Excursiones placenteras
Soy conocido como Julián, y hace 12 años conocà a Ana, con quien he sido feliz desde entonces, sin embargo la rutina y la monotonÃa se fue instalando poco a poco en nuestra vida casi sin percatarnos.
Hasta que un dÃa Ana me propuso hacer algo que cambiarÃa nuestra vida por completo.
- Debemos probar algo distinto - Me dijo con seriedad.
- ¿Algo como qué? - Le cuestioné.
- No lo sé, ¿Por qué no nos alejamos, a un lugar donde nadie nos reconozca?
- ¿Te refieres a tomar un vuelo?
- SÃ, y únicamente por una noche, permÃteme invitar a alguien más a nuestro cuarto
- ¿A alguien más? - Interrogué confundido
- SÃ, a alguien que no conozcamos y que no volvamos a ver jamás
- ¿Estás hablando de alguien que te parezca atractivo?
- SÃ, solo por una noche
Si debo ser sincero, en un principio la idea no me agradó en absoluto y la rechacé casi de inmediato. Los dÃas y las semanas transcurrÃan y nosotros seguÃamos igual, aburridos en medio de la rutina, al punto tal que llegábamos a tener desacuerdos. La intimidad entre Ana y yo era cada vez más breve, transformándose en un simple trámite para poder avanzar a algo más interesante.
No pasó mucho tiempo sin que Ana volviera a mencionar el tema intentando persuadirme.
- SerÃa solamente por una noche y no lo volverÃamos a ver nunca más, ya que estarÃamos lejos de aquÃ. Ni siquiera sabrÃa nuestros nombres.
- ¿Estás segura de que no lo volverÃamos a ver? - Le inquirÃ
- Totalmente segura, tú estarÃas presente, observando todo lo que sucede desde que ingrese a nuestro cuarto hasta que se retire.
Permanecà reflexionando por un momento. Estaba a punto de rechazar nuevamente su propuesta, pero la crisis por la que atravesábamos me llevó a considerarlo detenidamente. DÃas después, cuando el tema resurgió, le comuniqué mi decisión.
- Sé que hemos atravesado momentos difÃciles y no deseo perderte. Si esto que solicitas puede ayudarnos de alguna forma, estoy dispuesto a al menos intentarlo. Ana se aproximó a mÃ, me abrazó y agradeció por haber aceptado.
- Gracias Julián, si te lo solicito es porque pienso que necesitamos algo asÃ, para avivar la pasión entre nosotros.
- Solo deseo plantear dos condiciones si te parece adecuado. - Le mencioné
- SÃ, dime
- La primera es que el hombre que invitemos siempre utilice preservativo
- Eso lo comprendo perfectamente ¿cuál es la segunda? - Indagó ella
- PreferirÃa que no visualizara tus senos. Quiero reservar esa parte exclusivamente para mÃ.
- ¿Deseas conservar algún tipo de privilegio sobre m� - Expresó ella con una sonrisa
- SÃ, un poco sà - Respondà acariciando esa zona de su anatomÃa
- PodrÃa utilizar algo sensual aunque se transparenten un poco mis pezones - Sugirió ella
- SÃ, para mà está bien - Le respondÃ
Algunos dÃas más tarde, preparamos nuestras maletas y viajamos a un lugar que nos resultó agradable. Una vez instalados, buscamos a alguien que resultara del agrado de Ana. Observamos a varios posibles candidatos para esa primera noche y finalmente Ana se inclinó por un joven delgado y atractivo llamado Adrián.
Me aproximé a él mientras Ana observaba de lejos. Le hice la oferta económica, que sinceramente no fue gran cosa, pero le pareció atractiva. Le proporcioné las indicaciones sobre dónde nos hospedábamos y a qué hora debÃa acudir.
Adrián llegó puntual y le ofrecà algo de beber. En poco tiempo salió Ana vestida con lencerÃa negra y tacones, luciendo absolutamente magnÃfica.
Fue en ese momento que los presenté y ellos se saludaron con un beso en la mejilla.
Estuvieron hablando durante unos momentos, tratando de romper el hielo, aunque el ambiente se percibÃa prometedor.
extraño.
Mientras tanto, yo me senté en uno de los sillones y permanecà en silencio. A partir de ese instante, todo quedó en manos de ellos.
Ana se percató de la situación y rápidamente comenzó a seducir a Adrián, ayudándolo a despojarse de su vestimenta hasta quedar completamente desnudo. Se arrodilló, agarró su miembro y empezó a practicarle sexo oral, al principio de manera pausada debido a que aún no se sentÃa del todo cómoda.
