0%

Asombroso... las señoritas de $80.00


Escuchar este audio relato erótico
0
(0)

Había pasado una semana muy ocupada, y de repente me di cuenta de que llevaba ocho días sin tener la compañía de una mujer en la cama. En ocasiones, mis amigas con derechos tienen sus propios compromisos y resulta difícil coordinar un momento íntimo. Había considerado la opción de ir a por un masaje y ver si la masajista estaba dispuesta a algo más que simplemente darme un masaje. Sin embargo, al buscar en línea, encontré un sitio donde unas señoritas ofrecían sus servicios como acompañantes.

Ya había tenido este tipo de experiencias en el pasado, pero lo que me resultaba inusual en esta ocasión era que ofrecían lo que llamaban "servicio rápido" o "un rapidín". Vi varias opciones en dicho sitio, donde mostraban a jóvenes mujeres con cuerpos sensuales y atractivos, aunque ocultaban sus rostros. Por lo visto, transmitían la impresión de ser chicas jóvenes y guapas. Los servicios se anunciaban por tiempo: una hora por $250.00, media hora por $150.00 y un "rapidín" de 15 minutos por $80.00. Nunca antes me había encontrado una oferta de tan solo $80.00, así que esa mañana de lunes decidí probar esta experiencia del "rapidín" y descubrir qué ofrecían o hacían estas chicas en 15 minutos por tan solo $80.00.

Me dieron la dirección de unos apartamentos y, al llegar, me encontré en frente de un edificio donde parecían estar vigilándote desde el primer momento, por razones de seguridad. Solo te proporcionaban el número de apartamento cuando te examinaban y si generabas confianza. Una vez con el número, toqué la puerta y esta se abrió. Detrás de la puerta, una chica se escondía, aunque no se podía ver. Al entrar, me recibió una chica de rostro y cuerpo agradables, quien se identificó como Samanta y me informó que en ese momento solo estaba ella, ya que era muy temprano y las otras chicas llegaban a las once de la mañana. Samanta llevaba un camisón transparente que dejaba ver unos pechos redondos de tamaño mediano, con los pezones oscuros a la vista. Completando el conjunto, llevaba una diminuta tanga negra y zapatos de tacón alto que realzaban sus bonitas piernas.

Le indiqué que no había problema en que ella me atendiera, pues me parecía una chica encantadora. Samanta sonrió y me pidió que esperara a su compañera, quien llegaría en siete minutos. Debía haber siempre alguien pendiente de la puerta. Durante esos siete minutos, conversamos sobre varios temas relacionados con el servicio. Samanta destacaba la tranquilidad de la zona y mencionaba que nunca habían tenido problemas de seguridad. Samanta afirmaba ser de Cali, Colombia, mientras que su amiga, Xiomara, que llegaría en minutos, era de Venezuela. Ambas eran chicas muy atractivas. Cuando Xiomara finalmente llegó, su presencia me dejó boquiabierto. Vestía unos vaqueros ajustados y al agacharse un poco, pude apreciar su tanga de color vino y su precioso trasero. Sin embargo, ya le había dicho a Samanta que ella me atendería.

Me guiaron hacia una habitación equipada con una cama amplia, un tocador iluminado por una lámpara de luz tenue (dada la oscuridad del lugar) y un espejo en el lado opuesto de la cama, que se podía ajustar para tener diferentes ángulos durante el acto sexual. Me preguntaron cuánto tiempo quería estar y, tras pensarlo durante unos segundos, decidí que prefería tener la experiencia de un "rapidín" con Samanta por $80.00, sin estar seguro de si necesitaría más tiempo para disfrutar de su compañía o si preferiría contratar media hora con Xiomara. Reemplazar texto me dejaba con una sensación de sorpresa y lujuria.

