0%

Sirvienta obediente


Escuchar este audio relato erótico
0
(0)

Al llegar a su apartamento, me indicó que debía vestir la ropa que dejó en el baño para mí. Me condujo hasta allí y me acompañó adentro. Sobre la encimera había dispuesto un vestido clásico de sirvienta en blanco y negro, con escote discreto y falda hasta las rodillas. También había ropa interior femenina blanca, medias de encaje y tacones blancos. Siguiendo sus instrucciones, me despojé de mi ropa y me vestí con lo que él había preparado. Al colocarme el sujetador, noté un relleno especial que resaltaba mi busto.

Luego, me enfundé en las ajustadas braguitas blancas. Las medias de encaje se ciñeron a mis piernas con las ligas, seguidas de los tacones blancos. Mientras tomaba el vestido, él regresó con una copa en la mano y una bolsa. Me observó mientras me uniformaba y maquillaba con los productos que había en el baño. Una vez lista, me entregó unas pulseras gruesas con detalles en blanco y negro que combinaban con el vestido, junto con unas tobilleras y un collar que coloqué rápidamente. Luego, me indicó que lo siguiera a la sala.

Haciéndome caminar delante suyo, sentía cómo alzaba mi falda para contemplar mis nalgas. En la sala, me ordenó que lo desvistiera. Comencé a desabotonar su camisa obedientemente, mientras él elogiaba mi feminidad, refiriéndose a mí como una bella travesti. Me instruía sobre cómo debía convertirme en una buena sirvienta sumisa. Continué con sus pantalones, retirando su cinturón, desabrochando y bajando la cremallera. Una vez descalzado, me arrodillé para quitarle los zapatos, calcetines y, finalmente, los pantalones. Durante este proceso, evité mirar o tocar su miembro eréctil, aunque lo rozaba ocasionalmente y notaba su firmeza y tamaño. Al quedar en boxers, me indicó que permaneciera de rodillas y extendiera mi lengua.

Siguiendo sus indicaciones, acerqué mi boca a su miembro sobre la tela y comencé a lamerlo sumisamente, como una lasciva. Acariciaba y besaba el bulto, percibiendo su tamaño y calor a través del tejido. Luego, me inmovilizó las manos atándolas con unas pulseras a mi espalda. Se situó frente a un sillón y, ordenándome caminar de rodillas y suplicar por su miembro, se despojó de sus boxers. Me desplacé con gracia, manteniéndome arrodillada hasta que pude acercarme con la boca abierta a su virilidad. Sentado, me indicó que le brindara una felación como una buena sumisa. De rodillas entre sus piernas, comencé a succionar su imponente falo.

Allí estaba yo, ataviada como una dócil sirvienta, entregada a proporcionar placer oral a ese vigoroso miembro, estimulándolo con mi lengua e intentando abarcarlo por completo en mi boca. En un momento, me pidió detenerme y ponerme de pie. Le obedecí, momento en el cual me dio la vuelta, alzó mi falda y deslizó su mano entre mis piernas, palpando el ardor de mis nalgas. Al percibir el calor, deslizó los dedos por mis braguitas, introduciendo primero uno y luego dos en mi retaguardia, provocándome gemidos y humedad en medio de las piernas. Al notar mi excitación, me advirtió que me castigaría por mi lascivia, pues mi ropa interior estaba manchada. Luego, ordenó que volviera a arrodillarme entre sus piernas y continuara con la felación.

En cumplimiento de sus instrucciones, comencé a practicarle sexo oral, ajena al hecho de que pronto intentaría penetrar mi garganta con su miembro, provocando una mezcla de placer y sumisión en mi ser.

Para realizarlo, agarraba mi cabeza por la parte posterior y introducía su miembro lo más fuerte que podía en mi garganta. Aunque me ahogaba, me gustaba sentirme utilizada de esa manera, como una perra, como una hembra por un hombre. Mientras me penetraba por la boca, mi excitación aumentaba. Continuó hasta que noté que su pene se endurecía en mi boca, se calentaba aún más y lo introdujo hasta el fondo de mi garganta. Fue entonces cuando eyaculó, llenando mi vientre de semen directamente, como si me estuviera preñando. Sentí varios chorros en mi garganta y cuando me soltó para que pudiera respirar, noté cómo seguía eyaculando en mi boca, dejándola tan llena de semen que escurría por mis labios hasta mi vestido.

