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Experimentamos la primera vez juntos, por confiados acabó embarazada


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En la actualidad tengo 41 años y lo sucedido que voy a relatar ocurrió hace mucho tiempo, pero lo recuerdo como si fuera ayer, a pesar de que ambos cumplimos años el mismo día y tenemos la misma edad.

Todo comenzó el día de nuestro 18 cumpleaños, en una tarde calurosa del mes de agosto. En aquel entonces, ella era una chica rellenita con algunos kilos de más que la hacían muy atractiva y hermosa, cualidades que sigue manteniendo en la actualidad. Eran aproximadamente las 18 h de la tarde cuando ella llegó a mi casa, ya que habíamos quedado para salir a tomar algo y celebrar nuestro cumpleaños. Nos conocemos desde siempre y además vivimos en la misma calle. Ese día, cuando ella llegó, yo aún no me había arreglado y estaba en mi casa disfrutando de un baño en la piscina. Cuando la vi salir, lucía preciosa con un vestido que le quedaba muy bien y resaltaba su figura. Al verla, salí de la piscina, me acerqué a ella y la felicité. Nos abrazamos y nos dimos un beso en los labios, ya que llevábamos saliendo juntos de manera informal, unos 1 año, aunque nuestros amigos sabían que entre nosotros existía algo más.

Fue entonces cuando me di cuenta de que la había empapado completamente al salir de la piscina. Ella se molestó y me empujó nuevamente al agua, pero fui un poco más rápido y la junté conmigo, terminando nosotros dos empapados. Aproveché la situación para besarla en el agua y también para tocarla un poco más, era una situación de hormonas desenfrenadas, estábamos solos en casa y teníamos 18 años.

Cuando nos separamos para tomar aire, ella me informó que no traía otra ropa, ya que no esperaba terminar empapada en mi piscina. Le pedí disculpas y le dije que no se preocupara, que con el buen clima que hacía su ropa se secaría rápido. Decidí salir del agua y fui a buscar una toalla para que pudiera secarse y quitarse la ropa. Una vez dentro, traje la toalla y ella me pidió que me diera la vuelta, lo cual hice inmediatamente. Mientras ella se desvestía por completo y se envolvía en la toalla, colgamos su ropa para que se secara. Luego, aproveché para ducharme y arreglarme un poco. Mientras lo hacía, le presté un secador de pelo de mi madre para que pudiera secarse el cabello. Después de que yo me duchara, ella aprovechó para darse una ducha rápida y así poder arreglarse mejor y quitarse el cloro de la piscina.

Mientras esperábamos a que su ropa se secara, nos dirigimos a mi habitación a ver la televisión, cada uno envuelto en una toalla, yo sacaba mi ropa para vestirme y ella no dejaba de mirarme, al igual que yo a ella. En un momento dado, me acerqué de nuevo a ella y la besé de manera apasionada, pasando mis manos por su espalda, acariciando sus pechos y posándolas en sus nalgas para atraerla más hacia mí, dejándole notar mi erección incipiente. Ella también acariciaba mi espalda, mi pecho y mis nalgas. Seguimos así durante un buen rato, acariciándonos mutuamente, hasta que decidí dar un paso adelante, quitarle la toalla y contemplarla desnuda por primera vez. Su cuerpo era hermoso, y para mí, a pesar de no ser delgada, era la mujer más bonita del mundo. Continuamos besándonos y comencé a quitarme la toalla, ambos estábamos muy excitados. Seguimos besándonos y acariciándonos, pero ella se detuvo y se separó de mí para hacerme una pregunta:

-¿Estás seguro de lo que estamos haciendo? ¿Por qué quieres hacerlo conmigo si no soy delgada ni guapa?

Me senté en la cama, la atraje hacia mí y, expresando mis sentimientos, le dije:que se ubicará a mi lado y, mirándola directamente a los ojos, le expresé:

Sí, estoy convencido de lo que estamos realizando y, suceda lo que suceda, nunca te abandonaré cariño mío. Deseo compartir esto contigo porque te amo, eres la mujer más hermosa de todas. La belleza no lo es todo, eres asombrosa, preciosa y, sobre todo, te aprecio por tu bondad y por lo bien que me tratas. No es necesario que seas delgada para que te ame.

Mientras le comunicaba esto y la observaba a los ojos, la abracé. Con una mano, acariciaba uno de sus brazos, mientras con la otra acariciaba suavemente el interior de una de sus piernas. En ese momento, ella me interrogó:

-¿Te agrada lo que ves?

-Claro que sí, me encanta lo que veo, eres hermosa. Te lo digo completamente en serio, te amo.

-Sabes, eres el primer hombre que me observa desnuda, eres el primero con quien comparto de esta forma. Deseo estar siempre contigo, quiero convertirme en tu compañera.

Luego de sus palabras, le cuestioné:

-¿Disfrutas lo que ves?

-Sí, me encanta. Eres el primer hombre que veo desnudo y te quiero muchísimo por todo el amor que me brindas.

-Al igual que tú, tú eres la primera mujer que me observa desnudo. Asimismo, deseo que te conviertas en mía.

Mientras la miraba a los ojos, percibí que un par de lágrimas recorrían su rostro, las cuales limpié con suma delicadeza. Aproveché para besarla con suavidad y, con el transcurso del tiempo, el beso se tornó cada vez más apasionado. Parecía no haber marcha atrás, nos besamos de ese modo durante un tiempo considerable, no recuerdo exactamente cuánto, pero sí sé que fue el mejor beso de toda nuestra relación.