Samanta se ausentó brevemente, tal vez para guardar el dinero antes de prosseguir.

le había impactado en otro sitio y al volver me encontré sin ropa sentado en la cama. Al llegar, se me acercó poniendo sus senos en mi cara y giró para que sintiera su piel y contemplara la vista de sus glúteos solo cubiertos con una diminuta tanga negra. Su piel despedía un agradable aroma y su aliento tenía un suave toque a menta, así que empecé a succionar sus dos pechos mientras mis manos acariciaban ese trasero redondeado de esta hermosa mujer. Fue un encuentro rápido y ella hizo una breve pausa para abrir el paquete del preservativo que llevaba en sus manos. Mi miembro, aún no en plenitud, comenzó a reaccionar a su contacto y Samanta solamente dijo: "-Tienes un pene precioso." Acto seguido, lo introdujo en su boca manteniéndose arrodillada frente a mí, que estaba sentado en la cama. Realizaba una felación de manera profesional, intentando practicar la técnica de la garganta profunda, pero observaba cómo le costaba y luego pasó a succionar mis testículos, dejándolos bien estimulados antes de regresar a lamer mi miembro.

En ese instante perdí la noción del tiempo disfrutando de la felación, y luego Samanta hizo una pausa para preguntarme: "-¿En qué posición quieres que esté?" No expresé una postura específica, simplemente le dije que se colocara como prefiriera y se acomodó en la cama en posición de misionero. Abrió sus piernas y pude apreciar una zona íntima perfectamente depilada, desde esa perspectiva contemplé el bello rostro de esta chica colombiana que realizó un gesto seductor y gemía a medida que mi pene penetraba en su vagina. Sentía la presión y, dada su altura en comparación a la mía, me incliné ligeramente para poder saborear sus pezones. Se producía un vaivén que ella correspondía de forma pausada, agarrándome de la espalda y soltando suspiros profundos que sugerían que lo disfrutaba. Tuve que preguntarle y ella simplemente respondió: "-Sigue chupándome los senos... Me encanta que jueguen con ellos mientras hacemos el amor."

Noté cómo intensificaba ese movimiento y su pelvis se elevaba aún más, sintiendo su vigor. Debido al uso del preservativo, no podía percibir plenamente sus contracciones, pero me pidió que incrementara la intensidad, así que continué con embestidas más fuertes sin dejar de estimular sus pechos. Pensé que sus gemidos formaban parte de un acto fingido que inducía a una eyaculación prematura, sin embargo, Samanta estaba experimentando un orgasmo genuino, tan evidente que no dejaba lugar a dudas. Detuve mis movimientos cuando pareció haber alcanzado el clímax, me dedicó una sonrisa y preguntó: "-¿Ya has terminado? ¿Prefieres que cambie de postura?"

Ella observó mi miembro aún erecto y adoptó la postura canina para que pudiera eyacular. No tardé mucho, ya que sus glúteos me inspiraban a llegar rápidamente al clímax. Dos minutos de movimiento fueron suficientes para liberar la tensión acumulada de toda la semana. Samanta retiró el preservativo y limpió mi pene con toallitas húmedas, del tipo que se utiliza para la higiene de los bebés. Ella hizo lo propio y se dirigió a la ducha para limpiar sus senos de arriba abajo. No sabría precisar el tiempo transcurrido hasta mi orgasmo, pero sin duda fueron más de 20 minutos los que compartí con esta chica. Mientras me vestía, surgió en mí el deseo de probar a una joven llamada Xioma, que parecía incluso más joven que Samanta. Me atraía su inocente rostro, pero su trasero enfundado en esos pantalones resultaba espectacular. Le comuniqué a Samanta mi interés en estar con Xioma también, y ella sugirió que echara un vistazo a las otras chicas que habían llegado.

Hizo pasar a las tres, incluida Xioma, a quien ya había visto vestida. Poseía una cintura perfecta y un trasero divino. De figura menuda, con pechos redondos pero más pequeños que los de Samanta. En ese momento solo llevaba una minifalda marrón que dejaba entrever sus perfectas nalgas, y un bustier blanco que dejaba ver.

