Hace muchos años atrás, luego de finalizar mis estudios en contabilidad, comencé mi primer trabajo, el cual resultó ser mucho más enriquecedor de lo que había imaginado. El supervisor de la oficina contable me seleccionó después de revisar mi historial académico, siendo la mejor de mi promoción en la universidad, a pesar de que solo contaba con 25 años.
Una vez integrada al equipo, me asignaron a Rubén, un hombre de 39 años con una década de experiencia en la oficina. A pesar de su amabilidad y trato casi paternal, manteniéndose siempre distante debido a su matrimonio y hermosa familia, logramos formar un sólido equipo de trabajo en las primeras semanas.
Aunque me sentía plena en el ámbito laboral, personalmente atravesaba un momento difícil tras finalizar una relación de 5 años pocos meses antes. Por esta razón, me enfoqué en dedicar toda mi atención al trabajo. A medida que pasaban los días, la amistad con Rubén se fortalecía, aunque él siempre se mostraba reservado, aparentemente feliz con su familia.
En diciembre, la empresa celebró su tradicional fiesta de fin de año, donde tuve que insistir bastante para convencer a Rubén de asistir. La noche estuvo animada y cargada de alcohol; debo admitir que animé a Rubén a relajarse y beber más de lo habitual.
En un estado de embriaguez, pedí a Rubén que me llevara a casa. Residía sola en una pequeña cabaña alquilada, por lo que entre empujones logramos llegar a mi hogar para evitar que cayera al suelo. Una vez adentro, me lancé sobre él y empezamos a besarnos apasionadamente, ante lo cual él correspondió.
Rubén comenzó a acariciar mis senos hasta liberarlos del sujetador y los acarició con ansia. En ese momento, yo estaba muy excitada y hábilmente introdujo su mano en mi pantalón, explorando mi intimidad y provocando en mí un intenso placer. Entre gemidos y respiraciones entrecortadas, la excitación fluía entre los dos.
Acto seguido, él palpó la prominencia que sobresalía de su pantalón y, apenas lograba contenerlo con mi mano, desabrochó su pantalón dejando al descubierto su miembro, el cual se erigía frente a mí, firme y ardiente. Comencé a acariciarlo mientras Rubén disfrutaba de mis senos.
Repentinamente, me empujó hacia abajo y colocó su pene en mi boca. Empecé a lamerlo y a acariciar sus testículos con devoción, hasta que él tomó con firmeza mi cabeza, lanzó un gemido y eyaculó sobre mi rostro, dejándome cubierta de su semen en un torrente incesante. Limpié mi rostro con una toalla y luego volví a besar a Rubén, quien me llevó en brazos hasta la cama donde ambos nos desnudamos por completo.
La sensación de tener su cálido cuerpo sobre el mío, sus labios explorando mi boca, me excitó aún más, volviéndome a encender. Comencé a estimularlo manualmente y nuevamente su miembro se endureció. Dirigí su falo palpitante hacia mi entrada y él empezó a penetrarme suavemente, sintiendo cada centímetro cómo dilataba mi ser hasta alcanzar lo más profundo. Entonces, comenzó a moverse con frenesí.
Experimenté múltiples orgasmos mientras él me poseía, excitándose aún más hasta culminar en un ardiente clímax, llenándome con su cálido semen. Esa noche nos entregamos una y otra vez al placer, y al despertar cerca del mediodía, Rubén se levantó apresuradamente y regresó a su hogar, pensando en cómo enfrentar a su esposa. Yo quedé desnuda en la cama, recordando lo maravillosa que había sido esa velada.
El lunes
Regresamos al trabajo y actuamos como si nada hubiera sucedido, ahora observaba su zona genital y sentía deseos de agarrarle el miembro, pero me contenía. Durante todo el día tuve que ir al baño a aliviarme por las ansias que experimentaba.
Por la tarde, el jefe nos encomendó a Rubén y a mí quedarnos hasta tarde para finalizar un informe urgente y pude notar el rostro de pánico de Rubén, él podía intuir lo que yo deseaba. Quedando a solas, me lancé sobre Rubén, agarrando su paquete y quise besarlo, pero Rubén me apartó y trató de explicarme que lo sucedido fue un error. Sin embargo, yo estaba muy excitada y le abrí la bragueta, comenzando a practicar sexo oral, lo cual lo puso duro y listo para la acción rápidamente.
Rubén me tomó con firmeza y me lanzó sobre el escritorio, subiéndome la falda y comenzó a tener relaciones conmigo de forma brusca, al igual que yo ardía en deseo. Pronto él eyaculó dentro de mí, dejando el escritorio hecho un desastre, salpicado de semen y mis fluidos.
Esa noche tuvimos que terminar el informe en otro escritorio.
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