En ese momento empecé a sentir incomodidad, ya que la envidia se apoderó de mà como en mucho tiempo no lo hacÃa, sin embargo sabÃa que era necesario controlarme.
Mientras Ana proporcionaba placer a Adrián con su boca y lengua, él acariciaba su cabello y jadeaba.
Posteriormente, Ana se incorporó y Adrián bajó sus bragas dejando al descubierto su vello púbico. Adrián se aproximó a su feminidad como si deseara explorarla con atención.
Cuando Adrián se encontraba debajo admirando la desnudez de Ana, ella dejó caer su bata de seda, quedando únicamente con un sujetador negro semitransparente acordado previamente. HabÃa ciertas áreas de Ana que Adrián no podrÃa besar directamente, al menos por el momento, lo cual me complacÃa.
Ana se tendió en la cama y abrió lentamente las piernas, como invitando a Adrián a descubrir sus sabores más Ãntimos.
Adrián se acercó a la vulva de Ana y la observó detenidamente, como admirándola. El gesto de Ana era claro y Adrián no dudó en empezar a usar su lengua para recorrer toda su vagina.
Adrián se tomó su tiempo explorando la intimidad de Ana, asegurándose de que estuviera bien lubricada. Adrián lo hacÃa tan bien, que Ana no pudo contener algunos gemidos que revelaban su experiencia en el acto sexual.
Cuando Ana sintió estar lista, solicitó a Adrián que se recostara en la cama y lo ayudó a colocarse el preservativo. Ana se montó sobre él y algo en su expresión cambió. En ese instante supe que Adrián ya se encontraba dentro y Ana empezó a moverse de arriba a abajo emitiendo gemidos muy sensuales que llenaban la habitación. SÃ, los mismos que emite cada vez que hacemos el amor.
En ciertos momentos, Ana volteaba hacia mà como si intentara descifrar mis pensamientos o sentimientos. Sin embargo, su foco principal era disfrutar del coito, lo cual estaba logrando con creces. Poco después, por sus gestos y gemidos, noté que estaba al borde de alcanzar el orgasmo.
Ana sonrió, se separó de Adrián y se volvió a acercar, dándole la espalda. Desde mi posición podÃa observar lo mismo que Adrián: las nalgas blancas de Ana. Adrián no perdió tiempo y comenzó a acariciar sus glúteos mientras Ana seguÃa moviéndose de arriba a abajo. Desde donde yo estaba, podÃa percibir claramente cómo sus labios menores se abrÃan cada vez que el pene erecto de Adrián se introducÃa en ella.
Al ver a Ana moverse de manera tan seductora, no pude evitar experimentar una erección, por lo que decidà desnudarme para estar más a gusto.
Poco después, Ana se desmontó de Adrián y solicitó un breve receso. Se dirigió al baño ya que, cada vez que mantenÃa relaciones sexuales, sentÃa la necesidad de orinar.
Mientras tanto, Adrián y yo entablamos una breve conversación:
- Gracias por aceptar nuestra invitación, Adrián - le comenté.
- Gracias a ustedes por incluirme - respondió entusiasmado.
- ¿Qué te parece Ana? ¿Te atrae? - le pregunté.
- ¿Qué podrÃa decir? Es sumamente hermosa - contestó.
- Entre nosotros, ¿qué parte de su cuerpo te resulta más atractiva?
- Su trasero es realmente cautivador.
- ¿Ya tienes en mente qué hacer con ella al regresar? - inquirÃ.
- Realmente no, no tengo claro qué le gustarÃa que le hiciera - respondió.
Fue en ese momento cuando le sugerà algo que sabÃa que a Ana le complacÃa.
Al salir del baño, Ana se aproximó a mÃ.
- Gracias por todo, Julián. Estoy disfrutando mucho de esto - me susurró.
Acto seguido, se acercó a Adrián y comenzaron a besarse. Poco después, siguiendo mis indicaciones, Adrián le propuso
Le pedà a Ana que se acostara boca arriba en la cama mientras yo colocabá una pequeña almohada debajo de su vientre. De esta manera, las nalgas de Ana quedaron en una posición elevada y firme, lo cual excitó a Adrián. Ana comenzó a gemir con cada penetración que recibÃa en esa postura.
