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Alegre y con el gusto a sabor agridulce


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Hola, me llamo Alyssa y quiero compartir mi primera historia con mi pareja Roge, espero que les guste.

La forma en la que llegué a esta situación con Roge es parte de otra narración que compartiré más adelante.

Me sentía muy excitada, deseando sentir una gran verga dentro de mi boca y mi trasero, ansiosa por percibir unos testículos golpeando mis nalgas. Me coloqué unas bragas negras de encaje, medias blancas de red, un vestido blanco corto y zapatillas rojas de tacón alto.

Rocié delicadamente mi trasero con perfume, retocando mi maquillaje y destacando mis labios ansiosos con un sensual labial rojo. Tras echar un vistazo final en el espejo de cuerpo completo del baño, decidí que estaba lista para mi pareja. Decidida, salí resonando con mis tacones en el suelo del apartamento; en cuanto Roge me vio, me devoró con la mirada.

Me dirigí hacia él y nos abrazamos, fundiéndonos en un apasionado beso. Me deleitaba con su lengua mientras él acariciaba mis nalgas con frenesí, atrayéndome hacia él con fuerza. Sentí su abultada entrepierna, lo que aumentó mi excitación. Levantándome el vestido, metió su mano bajo mis bragas y apretó mis nalgas mientras me besaba con intensidad; por supuesto, respondí de igual manera. Repentinamente, suavizó el beso y comenzó a acariciar tiernamente debajo de mis labios con su lengua, mientras que con su dedo índice buscaba mi trasero y lo masajeaba, experimentando un placer increíble.

Con ansias, coloqué mi mano en su entrepierna, sintiendo su dura verga a través del pantalón. Desabroché su cinturón, bajé su cremallera y deslicé mi mano. Al palpar esas venas en la palma de mi mano, solo podía pensar en tenerlo todo dentro de mi boca. Por lo tanto, comencé a agacharme lentamente, besando su cuello, su pecho, mordiendo sus pezones hasta quedar de rodillas frente a su hermoso miembro.

Lo acaricié con ternura, observándolo con admiración, saboreando cada instante antes de comenzar a complacerlo. Llevé mi boca lentamente hacia él, dándole pequeños besos en su glande, en el centro y en sus testículos, hasta que finalmente no pude resistir más y me lo introduje por completo. Alzar la mirada y encontrarme con los ojos de Roge con una mirada de lujuria desenfrenada, me erizó la piel. Colocó su mano en la nuca para dirigir su verga hasta el fondo de mi garganta, embistiendo con fuerza una y otra vez. A pesar de sentirme casi asfixiada, el placer era indescriptible. Cuando se detuvo y pude liberar su miembro de mi boca, junto con largos hilos de saliva, los limpié y proseguí con la felación, saboreando su preseminal exquisito.

Permanecí así durante unos minutos más hasta que, repentinamente, me incorporó, me levantó con facilidad debido a mi pequeña estatura y me llevó a la habitación. Una vez allí, me arrojó bruscamente sobre la cama, me puso en posición y comenzó a deslizar su verga por mis nalgas y mi trasero. Supliqué que me penetrara, anhelando sentirlo completamente dentro de mí. Respondió a mis ruegos con un "ahora mismo te voy a destrozar ese hermoso trasero, suplicante puta". Separó mis nalgas y me penetró poco a poco. "Ay, despacio papito, ¡me duele!", "Oh sí, así, mételo despacio papito, ¡déjame disfrutar, mi amor!"

De repente, embistió con fuerza y solo veía estrellas entre el dolor y el placer. Comenzó a moverse dentro y fuera, "¡sí, Roge, no pares, así, ¡así!"", apretaba con todas mis fuerzas las sábanas para resistir las embestidas tan placenteras que me estaba brindando, gemía de placer al sentir sus testículos golpear mis nalgas, tal como lo había imaginado unos momentos antes.

Continuó penetrándome en diferentes posiciones, con mis piernas sobre sus hombros, yo encima de él, en el estilo perrito, entre otras, experimentando un placer indescriptible.

De manera excepcional, mi trasero ya se había acostumbrado a su miembro, permitiendo su entrada sin dificultades. Una vez completamente adentro, me hizo apoyarme en la pared, penetrándome con toda su fuerza. Sentía cada movimiento de vaivén hasta lo más profundo, hasta que mi amado Roge no resistió más y sacó su miembro para eyacular sobre mí. El primer chorro cayó en mi pecho, me incorporé de inmediato con la boca abierta para recibir el resto de su esperma, los siguientes chorros impactaron directamente en mi rostro y boca ansiosa. Roge gritaba de placer: '¡ingiérete todo, zorrita!'. Yo, con gran satisfacción, sentía cómo su semen se deslizaba por mi rostro; por supuesto, no dejé ni una gota, lo consumí por completo, estaba espeso y delicioso.

Roge se recostó y yo me acurruqué a su lado, sintiéndome feliz, con una mano acaricié su miembro, y con la otra agarré el mío, masturbándome y alcanzando el clímax junto a mi pareja.

Nos quedamos dormidos, con una sonrisa de oreja a oreja y el sabor de su semen en mi boca.

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