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Al borde del lago (parte 1)


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La noche junto al lago tiene una especial encantamiento que invita tanto a la calma como a la pasión. Especialmente en verano, cuando incluso avanzada la madrugada, dos amantes solitarios como nosotros pueden escapar a la ribera, sentarse a contemplar el reflejo de la luna.

Yo detrás de ti, rodeándote la cintura con mis brazos y apoyando mi barbilla en tu hombro, para que nuestros rostros queden juntos mientras el vaivén del agua nos regala un sonido rítmico y relajante.

No podemos olvidar una botella de excelente vino tinto. Esos que son exquisitos al gusto, y que desinhiben hasta que las barreras desaparecen, dando paso a besos largos y ardientes, que alternan la suavidad de un roce de labios con la pasión de una lucha de lenguas invadiendo al otro, como buscando seducirlo con deseo, con placer íntimo, secreto.

Mis manos se resisten a quedarse inmóviles. Instintivamente acarician tu vientre apretándote con fuerza contra mí, pegando tu espalda a mi pecho. Los dedos danzan sobre tu piel, alrededor del ombligo, insinuando ir más allá bajo la pretina de tu pantalón; pero retroceden justo a tiempo para arrancarte un suspiro, mezcla de placer y protesta, dejándote anhelante de más.

Con cada beso, con cada caricia, busco incrementar tu deseo, despojarte de la compostura, hasta que tu cuerpo reaccione por instinto, presa de la lujuria que envuelve el momento, y en tu mente solo quede el anhelo de que por fin arranque la ropa que separa tu piel de la mía.

Arqueando tu cuerpo hacia atrás, me indicas que no puedes aguantar más.

Caigo de espaldas sobre el húmedo césped de la orilla, envolviendo tu cuerpo con mis brazos y piernas. Tú caes sobre mí, contemplando el cielo estrellado en los momentos en que tus ojos no están cerrados por el placer del momento, provocado por besos, caricias y nuestros cuerpos rozándose.

Tus caderas trazan círculos rítmicos, agitando mis deseos, que son evidentes a pesar de las prendas que aún vestimos.

Respondo con la punta de mis dedos, deshaciendo todo freno, deslizándome suavemente con una mano bajo tu camiseta, en busca de uno de tus pezones que pide ser acariciado en círculos suaves y continuos, mientras la otra mano se aventura hacia abajo, superando la barrera de tu pantalón y ropa interior, y finalmente alcanzando esa zona oculta y prohibida que me invita a disfrutarte sin restricciones.

Exploro tu intimidad controlando mis impulsos por un poco más de tiempo. Un gemido escapa de tus labios mientras me desplazo alrededor de tus labios inferiores, solo con caricias suaves pero persistentes.

Aprovecho tus labios para descubrir el sabor de tu cuello, lamiendo con la punta de mi lengua, haciendo que pierdas el control.

Colocas tu mano sobre la mía, marcando un ritmo más acelerado, presionando y apretando tu pecho, moviendo nuestras manos en círculos más salvajes, como preludio de lo que está por venir.

Mi otra mano ya no puede mantener la delicadeza, y dejándome llevar por la pasión, cierro el espiral de caricias y me dirijo hacia tu entrada, concentrando los movimientos en tu clítoris.

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