Al sacar su pene de mi boca, me golpeó con él en la cara, dejándome llena de semen. Mientras se recostaba en el sillón, vi que seguía erecto y me imaginé qué más vendría. Sin embargo, me ordenó que me pusiera de pie. Al hacerlo, me giró para volver a atar mis manos, esta vez delante de mí. Después, me levantó el vestido y acarició entre mis piernas mientras me regañaba por estar tan mojada y sucia. Entonces, tomó una bolsa que estaba al lado de su silla y me indicó que me diera la vuelta. Siguiendo sus órdenes, sentí cómo me quitaba las tangas, me lubricaba el trasero y después introducía nuevamente sus dedos en mí.

Mientras realizaba todo esto, me llamaba con términos despectivos, pero yo seguía excitándome y moviendo mi cola para él. Luego introdujo un juguete erótico en mi trasero y, tras dejarlo dentro, me colocó unas pantis blancas de algodón y encaje debajo de mi falda. Acto seguido, me indicó que me tirara al suelo, donde ató mis piernas juntas y luego mis manos para mantenerlas entre las piernas. Me ordenó que me masturbara como lo haría una mujer delante de él. Comencé a acariciarme obedientemente y él, sentado con un control remoto, jugaba con las velocidades del vibrador interno, haciéndome gemir como una perra en celo.

No dejaba de recordarme que era sumisa, que me había sometido para usarme como su sirvienta. Mientras lo rogaba, incrementaba la vibración del juguete y el tamaño del dildo en mi trasero, haciéndome gemir y suplicar por su verga. Al notar que me había excitado por completo, detuvo la vibración y redujo el tamaño del juguete sin sacarlo. Se levantó con su miembro erecto, levantó mi falda y viendo cómo las pantis estaban empapadas, me insultó por ser una perra sucia. Luego me colocó una correa de perrita y me ordenó caminar a gatas delante de él. Yo obdecí, sintiendo cómo mis piernas temblaban, mientras él me dirigía hacia un lugar especial en el patio.

Se trataba de una silla de ginecólogo, él me acompañó hasta la silla y antes de sentarme, me indicó que me quitara la ropa interior y se la entregara. Yo cumplí con su petición y cuando le pasé la prenda, él la introdujo en mi boca.

Luego me senté en la silla y abrí mis piernas, él las ató al mueble y también inmovilizó mis manos. Mientras me amarraba, me insultaba llamándome una persona sumisa y degradante, una sirvienta despreciable y utilizada por ser una persona con gustos sexuales no convencionales. Asentía con la cabeza mientras absorbía mi propia secreción a través de mi vestimenta. Una vez completamente atado, él tomó algunos juguetes y comenzó a utilizarlos en mi trasero. En primer lugar, usó un consolador con vibración que me hizo babear y sentir una excitación extrema. Posteriormente, introdujo un segundo juguete, un tapón con una bomba inflable, que incrementaba su tamaño dentro de mí mientras me cuestionaba sobre mi sumisión, a lo que respondí afirmativamente. Sentí como la presión aumentaba, provocándome sensaciones humillantes pero a la vez excitantes y sumisas.

Después de un rato de humillación y sumisión por parte de él, extrajo el tapón y las bolas atadas por cuerdas con forma de bolas chinas medianas. Insertó una a una las cinco bolas en mi trasero, aumentando la intensidad de la vibración con cada una. Mientras lo hacía, me recordaba que era sujeto de dominación y que disfrutaba siendo tratado como un objeto sexual. Al terminar de colocar las bolas, se me lanzó encima y comenzó a penetrarme con fuerza, haciéndome gemir incluso con la prenda en la boca.

Durante la penetración, me repetía constantemente que era una persona sumisa y continuaba con el acto sexual. Al máximo de la excitación, aumentó la vibración del juguete mientras introducía su miembro viril lo más profundo posible en mi interior, desencadenando un orgasmo intenso. Me mojé completamente sin necesidad de tocarme, experimentando una sensación placentera y de sumisión mientras él continuaba con la penetración. Sentía mi cuerpo relajado y entregado, siendo parte de esa escena erótica donde mi cuerpo estaba expuesto y vulnerable, algo que él aprovechaba para su placer.