De repente, Ana tomó la iniciativa y movió sus caderas de arriba abajo mientras Adrián permanecÃa inmóvil. Sus glúteos chocaban rÃtmicamente con los muslos de Adrián una y otra vez. Ana demostraba claramente que estaba disfrutando mucho el momento, dejando incluso de mirarme para concentrarse en su propio placer. Mientras se entregaba por completo a Adrián, este comenzó a gemir, indicando que estaba alcanzando el clÃmax. Al retirarse de Ana, el condón estaba lleno de semen, lo cual Ana se encargó de limpiar con su lengua y sus labios.
Como habÃamos acordado previamente que serÃa un encuentro único, Adrián se vistió, recibió su pago y se retiró.
Al acercarme a Ana, ella se cubrió con la sábana para preservar su intimidad. Aún se podÃa notar su respiración agitada y algunas gotas de sudor en su rostro.
- Gracias por entenderme, Julián. Siempre he sido una persona apasionada - me confesó un poco avergonzada.
- No tienes por qué agradecer, Ana - le respondÃ.
- Me preocupa que puedas juzgarme - expresó con inquietud.
- No pienso mal de ti. Ambos acordamos las condiciones - le aseguré.
- Noté que tomaste fotos con tu celular. ¿PodrÃas mostrármelas? - preguntó mientras revisábamos juntos las imágenes.
- Claro que sÃ.
- ¿Qué planeas hacer con ellas? - inquirió curiosa.
- Aún no lo sé. Tal vez las conservemos por un tiempo. Te ves muy atractiva en estas poses, la verdad - elogié.
- Gracias, Julián. Está bien, las conservaremos por un tiempo - aceptó.
En ese momento, simplemente la abracé. La situación era tan intensa que preferimos no hablar al respecto. Ambos éramos conscientes de que aquella experiencia nos desbordaba como pareja, y necesitarÃamos tiempo para procesarla.
- Voy a darme una ducha rápida - anunció Ana.
- No es necesario. Sé que hueles a sexo y no me molesta en absoluto. De verdad.
- ¿Me llevarÃas a cenar algo entonces? - me propuso Ana.
- Por supuesto - acepté.
Durante la cena, evitamos tocar ciertos temas, incluyendo el más evidente. ParecÃa como si la noche anterior no hubiera ocurrido, aunque en mi mente luchaba por apartar el recuerdo de Ana entregándose a un extraño.
A pesar de todo, no permità que los celos arruinaran nuestra velada.
Al dÃa siguiente, nos dedicamos a visitar algunos lugares pendientes de nuestro hermoso destino turÃstico. Sin embargo, al caer la noche, llegó el momento inevitable de abordar la reflexión pendiente como pareja.
- A estas horas, el chico llegaba anoche - señalé a Ana para iniciar la conversación.
- Lo sé - respondió ella.
- Estabas radiante y hermosa - le dije.
- Gracias por permitirme explorar algo nuevo. Realmente lo disfruté - confesó Ana.
- Noté que lo estabas disfrutando mucho - afirmé.
- No pretendÃa gemir tanto, pero era inevitable... me sentÃa muy bien. ¿Y tú, qué pensabas al verme con él?
- Al principio estaba sorprendido. Te veÃas impresionante. Y cuando estabas con él, sentÃa celos pero también excitación al verte en diferentes posiciones durante el acto - compartÃ.
- ¿Qué te excitaba más ver?
- Cuando tus labios menores se abrÃan durante la penetración - revelé.
- ¿Te excitó eso?
- Mucho. Después, mientras te bañabas, me masturbé pensando en ti, en tu desnudez... en tus gemidos... en fin, en todo lo que sucedió
- ¿Sabes lo mejor? Que hoy estaré completamente entregada a ti - me susurró seductora.
- ¿Crees que te gustará tanto como ayer?
- Estoy segura de que sÃ. Tú me conoces.Es preferible, ¿tienes idea de cómo lograr que me excite? - Susurró en mi oÃdo
Ana y yo comenzamos a besarnos y a desvestirnos. Pasé un tiempo estimulando su zona Ãntima con mis labios y lengua. Sus labios menores se mostraban entreabiertos, como invitándome a entrar, y asà lo hice. Introduje mi miembro en su entrada húmeda y me adentré en su interior haciéndole el amor de manera apasionada, algo que rara vez habÃa experimentado: con una intensa pasión a la cual Ana se entregó por completo.
