos, ascendiendo y descendiendo, realizando círculos, mientras yo disfrutaba de sus generosos senos.

Sabía que no resistiría más, recordé que ella me mencionó que podía finalizar en sus nalgas o en sus senos, así que decidí descargar en sus pechos. Me coloqué sobre ella y comencé a masturbarme hasta que los chorros de semen caliente empezaron a brotar. Tras un momento para recuperar el aliento, me levanté y le dije que buscaría paños para limpiarla. De forma sensual, ella esparció mi semen en sus senos con sus manos. Posteriormente, nos bañamos juntos, un momento especial donde la enjaboné y enjuagamos mutuamente, nos secamos y se vistió, dejándome sus calzones.

Después de eso, intercambiamos correos electrónicos, pero no nos volvimos a ver hasta años después, cuando el destino nos reunió nuevamente. Actualmente seguimos en contacto y por supuesto, fantaseo con volver a verla, imaginando cada parte de su cuerpo, su rostro o su boca y termino eyaculando solo al pensarlo.

Para ser continuado.

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