Sus duros pezones y unos zapatos de tacón que le hacían lucir unas piernas bonitas y alargadas. Solo me cuestionaba si en realidad esa vagina solo valía $80.00. Llegaron las tres chicas y así fue como conocí a la bella Damaris y a la exquisita Mélida. Todas con rostros hermosos y cuerpos tentadores, pero la cintura de Xioma era perfecta y ese trasero tenía que ser admirado e incluso olido. Sin duda, me incliné por Xiomara.

Igualmente, solo le pagué por quince minutos y aguardé a ver qué me esperaba con esta encantadora chica. Me condujo a otra habitación y me pidió que tomara una ducha. Eso me permitió refrescarme y pasar el tiempo para lograr otra erección, ya que a mis 55 años comprendo que no tengo la misma vitalidad que a los 18. En el baño me masturbé con el jabón y logré una erección, confirmando que estaba listo para otro encuentro con la bellísima y exquisita Xioma. Su cabello corto y ondulado, su sonrisa perfecta, su cuello alargado y sus gestos femeninos y delicados... esta chica realmente me fascinó. A pesar de parecer tímida y reservada, en la intimidad Xioma se transforma. Como es habitual, el comenzar con sexo oral es lo más común en este tipo de encuentros, así que permití que me lo practicara mientras me colocaba un segundo preservativo. Xioma no elogió mi genital, simplemente mencionó que era grande. Chicas tan encantadoras como esta logran elevarte al séptimo cielo con solo una mirada mientras te practican sexo oral. Mi miembro se puso rígido solo con ver cómo me complacía esta hermosa chica. Después de cinco minutos de sexo oral, vino la segunda pregunta de rigor: -¿Cómo desea que me coloque?

Le respondí de la misma manera que a Samanta, solo que esta chica se puso en posición de perrito. Se quitó la tanga de color vino que había usado anteriormente, quedando solo con esa minifalda que en realidad no cubría nada y con ese trasero en pompa, esperando que mi pene encontrara su camino en su cavidad frontal. Se colocó frente al espejo, ya que había uno al lado de la cama, lo que me permitía admirar su rostro mientras disfrutaba de su delicioso trasero y de la marca blanquecina que le dejaban las bragas regulares que solía usar. Su vagina perfectamente depilada parecía ser más grande que la de Samanta. Con labios gruesos y un clítoris que invitaba a ser estimulado. Sus curvas perfectas, su cintura y ese trasero en pompa en cuatro me sumergieron en un éxtasis total. Acerqué mi pene a la entrada de su vagina y lo introduje lentamente, observando las expresiones de Xioma ante la invasión. Puse mis manos en sus firmes nalgas para acariciarlas y mantuve mi miembro en su interior para que ella se acostumbrara al grosor. Comencé a moverme lentamente y disfruté viendo sus gestos con cada vaivén. No estaba seguro si era de dolor o placer, pero esta chica fruncía los labios como si quisiera morderlos. Dejó escapar un gemido y le pregunté si le dolía, a lo que respondió: -No... está bien... nunca había sentido un pene tan grande. - En realidad, lo que me fascina de estas chicas petite es la intensidad con la que aprietan el pene.

Me encantaba verla tan abierta y oírla gemir cuando volvía a penetrarla. El vaivén era semi lento y disfrutaba tocando su trasero y me atreví a acariciar su ano con mi pulgar para observar la reacción de esta chica. Coloqué mi pulgar en su ano y comencé a masajearlo, solo escuchando su voz tímida entrecortada por gemidos que me decía: -Sí... así, así. - Podía sentir y escuchar cómo su vagina se lubricaba más, el sonido de mi pene entrando y saliendo se volvía más evidente y mi pelvis hacía más ruido al chocar con las preciosas nalgas de esta chica. De repente, observé en el espejo que ya no estaba en posición de cuatro patas, ahora estaba en tres, ya que una de sus manos se dirigía a su vagina mientras la estimulaba, lo que al menos me dio la sensación.de que Xioma estaba gozando la penetración.

