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Relato de Brenda, ella con 19 años y yo con 56


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Tal como mencioné anteriormente, para un individuo de mi edad, que es de 56 años, resulta complicado entablar una conexión con una joven de manera natural o recurriendo a métodos tradicionales de seducción. En primer lugar, a mi avanzada edad, las mujeres que frecuentan mi entorno suelen ser más maduras, ya casadas y rondan los 30 años en adelante, siendo aquí donde se centran la mayoría de mis experiencias. Las mujeres de aproximadamente 20 años, por otro lado, suelen estar en la búsqueda activa de un romance con un hombre mayor, y muchas veces buscan lo que se conoce como un "sugar daddy". La única experiencia más reciente que consideré genuina fue con la sobrina de un amigo, la cual compartí el año pasado, y otra ocurrida a finales de ese mismo año, la cual voy a relatar hoy, ya que, a pesar de haber tenido otras vivencias, esta me pareció especialmente significativa.

Desde hace varios meses, he estado tratando con Brenda, una joven a quien conocí en uno de los famosos cafés de la ciudad. Al principio, todo fue bastante convencional; saludos cordiales, sonrisas, conversaciones breves y triviales, y las ocasiones en las que se tomaba un tiempo adicional para atenderme, creía que se debía principalmente a obtener una buena propina. Era consciente de que una joven de su edad probablemente no buscaría establecer una relación seria con un hombre de mi edad. Mi suposición era que le agradaba mi manera respetuosa de tratarla, nunca le envié mensajes inapropiados y considero que, la primera vez que resalté su encanto y belleza, lo hice de forma respetuosa, algo que estoy seguro Brenda percibió de esa manera.

Para hacer este relato más conciso, llegaré al punto en que todo cambió de manera inesperada. En este punto, Brenda creía que me dedicaba a escribir guiones o historias cortas como medio de vida. Nunca mencioné mi verdadera ocupación en el rubro de bienes raíces, ya que ella solo me veía ocasionalmente con mi computadora en el café, donde a veces pasaba incluso una hora. En algunas ocasiones le he regalado alguna historia que he escrito, alejadas del erotismo, y creo que por cortesía, me ha elogiado al respecto. Sin embargo, en esta ocasión, interrumpió diciendo:

-¿Estás trabajando en alguna de tus historias?

-Sí, como siempre.

-¿Y sobre qué escribes?

-Uh... no sé si es algo que deberías leer - le comenté.

-¿Así que ahora te dedicas a escribir historias subidas de tono? Eso no me lo creo - replicó ella.

-Bueno, la verdad es que estoy escribiendo algo en esa línea. Si te interesa, te daré una copia para que lo compruebes. ¿Eres mayor de edad, verdad? - dije con una sonrisa.

-Sí, ya soy mayor de edad, y me gustaría leer esa historia cuando la termines - respondió.

-Está bien, te daré una copia cuando esté lista, espero que no te ofenda o incomode - finalicé.

Esa tarde, me inventé una narrativa en la que un hombre mayor desea intimar con una mujer joven. En dicha historia, describí cómo el hombre no estaba enamorado de la chica, simplemente anhelaba vivir esa experiencia con ella, considerando su edad y su escasa actividad sexual. Detallé con lujo de detalles todas las fantasías que albergaba acerca de lo que haría con ella si se presentara la oportunidad. En resumen, mi historia era una insinuación hacia Brenda, expresando mi deseo de tener una intimidad con ella. En verdad, nunca la había considerado de esa manera antes. Brenda parecía una chica tranquila, que seguía a pies juntillas un código de conducta muy estricto. Aunque no era tímida, daba la impresión de ser conservadora y recatada. Vestía de manera sencilla, sin adornos ni excesivo maquillaje, y su presencia no transmitía ni un ápice de sensualidad. Nunca mencionaba tener novio, y lo poco que sabía de ella era que era estudiante a tiempo completo.

de la institución educativa cercana.

En unas diez hojas englobo la narración y la verdad que analizo detenidamente para compartir ese escrito con Brenda. Después de reflexionar y considerar que no tengo nada que perder y posiblemente mucho que ganar, y al imaginarme disfrutando del hermoso trasero de Brenda en algún momento que pase por mi café y como ella me lo sugirió, le he entregado mi escrito en sus manos en un sobre sellado. Brenda es una joven que celebrará sus 20 años el próximo mes de abril, tiene alrededor de un metro sesenta y cinco de estatura, quizás unas 130 libras como máximo, cabello largo y oscuro, rostro alargado con labios no muy gruesos y una sonrisa muy hermosa, en resumen, parece una niña bien criada. Su busto es acorde a su cuerpo esbelto, no muy grande pero tampoco pequeño, y regularmente la veo con pantalones, por lo que su trasero es atractivo para cualquier hombre. Desconozco si usa tangas o calzones, ya que nunca he tenido la oportunidad de observar, porque como mencioné, Brenda es muy conservadora.