Posteriormente, retiró la prenda de mi boca, limpiándome con ella y volviéndola a introducir en mi boca para humillarme aún más. Liberó mis extremidades y me colocó en una posición diferente, atando mis pies a los soportes mientras estaba arrodillada y recostada en la silla con las manos sujetas en la parte superior. Luego, comenzó a darme nalgadas.

Al inicio, las nalgadas me provocaron nuevamente excitación, sintiéndome como una persona deseosa y entregada. Continuó con una correa y el consolador utilizado anteriormente, haciéndome gemir de placer. Cambió a una fusta y tras algunas nalgadas, insertó un vibrador en mi trasero, dejándolo encendido. Posteriormente, se colocó entre mis piernas, encendió el vibrador y mientras me azotaba, me llamaba una persona sumisa y caliente, expresando que estaba en un estado de excitación que necesitaba ser calmado con su miembro en mi trasero.

Yo asentía y recibía su castigo, cada vez más excitada. Sentí cómo su pene regresaba a mi interior sin retirar el vibrador, comprendiendo que se trataba de un juguete especial al sentir cómo me penetraba profundamente.

Todo comenzó cuando él empezó a penetrarme mientras aumentaba la intensidad, y yo me sentía como una mujer feliz y satisfecha al ser montada, utilizada y sometida. Tomó la correa de mi collar de perrita y me tiró para penetrarme con más fuerza, más rápido, mientras me decía que me iba a preñar como a una perra en celo, que iba a dejarme mi culito bien abierto y lleno de leche, de esperma, que era una persona transgénero y era lo que quería, lo que ansiaba. Movía la cabeza en señal de asentimiento mientras movía las caderas como una perra en celo. Continuó penetrándome y subió la vibración al máximo, montándome, introduciendo su miembro hasta lo más profundo de mi trasero.

Sentí que me abría por completo, que me partía en dos, cuando su miembro se calentó, se endureció aún más y supe que iba a llenar mi trasero de esperma como a una mujer. Eso me excitó al máximo, me puso ardiente, y levanté mi trasero para que me introdujera su miembro hasta el fondo. Lo hizo y acabó dentro de mí, sentí cómo me llenaba por completo con su semen, lo introdujo otras 4 o 5 veces, profundizándose más en mi trasero, haciéndome gemir como una hembra y mojándome por completo, como una sumisa. Me mojé por completo de nuevo. Él se dejó caer sobre mí un momento, sentí cómo su miembro se iba volviendo delgado, apagó el vibrador y noté cómo salía de mi trasero. Entonces, comenzó una de las sensaciones más placenteras que se pueden experimentar, su esperma empezó a salir de mi trasero y a bajar por mis piernas, dejándome completamente húmeda, empapada. Me sentía como toda una mujer. Se levantó, soltó mis manos y pies, y me ordenó que me pusiera las bragas que aún tenía en la boca. Le obedecí y me las coloqué, todas mojadas. Se fue al baño y yo tuve que sentarme porque mis piernas temblaban y las sentía débiles. Me había convertido en una mujer y me sentía como una, como una sumisa que deseaba ser humillada y castigada por su hombre.

Agradezco enormemente los comentarios y correos, siempre me animan a seguir escribiendo mis fantasías. Espero que disfruten esta historia. Gracias por leer y disfrutar de esta fantasía, espero seguir compartiendo. Mi correo es [email protected] y me encanta recibir mensajes de todo tipo, así como conocer personas que disfruten de este tipo de fantasías por correo.

💬
¿Quieres decirle algo al autor? Envíale un mensaje y hazle saber qué te pareció su relato

Por mi parte, disfruto mucho siendo humillada, feminizada y sometida, me encanta recibir mensajes en los que me tratan como una persona sumisa, como una mujer ardiente, y me excito mucho cuando puedo responder vestida como toda una mujer complaciente, ya sea como secretaria, sirvienta u otro rol femenino que me haga sentir como una verdadera mujer. Siempre animo a quienes me escriben a compartir sus gustos y fantasías, siempre con total seguridad y discreción, ya que soy una persona transgénero de closet y no deseo meterme en situaciones complicadas o peligrosas.

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

💬 ¿Quieres decirle algo al autor? Envíale un mensaje y hazle saber qué te pareció su relato

Otros relatos que te gustará leer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com