En ese momento, Xioma escuchaba no solo el sonido de las nalgadas en sus glúteos, sino que también se estimulaba su vagina. Fue entonces cuando decidí introducir mi dedo y parte de mi pulgar en su ano, mientras mi pene entraba y salía de su vagina. Xioma se masturbaba al mismo tiempo y me decía: ¡Dios mío! Me estás penetrando deliciosamente... me vas a hacer llegar al orgasmo. Parecía estar al borde del éxtasis y experimentaba una sensación placentera en su abdomen. Detuvo su masturbación y aumentó el ritmo de sus caderas, chocando con mi pene. Finalmente, Xioma se dejó caer sobre la cama y seguí penetrándola con fuerza. No llegué al clímax en ese momento, pero Xioma disfrutó intensamente. Con una sonrisa asombrada, me dijo: ¡Me hiciste llegar al clímax!

Xioma mencionó que nunca antes la habían hecho llegar al orgasmo en la posición de perrito, aunque le gustaba. A pesar de no haber alcanzado el clímax, expresó lo mucho que disfrutaba la sensación de estar al borde y sentir una penetración en esa postura. Esta experiencia había sido la más intensa que había vivido. Comentó que tenía 19 años y se inició en el trabajo sexual esperando encontrar momentos como ese, ya que la mayoría de los hombres con los que estuvo anteriormente eran eyaculadores precoces. Relató que uno de ellos no pudo contenerse ni un minuto durante una felación. No era para menos, Xioma era tan hermosa que solo con verla cualquiera podía excitarse, especialmente al estar desnuda y practicando sexo oral.

Para satisfacerme, Xioma me ofreció sexo oral, mientras yo observaba cómo se esforzaba por dar lo mejor de sí. A pesar de que el tiempo acordado de 15 minutos había pasado, no mostraba prisa. Recordando que mi dedo había estado en su ano, se me ocurrió proponerle algo diferente. Tras preguntarle si estaba dispuesta a practicar sexo anal, ella respondió:

-¿Crees que tu miembro pueda caber en mi trasero? No lo creo.

-¿Ya lo has hecho anteriormente... has practicado sexo anal?

-Sí, lo he hecho con mi novio y también con un cliente recientemente, pero ellos tenían un tamaño normal, como mis dedos, mientras que tu miembro parece más grueso que mis brazos.

-Te aseguro que es posible... ¿cuánto más me cobrarías?

-El tiempo acordado ha terminado y podrían llamar a la puerta en cualquier momento.

-Dime tu precio y te compensaré por el tiempo.

-Déjame $200.00 y solo le diré a Samanta que extendamos otros quince minutos más.

-Te daré $250.00 si seguimos sin condón y permites la eyaculación dentro de tu ano.

-Está bien... le diré a Samanta que prolonguemos por 15 minutos más.

Regresamos a la habitación y continuamos con el sexo oral, ahora con una sensación más intensa al poder sentir su boca. El calor y la humedad de su saliva acompañando el vaivén de mi pene entre sus labios. Hubiera deseado capturar ese momento en una fotografía, pero prefiero conservarlo en mi memoria, lo cual aún me provoca excitación. Era sorprendente que por tan solo $80.00 pudiera experimentar la belleza de su vientre. A otras chicas menos atractivas les había pagado mucho más. Después de la felación, continuamos con el acto principal, disfrutando de cada instante.

Aplicó lubricante en el trasero. Colaboré para esparcirlo y dilatar su ano con mis dedos. Previamente ya lo había dilatado con mi pulgar y le recomendé que se relajara, que no opusiera resistencia a la entrada de mi pene para hacer la experiencia más favorable.

Xioma aún lucía esa falda café. Al adoptar la posición de perrito, le bajé la falda hasta las rodillas y dejé al descubierto sus nalgas en todo su esplendor. Nunca había considerado la posibilidad de tener relaciones con ellas, ya que, por su aspecto delicado, no pensé que estuvieran disponibles. Acerqué mi glande a la entrada y lo impregné con lubricante recorriendo todo el canal de sus nalgas. Observé sus expresiones en el espejo y Xioma parecía relajada. Ejercí presión con mi pene contra su delicioso trasero y al principio lo rechazó, pero después de varios intentos sentí como se abría paso y dejé la punta de mi pene dentro de su trasero sin realizar movimientos. A través del espejo, vi cómo fruncía el ceño y me dijo: -¡Con cuidado… me duele!