No hace falta decir que lo cuestioné varias veces antes de volver al café. Sentía que había cruzado una línea, como si hubiera cometido un error grave. Recuerdo que llegué al café y sabía que ella estaba allí, pues la vi a través de las ventanas de cristal y no dejé de sentirme incómodo. Recuperé la compostura y Brenda me sirvió el café a mi gusto y mi cruasán con jamón. El lugar estaba algo ocupado y aún así Brenda encontró el momento para acercarse y decirme:

-¡Qué historia tan interesante! Realmente no podía creer que alguien como usted escribiera algo así.

-Mis disculpas... te advertí. Realmente no era mi intención incomodarte.

-No, para nada. La verdad es que me gustó, realmente logra dar vida a la historia... la narrativa es tan buena que no sé cuántas veces la he leído. Ahora, ¿puedo hacerte una pregunta, Sr. Antonio?

-Las que desees...

-Solo hay dos personajes en esa historia; uno, el hombre mayor que desea acostarse con esa chica joven. El hombre mayor creo que intuyo quién es, ahora, ¿quién es esa musa de tu historia?

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-La tengo frente a mí -le respondí.

En ese momento me arriesgué a perder su amistad, pero no fue así, al contrario, creo que se fortaleció esa confianza. Con aquel papel, ella sabía lo que yo imaginaba hacer con ella, todo lo que deseaba realizar si algún día la tuviera en mi cama. Pasó cierto tiempo y todo siguió su curso habitual, pero un día inesperado después de pagar la cuenta en el café, Brenda se me acercó y me dijo:

-¿Qué planes tienes para este próximo domingo después de las cinco p.m.?

-Realmente no tengo nada importante planeado.

-¿Qué te parecería si compartimos unos aperitivos en mi apartamento?

-¡Me parece una excelente idea! ¿Debería llevar vino u algo parecido?

-En realidad no soy fanática de los vinos, pero si quieres trae unas cervezas.

Desde ese momento sentí ese cosquilleo que me embarga cuando algo así está por suceder. Realmente el domingo ya tenía una cita con una conocida, una mujer casada con la que ocasionalmente me relaciono, pero me disculpé por la inconveniencia con mucha antelación y me mentalicé para ese acontecimiento dominical. Creo que muchos coincidirán conmigo, porque ¿qué puede ocurrir si una mujer te invita a su casa después de insinuarle y prácticamente decirle lo que deseas hacerle en la cama? Lo más probable es que te esté invitando a tener relaciones sexuales.

El domingo por la mañana salí a dar mi paseo, levanté algo de peso ya que siento que eso también contribuye al grosor de mi miembro viril y las venas, debido a la presión que conllevan los ejercicios, se notan en mi pene con cada leve erección, y por lo que muchas chicas me han comentado, es algo que la mayoría aprecia, ver un pene bien irrigado de excitación. Realmente desconozco la experiencia de Brenda en este aspecto y es la incógnita del momento, no sé qué esperar, ya que mi percepción de ella es de alguien inexperta.

Parece muy recatada y estos pasos son simplemente de mera curiosidad de su parte. Las cuatro de la tarde llegaron y salí hacia su apartamento vistiendo de forma casual; unos pantalones vaqueros, zapatillas y una camisa polo. En cuanto a la ropa íntima, llevaba un calzoncillo que ya estaba empezando a mojarse debido a la excitación que sentía al imaginar que esta chica había leído esa historia y que probablemente la había llevado a masturbarse pensando en ello. Sí, mi relato sobre ese hombre mayor soñando con tener relaciones con esa joven era mucho más que insinuado. No tenía ninguna duda, esa historia la había excitado y de alguna manera la estaba animando a experimentar.