Mientras hacÃa el amor con Ana, no solo besaba sus labios, sino también sus pezones y recordé que Adrián no habÃa tenido acceso a ellos, lo cual me hizo sentir especial. Los recuerdos de lo ocurrido la noche anterior con Adrián rondaban una y otra vez en nuestras mentes, excitándonos aún más.
Mientras yacÃamos abrazados y desnudos, surgieron otras cuestiones acerca de lo acontecido:
- ¿Qué es lo que más te ha gustado de esta experiencia? - Le inquirÃ
- No lo sé, muchas cosas. El simple hecho de que estés ahÃ, conmigo, cerca pero a la distancia, es como si estuvieras velando por mÃ
- ¿Experimentaste algún orgasmo esa noche? - Le pregunté por curiosidad
- Tuve uno pequeño al principio, antes de ir al baño, y otro muy placentero al final, justo antes de que Adrián acabara
- SÃ, percibà este último porque te aferraste a las sábanas
- ¿Te sentiste muy celoso?
- SÃ, enormemente, desde que Adrián empezó a tocarte
- No es necesario que sientas celos, Julián. Tú conoces mis sentimientos hacia ti y siempre hallas la manera de excitarme y de brindarme placer. Aunque en esta ocasión haya disfrutado de ello, sabes que mi corazón te pertenece a ti. Nadie me conoce tan bien como tú - Me dijo
- Asà es, Ana, nadie te conoce como yo. Reconozco cuando estás de mal humor, sé cuando buscas un orgasmo y ahora sé cómo eres en la cama cuando estás con otro
- ¿No te agradó descubrir ese aspecto de m�
- Para ser sincero, me gustó más de lo que esperaba. Me hizo sentir como si hubiera conocido tu pasado
- SÃ, es cierto. Como sabes, antes que tú, tuve otras relaciones
Intentamos conciliar el sueño esa noche, al reflexionar sobre todo lo sucedido y sentir su desnudez junto a la mÃa, no pude resistir la tentación de desearla nuevamente, por lo que abracé a Ana por detrás y volvà a hacer el amor con ella hasta llegar al clÃmax dentro de su cuerpo. Al concluir, nos quedamos abrazados y finalmente logramos dormir.
Al dÃa siguiente regresamos en avión y al llegar apenas tocamos el tema. Intentamos mantener nuestra vida cotidiana como si nada hubiera ocurrido.
Cuando Ana no estaba en casa, observaba las fotos del encuentro que habÃa tenido con aquel joven atractivo y experimentaba intensos celos. TenÃa ganas de recriminarle y preguntarle por qué disfrutaba entregarse a otro... pero de hecho, esa era la pregunta equivocada. La verdadera interrogante era por qué a mà me gustaba observar cómo se entregaba a otro. Esa era la cuestión que no lograba responder. No obstante, siendo justos con ella, no era algo que me pidiera constantemente. De hecho, por el momento, solo habÃa sucedido una vez.
Además, debo admitir que nuestra intimidad se sentÃa distinta, renovada, y cada vez que hacÃa el amor con ella me consideraba afortunado de tener a una mujer tan hermosa a mi lado.
No podrÃa explicar por qué funcionó en nuestro caso. Era como si nuestro nivel de confianza hubiera aumentado, fortaleciendo asà nuestra relación. Sin duda la amo y sé que ella me ama a mÃ, y que esos encuentros solo eran por diversión.
Para algunas parejas, algo asà podrÃa funcionar mientras que para otras serÃa sencillamente un desastre. Pasó algún tiempo desde esa experiencia, algo asà como 3 o 4 meses, y Ana volvió a sugerirme hacer un viaje. SabÃa exactamente a qué se referÃa.
He de confesar que la vivencia con Adrián fue extraña pero fascinante. Observar a Ana en esas posturas era algo que siempre me perdÃa al estar sobre ella o detrás de ella. Repetimos la experiencia un par de veces más con otros jóvenes y el resultado fue el mismo: Ana feliz de viajar y experimentar nuevas sensaciones.
Verla gemir y llegar al clÃmax es algo que he aprendido a valorar, pues habÃa olvidado lo sensual que podÃa ser. Y cuando está conmigo, me responde con una gran pasión. Por supuesto, seguimos enfrentando problemas de pareja, pero el deseo y la pasión nunca habÃan estado tan vivos entre nosotros en mucho tiempo.
Mi relato no pretende ser un consejo para parejas, ni mucho menos. Es simplemente eso, un relato de lo que he vivido con mi amada Ana.
FIN
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