Mientras nos besábamos, acariciaba su espalda de arriba abajo, llegando hasta sus nalgas, para luego retornar hacia arriba. Comencé a recuperar mi erección, coloqué su mano sobre mi miembro y bajé para besar su cuello y sus hombros. Mientras ella acariciaba con cuidado mi pene para no lastimarme, besaba su cuello y descendía por sus hombros hasta llegar a sus pechos, que tanto me atraían con su tamaño medio y su firmeza. Los acaricié, besé, estimulé y disfruté de ellos. Nos recostamos en la cama, ella acostada y yo sobre ella, continué bajando por su vientre, su ombligo, hasta llegar a su zona íntima, con un poco de vello púbico, nada excesivo pero hermoso. Empecé a acariciar y lamer, siendo la primera vez que realizaba algo así, pero parecía que lo hacía bien, ya que sus gemidos de placer indicaban que estaba disfrutando. Después de un tiempo, decidí detenerme y subir para besarla nuevamente.

Ambos estábamos muy excitados por el momento que estábamos viviendo. Coloqué mi miembro en la entrada de su cavidad y le pregunté:

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-¿Estás segura de esto? ¿Quieres continuar?

-Sí, mi amor, estoy segura y quiero seguir. Hazme tuya, quiero que me desvirgines.

-De acuerdo, mi amor. Entonces, hoy perderemos nuestra virginidad. Si te duele o te lastimo, avísame para detenerme.

-Está bien, mi amor, te lo diré.

Ella separó un poco más sus piernas y, finalmente, introduje mi miembro en su interior, penetrándola lentamente hasta llegar al himen. Retrocedí un poco y, con pasión, empujé con fuerza mientras la besaba, notando cómo se rompía y lograba penetrarla por completo. Habíamos perdido nuestra virginidad, me encontraba sobre ella disfrutando de ese instante, sintiendo cómo su intimidad se adaptaba a la mía. Pasado un tiempo en quietud, le inquirí:

-¿Te encuentras bien? ¿Deseas continuar? ¿Te duele?

-Sí, estoy bien, deseo seguir. No me duele, solo siento una ligera molestia, pero todo será gradual hasta acostumbrarme a ti.

Comencé a penetrarla nuevamente, con suavidad, de forma muy pausada.Viendo su expresión facial y cómo su cuerpo se estremecía con cada embestida, me sentía muy excitado al igual que ella. Percibía como su vagina se apretaba alrededor de mi pene, generando en mí un intenso deseo de eyacular. Sin embargo, decidí no terminar aún, ya que quería asegurarme de que ella disfrutara al máximo de su primera vez. Por ello, continué de forma pausada, dilatando el tiempo tanto como pude, para luego incrementar gradualmente el ritmo. Nuestros gemidos de placer se mezclaban en el ambiente mientras aumentaba la intensidad del acto.

Ella me suplicaba entre sus gemidos: -Oh sí, continúa, no pares, por favor, no te detengas, no te retirees.

Después de un rato, en un arrebato de deseo, aceleré el ritmo cada vez más. -Sí, así sigue, no pares, no lo saques, no importa, no lo saques -rogaba ella.

En un instante que no preví, ella llegó al orgasmo. Sentí cómo su vagina apretaba con fuerza mi miembro, lo que desencadenó mi propia eyaculación dentro de ella. Permanecí en su interior hasta que gradualmente cesaron los espasmos de placer. Cuando finalmente retiré mi miembro, observé la presencia de una pequeña cantidad de sangre junto a nuestros fluidos, sin motivo de preocupación.

Nos quedamos abrazados en la cama, sonrientes, mirándonos a los ojos y besándonos. Le pregunté: -¿Qué opinas de nuestra primera vez? ¿Te ha dolido? ¿Te ha gustado?

Ella respondió, extasiada: -Me ha encantado, ha superado mis expectativas. Nunca imaginé que ambos perderíamos la virginidad juntos. Contrario a lo que mis amigas decían, no sentí dolor en absoluto, solo una leve molestia al inicio. He disfrutado especialmente del clímax, ha sido lo mejor de todo. Quiero que me digas la verdad: ¿Eyaculaste dentro de mí?

Respondí con sinceridad: -Sí, mi amor, lo hice. No tuve oportunidad de retirarme a tiempo, pero ya está hecho. Ahora solo espero que no quedes embarazada. Sin embargo, si llegara a ocurrir, no pasa nada, porque no pienso abandonarte.

Ella tranquilizó mis preocupaciones: -No te preocupes, me ha encantado sentir tu semen dentro de mí. No estoy en mis días fértiles, así que no hay de qué alarmarse.

Referente a su pregunta, expresé: -Me ha encantado este momento. Ha sido increíble penetrarte por primera vez y sentir cómo tu vagina me abrazaba. Correrme dentro de ti ha sido maravilloso, espero repetirlo muchas veces. Además, hemos manejado la situación estupendamente, dado que solo hubo un poco de sangre.

Luego nos entregamos a más caricias, explorando nuestros cuerpos con deseo. Después de otro momento íntimo, nos sumergimos juntos en un nuevo orgasmo, culminando con otra eyaculación dentro de ella. Tras descansar breves momentos, nos dirigimos a la ducha y posteriormente, celebramos nuestro cumpleaños, siendo este ya memorable por la forma en que compartimos nuestra intimidad.

Continuamos fortaleciendo nuestro lazo de pareja día tras día, hasta que un tiempo después, al percatarnos de que su periodo no llegaba, confirmamos la concepción de nuestro primer hijo. A pesar de las circunstancias, decidimos seguir adelante juntos, construyendo una vida familiar plena y una vida sexual satisfactoria.

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