La puerta se abrió al segundo toque y me sorprendió ver a Brenda vestida con una falda que apenas llegaba a la rodilla, sandalias que me hicieron ver por primera vez sus bonitos pies y una blusa blanca con un escote un poco más pronunciado. Nos dimos un beso en la mejilla y me invitó a tomar asiento en la sala donde se escuchaba música variada. Traía una docena de cervezas y rápidamente me sirvió una con algunas galletas saladas. Ella también se sirvió una y se sentó frente a mí, comenzamos a conversar sobre temas triviales donde ella me reveló un poco más sobre ella y me hizo preguntas sobre por qué seguía soltero. En todo ese tiempo, ya habíamos pasado tres cervezas y parecía estar bebiendo alcohol rápidamente para tomar coraje y adentrarse en el terreno de lo sexual. Llevaba la conversación con gran habilidad hasta que llegó al tema que ella deseaba: mi relato.

-"¿Realmente soy yo la protagonista de esa historia?" -preguntó Brenda.

-"Brenda, no quiero incomodarte, pero ya te di mi respuesta. Sí... escribí esa historia pensando en ti." -respondí.

-"Pero... ¿es eso lo que deseas?" -cuestionó ella.

-"Sinceramente y discúlpame. Sí... lo he imaginado y realmente lo he deseado." -confesé.

-"¡Realmente me sorprende! Nunca pensé que usted escribiría todo eso y le seré sincera: he visto escenas pornográficas que a veces he vuelto a ver, pero tu relato lo he leído más de cien veces. Hoy, esta mañana lo volví a leer y no sé cuántas veces más lo seguiré leyendo." -expresó Brenda.

-"Al igual que tú, lo he imaginado más de mil veces. Brenda, ¿te puedo hacer una pregunta?" -interrogué.

-"Bueno, adelante, pero no sé si tendrás respuesta... vamos a ver." -respondió ella.

-"¿Te has excitado pensando en ese relato?" -pregunté.

-"¿Tú qué crees? ¿Que esta mujer es de piedra?... Quizás responda de esta manera porque la tercera cerveza me quitó la vergüenza, pero ¿quién no se masturbaría con un relato así? Incluso una monja podría haberlo hecho, pero te aseguro que hasta una monja se masturbaría leyendo ese relato." -contestó Brenda.

-"¿Realmente te has masturbado?" -inquirí.

-"¿Acaso tú no lo has hecho pensando en ese relato?" -replicó.

-"Muchas veces." -le dije.

En realidad, estaba mintiendo; no me gusta masturbarme y las pocas veces que lo he hecho fue porque alguna chica me lo pidió cuando ya estaba cerca de alcanzar el clímax durante el coito. Desde los catorce años experimenté el sexo con una mujer y nunca tuve la oportunidad de fantasear con una mujer y masturbarme pensando en ella. Para mí siempre fue automático; penetrar a una chica y eyacular, en lugar de imaginar a una mujer desnuda y tocarme hasta llegar al orgasmo. La conversación continuó y giró en torno al relato que Brenda había leído. Me preguntó:

-"¿Realmente deseas estar con una chica joven como yo y por qué?" -preguntó Brenda.

-"La verdad es que me parece inalcanzable... ¿Cómo una chica como tú podría imaginarse o desear a un hombre mayor como yo? Quizás para mí ese sea el desafío. ¡No sé si me entiendes!" -respondí.

-"No estoy segura de entenderte... ¿Te provoca estar con una chica mucho más joven que tú o saber si esta chica también desea estar con un hombre de tu edad?" -cuestionó.

-"Creo que ambas cosas." -afirmé.

-"Te seré sincera, Antonio. Cuando te conocí, eras solo un cliente del café como cualquier otro. Sé que eres un hombre elegante y muy atractivo... pero nunca te vi como un hombre. Todo cambió cuando leí ese relato y no hay día en que no deje de pensar en esa historia. Me da miedo todo esto, pero siendo honesta, siempre sentí un hormigueo en mis piernas cuando llegabas al café. Antes de que me hablaras de ese relato, ya estaba excitada pensando en ti y sinceramente, he tenido orgasmos pensando en ti. Nunca imaginé que desearas esto, pero quiero que me asegures con firmeza que esto sucederá y que ambos olvidaremos con el paso de los días. Honestamente, nunca imaginé esto entre tú y yo, pero si se mantiene entre estas cuatro paredes o en un simple escrito, quiero experimentar lo que imaginaste conmigo en tu relato."

Hoy me encuentro en San José, Costa Rica, abordando un vuelo hacia Cancún. Si deseas saber qué sucedió después, déjame una nota. Aquí te dejo mi correo electrónico y lo único que te puedo decir es que fue una noche de fin de año inolvidable con Brenda.

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