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La amiga de mi hermana, competencia de mi "coño"


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lo definitivamente excitado por la escena que acababa de presenciar. Fue en ese momento que decidí acercarme, acariciar suavemente su entrepierna y lamer esos jugos que emanaban de su coño. Ella se removió levemente, pero no despertó, así que continué con mi acción. Sentí cómo mis deseos carnales se apoderaban de mí, y no pude contenerme más. Sin pensarlo dos veces, me adentré en ella, sintiendo una mezcla de placer y culpabilidad. Finalmente, acabé dentro de ella, dejando escapar todo mi deseo contenido.

Al día siguiente, la amiga de mi hermana despertó sin recordar nada de lo sucedido. Yo, por mi parte, me mantuve en silencio, guardando nuestro sucio secreto entre las sombras de la noche. Ahora, cada vez que veo esa baranda de madera esmaltada, no puedo evitar recordar la noche en la que me entregué al deseo y la lujuria, traicionando a mi "mujer" de tantas madrugadas. Pero, a pesar de todo, no puedo negar que aquel encuentro prohibido quedará marcado en mi memoria para siempre. Y es que, a veces, la tentación puede ser más fuerte que la razón.

Un leve sonido interrumpió su sueño, logrando despertarla ligeramente. En medio de ese apuro, logré encontrar una toalla de la nada y la coloqué alrededor de mi cintura. Ella abrió los ojos de inmediato, yo llevaba la toalla casi puesta en la cintura. Al verme así y notarse desnuda con las piernas abiertas, me arrojó un cojín pequeño, lo que provocó que la toalla se deslizara al suelo, dejando al descubierto mis genitales y mi evidente erección, que a pesar de ser de noche, resaltaba claramente.

Ante su sorpresa y ojos abiertos por el asombro y la vergüenza, tuve que tomar la iniciativa. Intentó incorporarse, pero en su intento se resbaló levemente, haciendo que involuntariamente sus piernas se abrieran mostrando una vez más su excitado sexo. "¿Qué estás haciendo?" le pregunté. "¿Y tú, qué haces así, aquí?" me respondió. "Voy a ducharme, son casi las 5 de la mañana" (aunque en realidad eran solo la 1, tuve que convencerla para evitar que gritara o sospechara). "¡No le digas a nadie! ¡Por favor!" me suplicó con la mirada llena de temor.

Mirándola incrédulo, ella, llena de vergüenza, pronunció unas palabras que marcarían un antes y un después. "¡Haré lo que quieras!" Esas palabras abrieron una puerta, sabía que si no actuaba en ese momento, no habría otra oportunidad. Antes de que pudiera decir algo, alcancé a recojer mi toalla y cubrirme un poco. Al escuchar que haría lo que fuese, con picardía, le lancé la toalla a la cara. Al principio sorprendida, cuando se dio cuenta de lo sucedido, acerqué mi cuerpo al suyo y susurré en su oído: "¿Cualquier cosa?"

Posicioné mi miembro en la entrada de su sexo, y con destreza lo introduje en ella, que aunque no era virgen, sus leves gemidos y un ligero "sí" compensaron la situación. La tenía entregada a mí, a pesar de ser mi primera vez con una mujer de verdad, actúe como si fuese algo habitual.

Mientras la penetraba, vi uno de los espejos de la sala reflejando la escalera justo frente a nosotros. ¿Estaba siéndole infiel a mi "coño"? Solo sabía que ese era otro sexo dispuesto a agradarme. Continué el vaivén durante casi 10 minutos, los mejores de mi vida; por fin mi miembro estaba dentro de una vagina real, disfrutando del cuerpo de una mujer real. A punto de eyacular, perdí momentáneamente la consciencia, lo suficiente como para presagiar un gran orgasmo. Ella lo notó, mi miembro latía con fuerza. Intentó apartarme, pero mi tamaño evitó que lo lograra.

Cuando estaba a punto de llegar al clímax, susurré suavemente en su oído. "Todavía no son ni las 2 de la mañana." Se dio cuenta de lo sucedido con un "¿Qué?" sin poder hacer más, mi cuerpo sobre el suyo le impedía moverse y mis brazos sujetaban su cabeza impidiendo cualquier reacción, solo pudo emitir un pequeño gemido de placer al sentir mi semen llenando por completo su útero. La abracé estrechamente, mi miembro aún dentro de ella, aprovechando el ancho del sofá para quedarnos abrazados como cucharitas. Pasé unas horas a su lado antes de levantarme, darle un beso en la frente y desearle buenas noches. Me miró con temor y se acurrucó para seguir durmiendo.

A la mañana siguiente, salí a la sala donde se encontraba con mi hermana y sus amigas. Nos miramos un instante y luego se fue con mi hermana para su día de chicas. Quedaba claro que le había dado mi carga durante la madrugada en su matriz. A diferencia de las veces con mis rollos, esta vez no existía riesgo de embarazo. Sin embargo, la amiga de mi hermana quedó encinta. Al cabo de un mes, mi hermana me informó que su amiga sería madre. Motivo suficiente para ponerme en contacto con ella y...

Intenté comunicarle si debía tomar alguna acción, pero ella rechazó que fuera mi responsabilidad, afirmó que ya estaba embarazada cuando estuvimos juntos. Esto de alguna manera me entristeció profundamente, y a pesar de que pudiera ser una mentira, estaba claro que sus sentimientos hacia mí no eran sinceros.

Como si fuera un esposo desleal, regresé esa noche al borde de mi baranda, y después de desnudarme por completo, acaricié suavemente su piel, coloqué mi miembro sobre ella, y comencé a moverme de arriba abajo en repetidas ocasiones, frotando mi zona íntima hasta sentir que estaba a punto de eyacular. Aceleré el ritmo y liberé una serie de eyaculaciones, que terminaron desbordándose de mi cuerpo, llegando incluso a rebasar mi prepucio. Finalmente, acerqué mis labios a ella y le expresé: "Eres la única a la que deseo fecundar, y como ya te he mencionado, la única por la cual estoy dispuesto a sacrificarme entregándome sin límites".

Esa noche, en completa oscuridad y sin luna, procedí a ascender tres escalones, posicionándome nuevamente sobre mi baranda, esta vez "en el aire". Envolví mis piernas y brazos alrededor de ella, quedando expuesto desnudo sobre el borde y abrazado a mi "amada". Giré mi rostro hacia un lado, quedando abrazado a "ella". Al revisar la hora en el reloj de la sala y ser las 2 am, decidí cerrar los ojos, dispuesto a soportar cualquier consecuencia por la presión del momento. Al cabo de un rato, me quedé dormido durante aproximadamente dos horas, despertando a las 4:12 am sin haberme caído. Observé a mi alrededor, todo seguía en calma y oscuridad. Decidí que era momento de permitir que mi "compañera" descansara en paz, para preservar nuestro amor y evitar ser descubiertos. La besé en el mismo lugar donde me había liberado horas antes, y como buen amante, simulé complacerla oralmente.

No lamento nada de lo sucedido, nada en absoluto. Ella será la única a la que dedicaré todo mi amor, y en quien depositaré mis emociones el resto de mis días.

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