Mantuve mi pene dentro de ese estrecho trasero sin moverme mucho y casi toda mi extensión estaba en su interior, pudiendo sentir la presión que Xioma ejercía sobre mi pene con su anillo anal. Con el paso de los minutos, comencé a moverme de forma semilenta y pude apreciar, a través del espejo, las expresiones faciales eróticas de esta encantadora chica. Luego, me sorprendió con su solicitud, ya que al no recordar mi nombre, simplemente me pidió: -¡Azótame y embiste con más fuerza! – Aumenté la intensidad de mis embestidas, pero a un ritmo moderado, y se escuchaban los golpes, a lo que ella solo respondía: -Sí… así, así… dame más; castígame, hazme sufrir, destrozame el trasero cariño. Al igual que cuando estábamos en otro tipo de relación, se sostuvo con un solo brazo mientras con el otro comenzó a acariciarse la zona genital. Los 21 centímetros de mi pene entraban y salían a mayor velocidad y golpeaban sus nalgas hasta que estas adquirieron un tono rojizo. Observaba cómo cerraba los ojos y se mordía los labios, sintiendo cómo su interior transmitía vibraciones que brotaban desde su vientre. Movía más su cintura para encontrar el vaivén de mi pene contra su trasero. Era asombroso verla de esa manera, disfrutando de su reflejo en el espejo y sus gemidos que me llevaban al éxtasis, aunque sabía que ella estaba al borde del placer, y en el momento en que lo pensé, estalló en unos alaridos que parecían ser una mezcla de llanto y grito, que seguramente las chicas afuera, como Samanta me confirmó, escucharon mientras esta hermosa chica de nombre Xiomara alcanzaba el clímax.

Penetré hasta que mis testículos chocaban con su zona íntima y así continué durante tres minutos más, mientras ella experimentaba su orgasmo y yo eyaculaba en su trasero. Quedé respirando profundamente y quizás debido al morbo y a cómo vivía esta chica su clímax, el mío fue tan intenso que sentía un dolor misterioso alrededor de mi pelvis, que se extendía como un escalofrío por mis nalgas, piernas y espalda. Creo que nos habíamos excedido del tiempo estipulado y Xioma limpió mi pene con las toallas destinadas para esa función, y mientras lo hacía, mencionó lo siguiente: -Si Samanta pregunta, dile que solo $80.00 adicionales me pagó. Fue en ese momento que, de los $80.00, solo $50.00 le correspondían. En ese instante, le hice otras propuestas que no aceptó, como la posibilidad de pasar una noche juntos, y aunque estaba dispuesto a pagar, ella se limitaba a funcionar exclusivamente dentro de ese ámbito y nada más.

Samanta bromeó diciendo que pensaba que estaba matando a Xiomara y que todas ya estaban listas y dispuestas a defender a su amiga. Las otras chicas me miraban detenidamente y Samanta, quien parecía ser la mayor y que controlaba ese lugar, les decía a las demás, ya que Xioma se había retirado para bañarse: -Traten bien a este hombre cuando lo vean, porque seguramente regresará pronto y, créanme, al igual que a mí y a Xioma, con ese juguetito que tienen (refiriéndose a un pene), seguramente les hará pasar un buen momento. – En verdad, al cabo de dos días regresé para disfrutar de la compañía de Mélida y Damaris, quienes también eran jóvenes y extremadamente hermosas, y me sorprendió que por solo $80.00 pudiera tener intimidad con estas chicas tan preciosas. Por supuesto, repetí la experiencia dos veces más con Xiomara y realmente estas chicas, tal como me aseguró Samanta, me trataron de manera excepcional. Si deseas que te cuente sobre mi encuentro con Mélida y Damaris, házmelo saber.

[email protected]

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com